La herida que no sangra - Narusasu

Summary

Naruto lo dio todo: su fuerza, su lealtad, su corazón. Pero el desprecio constante de su gente y el abandono silencioso de quienes prometieron estar a su lado abrieron en él una herida que no sangra, pero que duele más que cualquier golpe. Cuando Pain extiende su mano, no como enemigo, sino como el único que comprende su dolor, Naruto enfrenta su decisión más oscura: seguir fiel a un mundo que lo ha traicionado... o traicionar ese mundo para salvarse a sí mismo. - Los personajes y el universo de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto. Esta historia es una obra de ficción creada por un fan y no tiene fines de lucro. Todos los derechos pertenecen a sus respectivos dueños. © Todos los derechos reservados.

Genre
Drama/Lgbtq
Author
giovanne
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1 - Sacrificio silencioso

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Un manto de nubes grises cubría el cielo sin dejar pasar un solo rayo de luz. El viento soplaba lento y helado, como si arrastrara lamentos de almas perdidas. Los árboles, retorcidos y secos, parecían manos alzadas al cielo implorando por algo que nunca llegaría. El suelo, resquebrajado y cubierto de cenizas, no ofrecía vida ni color, solo desolación. Un silencio sepulcral envolvía todo, roto de vez en cuando por el eco lejano de un cuervo solitario. No había señales de esperanza, solo la sensación constante de que todo había terminado hace tiempo...

—No sé cuánto más puedo seguir... Siempre estoy luchando, siempre protegiendo, siempre sonriendo... pero nada cambia —habla Naruto para sí mismo con voz baja, casi quebrada—. La gente me mira como si yo no valiera nada. Como si fuera una amenaza. ¿De qué sirve todo esto? —El peso de las miradas y palabras dichas por los habitantes de aquella tierra que tanto atesoraba en lo más profundo de su ser... le oprimían el alma, como si un yugo invisible apretara su corazón con cada latido—.

De repente, se encogió sobre sí mismo, cayendo de rodillas. El mundo a su alrededor giraba, su visión se nublaba, y un zumbido ensordecedor llenaba sus oídos. Sentía que no podía respirar, como si algo dentro de él —algo oscuro, inmenso— tratara de salir.

—No... no entiendo... ¡He hecho todo! ¿Por qué no pueden verlo? ¿Por qué no me aceptan...? —murmuraba con una voz poco audible, una voz rota por todo el daño que le habían causado—. ¿Por qué siguen odiándome?

El chakra del Kyūbi comenzó a agitarse dentro de su cuerpo, respondiendo a la angustia, hirviendo bajo su piel. Pero Naruto no pensaba en eso. No pensaba en nada. Solo había miedo. No al enemigo, no a la muerte... sino a sí mismo. A no ser suficiente. A estar solo. Siempre.

Un viento gélido recorrió el aire, levantando pequeñas hojas secas del suelo. Algo en la atmósfera cambió, un peso invisible se sintió en el aire. Desde lo lejos, en la penumbra de los árboles, una figura apareció, emergiendo de las sombras como una sombra misma.

La figura estaba envuelta en una capa oscura, su rostro oculto bajo una máscara que reflejaba una fría indiferencia. Era Pain, pero su presencia no era solo de un hombre; era la de una fuerza imparable, el eco de un sufrimiento que se extendía más allá de la comprensión.

—El dolor es el único lenguaje que el mundo entiende. Tus esfuerzos, tus lágrimas, no significan nada para quienes solo ven al monstruo —con pasos firmes y medidos, Pain avanzaba hacia Naruto. Su caminar parecía lento, pero cada paso se sentía como una condena inevitable—. ¿Crees que ese sufrimiento te hace débil? No, Naruto... te hace igual que yo.

La luz de la luna iluminaba su figura, proyectando sombras largas y alargadas sobre el suelo, como si estuviera arrastrando el mismo peso de la oscuridad. Su mirada, detrás de la máscara, no era visible, pero sus ojos eran lo único que Naruto podía sentir. Fríos, implacables, como si observaran lo más profundo de su alma.

—La justicia de este mundo está podrida. Tus sacrificios no cambiarán eso —dijo con calma, como si recitara una verdad indiscutible—. Únete a mí, Naruto. Con Akatsuki, canalizarás ese dolor. Ya no lucharás por aceptación, sino por propósito. Juntos, crearemos un mundo donde nadie tenga que mendigar amor.

A medida que la figura se acercaba, el aire parecía volverse más denso. Un escalofrío recorrió su espalda, y el leve crujir de las ramas bajo los pies de Pain hizo que su cuerpo se tensara.

—¿Unirme a Akatsuki...? ¿A ustedes? ¿Para destruir todo lo que he intentado proteger?

Cuando finalmente levantó la cabeza, los vio. Sus ojos, los ojos de Pain, no eran humanos, pero aún así, había algo allí, algo que lo detenía en seco.

—No es destruir, Naruto. Es crear —dijo con un tono bajo pero firme—. Crear un nuevo mundo donde el sufrimiento y el miedo no gobiernen. Un mundo donde la paz no se base en la aceptación de los demás, sino en la verdadera comprensión del dolor. Un mundo donde tú puedas encontrar la paz que tanto deseas.

¿Y si él tiene razón? ¿Y si toda esta lucha no lleva a nada? —cerrando los ojos con fuerzas, sus puños temblando— ¿Qué sentido tiene seguir cuando no queda nadie que crea en ti de verdad...?

Una ráfaga de viento lo envuelve. Por un instante, ve los rostros de Iruka, Kakashi, Sakura, Tsunade, Jiraiya,... pero también siente la fría indiferencia de la aldea entera. El corazón le duele. Siente que se parte. El silencio lo invade.

Su mirada, usualmente encendida de esperanza, estaba nublada por la culpa y la impotencia. Desde la última batalla con Sasuke, todo se había desmoronado en su interior. No podía dormir sin pensar en su promesa a Sakura. No podía entrenar sin recordar la mirada fría de su amigo alejándose en la oscuridad. Naruto, el chico que nunca se rendía, ahora luchaba no contra un enemigo, sino contra el peso insoportable de haber fallado... otra vez. ¿Hasta dónde tendría que llegar para traerlo de vuelta? ¿Cuánto más debía sacrificar para no perder lo que aún le quedaba?

—No quiero seguir sufriendo... No quiero seguir rogando por un lugar entre ellos. Estoy cansado. Tan cansado... —habló en voz baja, casi para sí mismo—.

Pain estaba frente a él, y la distancia entre ellos parecía desvanecerse con cada segundo, hasta que no hubo más escape.

—Entonces ven. Deja de cargar con un mundo que nunca te aceptó. El dolor no debe destruirte... —extendió una mano hacia él, el cielo nublado tras su silueta, como una oscura promesa— debe darte propósito.

Naruto cierra los ojos. Respira hondo. Y tras varios minutos eternos, asiente con la cabeza.