El Secreto De Tae Hyung by KikaUchiha at Inkitt
Customize readability
Aa

El Secreto de TaeHyung

Summary

TaeHyung carga con un secreto que podría destrozarlo todo: es un Omega recesivo, un "defectuoso" que no sufre celos, no emite aroma y cuya apariencia física desafía todos los estereotipos de su género. Para el mundo, incluido su mejor amigo de la infancia, es simplemente un Beta más. Jeon JungKook, por su parte, es el Alfa Dominante perfecto: heredero de un imperio, arrogante, posesivo y, en secreto, profundamente obsesionado con ese "Beta" que ha tenido a su lado desde la niñez. Atrapado entre el miedo a ser descubierto y una atracción que no puede controlar, TaeHyung se ve forzado a navegar en una relación secreta llena de sexo ardiente, tensión emocional y mentiras necesarias. Pero los instintos de un Alfa Dominante no se pueden engañar por siempre, y el cuerpo de TaeHyung, aunque defectuoso, poco a poco empieza a traicionarlo, respondiendo a JungKook de formas que nunca logró imaginar. Advertencia ⚠️ -Contenido Homosexual -Historia Omegaverse -Pareja principal: KookV -Alto contenido sexual +18

Status
Ongoing
Chapters
35
Rating
5.0 14 reviews
Age Rating
18+

Prólogo

La primera vez que Kim TaeHyung conoció a Jeon JungKook tenía cinco años. A esa edad, un niño cree en las cosas más estúpidas, así que él pensó, con convicción, que ese niño de enormes ojos negros y apariencia angelical que lo observaba desde detrás de un pilar de mármol era la cosita más dulce y adorable que había visto en su corta vida.

Así que, sin pensarlo mucho más de lo que su pequeño cerebro de infante le permitía, TaeHyung caminó hacia él, le extendió una mano manchada de tierra y le declaró: "De ahora en adelante, tú y yo somos mejores amigos. Serás mi secuaz de travesuras".

JungKook, que a pesar de tener su misma edad era notablemente más pequeño y delgado, parpadeó dos veces antes de asentir con seriedad. No dijo nada. Solo enganchó sus diminutos dedos con los de TaeHyung, y ese fue el pacto más inquebrantable que jamás se había sellado entre dos niños.

Desde ese día, TaeHyung se autoproclamó el líder de la pandilla. No había discusión posible. Durante mucho tiempo, fueron ellos dos para todo. Se volvió una costumbre, una ley no escrita en los pasillos de la escuela y en los jardines de la mansión Jeon, ver al pequeño heredero persiguiendo al travieso de los Kim por todos lados.

Todos sabían que donde estuviera TaeHyung, Jeon JungKook estaría a su lado.

La mayoría de las veces, era TaeHyung quien se metía en problemas. Una pequeña riña en el patio del colegio, un escape por la ventana del aula cuando el profesor daba la espalda, una travesura que involucraba pintar la cerca de la vecina de un llamativo color naranja fluorescente. En todas esas aventuras estuvo su mejor amigo, apoyándolo en silencio, cubriéndole las espaldas o simplemente observando con esos ojos oscuros que ya entonces parecían ver más de lo que deberían.

JungKook siempre fue más tranquilo que él. Era educado con todos, impecable en sus modales, con una paciencia que rayaba lo sobrenatural para un niño. Era difícil, casi imposible, hacerlo enojar. JungKook proyectaba, incluso desde la infancia, la perfecta imagen del heredero de los Jeon: controlado, inteligente, afable.

Todo lo contrario a TaeHyung, que venía de una familia de clase media normal, cuyo único golpe de suerte, era que su padre alfa trabajaba para una de las familias más prestigiosas de toda Corea del Sur.

Los Jeon.

Durante su niñez, todo fue perfecto. Sin complicaciones, sin preguntas incómodas, sin ese peso invisible que empezaría a asentarse sobre sus hombros años después. Hasta aquel día fatídico en que los resultados de sus exámenes de su segunda presentación fueron entregados.

"Omega recesivo".

La noticia cayó sobre TaeHyung como un balde de agua helada en medio de un día soleado. Lo dejó en un mar de confusión. Y es que él siempre había pensado que sería Alfa. O Beta, como su otro padre. Cualquier cosa menos aquello.

TaeHyung había nacido de la unión de un Alfa Dominante –NamJoon– y un Beta –SeokJin–, una combinación poco vista en la sociedad pero no imposible. Las probabilidades de un embarazo exitoso eran apenas de un treinta por ciento, y sus padres habían logrado ese milagro después de años de esfuerzo.

En todos esos casos documentados, siempre nacían Alfa o Beta. Era lo normal, lo esperado, lo que la biología dictaba. Pero nunca, jamás, un Omega.

Hasta ahora.

TaeHyung era, tanto física como mentalmente, algo muy distinto al género que esa maldita hoja señalaba con una frialdad burocrática. Y es que ni siquiera sentía nada diferente en sí mismo. No había un aroma dulce brotando de su piel, no había una fragilidad innata en sus huesos, ni esa sumisión natural que se suponía debía acompañar a su designación.

Los Omegas eran criaturas frágiles y delicadas, con aromas dulces y atrayentes que volvían locos a los Alfas. Eran seres que debían ser protegidos, cuidados, adorados por todos. Su existencia entera giraba en torno a ser el complemento perfecto de un Alfa.

A TaeHyung le encantaban los Omegas.

Y allí estaba el problema.

Él no se parecía ni remotamente a esas cosas. No tenía un cuerpo delicado ni femenino. Sus hombros eran anchos, su mandíbula marcada, sus manos grandes y capaces. Tampoco poseía un aroma dulce y empalagoso que invitara a ser poseído, de hecho, no olía a nada en absoluto, lo cual era otro misterio. TaeHyung no necesitaba ser protegido por nadie. Él mismo podía cuidarse perfectamente, gracias.

Y el detalle más importante, el que más le rechinaba: no necesitaba a un Alfa. Nunca había mirado a uno con deseo, nunca había sentido ese llamado primario que otros describían cómo una especie de éxtasis.

Así que los doctores estaban equivocados. Aquella hoja también. TaeHyung podría no ser un Alfa como todos habían pensado, él incluido, aunque ahora lo revisaba con escepticismo, pero sin duda tampoco era un Omega. La explicación más asertiva, la única que tenía sentido, era que en realidad era un Beta.

Era mucho más sencillo ser Beta. Sin aromas molestos que delataran sus estados de ánimo, sin episodios de calor donde el único pensamiento fuera el sexo, sin esa dependencia química de otro ser. Los Betas eran libres, autónomos, dueños de sí mismos.

Afortunadamente para TaeHyung, y aquí el universo decidió darle un respiro, existía la probabilidad de no sufrir aquello. El doctor, con palabras poco claras y una mirada que mezclaba fascinación y lástima, les había informado que, por ser un Omega recesivo, TaeHyung no experimentaría un ciclo de celo como los Omegas comunes.

Era, para decirlo sin rodeos, un Omega defectuoso.

Una anomalía, incluso entre los suyos.

Y a TaeHyung, aquello le caía de perlas.

Poco tiempo después de recibir esa noticia, y para sorpresa de absolutamente todos, incluida la propia familia Jeon, que había estado rezando en silencio por un heredero Alfa digno de su legado, quien sí resultó ser un Alfa fue JungKook.

Y no uno cualquiera.

Uno Dominante.

TaeHyung tuvo que morderse la lengua hasta casi dibujar sangre para no soltar una carcajada nerviosa o una queja que lo delatara. Porque, sinceramente..

¿Cómo algo tan pequeño y lindo, tan angelical y de mejillas sonrosadas, podía ser un Alfa Dominante?

Sin duda, algo estaba terriblemente mal con aquel hospital. O con el mundo entero.

Sin embargo, y como si un interruptor invisible se hubiera activado en el interior de su amigo, TaeHyung vio en vivo y en directo cómo aquella cosita adorable sufría su metamorfosis y se convertía en un Alfa en toda la extensión de la palabra.

Fue gradual, y a la vez, vertiginoso. JungKook creció. Y creció. Y siguió creciendo hasta superar a TaeHyung en altura. Sus hombros se ensancharon, sus brazos se marcaron, su mandíbula se volvió más definida, su mirada más intensa. Se convirtió en el típico Alfa: alto, musculoso, atractivo de una manera casi obscena, y muy, muy caliente.

Sus rasgos perdieron cualquier vestigio infantil para convertirse en los de un hombre. Un hombre peligroso, si se le miraba con la atención adecuada.

Y TaeHyung lo miraba. Demasiado, quizás.

Pero no solo cambió su apariencia. También su actitud. Seguía siendo alguien educado, eso no se le iba a quitar nunca, los Jeon criaban a sus hijos con una vara de ortodoxia impecable, pero cuando estaba con él, las cosas eran… diferentes.

A medida que pasaba el tiempo, TaeHyung fue notando pequeñas cosas. Pequeñas grietas en la fachada perfecta de su amigo.

Por ejemplo: JungKook lo miraba fijamente en ocasiones. Sin decir una sola palabra. Con esos ojos negros como el carbón que parecían querer traspasar su piel y leerle el alma. Era una mirada que antes no existía, y que ahora estaba comenzando a ponerle los pelos de punta, aunque él nunca lo admitiría en voz alta.

También lanzaba comentarios burlones hacia él. Nada grosero, ni hiriente, pero sí esas frases de doble sentido que TaeHyung no sabía cómo interpretar.

Pero el cambio más significativo fue que, ya no vivían en los bolsillos del otro como cuando eran niños. Esa dependencia casi simbiótica se había diluido con los años, dejando espacio para la independencia y la madurez. Ahora cada uno tenía su propio grupo de amigos, sus propios intereses, sus propias vidas que no necesariamente giraban en torno al otro.

TaeHyung encontraba aquello perfecto. O al menos, eso se repetía a sí mismo cada vez que sentía un punzada de nostalgia al ver a JungKook reír con otras personas.

Ambos maduraron. Tomaron riendas de sus vidas. Ya no eran aquellos niños inseparables.

Pero existían pequeños momentos. Cosas que no cambiaron. Cosas de las que ninguno de los dos se sentía particularmente orgulloso, pero que tampoco estaban dispuestos a dejar atrás.

Y una de esas cosas era: compartir sus conquistas de una noche.

Aquello había iniciado en sus días universitarios. En una noche de fiesta, de esas donde el alcohol corría como agua y las luces de neón teñían todo de tonos irreales. TaeHyung había fijado su atención en un pequeño Omega, lindo y con curvas atractivas, que en ese preciso momento bailaba con JungKook entre el mar de gente sudorosa.

Fiesta a la cual el pelinegro lo había seguido, por supuesto. JungKook siempre aparecía, aunque TaeHyung no lo invitara explícitamente. Era como si tuviera un radar que le indicara dónde estaba.

TaeHyung había visto al Omega primero. No le quedaba ninguna duda. Sin embargo, al pequeño, tal vez por la forma en que JungKook movía las caderas, tal vez por la intensidad de su mirada, le pareció más atrayente el olor de su amigo. Así que se había acercado, se había insinuado de forma torpe, y JungKook, por alguna razón, solo tenía la mirada fija en TaeHyung.

En lugar de darle importancia, empujó a su amigo hacia los brazos del desconocido. La curiosidad era uno de sus peores defectos, y nunca había visto a JungKook en acción.

¿Cómo seducía? ¿Cómo besaba? ¿Cómo tocaba? La oportunidad era esa noche, y TaeHyung no iba a desaprovecharla.

Durante los primeros veinte minutos, los observó moverse por la pista de baile con total admiración. No perdió ningún detalle: cada roce de caderas, cada desliz de manos por el cuerpo contrario, cada sonrisa cómplice que el Omega le regalaba a JungKook. Fue interesante de ver.

Pero entonces, algo cambió.

TaeHyung comenzó a sentirse sofocado de pronto. El aire se volvió denso, pesado. Quiso apartar la mirada de la pareja, realmente lo intentó, pero los ojos oscuros de JungKook lo detuvieron en seco.

El muy desgraciado estaba allí, bailando y tocando de forma íntima a aquel Omega cuyo nombre aún no conocía, pero sus ojos estaban fijos en él. Atrapando su atención. Devorándolo desde la distancia.

TaeHyung no supo con exactitud cuánto tiempo estuvieron así, observándose de aquella forma tan extraña. Solo sabía que de un momento a otro, sus piernas comenzaron a moverse solas, acercándose en esa dirección sin que su cerebro diera la orden explícita.

Habían ido a aquella fiesta a divertirse.

¿Qué podría salir mal por dejarse llevar por sus deseos?

Aquella noche fue diferente a cualquier otra. El deseo y la excitación de estar haciendo algo sucio y prohibido los envolvía como una manta caliente. No hubo mucho contacto entre ellos dos, más allá del deseado o permitido. Era como si hubiera una línea invisible dibujada en el suelo, una línea que ninguno se atrevía a cruzar. Solo se enfocaron en sus propios deseos, en satisfacerse a sí mismos, pero con un detalle perturbador: sus ojos siempre fijos en los del otro, mientras el pequeño Omega entre los dos era un mar de gemidos y lágrimas, completamente ajeno a lo que realmente estaba ocurriendo.

Fue sublime. Y excitante. Y profundamente incorrecto.

El recuerdo se quedó grabado en su mente durante mucho, mucho tiempo. Aquellos encuentros no se repitieron con frecuencia. Era algo que solo hacían cuando la ocasión era perfecta, o cuando estaban lo suficientemente ebrios y cachondos para detenerse a pensar en algo más que no fuera buscar un Omega y tener sexo.

Nadie de sus círculos cercanos tenía ni la más remota idea de lo que TaeHyung y JungKook habían estado haciendo a escondidas. Ambos mantenían sus encuentros fugaces en el más absoluto secreto, y jamás decían una palabra al respecto al día siguiente. Hablarlo lo habría hecho más complicado. Más real. Así que era mejor disfrutar el momento y luego fingir que nunca había ocurrido.

Cuando se graduaron y las responsabilidades de la vida adulta comenzaron a acumularse, los encuentros escasearon cada vez más. Ya casi ni se reunían. JungKook se había sumergido de lleno en la empresa familiar, asumiendo el cargo de CEO con una naturalidad que daba envidia. Era como si hubiera nacido para eso. TaeHyung, en cambio, comenzó a pensar en qué demonios hacer con su existencia.

No tenía una meta clara, ni un futuro definido como su amigo. La vida de oficinista no era lo suyo. Le gustaba el aire libre, la naturaleza, la libertad de hacer lo que quisiera cuando quisiera. Su licenciatura en Negocios Internacionales podía irse a la mismísima mierda, por todo lo que le importaba.

Solo la había cursado porque su padre alfa, NamJoon, lo había obligado con esa mezcla de firmeza y ternura que solo un padre puede tener.

—Graduate de algo, TaeHyung. No me importa de qué, pero hazlo. Por si acaso.

Y también, aunque TaeHyung nunca lo admitiría en voz alta, lo hizo porque en algún momento tuvo la loca idea de que si se especializaba en negocios, podría trabajar al lado de JungKook.

Pero luego de ver la vida laboral del pelinegro, se desanimó por completo. No quería esa vida para él. Prefería mil veces salir a las montañas con su cámara y fotografiar la naturaleza, o encerrarse en su pequeño estudio y pintar con las manos y el cuerpo cualquier cosa que su imaginación concibiera.

El problema era que de eso no se comía. Era solo un hobby, y TaeHyung necesitaba dinero para vivir. Así que buscaba empleos de medio tiempo aquí y allá. Nada que lo agobiara demasiado, nada que le quitara las ganas de levantarse cada mañana.

Era un espíritu libre.

Por las noches, salía de fiesta con sus amigos. Park Jimin, un pequeño y hermoso Omega que había conocido en sus inicios en la universidad, y Jung Hoseok, un Beta con una sonrisa contagiosa a quien le presentó un amigo en común de la preparatoria. Eran un trío muy curioso en las fiestas. Sin duda llamaban la atención: un Omega que bailaba como si el mundo se acabara, un Beta que reía más fuerte que la música, y TaeHyung, que parecía un Alfa pero no lo era.

Algunas veces se les unía JungKook y YoonGi, el novio Alfa de Jimin, y entonces la noche se volvía más interesante. Entre tragos y bailes, entre risas y miradas cruzadas. En ocasiones, TaeHyung volvía solo a casa. En otras, conseguía algún Omega o Beta atractivo con quien compartir la noche.

Nunca un Alfa.

No sentía el menor deseo de que le dieran por el culo, gracias. Prefería a alguien más pequeño, más bonito, más dócil. Alguien que cupiera en sus brazos. TaeHyung era consciente de su atractivo: tenía un buen físico gracias al ejercicio constante, una belleza que no era estridente pero sí cautivadora. No era un narcisista, pero sabía que para los Omegas y los Betas resultaba atractivo. Su altura, su contextura, esa seguridad que proyectaba sin esfuerzo… todo eso era muy propio de los Alfas, aunque él careciera de feromonas y de la habilidad de anudar.

Así que usaba lo que tenía para conseguir buenos amantes. Y funcionaba. Siempre había funcionado.

Y justo esa noche, TaeHyung quería sexo.

Llevaba un mes sin acción, un mes, maldita sea, y su cuerpo se lo exigía a gritos. Necesitaba desestresarse de la mejor forma que conocía. Así que cuando vio a JungKook cruzar la entrada del bar, llamando la atención a su paso como si fuera dueño del lugar, que técnicamente, en muchos casos, lo era, una idea se formó en su cabeza.

Si había algo que lograba calmar su apetito sexual por completo, algo que dejaba cualquier encuentro normal a la altura de un simple calentamiento, era cuando compartía la noche con JungKook.

—¡JungKookie! —Gritó, lanzándose sobre él con su mejor sonrisa, esa sonrisa que sabía que desarmaba a cualquiera.

Tenía un plan en mente. Un plan simple, efectivo, y que nunca fallaba. Solo necesitaba buscar algún Omega que les resultara atractivo a los dos. Por suerte, su amigo y él tenían gustos muy parecidos. Siempre los habían tenido.

Demasiado parecidos, tal vez.



Un cuerpo caliente se presionó contra el suyo como un pequeño volcán a punto de estallar. Una voz ronca y masculina penetró en sus tímpanos, haciéndole cosquillas en algún lugar profundo de su cerebro, haciendo que su corazón galopara cada vez más rápido en su pecho.

Una mano fuerte y tatuada rodeó su cuerpo por el frente, dedos largos y diestros encontrando su pezón, algo maltratado por la intensa actividad, pellizcándolo sin piedad.

—Mmm… oh… ugh…

La cabeza le daba vueltas. El mundo se reducía a las paredes de aquella habitación de hotel, a las sábanas enredadas bajo su cuerpo, y al peso inconfundible sobre él.

¿Cómo demonios llegué hasta aquí?... Pensó entre respiraciones entrecortadas, aunque en el fondo sabía perfectamente la respuesta. Había sido él. Su plan. Su idea. Su maldita boca que no sabía decir que no cuando JungKook lo miraba de cierta manera.

El agarre en su cintura era tan fuerte que seguro dejaría moretones. Marcas moradas que tardarían días en desaparecer, que se volverían amarillentas y luego verdosas, y que TaeHyung fingiría no tener explicación para ellas. Pero en ese momento, con el calor recorriéndole cada centímetro de piel, no podía importarle menos.

Su atacante, porque así se sentía, como si estuviera siendo devorado vivo, sin cuidado ni advertencia, deslizó aquella parte de su anatomía más profundamente en sus entrañas. Un movimiento certero, brutal, que le robó el aire.

—¡Oh, maldita sea! —Los empujes eran rápidos y húmedos, creando una armonía sucia y excitante en el interior de aquella habitación. El sonido de sus cuerpos chocando una y otra vez, la respiración agitada del Alfa sobre él, los gemidos que escapaban de sus propios labios sin permiso—. Mmm… Ah… ¡M-mas! ¡Más fuerte, JungKook!

Pidió con una voz que apenas reconoció como propia. Era un desastre de gemidos y jadeos, un desastre hecho por la polla de su mejor amigo, que ahora se movía dentro de él como si conociera cada rincón de su cuerpo mejor que él mismo.

TaeHyung hundió los dedos en la espalda del Alfa, sintiendo los músculos tensarse bajo sus palmas. Arqueó la espalda para recibirlo mejor, más profundo, más duro. Su mente estaba en blanco, borrada por el placer, y la única frase que lograba articular era el nombre de JungKook, una y otra vez, como un mantra.

¿Cómo diablos pasó esto?

Pero mientras las paredes de la habitación se difuminaban a su alrededor y el mundo entero se reducía a las manos de JungKook en su piel y a sus labios en su cuello, TaeHyung supo la verdad incómoda que había estado evitando durante años.

No importaba cómo había pasado.

Lo único que importaba era que no quería que se detuviera.

.

.

.

Fin del capítulo.

¿Que les pareció está nueva historia?

¿Desean una continuación?

No olvides dejar tu estrellita y seguirme en mi perfil para más contenido.

Sin más que agregar se despide de ustedes KikaUchiha ✒️

Let KikaUchiha know what you thought about this chapter!
Love this

36

Love this

Funny

2

Funny

Spicy

11

Spicy

Suspenseful

6

Suspenseful

Emotional

1

Emotional

Profound

1

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

7

Shocking

Good Writing

3

Good Writing

Compelling Plot

3

Compelling Plot

Great Character

2

Great Character

Strong Dialog

5

Strong Dialog

Further Recommendations

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Read Now
Sweet Caroline

Doridoo: I really enjoyed this story and had trouble putting it down at 2:00 in the morning but couldn’t read more due to blurry eyes! I even reread the chapter I left on so I could relive it again. The story had me tear up and gasp in parts. I Look forward to more stories from this author. Now I need to ca...

Read Now
Luna auf der Flucht

Uschi: Gute Story, guter Spannungsbogen

Read Now
Death's Shadow MC Book 1

dariwhon: Loved reading this book. Engaging plot, great characters and good writing.

Read Now
An Irish Match

jeannie2244: This is without a doubt one of the sweetest stories I've read in a very long time. It's a delightfully different story from the usual stuff out there. I couldn't put it down. I highly recommend giving this a read.

Read Now
Called by the Alpha

jakm714: Enjoyed the story so much, I read the first book again, once the second book was completed & shared. Love the main characters, love their friends, hate the villains. Compelling and suspenseful in a way that makes you want to keep reading, so you can keep enjoying. Cliff hangers well done. Most chapt...

Read Now
Stripped Shadows

K.Ives: Wow! Ich musste mich jetzt beinahe 24 Stunden sammeln, um eine würdige Bewertung zu verfassen.Ich bin absolut baff – im positiven Sinne. Diese Dark Romance Geschichte hat alles, was sie braucht, um umwerfend zu sein. Starke Protagonisten plus zusätzliche perfekte Nebencharaktere. Die Geschichte ist ...

Read Now
El Secreto de TaeHyung