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So Bad (Yoonmin +18)

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Summary

"El odio a mí mismo crece al mismo tiempo que mi polla bajo su cuerpo" One Shot ⚠ Contenido homosexual explícito, parafilias, NO incesto (proceso de adopción), lenguaje inapropiado, comportamientos delictivos, abuso de sustancias, entre otros; se recomienda discreción. ⚠ Está prohibida la adaptación sin mi permiso.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Ahí está de nuevo, dormido en el sillón.

El televisor está encendido, emitiendo un débil brillo que apenas acompaña el suave ronroneo de su respiración. Dejo mis zapatillas a un lado, asegurándome de no hacer ruido al caminar por la sala. Me acerco a él y su delicado rostro apenas es iluminado por la luz de la cocina, que probablemente debe estar hecha un desastre después de la cena que intentó preparar por si mismo.

Sus piernas están dobladas sobre el sillón, en una postura que probablemente le dolerá en la mañana. Lleva un pantaloncillo corto de pijama, estampado con corazones, y una camisa blanca que le queda demasiado grande. Esa debe ser mía, estoy seguro. Una de mis favoritas. Me pregunto si lo hace a propósito, como una especie de consuelo cuando no llego temprano... Me gusta la idea, imaginarlo buscar entre mis cosas alguna prenda u objeto que le recuerde a mí.

―Te he dicho que no me esperes ―murmuro en voz baja, porque aunque quisiera regañarle no puedo. Su gesto tranquilo, los labios apenas entreabiertos, desarman cualquier intención que tenga de reprocharle.

Doy un paso más cerca, inclinándome hasta que puedo sentir el suave olor de su cabello. Hay algo en esta escena que me hace sentir culpable. No debería tener que esperarme. No debería quedarse dormido en el sillón cada noche en que me quedo tarde en el trabajo.

―Jimin, bebé ―le llamo con suavidad, moviendo un poco su cuerpo para despertarlo.

Pero es en vano, lo sé de antemano. Él siempre duerme profundamente, como si su cuerpo confiara en que yo estaré aquí para cuidarlo. Sus brazos cuelgan a los lados, completamente relajados, y yo suspiro, derrotado por la rutina que hemos repetido tantas veces. Dejo mi portafolio junto al sillón y, con cuidado, levanto su cuerpo.

Sus brazos se enredan en mi cuello como un reflejo, mientras sus piernas se ajustan instintivamente a mi cintura. Apenas pesa, pero aun así siento la calidez de su cuerpo contra el mío, y me castigo mentalmente.

El suave sonido de su respiración junto a mi oído me invade. No digo nada más, no hay necesidad. En silencio, lo sostengo firmemente mientras su peso, su calor y la tranquilidad que emana de él me castigan.

Está mal, es mi hijo, no debería tener esos pensamientos.

Me siento mal, el odio a mi mismo crece al mismo tiempo que mi polla bajo su cuerpo. Suspiro e intento ignorar el roce de su cuerpo en el mío con cada paso que doy. Se me dificulta, cierro los ojos y el deseo de romperlo solo crece.

―Papi ―suelta un murmullo y se agarra más a mi cuerpo cuando subo un escalón.

Dios mío, ayúdame. No es normal que un adolescente de 18 años sea tan tierno y sexy a la vez.

Cierro los ojos en busca de control, ese “papi” me ha dejado mal, me desestabiliza y tengo que detenerme una vez me encuentro en la segunda planta.

Esto no siempre ha sido así.

La madre de Jimin y yo decidimos adoptar cuando teníamos 22 años. Éramos jóvenes y llenos de sueños, pero nuestras metas en la vida empezaron a tomar caminos distintos, aunque no lo supimos de inmediato. Yuna siempre había deseado ser madre con una pasión que rayaba en la necesidad. Sin embargo, su salud no se lo permitía, y aunque nunca lo decía en voz alta, el dolor de no poder concebir la consumía. Fue entonces cuando surgió la idea de la adopción, una posibilidad que la llenó de esperanza y entusiasmo.

Yo acepté. No por la misma necesidad que ella sentía, sino porque quería apoyarla, porque pensé que era algo que podría consolidar nuestra vida juntos. El proceso fue largo, dos años de papeleo interminable, evaluaciones y espera. Una espera que a veces parecía interminable, que nos unía y, al mismo tiempo, comenzaba a separarnos de maneras sutiles.

Cuando Jimin llegó, todo cambió. Tenía ocho años, un cabello dorado que parecía brillar bajo cualquier luz, y unos ojos enormes que parecían absorber todo lo que veía a su alrededor. Era pequeño y tímido al principio, pero había algo en su presencia que llenaba cada rincón vacío de nuestras vidas. Fue en ese momento que entendí lo que significaba ser padre. Todo lo demás quedó en segundo plano. Mi único propósito se convirtió en ser mejor, en ofrecerle todo lo que necesitara, en darle un hogar lleno de amor y seguridad.

Pero esa entrega total hacia Jimin nos transformó. Lo que alguna vez fue un matrimonio lleno de sueños compartidos se convirtió en una convivencia distante. Yuna comenzó a sentirse desplazada, como si el rol que tanto había deseado no era suficiente para mantenerla en nuestras vidas. Poco a poco, la distancia se volvió insalvable, y un día, simplemente se fue. Su partida fue silenciosa, sin grandes conflictos ni justificaciones. Solo dejó un vacío que, sorprendentemente, no tardé en aceptar.

No hacía falta, la verdad. Aunque al principio el cambio fue difícil, pronto me di cuenta que Jimin y yo teníamos todo lo que necesitábamos. Él era mi mundo, la razón por la que cada día me esforzaba por ser mejor. Yuna había sido una parte importante de ese inicio, pero su ausencia no cambió el punto: Jimin estaba conmigo, y eso bastaba para llenar cualquier espacio vacío que pudiera haber quedado.

―Pa...Papi ―suelta de nuevo, sus labios rozando tortuosamente mi cuello mientras hago el intento de abrir la puerta de su habitación.

Es difícil. Lo sostengo con una sola mano mientras su cuerpo se acomoda instintivamente al mío, como si hubiera sido hecho para encajar de esa manera. Mis dedos se hunden en la carne de su trasero, que es donde encuentro el mejor agarre para mantenerlo firme contra mí. Me resulta dificil; su peso no es mucho, pero la posición, combinada con el calor de su cuerpo y la cercanía, hace que mi control flaquee de maneras que no debería.

La suavidad de su piel bajo la delgada tela de sus pantaloncillos despierta en mí un deseo que trato de contener. Mis dedos, que deberían limitarse a cumplir una función práctica, se sienten tentados a moverse de otra manera, a explorar más de lo permitido en este momento. Quiero apretar y amasar esa carne con la libertad que en realidad no poseo.

Pero no puedo. No ahora. Así que me concentro en mantenerlo firme, mi agarre seguro, aunque el deseo persista como un fuego lento, amenazando con consumir la poca compostura que me queda. El calor que emana de él, su respiración tranquila contra mi cuello, todo se suma para hacer de esta sencilla tarea algo mucho más complicado de lo que debería ser.

Suspiro profundamente, buscando un atisbo de control mientras ajusto su peso en mis brazos. No es fácil, no solo porque sostenerlo requiere cierta habilidad, sino porque el contacto cercano pone a prueba mi paciencia de maneras que no quiero admitir. Me detengo frente a la puerta de su habitación, esa que prometo reparar en cuanto pueda. Pero esta noche no tengo ánimo para enfrentarme a su rechinido o al ligero esfuerzo de abrirla.

Así que me rindo. En lugar de eso, me desvío hacia mi propia habitación. Mientras camino por el pasillo, con él aún aferrado a mí, no puedo evitar que mi mente divague. La puerta de mi habitación está entreabierta, algo que siempre me hace sonreír. Una pequeña señal de Jimin, como si dejara su rastro en cada rincón. Pienso nuevamente en él, probablemente rebuscando entre mis cosas, con esa curiosidad suya que nunca termina.

Puedo imaginarlo claramente: tomando mi camisa favorita, esa que ahora lleva puesta, y deslizándola sobre su piel suave sin preocuparse de si me daría cuenta. Lo hace como si fuera algo natural, como si cada prenda mía estuviera destinada a pertenecerle. Y luego, como siempre, olvidando cerrar la puerta tras de sí. Es tan típico de él que me resulta imposible no sonreír.

Una risa silenciosa se escapa de mis labios, suave y casi involuntaria, mientras soplo un mechón de sus cabellos rubios que se ha caído sobre su rostro. El ligero movimiento lo molesta incluso en sueños; gime de forma apagada, un sonido bajo y adorable que hace que algo en mi pecho se apriete.

Finalmente, lo pongo sobre mi cama con cuidado, asegurándome de que no despierte. Su cuerpo se relaja al instante, acurrucándose contra las mantas como si la calidez del lugar lo acogiera por completo. Me quedo ahí por un momento, observándolo en la penumbra de la habitación, con la tenue luz del pasillo delineando los contornos de su rostro. Cada detalle de él, desde sus pestañas largas hasta los mechones desordenados de su cabello, parece diseñado para desarmarme.

Y lo hace, de la manera más dulce y cruel posible.

Se mueve ligeramente, con esos gestos involuntarios que suelen aparecer en el sueño profundo. Sus brazos se alzan, buscando algo, pero, al no dar con nada, su expresión cambia. Su ceño se frunce en un gesto breve de incomodidad, como un niño que se rinde ante la imposibilidad de conseguir lo que quiere.

En lugar de seguir buscando, su cuerpo parece resignarse. Se estira, como si el movimiento pudiera aliviar cualquier tensión que lo incomode. Un brazo queda extendido sobre las sábanas mientras su pierna se desliza al mismo lado, dejándolo casi de medio lado. La tela de su pantaloncillo corto, demasiado ajustado para esta posición, se sube un poco más con el movimiento.

No puedo evitarlo, mis ojos se detienen ahí. La curva suave de sus nalgas queda parcialmente expuesta, un destello de piel que la tela no alcanza a cubrir. Es un detalle pequeño, pero suficiente para encender algo en mí. Mis mejillas se prenden de inmediato, un calor que me deja paralizado.

Mi garganta se seca, como si incluso respirar en este momento estuviera prohibido.

No debería mirarlo así. No debería sentirme así. Es algo que me repito en silencio, casi como un mantra que debería arrancarme cualquier pensamiento inapropiado, pero no lo hace.

No importa cuántas veces lo intente, no logro apartar la mirada. Estoy atrapado, completamente inmóvil, como si ese pequeño gesto inconsciente suyo tuviera el poder de desarmarme por completo.

Me quedo de pie junto a él, incapaz de moverme. Su respiración es suave, acompasada, el único sonido que llena la habitación. Cada detalle, desde la manera en que su cabello desordenado cae sobre su frente hasta la forma en que su pecho sube y baja con cada inhalación, me tiene atrapado en una mezcla de culpa y deseo.

Lo miro. Lo deseo. Y aunque sé que está mal, aunque mi mente me grita que debería apartarme, darme la vuelta y alejarme, no puedo hacerlo, sino al contrario: me acerco a él.

Respiro suavemente, tomo aire pesado, intentando callar a mi alocado corazón que palpita y palpita sin intención de detenerse. quedo sobre su cuerpo, mi polla erecta está peligrosamente cerca su piel descubierta. Un “mm” sale de los regordetes labios de Jimin. Un simple murmullo que me arranca un jadeo, haciéndome sentir como un maldito adolescente preso de sus hormonas, descontrolado y deseoso de penetrarle.

¿Qué sigue? ¿Qué hago ahora?

No creí llegar tan lejos, en mi mente surgen montones de posibilidades en las que mi polla termina dentro de su ano, pero no logro hacer más que acariciar. Mi mano levanta la camisa, dejo a la vista la piel de su espalda, mi dedo va de arriba a abajo mientras mi corazón no logra calmarse.

No me basta, trago pesado cuando mi vista queda en su glúteos, la tersa piel me llama, el deseo me deja paralizado a pesar de todo lo que quiero hacer. Doy una mirada, Jimin sigue durmiendo y suspira cuando mi mano cae en la parte trasera de su muslo.

Aprieto ligeramente, suave para no despertarle y el silencio en él me anima a continuar mi travesía hacia sus nalgas. Me lamo los labios y esta vez suspiro de alivio cuando mi mano avanza bajo la tela de sus pantaloncillos. Mi mano extendida no alcanza para cubrir totalmente el montículo de musculo. Aprieto su trasero, ahora con mis dos manos en acción.

Sigue durmiendo, su respiración pesada junto a la mía es el único ruido que se escucha en la habitación. Es por eso, que sigo adentrándome en el pecado de mis deseos sobre su cuerpo. Aprieto con más fuerza, me muerdo el labio y siendo ese sabor a hierro que demuestra lo tanto que intento calmarme.

Un jadeó sale de sus labios cuando el dedo pulgar de mi mano derecha roza su culo. Me detengo, le miro y me encuentro con sus ojos cerrados. Ante el reflejo de su cuerpo me calmo, debería parar, debería detenerme y encontrarme satisfecho por la nueva experiencia.

Pero no es así, quiero más y más.

Y caigo nuevamente...

Mis labios se aprietan al rededor de mis dedos, cierro los ojos y gimo ante el pensamiento de lo que haré. Termino babeado y por mucho que me disguste la textura, lo próximo a suceder me tranquiliza.

Con mi mano izquierda me hago espacio, la tela queda a un lado y su culo finalmente queda completamente a la vista. Finalmente mi corazón se detiene, todo raciocinio en mí desaparece y el deseo es lo único que me motiva.

Mi dedo empapado en saliva le acaricia, Jimin jadea de nuevo pero no le presto atención a su rostro esta vez, porque ahora que mi dedo entró por completo solo me importa una cosa: follarle.

Lo hago, saco mi dedo indice a la mitad y lo vuelvo a meter con suavidad. No es tan estrecho como creí.

No puedo más. Mi duro pene me lo recuerda, lo miro llamando la atención sobre la tela de mi pantalón, una gota brillosa deja saber donde se encuentra mi glande. Muerdo mis labios de nuevo para callar el jadeó que surge de mi garganta cuando rozo mi glande.

Apenas un simple toque me tiene así, soy un imbécil.

Dejo que mi polla salga, sale en un rebote curioso, me encuentro más duro que nunca. Me toco un poco y un gemido involuntario abandona mi boca. Cierro los ojos y dejo que mi cabeza caiga hacia al frente.

Tomo mi polla por la mitad del falo, me acerco un poco más, solo un poquito. Mi pene queda entre sus nalgas, me muevo por encima, le rozo sin penetrarle por más que lo deseo.

Me masturbo, quedo sumergido en mi burbuja de placer. Mi polla brillante en presemen y su culo bajo ella me logra excitar de tal manera que lo demás no importa. Mis labios arden por el fuerte agarre de mis dientes para no soltar una maldición por el placer que me embriaga. La bruma del orgasmo me nubla, me muevo entre sus nalgas hasta que mi blanquecino liquido le empapa.

Me quedo quieto, acaricio mi glande y tiemblo un poco. Tras el orgasmo, la prolactina me hace entrar en razón. Lejos de calmarme me siento culpable, me arrepiento de inmediato.

Quiero desaparecer.

Lo intento, pero al subir la mirada me encuentro con los brillantes ojos de Jimin mirándome, sus mejillas están rojas.

―Ji-Jimin, yo... ―quedó perplejo ante su mirada. Me encuentro buscando las palabras indicadas para disculparme, pero nada llega a mí.

Bajo la mirada, mi polla sigue despierta, me muerdo los labios y mis mejillas arden de vergüenza.

―Funcionó, papi ―le escucho decir, al mismo tiempo que me empuja. Me asusta el verle tomar lugar sobre mí, pero me asusta más la sonrisa que adorna su rostro y el castro beso que deja sobre mis labios.

No respondo a pesar de las ganas de inquerir, ¿de qué habla? No sé y mi interés por saber desaparece cuando Jimin toma mi polla y se deja caer de lleno en ella. El ardor en mi pene parece ser el mismo en su culo, su rostro se contrae en dolor y me gusta. No debería pero me gusta verlo romperse por mí, tomo su cintura y lo bajó aún más sobre mi polla mientras yo levanto mis caderas en su encuentro.

No hay más por cubrir y no lo dejó amoldarse. Yo lo empecé y yo lo voy a terminar. Le levanto hasta que el glande de mi polla es lo único dentro, y sin esperar más le bajó de nuevo hasta cubrirme por completo.

Las palabras están de más, un ronco gemido surge de mí al mismo tiempo que uno suyo, melodioso. Repito el movimiento hasta que él toma el control y ese vaivén de sus caderas me complace por completo.

Mis manos van de su cintura a sus nalgas, suben de nuevo a su espalda, acariciando sin temor.

—¡Oh, Dios mío! —exclama entre jadeos. El exquisito sonido de nuestras pieles al chochar me provoca un escalofrío insoportable—. ¿Sa-Sabes desde hace cuánto estoy deseando e-esto?

Quiero preguntarle a qué se refiere, pero ¿acaso importa? No.

Aprieto mis dientes, mi seño fruncido y otro gemido escapa de mi boca. Le envisto fuerte, rápido y sin compasión. No puedo detenerme, mi cuerpo se mueve en busca de más placer.

El llanto entre gemidos de Jimin no hace más que excitarme en descontrol, le dejo acostado sobre su espalda, me coloco sobre él y nuevamente le penetro.

Empapa mi pene, dejándolo baboso y brillante. Veo como sale y entra en su culo mientras sus testículos rebotan sobre mi pelvis.

Lo siento temblar, un suave jadeó lo ahoga y su cuerpo finalmente suelta la tensión, al mismo tiempo que yo dejo todo mi semen dentro de él.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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Strong Dialog

author

espero la próxima actualización 😉

6 months

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