No hay mal que dure cien años

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Summary

En un futuro donde la humanidad ha alcanzado la inmortalidad y la tecnología ha erradicado el miedo, un hombre de 2947 años permanece solo en un planeta destruido por la contaminación y el egoísmo humano. Sin poder morir, reflexiona sobre su existencia eterna en un mundo sin vida.

Genre
Scifi
Author
Fernando
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

No hay mal que dure cien año

Corría el año 2050, la tecnología había llegado a su pico de mayor evolución. Las supercomputadoras eran algo tan común que las palabras ya no eran necesarias. Con solo ver a los ojos a alguien más, podíamos tener conversaciones tan profundas como nuestros pensamientos.

Tampoco eran necesarios medios de transporte, ya que se habían diseñado trajes especiales que nos permitían volar largas distancias. Fueron años de abundancia y prosperidad.

Los humanos dejamos de tener miedo por primera vez en toda nuestra existencia, ya que todas las enfermedades habían sido erradicadas, incluida la muerte.

Durante mi vida, pude conocer todos los países del mundo y probar su comida. Leí incontables libros maravillosos, escuché música hermosa, me enamoré más de una vez y supe lo que era perder a alguien más de las veces que me hubiera gustado.

No me arrepiento de nada… salvo de una cosa.

La única forma de terminar con nuestra vida era por elección propia. Para evitar la sobrepoblación, todos éramos esterilizados al momento de nacer, pero podíamos elegir terminar nuestra vida para dejar que un nuevo humano —lo que anteriormente se le llamaba hijo— tomara nuestro lugar.

Justo hace dos días, yo cumplí los 2947 años. Y tal vez se pregunten por qué alguien viviría tanto tiempo. Pues la razón es simple… las personas que podían revertir mi inmortalidad ya no existen.

Nuestra avaricia hizo que todo lo bueno que se había construido poco a poco se desvaneciera…

Desde que era joven, antes incluso de que existieran los métodos para otorgarnos la inmortalidad, se hablaba del calentamiento global y de las consecuencias de seguir con un consumo indiscriminado de los recursos.

Así que llegó el día en que el agua y el alimento comenzaron a escasear. Ni siquiera los cálculos más complejos de las supercomputadoras lograron encontrar otra solución que no fuera la erradicación de la raza humana.

Pero como somos tan egocéntricos, nunca pensamos que esa fuera una respuesta adecuada y, finalmente, terminamos con todo.

El cielo dejó de brillar por culpa de la densa capa de contaminación que flotaba en la atmósfera; el olor a pudredumbre y desechos llenaba el planeta de punta a punta. La gente desesperada comenzó a revertir el tratamiento para la inmortalidad, pero nunca pensé que también lo harían las únicas personas capaces de realizar ese procedimiento.

Pero yo no quería morir aún. Así que me quedé totalmente solo en un planeta muerto. No he bebido agua ni probado alimento en más de 200 años, y por más que lo he intentado, no logro terminar con esta existencia vacía

Mientras escribo esto, estoy en lo que alguna vez fue la ciudad que me vio nacer, intentando terminar con mi vida por milésima vez, y pensé con ironía en un viejo dicho de mi antigua civilización: “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante”… pues creo que yo he demostrado que sí existe… soy yo.