El árbol de la ceniza

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Summary

Un mundo de sombras y secretos, donde la oscuridad se cierne sobre la ciudad de Shertlatte como un velo de muerte Una joven se encuentra atrapada en una red de desconfianza y posible amor Un chico enigmático emerge de la niebla como un fantasma Es un susurro de seducción, un canto de sirena que atrae hacia un abismo de pasión y peligro. Todo es un baile de sombras y luces, donde la verdad y la mentira se entrelazan como las hebras de una tela ¿Podrás descifrar quien es el verdadero villano y descubrir la verdad detrás de esta historia? ¿O te perderás en el laberinto de perversión y obsesión? La luna apenas será tu luz de guía, y la noche es un candado que cubre la verdad Pero en el corazón de esta oscuridad, hay un secreto que espera ser libre ¿Estás listo para descubrirlo? ...

Genre
Romance
Author
D'LUZE
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Noche Silenciosa

La oscuridad de la noche se cernía sobre la ciudad como un manto de seda negra, envolviendo todo a su paso, como si intentara protegernos... o atraparnos. Las luces de las farolas se reflejaban en el asfalto húmedo, creando un efecto de espejo que parecía estirar la noche hasta el infinito, duplicando el mundo en un plano paralelo y silencioso.

Camino por la calle principal, mis pasos resuenan con un ritmo constante en el aire frío, la luna se escondía detrás de las nubes, lanzando apenas un tímido resplandor que parecía burlarse de mi intento de buscar consuelo en su luz.

Bajo el brazo llevo un libro grueso de medicina, su peso era un recordatorio tangible de las horas que había pasado estudiando en la biblioteca de la universidad. En la mochila colgada de mi hombro, un revoltijo de prácticas, notas y exámenes esperaba su turno para ser repasados. Sabía que los estudiantes maldecían a los profesores por aquellos ejercicios sorpresa, pero para mí eran parte del proceso, una prueba de resistencia tanto como de conocimiento.

El reloj en mi muñeca marcaba las 9:47, ya era tarde. Mis pies, cansados pero obedientes, se entretenían esquivando las líneas del suelo, un juego infantil que nunca parecía perder su encanto. Sabía que mi casa estaba cerca; aquel barrio tranquilo casi en el centro de la ciudad siempre había sido un refugio, una burbuja en la que podía permitirme bajar la guardia.

Sin embargo, esa noche, por alguna razón, el vacío de las calles no me resultaba tan reconfortante.

Me sentí sola.

No la soledad amable y liberadora de otras veces, sino algo más pesado, algo que se adhería como una sombra persistente. La noche, normalmente mi aliada, parecía haber absorbido a todos los demás, dejándome en un mundo de penumbra y silencio. Incluso la luna parecía débil y distante, como si me hubiera abandonado también.

Pero no estoy asustada. La verdad, ese vacío me relajaba, siempre me ha gustado la sensación de que el mundo se detiene mientras yo sigo moviéndome, viva en un escenario estático. La brisa nocturna acariciaba mi rostro, trayendo consigo un murmullo casi imperceptible de hojas agitadas y el ocasional zumbido eléctrico de las farolas. Era una sinfonía discreta que me hacía sentir ligera, casi etérea.

Hasta que no lo hizo.

El sonido de mis pasos, tan familiares, adquirió una compañía inquietante: un eco más suave, un murmullo que no correspondía al ritmo de mis movimientos. Se mezclaba con el mío, tratando de sincronizarse, pero fallando por una fracción de segundo. Mis sentidos se tensaron de inmediato, sentí cómo el aire alrededor se volvía más denso, más pesado.

-¿Eh...?

Me detengo en seco, mi respiración contenida como si el más mínimo sonido pudiera romper algo invisible. Giro la cabeza lentamente, tratando de captar cualquier movimiento con el rabillo del ojo, pero no había nada. La calle estaba tan vacía como antes, y las luces de las farolas son las únicas testigos de mi desconcierto.

Me forcé a soltar el aire de golpe y a encogerme de hombros. “Probablemente solo es mi imaginación”, me dije. Con eso, retomé el paso, aunque un poco más rápido esta vez.

Sin embargo, la sensación no desapareció. Ese leve pero persistente cosquilleo en la nuca, como si unos ojos invisibles estuvieran clavados en mi espalda. Es un susurro constante en mi oído, un roce intangible en el hombro.

Me detengo de nuevo, esta vez girando sobre mis talones con más fuerza.

—¿Crees que soy idiota? —. Grito, con la voz temblorosa a pesar de mi esfuerzo por sonar firme—. ¡Pude escucharte caminar! ¡Tus pasos trataban de sincronizarse con los míos! ¡Da la cara, maldita sea!

El eco de mis palabras se desvaneció en la nada. Ni un movimiento, ni un susurro, ni siquiera el canto distante de un grillo. La calle sigue tan vacía como antes, mis ojos recorren cada rincón: los callejones oscuros, las sombras alargadas tras los contenedores de basura, las esquinas apenas iluminadas, nada.

-...-

Espero unos segundos, esperando a que salga de su cueva

—Tch, imbécil... —. Murmuro para mí misma, con los dedos apretando el libro de medicina hasta que mis nudillos se pusieron blancos.

La brisa nocturna pareció cambiar, acariciando mi piel como si quisiera burlarse de mí. Siento mi cuerpo temblar ligeramente, aunque no sabía si era por el frío o por los nervios. Las nubes comenzaron a dispersarse, dejando que la luna derramara su luz sobre la calle, creando un contraste casi sobrenatural entre las zonas iluminadas y las sombras.

No soy estúpida, sé que no estaba sola.

No estaba loca, no podía estarlo, no, no creo que pueda perder la cordura tan rápido, tendría que pasar algo muy inesperado y retorcido para que eso suceda. Alguien me esta siguiendo. Lo siento en lo más profundo de mi estómago, un nudo pesado que crecía con cada paso que daba. Mi mente, incapaz de ignorar la sensación, comenzó a llenar los vacíos con teorías.

“¿Quién podría ser? ¿Algún compañero de la universidad? ¿Otra zorra que no sabe a quién más joder? ¿Un docente molesto porque no entregué algo a tiempo?”

Intento recordar si había visto a alguien inusual en la biblioteca antes de salir. Nada me venía a la mente. La biblioteca estaba prácticamente vacía a esa hora; solo los empleados de limpieza, personas que rondaban y se infiltraban a la universidad por cumplir un reto o una pareja que quiere tener sexo en alguna aula vacía y cumplir sus fetiches

Pero... ¿Y si no era alguien de la universidad? ¿Y si era alguien completamente desconocido, alguien que simplemente había decidido que yo era su presa esta noche?

Sacudo la cabeza, tratando de despejar esos pensamientos. No me estaba ayudando. Pero tampoco podía ignorar lo que sentía.

El resto del camino fue un suplicio. Cada sombra parecía más grande, cada sonido más agudo. Mi corazón se acelera con fuerza en mi pecho, y cada fibra de mi cuerpo esta tensa, como un resorte listo para reaccionar al menor indicio de peligro.

Estoy a salvo. O al menos, eso quería creer.