CAPÍTULO ÚNICO
La habitación de Zephiron estaba iluminada por la tenue luz de su lámpara nocturna. En la pared, varias fotos adornaban el espacio una mostraba a Sonic y Shadow abrazando a un Zephiron aún bebé, otra capturaba una carrera entre los tres en la playa, y la más reciente era un retrato familiar con los tres sonriendo juntos.
En la cama, Zephiron abrazaba su manta con una sonrisa soñolienta.
—Mamá... ¿puedes contarme el cuento otra vez?
Sonic sonrió con ternura y revolvió suavemente las púas de su hijo.
—¿Otra vez, Zephi? Ya te lo sabes de memoria.
—¡Pero quiero escucharlo de ti! —insistió, con los ojos brillantes—. ¡Por favor!
Sonic suspiró con una sonrisa divertida y tomó el libro de la mesita de noche.
—Está bien, pero esta será la última vez por hoy.
Zephiron sonrió, cerrando los ojos mientras Sonic comenzaba a leer en voz baja.
—Cada año, Camelot celebraba su torneo anual, donde los caballeros más fuertes demostraban su destreza en combate. Lancelot, el guerrero más veloz del reino, nunca había sido derrotado. Su armadura negra con detalles plateados brillaba bajo el sol, y su espada se movía con la precisión de un rayo.
—Ese día, tras su tercera victoria consecutiva, Lancelot sintió una mirada fija en él entre la multitud. Un forastero de pelaje azul celeste y ojos esmeralda lo observaba desde los balcones de la arena. No vestía como un noble ni como un guerrero, pero su porte hablaba de algo más... algo que Lancelot no pudo ignorar.
Después del torneo, Lancelot salió a los jardines para despejarse cuando notó al forastero de antes, ahora más cerca.
—Pareces disfrutar de los duelos —comentó Lancelot, sin apartar la vista.
El desconocido levantó la mirada con una ligera sonrisa.
—Pareces disfrutar de la victoria.
Lancelot arqueó una ceja.
—Es un torneo. La victoria es la meta.
—No para todos. —El forastero cruzó los brazos—. Para algunos, el verdadero desafío no está en ganar, sino en encontrar a alguien que los haga pelear con todo su corazón.
Lancelot lo observó con atención.
—¿Quién eres?
El otro sonrió con calma.
—Un viajero.
—Los viajeros tienen nombre.
—Arthur —respondió, estrechándole la mano.
Lancelot dudó un instante, pero terminó aceptando el gesto.
Desde ese día, Arthur y Lancelot comenzaron a verse con más frecuencia. Sus encuentros eran casuales al principio, pero pronto, la conexión entre ellos se hizo innegable.
—¿Siempre eres tan serio? —preguntó Arthur una noche mientras caminaban bajo las estrellas.
Lancelot miró el cielo.
—Ser caballero no deja mucho espacio para la distracción.
Arthur se detuvo frente a él y sonrió con suavidad.
—¿Y si no es una distracción? ¿Si es algo que vale la pena?
Lancelot sostuvo su mirada.
—Entonces... no dejaría que se me escapara.
Arthur dio un paso adelante, reduciendo la distancia entre ellos.
—¿Y qué harás ahora, caballero?
Lancelot no respondió con palabras. En su lugar, llevó una mano a la nuca de Arthur y lo acercó.
—No pelearé solo nunca más —susurró antes de besarlo.
Arthur cerró los ojos y respondió con la misma intensidad.
Desde esa noche, ambos supieron que ya no había marcha atrás.
Los días pasaron y una tarde, Lancelot y Arthur decidieron dar un paseo por los bosques de Camelot.
El ambiente era tranquilo, con el sol filtrándose entre las hojas. Pero entonces, una figura apareció entre los árboles.
—Vaya, vaya... —Infinite sonrió con una falsa cortesía—. No esperaba encontrarme con el príncipe de Solmere aquí.
Lancelot se tensó y desenvainó su espada.
—¿Quién eres?
Infinite hizo una leve reverencia burlona.
—Mi nombre es Infinite. Alguna vez fui el fiel consejero del reino de Solmere... y el único que conoce la verdadera historia de Arthur.
Lancelot frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Infinite sonrió con crueldad.
—Arthur no es un simple viajero. Es el príncipe exiliado de Solmere, acusado de traición y el único sobreviviente de la masacre de su familia.
Lancelot sintió un escalofrío.
—¿Solmere...?
Infinite rió con burla y miró a Arthur con malicia.
—Y dime, ¿alguna vez le contaste la parte más interesante de la historia? —Infinite entrecerró los ojos—. Que yo fui quien lo planeó todo.
Arthur apretó los puños.
—¡FUISTE TÚ!
Lancelot, en ese momento, entendió la verdad.
Infinite desató un feroz ataque con su espada. La pelea fue brutal, con golpes rápidos y destellos de acero chocando en la oscuridad del bosque.
Pero en un descuido, Infinite lanzó un tajo brutal que atravesó el brazo derecho de Lancelot, haciéndolo caer de rodillas.
—¡Lancelot! —Arthur corrió hacia él, su corazón latiendo con fuerza.
Infinite sonrió con crueldad.
—Parece que incluso los caballeros más fuertes caen.
Con su espada en alto, Infinite se preparó para dar el golpe final, pero Arthur, lleno de ira, se interpuso y bloqueó el ataque con todas sus fuerzas.
Lancelot, jadeante, con su brazo derecho cercenado y el dolor ardiendo en su cuerpo, reunió su última energía.
Con su mano izquierda, tomó su espada y, con un movimiento letal, atravesó el pecho de Infinite.
Infinite abrió los ojos con sorpresa.
—I-imposible...
Y cayó derrotado.
Arthur se arrodilló junto a Lancelot, con los ojos empañados.
—¡No me hagas esto!
Lancelot sonrió con cansancio, su respiración entrecortada.
—Nunca te dejaría...
Lancelot, a pesar del dolor, correspondió al beso con toda la fuerza que le quedaba, aferrándose a Arthur como si en ese momento solo existieran ellos dos.
Cuando se separaron, Arthur apoyó su frente contra la de él.
—Te necesito a mi lado —susurró.
Lancelot respiró hondo y, con esfuerzo, se incorporó.
—Siempre estaré contigo.
Unos días después del enfrentamiento, Lancelot se recuperó de su herida, pero, lamentablemente, sin su brazo derecho. El viento soplaba suavemente entre los árboles del bosque de Camelot.
Arthur tomó la mano de Lancelot y lo ayudó a ponerse de pie.
—He tomado mi decisión —dijo con determinación—. Regresaré a Solmere. Voy a reclamar lo que es mío.
Lancelot sostuvo su mirada, sintiendo el fuego en sus palabras.
Arthur entrelazó sus dedos con los de él y preguntó con suavidad:
—Lancelot... ¿estás dispuesto a venir conmigo y gobernar a mi lado?
Lancelot no dudó.
—Siempre.
Arthur cerró los ojos un momento, sonriendo con alivio, y lo abrazó con fuerza.
Días después, Arthur fue absuelto de su exilio y regresó a Solmere junto a Lancelot. El pueblo lo recibió como el verdadero heredero del trono y su honor fue restaurado. A su lado, Lancelot, con un brazo prostético, siguió siendo caballero y gobernador, gobernando junto a Arthur con justicia y amor.
Sonic cerró el libro con suavidad y besó la frente de Zephiron.
Con cuidado, se levantó y caminó hacia la puerta, donde Shadow lo esperaba. Con una última mirada a su hijo dormido, apagó la luz y cerró la puerta en silencio.
Mientras caminaban hacia su habitación, Shadow se colocó detrás de Sonic y deslizó una mano lentamente por su espalda, deteniéndose en su cintura.
—Dime, Sonic... —susurró en su oído, con una voz profunda y seductora—, ¿has pensado en darle un hermanito a Zephiron?
Sonic se estremeció al sentir la cálida respiración de Shadow en su cuello.
—¿¡Shadow...!?
Shadow dejó escapar una sonrisa divertida y, sin apartarse, acarició suavemente su cadera, guiándolo hacia su habitación.
—No tienes que responder ahora... —murmuró, con un brillo travieso en los ojos—. Pero esta noche... podríamos pensarlo juntos.
Sonic sintió su rostro arder, pero no dijo nada mientras entraban en su habitación.
La puerta se cerró suavemente tras ellos, dejando que la noche los envolviera en su cálido y silencioso resguardo.
FIN.
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¡Hola a todos! 🌙💫
Quiero compartir con ustedes una historia muy especial que escribí en 2018. En su momento, me dio vergüenza mostrarla y la dejé de lado sin prestarle mucha atención, hasta el punto de pensar que se había perdido en mi computadora. Pero para mi sorpresa, la he encontrado y he decidido que es momento de compartirla.
No soy escritora profesional, pero siempre se puede aprender en el camino. Espero que la disfruten.








