Chapter 1 No para ser querida
…Desde que tengo memoria, supe que no era bienvenida. No hizo falta que mi madre lo dijera. Lo decía su silencio cuando me enfermaba, lo gritaban sus ojos cuando mi hermana reía y yo lloraba. Yo era la hija que llegó sin pedir permiso. La que estorbaba. La que sobraba."
> En la casa de los Castillo, el afecto se medía por platos servidos con más carne y abrazos selectivos. Brithany aprendió a comerse su hambre con pan duro y a tragar sus lágrimas antes que se volvieran motivo de burla.
> Tenía un hermano mayor. Alto, fuerte, con esa confianza torpe que da el ser hombre en una casa sin padre. Él nunca la tocó con cariño. Le hablaba con superioridad, como si el mundo le perteneciera solo por haber nacido primero. Pero Brithany no era como su madre. No se callaba. No bajaba la mirada.
> A los diez años, después de ver a otro padrastro más alzarle la mano a su madre sin que nadie dijera nada, algo dentro de ella se rompió. Y de esa ruptura nació su primera regla: ningún hombre me tocará como si fuera su derecho.
> Ese día, su hermano se burló de su tamaño, la empujó jugando brusco, como siempre. Pero Brithany lo miró fijo, como nunca. Le habló con una firmeza que no se espera de una niña:
—Inténtalo de nuevo y te haré sentir que naciste para pedir perdón.
> Su hermano se rió. Error.
Lo hizo caer de rodillas con un golpe certero, aprendido de observar tanto maltrato. No fue solo físico. Fue algo más. Una declaración de guerra.
> A partir de ese día, la casa ya no tenía una niña débil. Tenía una fiera en construcción.