Prólogo
Jungkook siempre fue un chico con vida problemática, ya sea por las decisiones de sus padres o por las de él mismo. Tuvo una infancia un tanto difícil económicamente, y empeorándolo, sus padres tenían adicciones.
Su madre, al parecer criada en los barrios bajos de Cheong-jun hasta sus dieciséis probó las drogas a muy corta edad, volviéndose adicta con el tiempo. Era una adolescente rebelde que encontró justamente a su padre en ese entorno, un alcohólico con el que se escapaba de casa hasta que sus padres al descubrirla decidieron botarla, sin permitirle la entrada nuevamente.
Y así, de una pareja de adolescentes inexpertos con poca seguridad sexual y nada asegurado en un futuro, nació él.
Por supuesto, los problemas económicos y las adicciones nunca son amigables, son la fuente de disputas y abusos físicos en la que él se vio involucrado desde que tiene memoria. Nadie hacia nada para defenderlo, e incluso era el saco de desquite algunas veces por parte de ambos.
Y acarreando esas malas experiencias, decidió desquitarse también como un bravucón de salón que intimida a los más pequeños, golpeándolos y robando su dinero o solo descargando la frustración que acumulaba en casa.
Son conductas espejo, así las denominó él.
Pero no pueden culparlo del todo, ¿verdad? Era solo un niño, y los niños copian a sus padres en todo: vocabulario, acciones, decisiones... Son cosas que le dolían de pequeño, pero parecían normales con el tipo de ambiente en el que fue criado, sin nada mejor para compararlo.
Ahora bien, cuando fue un poco más grande y tuvo el “libre albedrío” con un poco más de conciencia, se dio cuenta que a lo largo de su vida sus acciones fueron “malas”, probablemente creando rencores y feas experiencias a las personas con las que llegó a desquitarse. Jungkook lo supo un día en la clase de psicología en un pobre colegio de la región de Busan, mientras la profesora enumeraban las acciones que “los tipos malos” hacían en una película infantil, anotando en la pizarra:
Decir malas palabras.
Golpear.
Robar.
Intimidar.
Matar.
Él miró todo eso anotado con tiza, y supo que básicamente su vida estaba mal.
Una mejor persona se daría cuenta de su propio comportamiento de mierda y quisiera mejorarlo. Sus padres le influenciaron un mal ejemplo por años, pero en ese momento tenía 14 años y ya no vivía con ellos, en su lugar había recibido ayuda del gobierno para anular la custodia, viviendo sólo con su tía en un pequeño cuarto dentro de un barrio pobre. Así que... una mejor persona tomaría esta oportunidad para cambiar, reformar su mala educación, obtener ayuda.
Pero Jungkook no fue una mejor persona. En todo caso, aquel conocimiento solo alimentó el pozo de la podredumbre que crecía a base de malas experiencias y lo mantuvo por un camino incorrecto, hacia el némesis de la policía y el gobierno. Aunque, a base de la experiencia que ha adquirido en las calles hasta la actualidad, Jungkook sabe que las pandillas y el gobierno son ambos lados de la misma moneda, cerdos que buscan engordar sus bolsillos y aplastan con su zapato a cualquiera que se les interpongan.
En su caso, Jeon Jungkook actualmente trabaja para engordar el bolsillo de la pandilla Han y por ende, su propio bolsillo. Siempre y cuando cumpla sus órdenes al pie de la letra no tendrán ningún problema con él, y Jungkook es bastante bueno en eso. Se podría decir que es alguien multitareas; sabía desaparecer cuerpos, entregar drogas, cerrar tratos actuando como representante de bajo nivel cuando la operación no requería a nadie de arriba, encontrar personas y vigilarlas, tender trampas al enemigo —pandillas rivales—, y demás trabajos de los cuales ya está bastante acostumbrado. Jungkook sabe que su posición es ser alguien multifacético, o si gusta darle un toque de excentricismo, multitalentoso. Él hace su mierda y la hace bien, desde que fue reclutado en las calles a la edad de dieciséis años el viejo Siwoon vio algo en él y se hizo cargo de reclutarlo. Desde que había entrado a esta vida nunca más volvió a ver a sus padres ni a su tía, quien seguramente ya lo daba por muerto. La pandilla Han había tenido un patrullaje en Busan cuando dieron con él, pero después de su reclutamiento decidieron llevárselo a Seúl para evitar que caras conocidas le reconocieran y dieran preguntas que no podría responder.
Eso lo lleva a la actualidad, mientras menea un bate con picos incrustados en sus manos y camina lentamente hacia el hombre que se arrastra frente a él. Jungkook nunca había visto este hombre en su vida, pero no hacia falta que reconociera a sus víctimas para hacer el trabajo, y el trabajo era simple: encontrarlo, cobrar lo que le debía al viejo Han Siwoon y si no tenía forma de pagarlo en los próximos 5 minutos, matarlo.
Dando una exhalación de cansancio, Jungkook miró su propio teléfono, ya habían pasado cuatro minutos con veintisiete segundos.
—¡Por favor! Dile al señor Siwoon que le haré el pago de su dinero esta tarde, estoy esperando la transacción de una compra importante, ¡Cinco millones de won! Lo transferiré todo si así lo desea —dijo de manera rápida y entrecortada, el pulso latiendo en su garganta. Una gota de sudor bajaba desde su cien para unirse a su cuello ya empapado. Su ropa era un desastre donde las manos de Jungkook lo habían agarrado y golpeado a la pared.
Dando una sonrisa sardónica, Jungkook apoyó el bate en su hombro y negó con la cabeza, sin sentir pena por el hombre.
—El caso es, señor Chen, que las cuotas tienen una fecha límite y tu tiempo para hacer el pago ya ha expirado. No puedes esperar que te deje salir de aquí después de haber recibido la última advertencia de pago hace una semana. Tuviste mucho tiempo para hacerlo, en todo caso el precio por la multa solo aumentaría por las molestias que causaste. ¿Quieres que crea que puedes permitirte pagar la multa extra cuando a duras penas alcanzas a generar cinco millones en un mes?
El hombre tragó de manera dificultosa y empezó a asentir, haciendo que más gotas de sudor bajasen por su cuello. La desesperación del hombre por encontrar una forma en que el bate en sus manos no termine enterrándose en su cabeza divertía a Jungkook. Él sabía que este hombre no tenía el dinero suficiente para salvar su pellejo.
—¡Claro! ¡Pagaré la multa tardía! D-Dime cuánto es, haré la transacción-
—Veinte millones de won —cortó Jungkook al hombre, viéndolo abrir aún más sus ojos y luchar contra el nudo en su garganta—. Si me dices que tienes esa cantidad de dinero en menos de una hora, tal vez el jefe lo considere y te deje vivir.
—Veinte... ¡¿La multa es de quince millones de won?! Eso es abusivo, siquiera un b-burdel puede generar semejante cantidad en un mes, no-
—Veinte millones para dentro de una hora, o irás directamente al cargamento que enviaremos el fin de semana a medio oriente, en pedazos. —Los hombros de Jungkook se encogieron, sin importarle realmente—. Tienes un minuto para decidir.
Por supuesto, Jungkook sabía que la decisión ya estaba tomada mucho antes de que ofreciera esta oferta. Lo habían llamado a esta misión con un propósito, y estaba al tanto de las finanzas del señor Chen. No contaba con tal cantidad de dinero, lo mejor sería darle un uso diferente al hombre, el tráfico de órganos era un buen negocio hoy en día.
Dando un grito de desesperación, el hombre apoyó su mano en el suelo y buscó levantarse para huir, dando unos cortos pasos hasta que un dolor paralizante recorrió su costilla izquierda. Jungkook miró como el hombre dejaba salir otro grito de agonía y se derrumbaba en el suelo, una mano cubriendo la lesión sangrante que dejó en su costilla. El viejo Chen volvió a intentar alejarse de él hasta que su espalda chocó con la pared sucia de la casa abandonada, el lugar donde algunas otras víctimas llegaban a morir. Los Han tenían sus propios sitios para desaparecer personas, actualmente se encontraban en el sótano de la casa, a varios metros bajo tierra donde por más que gritase por ayuda, nadie de la superficie podría escucharle.
—E-Eres una maldita perra para los Han, ¡¿crees que llegarás a ser alguien importante mientras trabajes para él?! —Logró decir entre sus respiraciones entrecortadas, con veneno en su voz. El señor Chen le dedicó una mirada llena de odio, casi burla—. Hoy s-seré yo, mañana serás tú muchacho, el mínimo error que cometas y Siwoon venderá tus testículos en el mercado negro, ¡harías bien en escucharme!
Sin inmutarse por la amenaza de alguien que en los próximos minutos dejaría de existir, alzó su bate, y con una última vista de los ojos furiosos y aterrorizados del viejo, lo dejó caer con fuerza, mirando como cada uno de los clavos se enganchaba en la piel de su rostro y la sangre disparaba contra su ropa negra. Una comisura de sus labios se alzó bajo al distintivo sonido, un trabajo tan fácil para él, uno de muchos. Colocando su bota de cuero en el cuello de la víctima para empujar y sacar el bate, volvió a enterrarlo nuevamente, y luego otra vez, y luego una vez más. Hasta que los gritos del viejo no fueron más que débiles gorgoteos por la sangre en su garganta y su cuerpo cayó inerte en el suelo.
Al mirar el cuerpo que tenía de frente, Jungkook recordó una de las muchas cosas que ya sabía desde hace un tiempo, desde los recuerdos que tenía de su madre gritandole groserías cuando era un bebé, de su padre asestar un golpe en su estómago cuando era convocado luego de una reunión en la escuela por su expulsión, o al ver a los niños que alguna vez intimidó portar un pulcro saco de tres piezas y corbata mientras se dirigían a sus trabajos muy apegados a la ley.
Se lo recordaba a sí mismo todo el tiempo.
—Todos somos unos malditos hijos de puta —murmura con asco, limpiando la suela de su bota contra el suelo y tomando su pistola, perforando el cuerpo que se retuerce mientras intenta cubrir su rostro deforme.
Estás palabras eran algo más para él, actuaban como un calmante que le hacía pensar que sus acciones no eran tan malas realmente, sino que venían de un sentido del deber. Era su trabajo y era bueno en ello, y si el trabajo incluía desaparecer cuerpos o vender droga, seguía siendo un trabajo a fin de cuentas, la semántica seguía siendo la misma.
Con una nueva misión cumplida satisfactoriamente, Jungkook se quitó los guantes y los botó en un bote de basura que más tarde sería quemado, junto con el bate para borrar evidencia. Su chaqueta seguía manchada al igual que sus jeans, pero no era necesario que los botase, en el primer piso que la casa había un baño donde se encargaría de eliminar cualquier residuo incriminativo. Pasándose una mano por su cabello, se dirigió a las escaleras que daban a la primera planta y abrió la puerta, haciéndole saber a los dos guardias que estaban detrás que su trabajo había terminado, y el de ellos acaba de empezar. Sin tener ganas de ver cómo se deshacían del cuerpo, Jungkook se dirigió al baño para darse una ducha rápida.
Cabe decir que no es sorpresa cuando un hombre de los Han lo espera fuera del baño, blandiendo un sobre a su dirección.
—El pago del señor Han.
Jungkook toma el sobre y lo mete en sus bolsillos, dándole por su parte la ropa que se uso en el trabajo para que se hicieran cargo de ella. Podría abrir el sobre y revisar el dinero, sin embargo su prioridad más importante ahora era su estómago rugiente. Afortunadamente su agenda estaba libre por lo que restaba de la tarde, a no ser que se diera una emergencia.
Ahora... ¿un ramen? Si, hace mucho no prueba uno, hay pocas cosas que considera como un placer en este mundo aparte de la nicotina y la cocaína, y una es el ramen. Su estómago protesta por atención desde hace horas, matar cabrones gasta energía y este especialmente le dió mucho trabajo al atraparlo. Así que ese es el plan, buscar un restaurante donde pase desapercibido y darse un atracón.
Asegurando sus nuevas botas, Jungkook sale de la casa y se pierde entre los callejones, colocándose la capucha sobre su cabeza para no llamar la atención indeseada. Aunque técnicamente estaban en el territorio Han y por ende no habían cámaras, bien sabía que algunas personas lograban infiltrarse o reconocerlo. Tampoco era muy querido por todos, siendo llamado como el Joker de Han Siwoon, cumpliendo cada orden y llevando su trabajo de manera silenciosa. Dentro de este mundo criminal no tenía ningún apego a nadie más que al jefe, no tenía ningún amigo ni conocido en especial, lo que no fortaleció sus relaciones publicas con la pandilla. Jungkook tampoco hacía ningún esfuerzo por formar vínculos con nadie, en un mundo como en el que vivía, tener esta clase de conexiones era un veneno que no le gustaba experimentar como las drogas. Sabía que el tener vínculos cercanos era una forma de auto-sabotaje, ya que tarde o temprano morirían y serían remplazados por reclutas. La crueldad de su pandilla no daba espacio para amistades ni nada más allá de lealtad y compañerismo, aunque esta última parte Jungkook no la sentía por ninguno de ellos. Si fuese él, no le importaría que todos se muriesen, exceptuando al viejo Siwoon, quien en contra de pronóstico Jungkook le era muy leal. Tal vez era el sentido de la responsabilidad, de cómo el viejo se encargó de él cuando nadie más quiso hacerlo por voluntad propia.
Claro, Jungkook no era estúpido, sabía que no había bondad detrás, era otro peón que se sumaría al tablero de ajedrez donde juegan varias mafias y el gobierno, sin embargo Siwoon nunca lo había tratado mal realmente, dándole una clase de entrenamiento intensivo que a fin de cuentas le dio experiencia para sobrevivir en la vida real, con trabajos de pandilla o sin ella. Así que si, Jungkook era leal al viejo porque sentía que debía demostrarle algo, tal vez que todo lo que gastó en él dio sus frutos. Y lo había demostrado con creces, él mismo era una ficha muy versátil en la mafia Han.
Pero dado el momento en que tuviese que poner en una balanza su vida o la lealtad a Han Siwoon, Jungkook sabía que no estaría inclinando el peso hacia el viejo.
Tal vez por esta razón el viejo Siwoon seguía sin subirle de puesto y dejándolo en las calles, encargándole tareas que no necesitaban un mayor conocimiento de la pandilla del cual él ya tenía. Tal vez era esto a lo que se refería el viejo Chen, quien parecía conocerle. Jungkook no se sentiría ofendido si ese fuera el caso, o incluso amenazado. Sabe que el viejo Siwoon reconoce sus habilidades y costaría que se dejase atrapar por una situación en la que tuviera que sopesar su lealtad o su propia vida, así que lo deja correr libre.
Lo que no esperaba es que el momento donde tuviese que decidir entre ambos llegase tan rápido.
Jungkook lo escucha a su derecha antes de que aparezca, el sonido de una suela de zapato rozando el camino de piedras y en consecutivo, una bala cortando el viento. Antes de que pueda impactar con su cuello, Jungkook ladea la cabeza y se da la vuelta, abalanzándose en un gancho contra el pecho de quien lo estuviera siguiendo en su camino. El extraño deja escapar un jadeo que se convierte en un sonido ahogado cuando su espalda choca contra el duro suelo de concreto, viendo al gánster encima de él.
—Quieto. —Su voz profunda y susurrante le advierte, haciendo que el extraño se remueva en un escalofrío desagradable.
El hombre mira como Jungkook detiene su pistola y la tira hacia un lado, dándole un golpe a su muñeca que lo hace gruñir. Sin un arma, Jungkook junta ambas muñecas encima de su cabeza, sin embargo el atacante logra sacar una y asestar un golpe en su mandíbula, haciéndole perder el equilibrio. Aprovecha esta oportunidad para levantar su pierna y darle un golpe en la costilla, echándolo fuera de su cuerpo. Se da la vuelta en el suelo y busca el arma, cuando Jungkook lo inmoviliza nuevamente sobre el suelo y tira de su pasamontañas, queriendo ver el rostro de su atacante.
Mechones castaños, y ojos igual de almendrados sobre una tez caramelo le dan la bienvenida antes que tenga tiempo de ver más. Jungkook inmoviliza las piernas del otro con sus caderas y lo mantienen al ras del suelo. ¿Qué carajo? ¿De donde apareció este hombre? Sin duda no tiene idea de quién es y que quiere de él.
Entonces lo siente, un metal ovalado que se le incrusta en la cadera izquierda donde lo mantiene contra el suelo. Con cuidado, Jungkook sujeta ambas muñecas del extraño y busca en los pantalones del hombre por el artefacto, dejando caer una risa incrédula cuando ve la placa policial.
—¿Qué mierda?
Carajo, si es la policía.
Su primera reacción es reír y luego fruncir el sueño porque, ¿Qué mierda quiere de él la policía? Siendo realistas, siquiera calificaba como un criminal de alto perfil, Jungkook se había asegurado de tener un expediente limpio en lo que respecta al gobierno y también no aparecía públicamente con Siwoon de ninguna manera. Además, habían miles de hombres más interesantes que llevar a la cárcel que alguien que hacía recados. ¿Por qué de todas las personas justamente querían meterlo a él a la cárcel?
Dejando caer la placa, vuelve a mirar al oficial con su ropa informal, seguramente de incógnito, y le habla.
—Mira hombre, en este momento no estoy de humor para tu intento de heroísmo por llevar a los criminales a la cárcel, además siendo realistas hay miles más interesantes que yo, y mucho más piadosos —comenzó con tono desinteresado, apretando las muñecas del otro hasta que soltó un quejido bajo—. Pero estoy dispuesto a llegar a un acuerdo únicamente por tu bonito rostro. Me dejas ir y te dejo ir, ambos ganamos, ¿qué te parece?
El hombre debajo de él lo miró un momento antes de carcajear, riendo en su cara. Jungkook apretó aún más sus muñecas para darle una advertencia.
—Realmente eres todo un personaje, JK.
—¿Me has estado investigando? —Levantó una ceja, la que tenía la perforación hecha hace un mes, aún sin cicatrizar del todo.
El hombre desconocido se queda en silencio por un tiempo, mostrándose sereno a pesar de la clara tortura en sus muñecas.
—He tenido mis ojos en ti por un largo tiempo —deja caer, y la frase tiene un tono que Jungkook no se atreve a descifrar—. Ahora, serás obediente y me dejarás ir, luego me mostrarás tus manos para colocarles unas esposas, ¿bien?
Jungkook bufa, alzando una comisura.
—Que fetichista, cara bonita. Lamentablemente, he matado a hombres por menos. —La amenaza viene con un acercamiento de rostro.
El hombre frente a él no se deja ver intimidado, controlando su respiración y los latidos que resuenan en su pecho. Jungkook es alguien peligroso y lo sabe, un asesino a sangre fría que no dudaría en destrozarlo así sea con sus manos. Retiene el gemido de dolor que nace en su garganta cuando la rodilla de Jungkook se hunde en su estómago hasta que lo siente reacomodar sus órganos por la presión. Sus ojos se están nublando del dolor.
Y justo cuando el policía cree que cederá su vida a las manos de este criminal, Jungkook rueda de su lugar y en un rápido movimiento, toma el arma del suelo para defenderse de las balas que caen en su dirección desde la derecha. El hombre de hebras castañas se agarra el estomago y tose, mientras ve al otro policía venir a su rescate. Kim Namjoon se asoma desde unos bloques de cemento y tiene su pistola cargada en dirección a Jungkook. A diferencia de su compañero, Namjoon tiene el uniforme policial y un chaleco antibalas, listo para un enfrentamiento.
—¡V, te dijimos que no a la confrontación directa! —regaña el oficial desde su posición, agachando la cabeza cuando una bala pasa a su derecha e impacta en el concreto, esparciendo el material.
En vez de contestar, V toma el arma que le tiran a su dirección y se da la vuelta, rodando fuera del callejón donde no hay nada que le proteja, y se coloca en una esquina, asomando la cabeza para ver a Jungkook. El hombre claramente busca escapar.
Resoplando, V se mueve de su lugar y le pide a Namjoon que lo cubra mientras persigue al delincuente, quien zigzaguea por las calles de manera rápida. Teniendo su arma al frente V saca un micrófono y avisa a las unidades que rodean el área que estén atentos, movilizando sus patrullas para no dejarle vías de escape.
Mientras tanto, Jungkook suelta una maldición cuando escucha el ruido de las sirenas alrededor, varias calles estaban cerradas y sin escapatoria, su única salida sería escalar los edificios viejos e ir por el techo, pero incluso esto era peligroso. No era nuevo para no saber que podían estarlo esperando allí arriba.
Su estómago escoge el peor momento para hacer presencia y él maldice nuevamente, ¡él solo quería salir a comer en paz! Y terminó siendo el objetivo de una redada oficial.
Justo cuando se agacha para esconderse por unos barriles de basura malolientes, algo roza su brazo e inmediatamente mira hacia atrás, dándose cuenta que V lo sigue. Una bala llegó a rozarle de forma mínima el brazo, así que no representa un gran peligro, está a punto de salir corriendo cuando el otro se abalanza hasta él y ambos terminan revolcándose en el suelo, un bote de basura se vuelva y convierte la escena en un desastre de bolsas mientras ambos luchan.
Jungkook toma el arma que trae consigo y apenas tiene la oportunidad, apunta al otro en su estómago y jala del gatillo, dando por fin a la pelea.
O eso pensó, hasta que se da cuenta que no hay ningún impacto real en el cuerpo y se da cuenta que se ha quedado sin balas. Está en desventaja y V lo sabe, una sonrisa arrogante en su cara le deja en claro que tiene el control sobre él.
Mierda.
En contra de todo pronóstico, con su brazo palpitando por el roce de la bala y en su forcejeo con el hombre que tiene encima, Jungkook siente el hambre en sus tripas huir con velocidad a su vientre mientras más lo observa. Sus tiernos y suaves labios con un lunar en el inferior, ojos de un solo doble párpado, espesas pestañas e iris salvajes en color avellana, su piel bañada en miel creando una completa armonía de color. Las cejas marrones del policía estaban curvadas a la defensiva mientras le miraban, dejando escapar jadeos al luchar por defenderse.
Jungkook no es ajeno a la belleza y al atractivo, ha visitado burdeles y ha estado en contacto con demasiadas caras y cuerpos fácilmente modelos, pero este hombre era diferente. Bonito, peligroso, también fuerte, no es delicado, ni la belleza que deberías tocar con cuidado de no romperla, no. Este hombre aguantaría una gran paliza en sus manos y aún así se vería hermoso, con su rostro jadeante, lleno de sudor y goteando sangre.
—Dejaría que me arrestes solo para buscar la forma de arruinarte, oficial —susurró bajo, una amenaza con mucho peso compartida en la privacidad del callejón.
El rostro del policía pasó de la defensiva a la ofensa, abriendo sus labios para mandarlo a la mierda.
De pronto el sonido de una bala hizo que ambos se estremecieran. Otro policía con su brazo alzado con un arma llegó a la escena, bajando el cañón cuando obtuvo la vista de ambos.
Jungkook maldijo por su distracción y cuando menos se lo esperó, el áspero metal de las esposas le ajustaba las muñecas. Le dedicó una mirada oscura al policía que tenía encima, apretando sus dientes.
—Puede que nos veamos nuevamente, pero será en mis términos, Jungkook —dijo V, levantándolo del suelo para que caminase frente a él.
El sicario tuvo el descaro de sonreír, dejando que ambos policías lo tomen de sus bíceps para guiarlo, adentrándolo a patrulla que se estacionó al frente. Mientras cerraban la puerta frente a él, Jungkook miró al oficial que lo había perseguido antes dejarle la placa de policía a V. El hombre sacó su intercomunicador y volvió su cabeza hacia la patrulla donde él se encontraba, conectando sus miradas.
—El objetivo ha sido capturado —La voz de V viajó hacia las demás estaciones, dando el informe de la misión—. Movilícenlo hacia la comisaría, quiero cuatro patrullas vigilando el trayecto, es un criminal de alto perfil.
Y así, Jungkook fue capturado por otra organización por la cual nunca tuvo un sentido del deber ni interés, y en lo que él respecta, parecía que su sentencia ya parecía haberse dictado incluso antes de que lo capturasen, y dicha sentencia parecía haber sido dada por cierto policial de cabello castaño y ojos miel.
Con el tiempo, Jungkook descubriría que la personificación de la lujuria y el pecado estaba vestido con uniforme policial, mientras dicho hombre lo obliga a cumplir el trato que hicieron tras las rejas...
Ir tras su propia pandilla.