Sinopsis
El destino es cruel con los últimos de su especie.
Thalor, el último erkathiano, ha visto durante lustros cómo sus congéneres formaban parejas, cómo sus melodías se entrelazaban en un canto de amor. Él es el único que canta al vacío. Hasta hoy.
Durante décadas, ha entonado su canto nupcial en los bosques cristalinos de Ízanar, consciente de que no hay respuesta posible. Su raza se extinguió antes de que sus plumas alcanzaran el brillo de la madurez, pero sigue cantando, aunque sean las constelaciones las únicas que escuchen. Porque un erkathiano sin canción es un cadáver con alas.
Todo cambia cuando el universo, en un arrebato de sarcasmo, le envía justo lo que no necesita: una hembra humana. Una criatura ridículamente descolorida, sin plumas, con una voz que desafina al intentar imitar su canto nupcial.
Humana.
Indignantemente equivocada.
Elowen Fitzgerald debería estar presentándose en el Metropolitan Opera House, no atrapada en una jaula de traficantes interestelares. Cuando escapa de sus captores y, por pura desesperación, imita el canto de aquella criatura alienígena que la observa desde los árboles, no sabe que acaba de activar un instinto milenario en Thalor.
Él debería dejarla ir. Es de otra especie, de otro mundo, y su lugar no está entre las constelaciones agonizantes de su civilización. Pero el erkathiano lleva demasiadas lunas sin sentir el calor de otro ser bajo sus alas. Cuando ella responde a su canción, torpemente, sin entender la letra, pero respondiendo, algo en su sangre ancestral despierta.
Y un erkathiano que ha encontrado compañera no se detendrá ante planetas, razas ni lógica.
Ahora, mientras los traficantes buscan recuperar su mercancía humana y el tiempo de Elowen en la Tierra se agota, Thalor debe hacer lo imposible: convencer a una mujer que odia el espacio de que su hogar está en sus brazos, antes de que pierda su última esperanza de amor y su raza se extinga por completo.