Saga L.P.C. III — Hunhan

Summary

Como un paria entre los de su propia especie, Rat siempre se alejaba de los demás y vivía su vida con sus propias reglas. Despreciado y rechazado tantas veces, se había resignado al hecho de que siempre estaría solo y se convencía a sí mismo que de ese modo estaba mejor. Todo eso cambió en el instante que recibe la llamada del cambiaformas perdido, Luhan. Asustado y huyendo de los Cuervos, Luhan está escondido y Rat sabe que si no va a rescatar al hombre, podría morir en unas horas. Lo que Rat no espera es la dura caída instantánea de lujuria que siente hacia el cambiaformas perdido apenas lo conoce. Era lo último que ninguno de ellos necesitaba o en lo que querían pensar. No sólo Luhan, todavía se está ajustando al hecho de que es un cambiaformas. Sino también al hecho de que es el hermano más joven del líder de los felinos. Lo que significaba que el hombre está fuera de los límites de Rat, pero a medida que se enfrentan a más peligros y están más cerca, Rat sabe que es impotente para luchar con la atracción creciente hacia Luhan. ¿Podrá Rat finalmente ser capaz de dejar ir el pasado para embarcarse en un futuro con su nuevo amante o estará para siempre destinado a vivir su vida en soledad?

Genre
Fantasy
Author
Kei
Status
Complete
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1.

Rat se juró a sí mismo que no iba a tocar.

No importaba lo mucho que sus brazos gritaran de agonía, gracias a esa pieza de mierda de cambiaformas puma que lo tenía en una clara postura de sumisión en la lucha. Su otra mano estaba presionada sobre su cabeza, sus dedos presionando su cuero cabelludo lo suficientemente duro como para dejar moretones. Rat trataba de levantarse sólo lo suficiente para tomar algo de aire que no oliera a vinilo, goma, zapatos de gimnasio y una semana atrasada de sudor. Eso hizo que el puma gruñera y apretara la cabeza de Rat con más fuerza. Parecía tener un sádico placer en hacer que Rat se comiera la colchoneta azul desteñida del cuarto de entrenamiento.

A pesar de que Rat estaba bien construido, este tipo tenía 50 libras más que él. Y no era tímido a la hora de usarlas. Le torció otra vez viciosamente el brazo, eso dolía como una jodida, pero Rat frenó el grito de agonía. El Puma debió sentir su dolor, porque le dio una risa burlona, incluso cuando su sudor caía sobre la espalda y el cuello de Rat.

—Genial, siempre he oído que eras un vago, Antonio, pero esto es jodido.

Ese comentario le valió otro apretón desgarrador en su brazo, este fue cruel, ya que oyó crujir su hueso. Contuvo su respiración esperando el revelador momento que le hiciera saber que lo tenía roto, pero nunca llegó. Parecía que Antonio no estaba dispuesto a llevar las cosas más lejos. La humillación pública era una cosa, pero quebrar una extremidad del técnico de ordenadores favorito del líder, era otra. Aunque eso no quería decir que Antonio no pudiera hacerle daño y estaba haciendo un maldito buen trabajo. Rat estaba mordiéndose el interior de su mejilla conteniendo un grito y estaba tratando de respirar a pesar del dolor. Rat no le daría al hombre el placer de que lo viera llorar aunque le arrancara su brazo y se lo empujara por su garganta.

—Vamos Rat, dámelo —le instaron las doscientas libras de idiota que tenía encima.

No, eso no iba a pasar. Primero muerto.

—Antonio, te he dicho un millón de veces, que no voy a joder contigo, no importa cuántas veces me lo ruegues, solo renuncia. Por cierto, esta línea de acción es bastante coja para conseguirme, incluso para alguien tan desesperado como tú —Rat aguijoneó, sabiendo que su boca era su mejor arma contra ese idiota que tenía un trozo de carne por cabeza.

Fiel a su norma, Antonio tuvo que hacer una pausa mientras que su cerebro del tamaño de un guisante asimilaba el comentario de Rat.

—Eso no es lo que quería decir —dijo finalmente con voz inquieta e insegura.

A pesar de sentir que su brazo estaba siendo partido en dos, Rat rodó sus ojos. Dios, este cabrón se mudaba a un nuevo nivel. Rat levantó su cabeza lo suficiente para ojear alrededor de la habitación de entrenamiento sólo para encontrar que ahora tenía audiencia. Alrededor de una docena de cambiaformas felinos y algunos cambiaformas Halcones estaban de pie rodeándolos, observando cómo el patético guepardo entregaba su culo.

Podía haber sido divertido si no hubiera dicho guepardo.

—A pesar de que estás babeando sobre mí, te aseguro que ese no es el camino hacia mis pantalones. Me gusta el sexo sucio, no el sexo desaliñado. Créeme cuando te digo que eso es una gran diferencia.

Rat se dio cuenta que su comentario había sido demasiado cínico, cuando Antonio incrementó la presión en la parte de atrás de su cabeza. Contuvo su aliento cuando la presión contra la colchoneta le arrancó varios piercings de su cara. Pronto el fuerte y picante olor del cobre de su propia sangre golpeó sus fosas nasales.

—¿Por qué incluso estás aquí con los verdaderos soldados? —Antonio se burló—. La última cosa que necesitamos es tener que perder nuestro tiempo en un perdedor que no puede mantener su cambio. Mierda, incluso pareces un marica anormal. Tu aspecto gótico puede conseguir que las chicas se mojen en apreciación, pero justo para todos los demás solo muestras lo maricón que eres. Vuelve a tu pequeña oficina y a esos estúpidos ordenadores que te hacen importante. —Ese comentario lo picó más que un golpe bajo, pero Rat dejaría de respirar antes que pasarlo por alto. En su lugar, aflojó su cuerpo como si aceptara la derrota. Tan pronto como oyó la risa triunfante de Antonio, supo que lo tenía. El estúpido soltó su agarre de la cabeza de Rat… vamos lo soltó como el idiota que Rat sabía que era, lo que estaba esperando. Echando su cabeza hacia atrás, conectó con la nariz del hombre.

Incluso ese pequeño movimiento, hizo que su brazo le doliera más. Tan pronto oyó el aullido de dolor del puma, Rat supo que había valido la pena. Y si Antonio hubiera sido humano el golpe habría roto su nariz, en cambio sólo le causó mucho daño, por lo que aflojó su control lo suficiente como para permitir que Rat enviara su codo de vuelta en un rápido y duro gancho.

Esta vez algo le quebró una costilla, a juzgar por el sonido que hizo. Rat siguió con otro cabezazo, sorprendiéndose cuando conectó de nuevo, no creía que Antonio cayera en el mismo truco dos veces.

«Si, definitivamente es un cabrón idiota».

Tan pronto como Antonio lo dejó marchar, Rat se puso de pie y miró hacia abajo a su oponente. A pesar de que su educación le había enseñado a patear siempre a su presa cuando lo tenía abajo, Rat no lo hizo. En su lugar, inclinó su cabeza hacia un lado mientras veía cómo Antonio se retorcía de dolor.

—Parece que gané —dijo con su voz fría.

—Eso no prueba ninguna cosa, estúpido anormal — gruñó Antonio. Ahuecó su mano sobre su nariz, la sangre corría entre las grietas de sus dedos. Rat se negaba a dejar que el comentario lo hiriera. Sabía que era diferente. No solo no tenía ningún control sobre su forma animal, sino que había dado grandes pasos para hacer único su lado humano también. Mientras la mayoría de los cambiaformas que servían bajo las órdenes de Chanyeol, llevaban su cabello corto como militares y se vestían en parte como soldados, Rat se negaba a cortárselo. Se había teñido su cabellera marrón de negro oscuro con mechas azules que le atravesaban la parte frontal en punta. Además de sus numerosos piercings, el delineador alrededor de sus ojos y su esmalte de uñas negro, Rat estaba muy lejos de las normas convencionales que pudieran existir.

Incluso vestía muy diferente. Negándose a llevar el uniforme negro de faena, modificaba los pantalones haciéndolo más anchos y añadiéndoles cadenas y apliques, todo esto unido a camisetas violentas. Por supuesto usaba botas, pero estas tenían pesadas hebillas de plata en los lados y ciertamente no tenían uso militar.

—Bueno, este fenómeno solo te dio por el culo —Rat curvó la esquina de sus labios agresivamente, girándose para irse.

La audiencia todavía estaba allí y se abrió paso a codazos. Querían un espectáculo y habían tenido uno. Usualmente disparaba un comentario listillo para aligerar a su manera una situación incómoda. Hoy sin embargo no se sentía a la altura. Lo que quería era emborracharse hasta aturdirse y lamer sus heridas.

Exhaló un suspiro mientras giraba el brazo. Su propia comodidad tendría que esperar porque tenía trabajo que hacer. Incuso si era un trabajo adecuado para un maricón de mierda.

La sala de ordenadores estaba situada al final de los cuarteles, por lo que Rat caminó con paso rápido hacia ella, no estaba de humor para pequeñas charlas. La vieja factoría había sido abandonada hacía años. Cuando los fabricantes de automóviles se habían retirado fuera de Flint, Michigan, los felinos la habían convertido en su centro base de operaciones militares.

El interior había sido destruido y reemplazado con oficinas y suficientes aparatos de alta tecnología como para rivalizar con las operaciones humanas. Irónico, ya que la mayoría del dinero para reconstruir el lugar provenía del gobierno humano. Después de años escondiéndose, cazando y matando cambiaformas, los políticos se habían dado cuenta de lo valiosos que eran los cambiaformas, ya que podían ser los mejores en determinadas circunstancias. Los cambiaformas podían moverse más rápido, pensaban rápidamente y lo más importante, mataban rápidamente. Todo lo que hacían ahora era pagarles para que recogieran la mierda y la echaran a la basura por ellos.

Era un poco más tarde del mediodía, el lugar estaba lleno de gente, pero se las arregló para evitar ser social manteniendo su cabeza gacha. Rat cerró la puerta y dejó escapar el gruñido que había estado conteniendo durante la última hora en su cabeza. Así no era como quería comenzar su lunes. Se quitó de encima sus pensamientos. Nunca había sido una persona que se sentaba y le daba vueltas a su situación y se lamentaba por eso, y no iba a empezar ahora. Lo que haría, sería volver al trabajo. Eso siempre lo ayudaba a olvidar, aunque sólo fuera por algunas horas.

Sentándose en su aporreada silla de oficina, encendió uno de los muchos ordenadores, pasando su dedo sobre el escáner antes de escribir su contraseña. Su oficina una vez había estado limpia, pero ahora tenía un aspecto desordenado gracias a todas las horas extras que había trabajado en ella. Latas de refresco vacías luchaban por el espacio contra las arrugadas bolsas de patatas fritas y las barras de caramelo a medio comer. Había un camastro a un lado de la habitación, con una manta hecha una bola encima de él ya que había dormido allí algunas noches.

Dios, hablando de patanes, se había convertido en uno últimamente, eso era seguro. A ese ritmo, terminaría como los del espectáculo de televisión Hoarder. Tendría que limpiar más tarde, primero tenía cosas que hacer para Chanyeol. Volviendo su atención hacia los ordenadores, Rat volvió al trabajo. Le costó sólo algunos tecleos volver al trabajo que lo había estado atormentando los últimos dos meses.

«La lista».

Desde que había llegado a sus manos, Rat había estado viviendo y respirando esa maldita cosa. Esta contenía los nombres y las posibles localizaciones de doscientos cincuenta y tres felinos cambiaformas que habían sido secuestrados hacía veinte años. Cambiaformas que necesitaban ser rastreados y encontrados para rescatarlos antes de que los Cuervos los encontraran primero. Eso era lo último que ninguno de ellos necesitaba. Mientras que se enviaban misiones para encontrar y rescatar a los felinos, los Cuervos los buscaban para destruirlos.

Cada día y cada hora que pasaba, significaba que uno de los felinos de la lista podría estar en peligro mortal.

La peor parte de todo era que esa lista era mucho más que una pila de nombres. Esa era la última esperanza para muchos de ellos. Los cambiaformas eran niños cuando fueron arrancados de sus hogares. Todos tenían familiares que nunca los habían olvidado. Seres queridos que rezaban por que regresaran seguros.

Actualmente, Chanyeol, el líder de los felinos estaba fuera siguiendo la pista de uno de los felinos perdidos. Su familia había sido destrozada duramente, habían perdido a cuatro hermanos. Mientras que recientemente habían encontrado a uno de ellos, tres todavía continuaban por ahí afuera, Luhan, Jeonghan y Minki.

Rat le debía demasiado a Chanyeol. Donde los líderes de otras coaliciones le habían negado la entrada debido a su defecto, Chanyeol le había dado la bienvenida sin preguntas. Ese había sido el primer acto de bondad que alguien le había dado a Rat en años, y sentía una profunda lealtad hacia el cambiaformas jaguar. Una por la que Rat daría con mucho gusto su vida.

Volviendo su entera atención hacia la lista, Rat maldijo en voz baja. Eran tantos nombres. Y por si fuera poco, las localizaciones anotadas a un lado de la lista eran de hace veinte años. De acuerdo, tenían por dónde empezar, pero en dos décadas muchas cosas podrían haber ocurrido. La gente se mudaba, los nombres cambiaban, todo tipo de basura que dificultaba el trabajo de Rat.

Su mirada estaba enfilada en un nombre en particular: Luhan. De todos los hermanos perdidos de Chanyeol, era el que más posibilidades tenía de ser encontrado. Lo más significativo es que había reducido su localización en dos posibilidades. Incluso ahora tenían a varios equipos fuera buscando al chico. Rat solo esperaba que lo encontraran antes que los Cuervos. Porque si no, el chico estaría muerto incluso antes de que supiera quién lo había golpeado.



Alguien lo estaba siguiendo.

Luhan se ajustó su mochila en sus hombros y echó una mirada casual alrededor de la oscura calle que corría frente a su apartamento. Nada se veía fuera de lo normal.

Había un puñado de personas corriendo para volver al aire acondicionado de sus casas. El silencioso edificio que componía el barrio parecía tan aburrido como siempre. Todos esos pensamientos pasaban por él cada día. Eso debería haber calmado sus nervios.

Pero no lo hizo.

Eso hizo que alguna cosa extraña creciera en el ambiente y se hiciera más fuerte. Su mente estaba sobrecargada y empezó a disparar una veloz fogata de detalles buscando algo que fuera lo responsable de poner sus nervios al borde. Todo lo que encontró fueron más aburridos detalles. El hombre a su izquierda tenía una camisa azul a rayas con etiquetas llamativas en su espalda. Una chica tenía la misma camiseta que Jessica Simpson vestía en Star Magazine en la página treinta y dos del 15 de septiembre, la cuarta fotografía hacia abajo. Mrs. Kilson estaba apoyada en el marco izquierdo de su puerta otra vez. Esta era la cuarta vez en esta semana. Tenía tres hijas, Jamie, Kelly y Megs que estaban casadas ‘con unos banqueros no muy buenos que probablemente robaban dinero de sus inversores’.

—Detente, enfócate —susurró en voz baja. Esos eran pensamientos inútiles. Nacido con una memoria eidética, no podía apagar parte de su cerebro al igual que no podía dejar de respirar. Toda su vida había sido capaz de registrar pequeños detalles, recordar cosas con perfecta claridad. Algunos llamaban a eso un gran regalo. Ahora estaba interfiriendo con su seguridad. Él lo llamaba una maldición.

Ahora, lo que necesitaba era arrastrar su culo de vuelta a su apartamento, donde podría bloquear la puerta y esconderse bajo los cobertores de su cama. No era exactamente el más viril de los planes, pero ahora mismo estaba dispuesto a perder unos cuantos puntos de macho. Dejó escapar un suspiro de alivio cuando vio la puerta de su entrada solo a unos pocos pasos más. Y entonces estaría dentro, caliente y seguro. Diablos, probablemente incluso se riera acerca de lo asustado que había estado. Se ajustó su mochila de nuevo y apresuró el paso.

Una figura se precipitó desde las sombras y bloqueó su camino. Luhan se deslizó hacia el lado derecho antes de tropezarse con el hombre. Bueno, decirle hombre realmente era subestimar las cosas. El hombre frente a él era una montaña. Vestía desde la cabeza a los pies de negro. Sus botas de cuero negro con un largo abrigo también negro que tapaba su pateado y espeso culo, su pálido rostro estaba parcialmente oculto por su largo y fino cabello oscuro. Incluso sus ojos eran negros y parecía que brillaban amenazadoramente. Luhan tragó saliva cuando dio lo que sabía que era una sonrisa nerviosa.

—Lo siento, si me disculpa —trató de dar un paso alrededor del extraño, pero el hombre se lanzó a un lado bloqueándole el camino. El miedo dio paso al pánico cuando Luhan vislumbró un arma escondida en el abrigo del hombre.

—¿A dónde vas, gatito? —preguntó el extraño, curvando sus delgados labios en una mueca.

«¿Gatito?» Lo habían llamado toda clase de cosas en su vida, amor, conejito, amorcito, cachorrito… Demonios, incluso uno de sus antiguos amantes lo llamó gallina. Pero nunca lo habían llamado gatito antes.

—Lo lamento, ha debido confundirme con alguien más —dio un paso atrás sin dejar de mirar con cansancio la pistola. Además, tenía mala suerte, puesto que la calle estaba despejada de peatones, así que tenía que enfrentar el peligro solo. Incluso la aspirante a Jessica Simpson se había esfumado.

—Sé exactamente quién eres, Luhan —el hombre dijo su nombre lentamente. Se movió hacia adelante rápidamente en el momento que Luhan sabía que el peligro venía. El hombre tenía su mano alrededor de su garganta.

Luhan trató de gritar para pedir ayuda, pero todo lo que consiguió fue un traqueteo de ruidos, puesto que todo su suministro de aire había sido cortado. Arañó al hombre con sus manos tratando de escapar, pero eso solo eran cosquilleos para el cuervo. Finalmente, desesperado, agarró su mochila con el objetivo de golpear la cabeza de su atacante.

Eso funcionó gracias al pesado libro de leyes que siempre llevaba consigo, que resultó ser un maldito buen arma. El hombre lo dejó ir y Luhan cayó al suelo. Inmediatamente se estabilizó y echó a correr hacia su apartamento.

Había dado solo tres pasos antes de que otro asaltante saliera de alguna parte y bloqueara su camino. Este lucía exactamente como el primer tipo hasta en su mal corte de pelo y su fetiche por el cuero. Luhan gimió suavemente mientras cambiaba su dirección hacia la derecha. Un tercer tipo salió y detuvo su escape.

—Joder —gritó Luhan mientras retrocedía hacia la única ruta de escape que le quedaba. Cuando conectó con alguna cosa sólida, su estómago se cerró. Incluso sin mirar, sabía que era otro tipo de los malos.

—Cuida tu lenguaje, gatito —dijo castigándolo cuando le dobló el brazo. Luhan esperaba que doliese como la mierda.

—Deja de llamarme así. —Luhan ignoró su miedo dejándolo a un lado cuando lo reemplazó por la ira. ¿Por qué algo como eso lo molestaba ahora? No tenía sentido, pero por otra parte nada de lo que estaba pasando lo tenía.

—Pero eso es lo que eres —otro de los idiotas emos intervino—. Un gatito lindo a la espera de ser pisoteado.

Luhan curvó sus labios en disgusto. «Gatito pisoteado, eso es algo nuevo». ¿Dónde demonios estaba PETA y sus rojas pinturas cuando las necesitaba?

Los cuatro atacantes lo rodearon para golpearlo. Luhan se movió alrededor en un lento círculo, tratando de encontrar una apertura para escapar. Su corazón palpitó horrorizado cuando se dio cuenta que no había ninguna.

—Tengo algo de dinero en mi cartera, sólo tómenlo y váyanse. —Luhan sabía cuándo hizo la oferta, que sería inútil. Por alguna razón ese grupo quería algo más. También sabía que eso no iba a gustarle.

—Nosotros no queremos tu jodido dinero, tarjetas de crédito o cualquier cosa que esté escondida en tu cartera — el número uno dijo, confirmando las sospechas de Luhan—. Te queremos a ti.

Eso hizo que Luhan se desesperara lo suficiente para intentar romper el círculo buscando su libertad. Corrió hacia el número dos porque era tres pulgadas más bajo que los otros, y trató de pasar a través de él, pero no se sorprendió mucho cuando no pudo llegar muy lejos. El atacante envolvió sus manos alrededor de la cintura de Luhan y lo lanzó al suelo. Luhan dejó escapar un gruñido que era tanto por el aturdimiento como por el dolor. El duro cemento no le dio ninguna oportunidad cuando su columna vertebral se estrelló contra él. Miró horrorizado y se sintió incapaz de defenderse a sí mismo viendo a los atacantes llevar su mano hacia atrás. Algo plateado destelló a la luz de la luna.

«¡Un cuchillo!»

Luhan cerró sus ojos, esperando no ver su propia muerte. En ese mismo momento un fuerte gruñido animal rasgó el aire. Contuvo un grito de miedo. Si iba a ser mordido estaría condenado si salía llorando como un perdedor.

Hubo un roce en el aire, como algo saltando sobre su cabeza. Segundos después, el peso pesado de su atacante lo soltó. Luhan finalmente abrió sus ojos y casi se cabreó cuando vio lo que lo había salvado.

Un tigre. Uno real, un tigre vivito y respirando. Ahí, en las calles de Seattle. Luhan parpadeó varias veces para desestimar que tenía una alucinación. Nada. El gato todavía continuaba ahí. Enorme, con un pelaje brillante de color naranja y espesas rayas negras, que lo miraba con una inteligente e inquietante expresión.

Tenía sus enormes patas en el pecho de su atacante, efectivamente fijando al hombre en el suelo. Si Luhan no se conociera mejor, habría jurado que el tigre le sonrió antes de inclinarse y hundir sus dientes en la garganta del hombre.

Bueno, se había encargado de uno de los hombres malos, pero todavía quedaban tres. Luhan se puso de pie, haciendo una bola sus puños anticipándose a la pelea. Ya que el tigre parecía dispuesto a hacerse cargo de esos tres cabrones, era lógico que Luhan intentara ayudar.

—Oh, el pequeño gatito tiene algunas agallas —el número uno se echó a reír.— Me gustas más de esa forma, eso hará que eliminarte sea más divertido.

Luhan no sabía qué era peor, tener que oír a esos idiotas en su papel de películas de clase B, u oír el grito detrás del tigre que masticaba al número dos.

—Hey, saco de mierda, mira lo que puedo hacer. —El número uno le dio una última espeluznante sonrisa antes de que su cuerpo empezara a contorsionarse y a pulsar. Eso era un movimiento que Luhan jamás había presenciado, eso era espeluznante, irreal y simplemente asqueroso. Duró unos segundos y entonces en vez del hombre, un enorme pájaro negro estaba en su lugar.

Luhan dejó salir un grito y su cuerpo se paralizó debido al miedo y la conmoción. ¿Qué infiernos había pasado? Lentamente sacudió su cabeza negándose a creer lo que obviamente tenía delante de sus ojos. No, tenía que estar soñando. Ahora, en unos segundos, se despertaría seguro en su incómoda cama acompañado por los ronquidos de su compañero de piso.

El tigre trotó actuando ahora más como una mascota que como la salvaje y bestia asesina que era. Incluso dejó salir un fuerte ronroneo añadiéndole otro que decía estaba bromeando con su jodido aspecto anterior. Justo cuando llegó al lado de Luhan, una luz brillante destelló. Luhan parpadeó por la intensidad de la misma, pero parecía incapaz de mirar hacia otro lado. Conociendo su suerte, un pequeño duende con alas podría aparecer y no quería perdérselo.

Aunque una vez que se desvaneció, Luhan comprobó que en lugar de un tigre había un hombre. Más alto incluso que los atacantes, tenía el pelo rubio casi blanco y los ojos más azules que Luhan jamás hubiera visto. Además de una increíble musculatura. Lucía como los otros, iba vestido de negro, pero sus pantalones eran más como los de un uniforme militar. Le dio a Luhan un gesto que probablemente estaba destinado a tranquilizarlo, pero sólo hizo que luciera más como Terminator. Especialmente cuando sacó una pistola de la funda atada a un lado de su cuerpo y la dirigió hacia el pájaro. Aunque el arma no lo estaba apuntando a él, Luhan saltó hacia un lado, su corazón latía rápidamente, tanto que dolía.

—Solo es un sueño, solo un sueño —se repetía con la voz estrangulada. Su respiración era irregular y el aire quemaba sus pulmones.

—Si lo hubieras tocado te habría jodido hasta matarte —el hombre-tigre, le gritó al pájaro.

Los otros asaltantes, todos ellos carentes de humanidad, se transformaron en pájaros. Luhan dejó salir una histérica carcajada y dijo: —Por supuesto, más pájaros, seguro ¿qué otra cosa más podría esperar? Además, estoy seguro que un duende vendrá de un momento a otro.

El hombre-tigre se volvió para mirarlo, y a juzgar por la expresión de su cara, no pensaba que Luhan fuera tan brillante. El tigre giró su cabeza. —Tenemos que huir.

Luhan vaciló, dividido entre dos opciones. Echar a correr por su cuenta con el riesgo de que los pájaros sin humanidad lo mataran, o ir con el tigre y arriesgarse a ser su galletita. Al final, no era una decisión fácil. Además su tía una vez le había dicho que era una persona gato.

—De acuerdo —Luhan asintió con la cabeza hacia el tigre justo antes de empezar a correr.