Exinanitus

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Summary

En una metrópolis donde la eficiencia ha reemplazado a la conciencia, donde pensar es considerado un acto de distracción y la individualidad un vestigio peligroso, Albert sobrevive. Día tras día, cumple con su rol en la secuencia perfecta del sistema. Guiados por la figura impersonal de la Sombra Blanca, los habitantes viven bajo el lema sagrado: exinanitus mente et voluntate - vaciados de mente y voluntad. Pero algo en Albert comienza a quebrarse: un recuerdo, un gesto, un puño cerrado con fuerza. Un síntoma. Una grieta. Mientras la ciudad se mantiene intacta, silenciosa y automatizada, una chispa antigua amenaza con volver a encenderse. Exinanitus es una novela corta sobre la alienación, la obediencia, y el peligro -y la necesidad- de volver a pensar.

Genre
Scifi
Author
MT.Morales
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Inicio de Secuencia

"Tener conciencia es el tormento: no solo del ser en sí, sino del deber ser."

Resuena en mi mente al despertar.

Una frase grabada en mi memoria, rara vez acertada, pero persistente.

Un eco de una época donde la literatura y el pensamiento eran permitidos -cuando eran fundamentales.

¿Hoy? Están prohibidos.

Y yo, como lacayo de las masas, acepté sin resistencia el desaire de un destino cruel que, silenciosamente, me devoró.


14 de octubre, primer turno

Me levanto rutinariamente. Es lunes... ¿Creo?

Últimamente, todos los días son iguales dentro de la Metrópolis.

Me enderezo y mis ojos, como de costumbre, se clavan en el reloj de la pared, adherido al centro como un ojo que todo lo observa y atrae toda mirada. Un recuerdo vivo de lo efímera que es nuestra pertenencia a este plano físico.

Son las siete de la mañana. -Aún no hay luz-, me digo mientras corro la cortina de mi pieza. -Todavía no prenden el primer motor iluminario-.


Sin distraerme más, me dirijo al baño mientras mis ojos hacen un paneo mecánico por la habitación.

Una habitación sin ninguna característica especial: monótona, gris, y sin más muebles que una cama, una ventana y el reloj. Lo fundamental y únicamente necesario, según la Administración.

"

Pensar es distraerse, tener conciencia es ineficiencia. Innecesario.

Vosotros sois la cúspide del rendimiento. Nunca olvidéis: exinanitus mente et voluntate."


Mis comisuras apenas hacen el amago de querer reír al recordar nuestro lema.

Me juro a mí mismo que algún día me reiré de todo esto, que algún día lo enfrentaré. Esta penitencia.

Pero... ¿con qué derecho?

Soy parte de la secuencia. Parte fundamental de esa efectividad y rendimiento.

Un ser sin autonomía.

Uno más en la corriente.

Un exinanitus mente.


Me condeno ante esta rutinaria existencia mientras mi reflejo me observa.

Un pálido rostro maquillado con ojeras abultadas de color morado justo debajo de unos ojos grises sin brillo.

Me detengo mientras observo este desolado personaje y un actuar primitivo me condena, me alcanza un pensamiento. ¿En verdad soy este ser tan carente de vida? ¿Con una existencia tan deprimente?


Y en un rápido parpadeo mis pensamientos blasfemeantes se ven rotos e interrumpidos por el comunicado matutino de la Sombra Blanca en el telecomunicador central que está flotando como un monolito sobre la Metrópolis principal.

-Hoy damos la bienvenida a otra eficiente mañana -Su voz gruesa y clara resuena gracias a los parlantes particulares de cada una de nuestras habitaciones. Su comunicado habitualmente duraba media hora y relataba sobre las novedades del proceso de modernización del domo.


Hubo un tiempo donde pensaba que eran fantasías, un destello para mantenernos en un foco constante sin cuestionamiento. Hoy ya no soy el mismo.

No cuestiono, no pienso si algún día llegará el momento de que esas promesas sean ciertas. Solo me mantengo al margen, sin pensar, actuando con monotonía y eficiencia.


Mientras me visto, hago oídos sordos al comunicado matutino. Mi uniforme negro con sutiles líneas azules son los únicos colores permitidos desde la catástrofe de la policromía.

¿Hace cuánto ya desde aquello? No logro procesar mi pensamiento y salgo de la habitación.

El paisaje opresivo de la jungla de metal me hace sentir impotente.

Cubículos grises apilados uno sobre otros, distribuidos en filas, todos optimizados al máximo para la administración del espacio de la Metrópolis. Un milagro arquitectónico con un mensaje claro: "todo puede ser optimizado."


Tras volver en mí después de recordarme el mensaje, me pongo en marcha hacia la parada de autobús.

El mismo sale exactamente a las ocho de la mañana de la estación, a la vez del término del comunicado de la Sombra Blanca.

Cuando estoy por llegar al bus, me detengo y miro hacia el monolito en la altura.

Ahí está, arriba, tan majestuoso, tan cerca y tan alejado de nosotros.

Mientras transmite la imagen completamente blanca y difuminada de una persona.

De ÉL, desde su privilegiada altura, mientras nos transmite su comunicado.

Nos mira con sus ojos completamente negros que son el único rasgo humano de su transmisión.

Nos habla con sus palabras perfectamente medidas, tan exactas y concretas.

Justas en complacencia, lo justo en sentimentalismo, lo justo de realistas.

Él era así; tan autómata. Ille Perfectus. La Sombra Blanca.


-Y recuerden -empezaba a dar finalización de su comunicado a través del monolito- exinanitus mente et voluntate.


Mi rostro inexpresivo veía cómo se empezaba a apagar la transmisión lentamente y, cuando finalmente se terminó, me percaté de mis puños: apretados con ira, dejando marcas de uñas en mis palmas.

Un remanente de otro sentimiento primitivo. ¿Ira? ¿Por qué ahora?

De nuevo pude sentir cómo mi mente quería arder con el volver a pensar.


Pero una vez más me vi interrumpido durante este proceso cuando una voz conocida penetró mi inestabilidad.

-Albert... ALBERT -

Mi mirada hizo un paneo rápido desde el monolito a la cabina del chofer del autobús. Era Alan.

-¿Qué haces? Me voy a ir si no subes. Estamos atrasados treinta segundos -me dijo con voz claramente decepcionada.


-Lo siento, Alan -dije mientras me subía con rapidez y mostraba mi credencial con habilidad rutinaria.

-No te preocupes, hombre -dijo mientras miraba la credencial tras el espejo retrovisor y afirmaba con la cabeza-. Pero esto es raro en ti. Eres tan perfecto, eficaz e imperturbable... pero en estos últimos días has andado distraído.

-Su mirada se clavó en mí a través del espejo-. ¿No habrás sido contagiado con la nueva gripe?

Lo miré con extrañeza. ¿Nueva gripe? ¿A qué se refiere?

Terminé negando con la cabeza y, mientras me iba a sentar, dije desinteresadamente:

-Puede que solo sea cansancio acumulado.

Alan afirmó y aceleró un poco para recuperar los treinta segundos de atraso que teníamos. Yo, por mi parte, me fui a sentar a mi habitual último asiento del bus, apegado a la ventana.