Cómo No Ser Un Idiota en Konosuba

Summary

Eduardo murió de forma ridícula, como buen protagonista de isekai... pero no se llevó a la diosa inútil de turno. No, no, no. Él pensó con la cabeza (o al menos lo intentó) y pidió un poder realmente útil: ¡DINERO INFINITO! Ahora, con una cangurera mágica que nunca deja de soltar billetes, ha llegado al mundo de Eris dispuesto a derrotar al Rey Demonio... o al menos a sobornar a quien pueda hacerlo por él. Entre propinas exageradas, compras impulsivas y un equipo de inadaptadas poderosas que no saben por qué siguen a este tipo con cara de estafador, Eduardo va escalando como aventurero usando la técnica secreta del capitalismo mágico. ¿Puede un puño lleno de monedas romper un cráneo? ¿El dinero realmente compra la felicidad... o solo armaduras y waifus? Prepárate para una aventura absurda, llena de acción, comedia, críticas al sistema y muchas compras innecesarias. Porque en este mundo, el verdadero poder... está en tu billetera.

Genre
Humor
Author
eduxD2105
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: El poder más útil

Kazoku Kazuma, el otaku hikikomori del campo, tenía un extraño plan para hoy: salir de su casa. Una rareza en él, claro, pero todo tenía un propósito: quería comprar un nuevo videojuego llamado Myriad Swords 2, que salía justo ese día.

Sin embargo, antes de que pudiera cruzar la puerta, su madre lo llamó desde la sala:

—Kazuma, la tienda a la que ibas a ir... se incendió.

Él no lo creyó. Corrió hasta la televisión para confirmar si lo que decía su madre era verdad. Y para su desgracia, lo era. En las noticias de último momento, un titular perturbador aparecía: “Otaku desquiciado prende fuego a tiendas de figuras. Declara que el mundo merece arder por la expulsión de su ‘aidol’ favorita”.

Kazuma se desplomó en el suelo. Resignado, aceptó que no podría ir a la ciudad a comprar su juego. Para colmo, el fuego se estaba expandiendo y otras tiendas de videojuegos también habían sido afectadas.

—Debe ser una señal del universo para que no salga de casa nunca más —pensó.

Aún así, algo cambió en él. Esa experiencia le mostró lo malo de obsesionarse demasiado. Decidió que mañana mismo iría al gimnasio. Tal vez, con algo de ejercicio, se volvería un poco más atractivo para las chicas.

Este pequeño cambio provocó una alteración significativa en una historia que debía comenzar... pero el universo tenía sus propios planes para corregir ese error.

En Ecuador, a las 12 del mediodía, en un barrio peligroso, un joven caminaba por las calles. Tenía el cabello teñido de rubio con un copete que él mismo se hacía. Su aspecto era el de un chico de unos 22 años, de piel morena, ojos castaños y una cicatriz en la ceja derecha. Su expresión denotaba fastidio.

Vestía una camisa roja con una calavera negra estampada, pantalones deportivos con diseño de camuflaje en tonos grises y negros, sandalias y una cangurera cruzada en el pecho. Su físico era moderadamente trabajado, fruto de su rutina en el gimnasio y de sus prácticas, aunque aún novatas, de muay thai. Solo había empezado a entrenar porque lo vio en un manga y le gustó el estilo. Así de simple.

—Tsk... qué vaina, me mandan a comprar justo cuando estaba descansando después de mi turno nocturno —murmuró con irritación.

Su madre lo había despertado para ir a comprar medio pollo a la tienda de la esquina. Tenían visitas ese día, algo que él ya sabía, pero esperaba no ser el elegido para salir. Aun así, aceptó su destino.

Tras comprar el pollo, se dispuso a regresar a casa. Sin embargo, el destino tenía otros planes.

Se escuchó un disparo. Luego otro. Y otro más.

Una balacera había estallado entre dos bandas rivales. El joven quiso correr... pero ya era tarde. Una bala perdida lo alcanzó en el pecho. No sintió dolor, solo el frío beso de la muerte, llevándoselo quién sabe adónde.

Despertó en una enorme habitación blanca, iluminada por una luz divina.

Confundido, miró a su alrededor hasta ver a una joven de cabello azul sentada en un trono.

—Bienvenido, joven alma que acaba de morir —dijo la chica con una voz serena.

—¿Eh? ¿Dónde estoy? —preguntó el chico, aún aturdido.

La diosa esperó unos segundos antes de responder, tratando de calmarlo:

—Estás muerto. Falleciste por una bala perdida disparada por un pandillero. Este es el purgatorio.

Al oír eso, el chico se dejó caer al suelo. Por un instante había creído que tal vez, solo tal vez, podría volver con sus padres. Pero ante las palabras de la diosa, la esperanza se desvaneció.

—Mis padres...

—Están bien —respondió la diosa con una frialdad extrañamente reconfortante—. Lloraron mucho. Se aseguraron de que el que te disparó fuera encarcelado. Sufrió. Con el tiempo, lograron aceptar tu partida.

El chico tragó saliva y limpió las lágrimas que se deslizaban por su rostro. No estaba triste por haber muerto... sino por el dolor que había causado a sus padres.

—Bueno... entonces... ¿Qué debo hacer ahora?

—Primero me presentaré. Soy la diosa Aqua. Estoy a cargo de enviar almas al más allá. Pero en tu caso, tengo una oferta especial —dijo mientras le tendía un pañuelo.

—Tienes dos opciones: puedes ir al cielo —aunque no lo recomiendo, es aburrido y no tendrás un cuerpo físico—, o puedes ir a otro mundo donde reina un Rey Demonio. Si eliges esto último, te concederé una habilidad especial para que lo derrotes.

Con un movimiento teatral, Aqua sacó de su pecho varios pergaminos con diferentes habilidades, intentando tentar al chico con las maravillas de la reencarnación heroica.

El joven se quedó pensativo. Al principio pensaba ir al cielo, esperar allí por sus padres... pero la idea de tener otra vida y ser un héroe no le sonaba tan mal.

Revisó cada una de las habilidades. Todas le parecían interesantes, pero ninguna terminaba de convencerlo. Entonces levantó la vista y preguntó:

—Disculpe, señorita Aqua... ¿me puede conceder el poder del dinero infinito?

Aqua, que comía papas fritas mientras él revisaba las habilidades, levantó una ceja.

—¿Hump?

Era la primera vez que alguien pedía eso.

Intrigada, usó sus poderes para consultar con sus superiores si una habilidad así era posible. Después de unos minutos, obtuvo una respuesta...

—Parece que sí es posible —dijo Aqua con una sonrisa triunfante, intentando mantener su fachada de diosa sabia y no de tonta.

Ante su respuesta, el chico no pudo ocultar su alegría. Tener una habilidad así era más de lo que había esperado.

—¡Perfecto! Entonces quiero ese poder. Tengo algunas ideas para el futuro. Muchas gracias, diosa Aqua.

Con una reverencia exagerada y algo torpe, el joven expresó su gratitud. Aqua sonrió y le otorgó el poder de “Tesoro Infinito”, una habilidad que le permitía generar dinero de forma discreta, siempre sacándolo de sus bolsillos o de la cangurera que se le permitió llevar al otro mundo.

—Bien, joven héroe. Es hora de partir —anunció Aqua mientras comenzaba el ritual de envío Inter dimensional.

—No me llames así —dijo él, sonriendo con confianza—. Llámame por mi nombre. Yo soy Eduardo Guerrero, y espero que presencies mi lucha contra el Rey Demonio.

Con esas últimas palabras, desapareció rumbo a su nueva vida. Aqua, por su parte, soltó una carcajada mientras seguía comiendo papas fritas y tomaba una Coca-Cola, la cual se convirtió en agua al tocar sus labios.

—¡Este idiota pidió el poder más inútil! ¡Jajaja! Dudo que sobreviva más de un mes.

Volvió a holgazanear, esperando la siguiente alma en su rutina celestial.

Eduardo apareció en el mundo de Eris, justo en las afueras del Pueblo de los Principiantes. A su alrededor se extendía un paisaje idílico: un cielo despejado, una ciudad amurallada a la distancia y el sol brillante en lo alto.

—Bien, tengo dinero infinito... y creo que ya tengo un plan para matar al Rey Demonio —dijo para sí mismo, riendo mientras caminaba hacia la ciudad.

No tardó más de diez minutos en llegar. Tras pedir direcciones, se presentó en el gremio de aventureros. Con su habilidad deTesoro Infinito, pagó la inscripción sin problemas y recibió su tarjeta de aventurero.

—Señor Eduardo —dijo la recepcionista, una mujer rubia de grandes pechos—, al revisar sus estadísticas, puedo decir que destaca como luchador cuerpo a cuerpo. Podría ser un monje o un artista marcial.

Eduardo asintió, decidiendo convertirse en artista marcial, aunque no descartaba el uso de armas para facilitar los combates. Luego de llenar algunos formularios adicionales, salió del gremio en busca de alojamiento.

Encontró una buena posada y alquiló la mejor habitación disponible. Luego, salió a buscar una tienda de armas.

—Jejeje, qué suerte tener dinero para todo... aunque debo ser cuidadoso. Si alguien descubre que tengo tanto, podría acabar igual que en mi mundo anterior —murmuró mientras recorría las calles del pueblo.

Al llegar a la tienda, se sorprendió con la variedad de armas y armaduras disponibles. Se dirigió al mostrador, donde un hombre moreno, regordete y de cara malhumorada lo recibió.

—Buenas tardes, señor. Quiero un equipo para luchador cuerpo a cuerpo —dijo Eduardo.

El comerciante lo miró de arriba abajo con desdén, acostumbrado a que los principiantes pobres solo fueran a mirar.

—Bah... serán 900 Eris. Y no hago descuentos a muertos de hambre —gruñó mientras dejaba una armadura ligera y unos guantes reforzados sobre el mostrador. Cada guante tenía una cuchilla oculta.

—No se preocupe, señor.

Eduardo colocó con fuerza los 900 Eris sobre el mostrador, tomó el equipo y se dirigió al probador.

—Tenga una buena tarde.

El dueño de la tienda quedó perplejo. Estaba seguro de que el chico no podría pagar. Incluso había inflado el precio en 200 Eris.

—¡Mierda! ¿Qué hago ahora...? —murmuró, sudando, temeroso de perder a un cliente tan generoso.

Antes de que pudiera pensar en una forma de compensarlo, Eduardo salió del probador. Su armadura ligera era de color plateado con detalles en rojo y negro, formando patrones simples pero llamativos. Los guantes eran gruesos, color rojo sangre, resistentes y perfectos para el combate. Sus botas, también plateadas, reforzaban su apariencia de caballero y luchador.

—¡Está genial la armadura! Muchas gracias, señor —dijo, saliendo con energía.

El comerciante quiso detenerlo y regalarle algo más, pero ya era tarde: Eduardo había desaparecido por la puerta.

De regreso en el gremio, tomó su primera misión: eliminar a un grupo de jabalíes salvajes que destruían los cultivos cercanos.

Tardó aproximadamente una hora en llegar al lugar indicado. Al ver a los animales, se preparó.

—Muy bien... ¡vamos a luchar!

Inspiró hondo y cargó contra el primer jabalí, aplastando su cráneo de un solo golpe. Antes de que los demás pudieran huir, activó las cuchillas ocultas de sus guantes y los abatió uno por uno. Los pocos que escaparon fueron rastreados y cazados.

Aunque no necesitaba el dinero de la recompensa, Eduardo usaba estas misiones para aprender y adaptarse al mundo. Su objetivo era reunir un grupo fuerte, y cada paso lo acercaba más a su enfrentamiento con el Rey Demonio.