𝗦𝗨𝗡𝗟𝗜𝗚𝗛𝗧 𝗜𝗡 𝗢𝗨𝗥 𝗛𝗘𝗔𝗥𝗧𝗦 || 𝟬𝟭

El sol se asomaba entre las oscuras nubes, haciendo su aparición temprana. La fría noche obligaba a un chico con el corazón delicado a cubrirse con las mantas para despertar en buen estado, a callar sus pensamientos y cerrar los ojos para dejar de sentir como su cuerpo rogaba por el calor del día.
Mientras el sol se abría paso, Kim Seungmin despertaba de a poco, con lo primero en su vista siendo la ventana. Al observar el reloj y la poca iluminación, reconoció que una vez más su sueño fue corto y no descansó lo necesario.
Una vez sus ojos se abrían le era imposible volver a cerrarlos.
La horrible sensación en su pecho despertaba de a poco, apretaba sus manos contra el con esperanzas de que se calmase y que su corazón funcionará decentemente, tan siquiera por un día.
Pero la arritmia cardíaca no tenía mucha solución.
Tenía que aprender a sobrellevar su enfermedad.
Sobrellevar sus sentimientos era una lucha más. Visualizar la esperanza era complicado, no sabía en donde buscarla o como encontrarla. Deseaba con todo su ser una realidad distinta, lejos de la fragilidad y soledad que lo envolvían.
―¿Qué me matará primero? ¿Mi vida cayendo en depresión o mi maldito corazón?―
Se preguntaba en una voz ligera que resonaba en su cabeza todos los días.
Suspira. Se mantiene recostado con las rodillas junto a su pecho y la vista directa a la ventana, sin querer moverse. No había motivación para hacerlo hoy.
Solo esperaría a que su parte favorita del día llegasé, la única fuente de alegría diaria que se presentaba en un espectacúlo de luces, simple para los demás pero significativo para su persona. A casi una hora especifíca, su habitación se iluminaba por los rayos de sol y por las sombras de los árboles y edificios fuera. Creaban un ambiente que perduraba en sus memorias y que lo hacía feliz en el momento.
Esperaba con paciencia a prescenciarlo, para quizás sentir una pizca de esperanza.
―¡Buenos días, señor Kim!― Saluda Yeon, una de las enfermeras. Abre la puerta con delicadeza mientras lo percataba de su prescencia, aunque aún no volteaba a verla.
Ambos eran unidos desde el día en el que Seungmin ingresó al hospital. Ella lo comprendía, lo escuchaba, apoyaba y cuidaba siempre. Era una enfermera en el lugar, para algunos no tenía valor, pero para él era la familia y el cariño que no tenía presente en su lucha.
Con eso en mente, se animó a saludarla haciendo su mayor esfuerzo por levantar sus animos por sí mismo.
―Buenos días, señorita Yeon― Aún en la cama, cambió de posición, ahora mirandola a los ojos mientras la saludaba. Miró sus manos, notando qué cargaba su desayuno y las medicinas correspondientes.
Odiaba ver el vaso que contenía las medicinas, cada vez le parecían más inútiles.
―Te has despertado temprano de nuevo. ¿Que tál has dormido?― Preguntó, sonriendo levemente mientras dejaba la bandeja en la mesa al lado de su cama.
―Mucho mejor, dormí a profundidad― Mintió.
―¿Me lo prometes?
―Sí, es enserio― Mintió de nuevo. Esta vez doliendole más.
―¡Entonces, me alegro mucho! Levantaté para desayunar y tomar tus medicinas, regresaré luego para colocarte la aguja― Estaba por largarse, cuando notó qué se mantenía inexpresivo, cómo sí no le hubiera prestado alguna atención― ¿Seungmin?
―Ah... discúlpame. Me levantó enseguida― Respondió, volviendo a la situación.
Al cabo de unos minutos solo, no había degustado más de la mitad del platillo, solamente observaba el contenedor de medicinas que le acompañaba.
Resultaba frustrante verse obligado a comer aún cuando no tenía apetito. No entendía porque, sin embargo la necesidad de comer estaba poco presente.
Lo hacía para poder tomar sus medicinas, eso era lo que tenía importancia para Seungmin.
―Solo uno último...― Se dijó a sí mismo, y llevó el último bocado a su boca.
Dejó el plato de lado, y colocó las medicinas en su mano.
Podía ver como las pastillas variaban de tamaño, y recordaba a memoria el horrible sabor de cada una.
Sin embargo, todo era con el propósito de recuperar su salud, aunque no estuviese seguro de sí era realmente posible.
Se tomó su tiempo para consumirlas, sintiendo una molesta sensación en su garganta, y esforzándose por imaginar que aquellas eran de buen sabor, tal como el placentero sabor del helado. Al terminar, se recostó de inmediato para observar la ventana pacientemente y esperar a Yeon, la enfermera.
Los rayos de sol carecían de cualquier tipo de magia sobrenatural, como los poderes de los superhéroes en las películas. Eso era evidente.
Pero para Seungmin, esos destellos luminosos eran algo más.
Al contemplarlos, su mente lo transportaba lejos del hospital, recorría paisajes lejanos como majestuosas montañas o playas. Mirarlos llenaba su alma de pequeñas esperanzas.
Para él, los rayos de sol eran mucho más que luz; eran la esencia misma de su felicidad, su vitamina vital para el alma.
Finalmente, esa vitamina comenzó a aparecer.
La habitación se iluminó lentamente por la luz del sol, haciendolé sentir el calor sobre su cuerpo. Como sí olvidará su estado actual, se dedicó a sonreír y a observar por doquier.
Veía la sombra de un árbol moviendosé con el viento, y aquella luz reflejandose de alguna manera, en un patrón hermoso.
Dejó la comodidad de las sabánas para tomar asiento en la silla del rincón. Siempre apreciaba todo desde aquel ángulo. Y en el momento justo en el qué todo comenzaba a parecer un sueño fuera de la realidad... la puerta se abrió.
―¿Listo para la aguja? Está vez será en el brazo izquierdo― Dijó la enfermera distrayendolo y llamandolo a la realidad. Seungmin soltó un suspiro, casi junto a una lágrima.
―Disculpa, pero... ¿podría ser luego?― Preguntá con lamento― Quería ver esto sin dolor.
Ambos observaron los alrededores, y la mirada de la enfermera se entristeció.
―Lo siento, necesitas colocartela ahora. Tienes un horario para tus tratamientos.
Así, todo volvió a triste normalidad.
El dolor de la aguja penetrando su piel era como un despertar de la corta felicidad.
Porque la luz no siempre perdura.

gráficos gracias a @-binnielly en Wattpad.








