Capítulo único
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Bill nunca había sabido lo que era tener un hogar, porque lo abandonaron apenas siendo un bebé, así que nunca sintió el abrazo de una madre o padre, sólo el tacto frío de los cuidadores del orfanato, donde uno tenía que aprender desde pequeño a golpear para defenderse de todos allí.
Crecer en un orfanato era algo desolador, por más que todos fueran iguales al no tener padres, suponiendo que tendrían que ser como hermanos entre sí, la realidad era que solían ser crueles, precisamente porque trataban de desquitar su tristeza transmutándola en odio.
Bill mismo había sido un muchacho, que si bien no era de atacar sin razón alguna, sí se defendía, aunque cuando lo atacaron entre dos, es que con apenas ocho años, se quedó en el suelo mientras era pateado, pero se fijó cómo una pulga rubia con rastas y ropas anchas, se lanzaba contra uno de sus compañeros, aferrándose a los hombros del más alto, mientras le mordía con saña el hombro, por lo que Henry, el matón, se removía violentamente para sacarse al mocoso de encima suyo, pero el rubio de rastas seguía mordiéndolo con fuerza, hasta mancharle la camiseta de sangre por lo mismo, con el más alto puñeteándole en la cabeza para que lo soltara, y Bill se fijó cómo la pulga rubia comenzaba a llorar sin dejar de morder, entonces el pelinegro se puso de pie, pateándole en los huevos al matón, con Dereck queriendo defenderlo, pero Bill sacó de su bolsillo una navaja suiza que había robado, y los amenazó mostrándosela para que los dejaran en paz, mientras el rastudo caía al suelo sentado cuando decidieron irse.
Bill ahora que se fijaba de la pequeña pulga, que en sí lucía más pequeño por las ropas, en realidad tenían casi la misma estatura y le ofreció la mano para que se levantara, debía ser un chico nuevo porque no lo había visto antes, aunque era muy lindo, con su rostro redondeado, nariz respingona, e incluso manchado de sangre en los labios, la mano pequeña tomó la suya, haciendo que el de rastas se parara.
—Gracias por ayudarme, aunque te lastimaron en el proceso —mencionó Bill—. Mi nombre es Bill, tengo ocho años, ¿eres nuevo aquí? —inquirió.
El de rastas arrugó la nariz. —Nueva —corrigió—, soy niña, también tengo ocho años, mi nombre es Thomasin, pero llámame Tomi —soltó la pequeña.
Bill boqueó asombrado porque habría jurado que era un niño, que claro, a su edad no es que las niñas tuvieran busto, pero su carita sí era delicada, aunque él mismo tenía rasgos femeninos, así que por lo mismo no juzgaba, pero no, Tomi… Era una linda niñita.
Desde ese momento Bill no se separó de ella, ya que Tomi, o Tom cómo le decía por molestarla a veces, se había convertido en lo más parecido que tuvieron a un hogar.
Con el tiempo es que ambos se volvieron en un refugio el uno para el otro, prometiéndose a sí mismos que nunca se separarían, que de por sí era difícil ser adoptados, y que si por a o b iban a lugares de acogida, harían cualquier travesura para que se arrepintieran de tenerlos, y los devolvieran, todo con tal de que no se dejaran, porque se querían, no, se amaban.
Tanto Bill como Thomasin se protegían entre sí, golpeando a quienes se atrevieran a hacerle daño al otro, y tomándose fotos a escondidas con una cámara polaroid que consiguieron robar en una de las casas de acogida. Así que tanto Bill como Tomi tenían fotos suyas que atesoraban, pensando que algún día cuando crecieran, se casaran y tuvieran hijos, se las mostrarían.
Porque ellos se volvieron novios desde su primer beso, básicamente con Tomi diciéndole que Bill era suyo, cuando apenas tenían once años, y Bill se reía de cómo era Tomi con él, siendo agresiva, pero también tierna, aunque el resto nunca viera esa faceta suya.
Precisamente por la falta de docilidad en ellos, y que nunca los quisieran adoptar juntos, es que Bill y Tomi se quedaron en el orfanato, hasta los catorce años, ¿por qué? Porque ahí fue cuando Tomi fue llevada a una casa de acogida donde casi intentaron abusar de ella, que terminó escapando de la casa de acogida, con las manos ensangrentadas por haberle roto una botella de vidrio en la cabeza del hombre que tenía que cuidarla e intentó violarla, regresando al orfanato pero no de forma oficial, sólo para ver a Bill, quien la abrazó para después curarle las heridas, prometiéndole que todo estaría bien, que él la cuidaría siempre y volvería a pasar por ello.
Bill decidió que tenían que huir, guardando todas sus cosas, y las pocas que pudo rescatar Tomi, al menos sus fotos sí estaban bien resguardadas, para escapar juntos del orfanato, haciendo una parada en la casa de acogida de Tomi, donde Bill se metió por la ventana luego de romperla con un ladrillo, observando al hombre dormir con la cabeza vendada por haber regresado del hospital, sacando su navaja de su bolsillo…
Cuando la rubia de rastas vio salir a su novio del lugar con el pene cercenado de su abusador, le miró con preocupación.
—Pero, Bill… ¿Y si llama a la policía? —preguntó Tomi, sintiéndose preocupada porque alejaran a Bill de ella.
—No podrá hacerlo porque le rompí el ladrillo en la cabeza —soltó Bill con una sonrisa.
Tomi le correspondió a la sonrisa, y lo besó, botando el pene del violador al suelo, ambos sabían que no era lo más saludable y que castrar y asesinar a alguien era un delito, pero se regían bajo las leyes de supervivencia del orfanato, donde sólo el más fuerte vivía, y que nadie vería por ti, por lo que debían tomar justicia por mano propia, así que Tomi consideraba esto un acto de amor, y Bill lo había hecho para demostrarle que la protegería siempre, porque la amaba y era capaz de asesinar a quien quisiera hacerle daño alguno.
Luego de ello es que se mantuvieron juntos, buscando trabajo de lo que se pudiera, cualquier sitio que aceptara a menores de edad trabajando para ellos, pero nunca separados, ya lo tenían bien en claro, que jamás podrían separarse. Bill amaba a Tomi, y viceversa.
Por lo mismo de ser menores de edad con dinero por estar trabajando, no tenían la mejor administración monetaria, por ello es que se solían gastar el dinero en tatuajes o piercings, comiendo porquerías o durmiendo en asilos para vagabundos, para no lidiar con el alquiler que sí o sí pedían que uno fuera mayor de edad con una identificación que lo probara, por lo que ellos o dormían en parques, en asilos para vagabundos o debajo de un puente.
Ambos empezaron a tener sexo en toda regla, en algo que no fueran jugueteos con sus manos o frotarse, a sus quince años, sólo que no siempre podían costear los condones, así que Bill se corría fuera para evitar que Tomi se embarazara, y ellos en su ignorancia creían que con ello se garantizaba el que la muchacha no quedara embarazada.
Sin embargo, a sus dieciséis años es que lo supieron, cuando Tomi engordaba y no paraba de vomitar, que la rubia estaba embarazada.
Ambos tuvieron miedo, y decidieron ahorrar, dejando de lado todos sus gustos adolescentes, que no querían abortar, por más que sabían que sería lo más sensato. Porque el abortar, implicaría de algún modo rechazar el amor que se tenían, la unión de ambos en ese pequeño ser… Y pensar en abandonarlo, tal cual hicieron con ellos pues no era una opción. Así que tendrían a su bebé, pensando que sea como sea querían darle lo mejor a su hijo, que nacería cuando ambos tendrían diecisiete años.
Bill no quería que Tomi trabajara embarazada, así que decidió inscribirla en una escuela con cursos acelerados, para que se entretuviera en ello, mientras que él tenía tres trabajos con tal de conseguir más dinero para su hijo y ella.
Sólo que ambos no sabían lo que hacían, ni sobre cuidados prenatales, ecografías ni nada, por lo que Tomi no llevó un control sobre su embarazo, más que el cuidado que le daba Bill dándole comida, y acariciándole la barriga mientras la besaba antes de dormir.
Bill tuvo que alquilar un cuarto pequeño para este punto, consiguiendo una identificación falsa porque no podían dormir en la calle como antes.
Conforme pasaban los meses, la panza de Tomi se hacía más grande, con ella jugando con sus dedos por encima, sonriéndole a Bill.
—Si es una niña que se llame Nicole, y si es varón Fabian —soltó Thomasin feliz, en lo que Bill salía de la ducha cansado luego de un día arduo de trabajar en tres sitios para tener más ingresos para su amada.
—Suena hermoso, Tomi —cedió Bill, dándole un beso antes de ponerse la pijama y acurrucarse a su lado, haciéndole cucharita para caer rendido, de todas formas aferrado al vientre de su novia, soñando con la familia que tendrían los tres, tal cual habían pensado cuando eran más niños, y cómo es que se casarían cuando fueran mayores de edad.
Soñaba con ello, incluso con el agotamiento del trabajo, esperando que su bebé se pareciera a Thomasin, que fuera tan hermoso como ella.
Entre los muchos problemas que podrían tener al ser padres adolescentes, y sin ningún adulto que los apoyara, ni familia ni nada. Era que no contaban con un seguro, por lo que cuando Thomasin empezó a sangrar de madrugada, y Bill la llevó de emergencia al hospital más cercano, en la motocicleta que había conseguido de segunda para poder movilizarse, es que… No quisieron darle atención prioritaria por no tener seguro y ser muy jóvenes.
Cuando Thomasin dio a luz a un bebé varón, terminó muriendo desangrada en el parto por la poca consideración que tenían con gente como ellos.
Bill no lo supo, sólo que le dieron a su bebé, que era idéntico a su novia, y diciéndole que había muerto al dar a luz, pero que tenía que firmar a su hijo e irse, porque con lo que tenían no les alcanzaba ni para atenciones para su recién nacido.
Bill entre lágrimas firmó el certificado de su hijo, pensando que Thomasin quería que se llamara Fabian, pero su Tomi ya no estaba con él, ni siquiera le dejaban despedirse de su cuerpo ni nada, cuando se prometió protegerla por siempre, y ahora… No volvería a ver a su amada jamás, Thomasin siempre tendría diecisiete años, y Bill tendría que hacerse cargo solo de su pequeño, el cual era rubio y con las facciones de su mujer, así que decidió que no se llamaría Fabian, sino Thomas, Tom, Tomi, tal cual su mamá.
Besó a su pequeño Tom en la frente.
—Yo a ti siempre te amaré y cuidaré, te lo juro, Tomi, siempre, siempre lo haré —le prometió Bill a su hijo, quien bostezó, ajeno a la tristeza de su padre.
Bill no podía amenazarlos con la navaja para que al menos le dieran el cuerpo de su novia, no con Tomi entre sus brazos, así que decidió obedecer e irse, a sabiendas de que siendo menor de edad Thomasin, sería usada para donación de órganos porque también era huérfana y nadie vería por ella.
Bill afianzó la manta de su hijo contra su pecho, y se fue con él en su motocicleta, decidiendo que él le hablaría siempre a Tom sobre su mamá, lo genial y grandiosa que había sido, le mostraría todas las fotos que tenía con ella, y le diría a Tom que siempre fue amado.
…
Tener que ser padre soltero era duro, los primeros meses, tuvo que vivir a base de sus ahorros, porque no podía dejar a Tomi solo, necesitaba darle su fórmula, cambiarle los pañales, sin embargo, el dinero se iba agotando, así que luego tuvo que buscar trabajos donde lo aceptaran con él, pero Bill se las arregló, decidiendo que no volvería a robar, ni hacer nada ilegal, porque tenía que encaminar su vida por su pequeño Tom.
Tom conforme iba creciendo, aprendiendo a hablar y todo, teniendo como primera palabra “papá”, no siendo algo sorpresivo ya que sólo tenía a Bill, es que era un niño muy amado por el pelinegro, quien lo consentía con lo que podía, y bueno, no les alcanzaba para que Tom tuviera su propio cuarto, ya que en sí estaban en un monoambiente con sólo una cama, así que Tom siempre dormía con su papi, desde bebé, hasta niño.
Bill terminó la escuela a distancia, ya que necesitaba tener un trabajo más estable, y no podía conseguirlo sin haber terminado la escuela al menos.
Luego es que estudió una carrera técnica que costeaba el Estado, siendo técnico electricista, con lo que si bien no era una carrera universitaria, sí le servía para poder trabajar, aunque igualmente tenía otro trabajo también, como tatuador, con el que también ganaba más ingresos.
Igualmente llevaba siempre a Tomi consigo, el cual a sus seis años estaba sumamente feliz de que su papi lo llevara a todos lados.
—No es un buen ambiente para tu hijo que lo tengas aquí, donde la gente fuma, bebe, se tatúa o hace piercing —comentó uno de sus clientes.
—O lo traigo conmigo o se queda solo en casa. Mi prioridad es cuidarlo siempre, así que por favor, le pido que no se meta —respondió tajante Bill.
Tomi observó cómo es que el cliente de su papi se callaba, y continuó coloreando su dibujo mientras su papi terminaba de tatuarlo.
Tomi siempre había sido un niño muy observador y atento a todo en su ambiente, y siendo el niño más feliz del mundo, incluso si no tenía las cosas materiales que poseía el resto. Él consideraba que tenía lo más valioso del mundo: el amor de su papá.
Tomi era el centro del mundo para Bill, cantándole, jugando con él, preparándole comidas que incluso no sabían tan bien porque recién Bill iba buscando las recetas para cumplirle sus antojos, o engreirlo.
Por más que para este punto, ya estaban en un departamento que no fuera un monoambiente, en un mejor sitio, con su propia habitación, Tom igualmente iba a dormir con su papi, aunque a veces Bill le pedía que Tom durmiera en su cuarto, haciendo que Tom pusiera un puchero.
—Es que, Tomi, tienes que entender que a veces papi necesita dormir solo. ¿No te gusta tu habitación? ¿Hay algo que te moleste, algún monstruo que tenga que espantar? —inquirió Bill, acariciándole los cabellos largos y rubios de su pequeño, y Tom negó.
—No me gusta porque no estás ahí, papi. Yo quiero dormir siempre contigo —dijo Tom con expresión triste, porque él muchas veces inventaba que tenía monstruos en su cuarto para que su papi fuera arroparlo, asustándolos, y contándale cuentos o canciones, a veces Bill quedándose dormido al hacerlo, sin embargo, Tom quería sentir a su papi, su olor lo calmaba, y se sentía muy protegido al ser abrazado por su progenitor.
Bill acarició las mejillas de su hijo, y le besó con cariño la frente.
—Yo sé, Tomi. Pero estás creciendo, ratoncito, así que también tienes que dormir solo, porque soy tu papá que te ama, sin embargo, debes tener tu propio espacio como un niño grande que eres, ya vas a la escuela, Tomi. ¿O acaso tus compañeritos también duermen con sus padres? No lo creo, ratoncito —comentó Bill, sin dejar de acariciar las mejillas de su pequeño.
—Sus padres duermen con su madres —farfulló Tom, que era consciente de que él no tenía madre porque había muerto con su nacimiento, ya que su papi siempre le decía que ella lo amaba donde fuera que esté, que era la mejor mujer del mundo, la más hermosa, y que la adoraba incluso ahora.
Bill lo miró con expresión dolida. —Mami te cuida desde donde sea que esté, Tomi. Y ella siempre será la mujer de mi vida, sólo que la muerte me la arrebató, y por eso duermo solo.
—¿Por qué no puedo tomar el lugar de mamá y dormir contigo? —inquirió Tom, haciendo un puchero.—Si siempre me dices que me parezco a ella, papi, entonces puedo ser mamá y dormir a diario contigo.
Bill parpadeó confundido. —No, Tomi, no es así como lo dices —corrigió el mayor—. Tu mami era mi novia, iba a casarme con ella, era mi mujer, y claro, eres igual a ella porque eres nuestro hijo y saliste como tu mami, pero no significa que puedas tomar su lugar, Tomi. Yo te amo más que a nadie, pero eres mi hijo, mi bebé, mi niño, y yo soy tu papá, los papás no pueden estar con sus hijos como están con las mamás.
—¿Por qué no? —preguntó Tom, frunciendo el ceño y haciendo más notorio su puchero.
—Porque eres mi sangre, vienes de mí, ratoncito. Mira, sólo… Ponte el pijama y vamos a dormir, ¿está bien? No será diario, Tomi —cortó Bill, no queriendo ahondar en el tema del incesto porque su hijo sólo necesitase cariño al dormir acompañado, Bill sabía que Tom había crecido con carencias, aparte de las económicas, en el sentido de que sólo eran los dos, y que no tenía una mamá, así que vio al pequeño sonreír e irse corriendo a ponerse su ropa para dormir.
Tom sólo estaba siendo inocente al hablar así, ¿verdad? Bill no tenía que preocuparse por ello.
Así que cuando se fueron a dormir, con Tom abrazado al pecho su papá, es que durmieron plácidamente. Bill no podía negar que si bien había muerto el amor de su vida, aunque siempre la tenía presente en su corazón, el dormir abrazado a Tomi lo reconfortaba bastante, porque su hijo era su adoración, era su todo, la razón por la cual seguir, su motor y motivo, ya que si bien no pudo vivir un luto como tal para Thomasin, sin ni siquiera tener un cuerpo qué enterrar, y con un recién nacido del cual hacerse cargo, pues igualmente Bill no se arrepentía de ello, es decir, había sido duro ser padre adolescente sin familia, aquello era más que claro, pero también el tener a su hijo le daba fuerzas, ya que no le permitió que se dejara vencer por pensar que ya no tenía a su Thomasin.
Tomi era la extensión del amor que tuvo con su otra Tomi, y ver sonreír a ese bebé incluso con sólo encías desde tan pequeño, o el que ese ser lo necesitara tanto que él no podía tener tiempo para analizar lo miserable que era, Bill tenía que luchar por él, y por su bebé, y jamás pensar en abandonarlo tal cual hicieron con él, o con Thomasin, no. Bill no quería que su hijo pasara lo que él nunca.
Así que fue difícil, frustrante también, no sólo por no tener ni idea de nada de lo que significaba ser padre y no contar con alguien que lo guiara o algo, eso sin mencionar que cuando Thomasin murió, con ella también su vida como hombre, sólo podía ser papá, porque si bien tenía muchachas, e incluso chicos, que se le habían insinuado, era difícil porque antes no tenía ni el espacio ni tiempo, porque vivía y dormía con Tom, por lo mismo no podía exponerlo a llevar a alguien a follar en la misma cama donde dormía con su hijo.
Ahora Tom estaba más grande, sí, seis años y en la escuela, con un lugar más grande, y con más espacio… Pero sí le daba un poco de inseguridad el pensar en acostarse con alguien, ya que su primer todo fue Thomasin, y no creyó tener que tener sexo con alguien más, porque Bill quería casarse con ella, tener hijos, y nunca separarse. Sin embargo, bien decía la frase que uno no debía hacer planes porque el Diablo se reía de ellos, y así era cómo Bill había dejado de ser hombre para sólo ser papá.
No obstante, a veces sí necesitaba desfogar, por lo mismo quería que su pequeño Tom le diera noches libres para poder masturbarse al menos. Sólo que no podía explicarle eso a su hijo de seis años. Bill era muy cuidadoso con eso, cuando conseguía que Tom se durmiera en su cuarto, se iba al suyo, donde veía fotos de Thomasin mientras se la jalaba, o a veces un poco de porno con audífonos, lo que sirviera para liberar aquella tensión que ya eran seis años sin tener sexo, porque con su mujer tuvieron sexo hasta antes de que naciera Tom.
Bill se ponía a pensar que tal vez ya era momento de empezar a salir con alguna persona. Incluso quizá alguna mujer que estuviera dispuesta a aceptarlo con todo y su hijo, porque no quería negar a Tomi, era su prioridad, quien se fijara en él tenía que aceptarlos a ambos. ¿Tal vez sería la oportunidad de ver si podía darle una madrastra a su hijo? Aunque Bill sabía que nadie podría ocupar el lugar de Thomasin jamás, porque ella era y seguiría siendo el amor de su vida, la madre de su hijo, y… Nunca podría superarla, aunque ya tuviera veintitrés años, y su Thomasin siempre tendría diecisiete, Bill no podría olvidarla, la hermosa rubia salvaje de rastas jamás se saldría de su mente ni corazón, Thomasin siempre sería su hogar, y al menos agradecía que le quedaba parte de su hermosa novia en su pequeño Tomi.
…
Bill empezó a salir con una muchacha, que dijo que no tendría problemas con ser madrastra por él, alegándole que amaba a los niños, y que Tomi lucía bello en sus fotos.
Pero Bill cometió un error de padre joven, de no presentársela a su hijo primero, y… Llevarla a casa antes de tiempo.
Tomi se despertó de madrugada, bostezando, tallándose el ojo porque escuchaba ruidos que provenían de la sala. Entonces como todo infante curioso, fue a ver qué era lo que provocaba aquello, y al fijarse es que se quedó paralizado observando a su padre tocar a una mujer…
Tom se sintió muy enojado, frunciendo el ceño, mordiéndose el labio inferior al ver cómo su padre desnudo sobre aquella mujer, besándola, tocándola, dándole las atenciones que le daba un esposo a su esposa, lo hacía hervir su sangre, y quería lanzarse sobre ellos para separarlos. Pero… No podía.
Era como cuando veía a su papá tocarse a sí mismo cuando creía que él estaba durmiendo, eran cosas que se supone que Tom no sabía o debía ver, pero lo hacía. Como cuando vio las películas de adulto de su papá, esos mismos actos que hacía ahora su papi con aquella mujer.
Si Tom gritaba para que se separasen, Tom… Sería visto en mal por fisgonear cuando se supone que estaba durmiendo. Pero…
Decidió regresar a su habitación y comenzar a llorar sonoramente con los ojos cerrados, haciendo que Bill de inmediato se separase de Anne.
—Mi hijo está mal, tengo que ir a verlo —dijo Bill de inmediato, quitándose el condón y poniéndose los pantalones.
—Pero él puede esperar, tiene seis años, ¿qué cosa podría pasarle en su habitación? —inquirió Anne con fastidio.
Bill frunció el ceño. —Tomi tiene terrores nocturnos que sólo se calma cuando lo tranquilizo, te fui muy claro con que mi prioridad siempre sería mi hijo, si no eres capaz de entenderlo hasta qué grado, que eso incluye que dejaré de tener sexo o cancelarte alguna salida si él me necesita, pues entonces sólo vístete y lárgate —soltó tajante, para ir a lavarse las manos, antes de ir al cuarto de su hijo.
La rubia quedó sorprendida del comportamiento de Bill, pensando que era un imbécil, vistiéndose y azotando la puerta al salir.
Tom sonrió internamente cuando escuchó la puerta azotarse fuertemente, y luego a su papá entrar, mantenía los ojos cerrados en lo que seguía gritando con dolor, uno fingido, pero que entendía que funcionaba para tener la atención de su papi.
Bill lo abrazó contra su pecho. —Shh, Tomi, papi está contigo, estás en un lugar seguro, sólo es un sueño, ratoncito —susurró el pelinegro, acariciando la cabeza de su hijo.
Tom empezó a “tranquilizarse”, y luego abrió sus ojos mirando a su papi.
—¿Papi? —preguntó Tom con ojos llorosos, había aprendido a cómo llorar a voluntad, y Bill besó su frente.
—Sí, ratoncito, papi está contigo, siempre serás el hijo de tu papi que te cuidará para toda la vida, sólo fue una pesadilla, Tomi —le habló con cariño Bill, y Tom apoyó su carita contra el pecho de su papá, soltando un suspiro, y sintiéndose tranquilo de que aquella mujer se hubiera largado por su papi preocuparse por él.
A Tom le gustaba ser el hijito de papi, ya se lo habían dicho a modo de burla en la escuela, que él estaba obsesionado con su papi, y a Tom no le interesaba, porque Tom amaba a su papi, era guapo, genial, con su motocicleta, piercings y tatuajes, siendo superior a todos los padres horrendos de sus compañeros. Y Tom amaba que su padre lo tuviera como el centro de su vida.
Aunque detestaba el hecho de que siempre estuviera bajo la sombra de su madre, porque no le gustaba compartir la atención su papi con nadie, incluida su madre, que al menos se alegraba de que estuviera muerta para no tener que lidiar con ella a diario, sólo cuando su papi la halagaba, y no, Tom la odiaba porque también le robaba la atención de su padre, porque sabía que incluso le decía Tomi de cariño, y él quería ser el único Tomi en la vida de su papi. Aborrecía el hecho de que él tuviera el nombre de su madre, de que su madre hubiera sido la mujer de su padre…
Tom pensó que fue maravilloso el dormir con su papá, y que esa rubia se hubiera ido… Pero fue el comienzo de muchas mujeres que quisieron estar con su papá.
Bill, al haber notado el comportamiento negativo de Anne con respecto a su hijo, es que decidió que tendría que hacer que cualquier interés amoroso, o para sólo sexo, debían tener el claro que él era papá, y que su hijo era su prioridad, por lo mismo, hacía que convivan con Tom.
Y notaba algo peculiar, que Tomi, siendo tan dulce y tierno como era, no era aceptado por las mujeres, y eso lo frustraba. Porque Bill veía cómo Tomi era educado, saludándolas con un beso en la mejilla, sonriéndole, tan bien portado, que a veces se sorprendía de que lo hubiera criado él, pero luego la muchacha de turno, terminaba diciéndole que su hijo había sido mal portado, que una cosa era cómo Bill veía lo que Tomi hacía en su delante, pero que apenas Bill se iba, Tomi se volvía un ser salido del averno, que les cortó el cabello o les intentó apuñalar o lanzar algún objeto sobre ellas.
Bill evidentemente no les creía, era un absurdo, notaba cómo su pequeño reaccionaba positivamente a ellas, y que Tomi no era capaz de hacerle daño a nadie. Por lo que sacó las conclusiones de que si varias mujeres decían lo mismo, no quizá las mismas acciones, pero sí parecidas, era porque eran unas perras mentirosas que querían culpar a su pequeño sin sentirse listas para estar con un hombre con hijo.
Lo intentó por unos tres años, salir con diferentes mujeres, pero no funcionó, fuera de coito ocasional en algún hotel, aprendió que realmente Bill no podía abrirle su vida y corazón a alguien más, era duro, porque él quería saber si estaba con alguien, fuera capaz de comprender que él era padre, que no dejaría de serlo por ellas. Sin embargo, sus intereses no lo entendían.
Suponía porque no eran madres, que muchas veces tenía que cancelar las salidas porque Tom se enfermaba del estómago, o tenía fiebre, o alguna situación apremiante y eso era ser padre, dejar de lado a veces tus necesidades como hombre para ver por el bienestar de tu hijo. Quizá Bill debería salir con una mujer con hijos, pero el pensar que tuviera que obligar a Tom a convivir con niños por la fuerza, cuando el menor incluso no quería ir a las fiestas de sus compañeros, no lo consideraba justo.
Así que terminó por rendirse en su búsqueda del amor, su felicidad sería su hijo, el cómo crecía, enorgulleciéndolo con sus calificaciones, con cada logro que hacía, y cómo es que siempre le mostraba una sonrisa, le daba un abrazo, y se mantenía con la costumbre infantil de dormir muchas veces con él, por más que ya tenía diez años.
Cuando Tom a sus once años le pidió hacerse rastas, Bill se sorprendió, ya que antes de ello, le había dicho que quería ropa nueva, eligiendo ropas anchas estilo rapero, y claro, no sería nada raro, de no ser que… Era el estilo de Thomasin, por lo que Bill se sentía algo confundido por ello.
—¿Por qué quieres hacerte rastas, ratoncito? —cuestionó Bill.
Tom miró a su papá fijamente. —Para sentirme conectado a mamá —respondió el rubio.
A Bill se le apretó el corazón en el pecho por aquella declaración.
—Sí, te ayudaré a que te hagas rastas, Tomi —expresó Bill, pensando que era algo dulce que su hijo quisiera sentirse conectado a sus orígenes, a su mamá, por lo que tenía sentido que también cambiara las ropas.
Poco a poco es que Bill le ayudó a hacerse las rastas, y a los doce años ya tenía unas largas rastas rubias que mantenía en una coleta alta, y le daba sensaciones extrañas a Bill, porque se le hacía demasiado parecido a cómo lucía su novia cuando era joven. Pero era de esperarse, Tom era igual a Thomasin, sólo que a veces le daba ese pánico cuando lo veía correr emocionado o saltar para colgarse en él, con Bill evidentemente abrazándolo o sosteniéndolo, pero teniendo fuertes deja vu de cuando era más joven.
Por lo que era complicado cuando su hijo crecía, usando rastas y abrazándolo mientras dormían juntos, por lo mismo es que Bill tuvo que pedirle a Tom que durmiera en su propia habitación cuando tenía catorce años, porque ya era un adolescente, y no cabían en la cama.
La realidad del asunto es que Bill había tenido un sueño húmedo recordando a su mujer, y por un momento en la noche se confundió, apretando a su hijo pensando que era Thomasin y cuando notó que contra quien se frotaba era Tom, su pequeño de catorce años y no su mujer, es que entró en pánico y le pidió eso a la mañana siguiente, sintiéndose la peor basura humana.
Su hijo no lo recordaba por suerte, nunca le mencionó nada al respecto, incluso aunque Bill quiso preguntárselo.
—¿Recuerdas algo de la última vez que dormimos, Tom? —inquirió Bill, mientras bebía su café.
—No, papi, estaba profundamente dormido —respondió Tom, luciendo confundido—. ¿Pasó algo esa vez que debería recordar? —interrogó el de rastas.
—No, nada, hijo —soltó Bill, sintiéndose tenso, agradeciendo que su hijo hubiera estado tan dormido para no percatarse.
No había sido intencional, y se culpaba por ello, pero sí era frustrante que como padre hubiera sido capaz de hacer eso, de desconocer a su hijo, claro, entre sueños, y con las rastas y de espaldas, sin embargo, no había justificación. Bill se sentía enfermo por ello, detestándose y sintiéndose el peor padre del mundo.
Su pequeño Tomi, que ya no era tan pequeño, era tan inocente y ajeno a todo, incluso siendo un adolescente no le daba problemas con novias ni nada, él seguía muy enfocado en sus aficiones como escuchar música o dibujar estilo graffiti en sus cuadernos. Bill pensaba que aquello era tierno, que mientras él en su juventud sí había pintarrajeado paredes con aerosol, Tom mantenía aquello en dibujos y letras estilo graffiti en su cuaderno.
Cuando Tom cumplió quince años, con Bill de treinta y dos, estaban en su casa, porque mayormente su hijo pedía que aquella celebración sólo se realizara en su casa, decorando ambos un pastel y comiéndolos juntos.
—Papi, tengo algo que decirte —comentó Tom, sonriéndole.
—Sí, dime, Tomi —alentó Bill, en lo que comía un poco más de pastel.
—Soy gay —confesó el de rastas y Bill casi se atora—. ¿Te hice enojar, papi? —inquirió Tom con expresión apenada.
—No, no, Tomi. Sólo me agarraste de sorpresa —comentó Bill después de beber un poco de refresco para ayudarlo a no ahogarse—. Yo te amo, hijo, y no me importa tu orientación, siempre serás el hijo de tu papi, ¿entiendes? —le aseguró el pelinegro, apretándolo por la mano encima de la mesa.
Tom asintió, correspondiéndole al agarre. —¿No quieres saber cómo lo supe, papi?
—¿Cómo lo supiste, ratoncito? —preguntó Bill, entendiendo que Tom necesitaba contarlo.
El rubio sonrió de medio lado. —Porque me gusta un hombre, papi.
—Oh, claro —mencionó Bill, pensando en cuál de los compañeros de la escuela de su hijo le gustaría—. ¿Ya son novios? —inquirió el pelinegro, preguntándose si quizá por ese motivo quería formalizar diciéndole su orientación.
Tom negó. —No, aún no. Pero espero que sí lo seamos después.
Bill asintió ausente, cavilando cómo que habían pasado tantos años desde que Thomasin estaba viva, y murió en el parto, cómo es que su hijo ya estaba enorme, claro, aún más bajo que él, pero igualmente no era ese pequeño bebé rubio que tuvo en brazos, no, ahora Tom era un jovencito con rastas, muy hermoso que era gay, y que en algún momento tendría un novio. Aquello le daba una sensación de incomodidad en la boca del estómago.
Suponía que era lo que pasaban todos los padres, pero también era parte de serlo, el saber que tu hijo crecería y tendría pareja en algún momento. Bill a veces pensaba que quería que Tom se hubiera quedado pequeño para siempre, pero la vida no funcionaba de aquella forma.
Evidentemente el resto vería lo hermoso que era su hijo, que ahora le había pedido de regalo de cumpleaños que le perforase el labio inferior, y Bill lo hizo, a pesar de que igualmente tuvo la carga de deja vu porque Tom pidió que se lo hiciera en el mismo lado de su mamá, entonces sus labios gruesos y adornados por el piercing pues hacía que Bill supiera que era cuestión de tiempo para que Tom tuviera un novio, era muy lindo para pasar desapercibido, más bien estaba tardando algo, quizá porque era gay y aquello era diferente a ser hetero y poder tener casi asegurado el que otra persona fuera hetero también.
Cuando Tom cumplió dieciséis es que la situación se complicó un poco más, ya que si bien su hijo seguía creciendo, usando las ropas anchas de rapero, y teniendo sus rastas amarradas en una coleta, al menos fuera de casa, porque dentro, es que Tom usaba shorts deportivos que eran… Demasiado cortos, manteniéndose sin camiseta, y claro, tenía sentido, Bill mismo a veces andaba hasta en calzoncillos sin nada más de eso al ser dos hombres en casa, sin embargo, muchas veces Bill se descubría a sí mismo mirando a su hijo, porque lo notaba cómo es que precisamente con esa ropa corta limpiaba, agachándose, haciendo que los shorts se le alzaran más, llegando a ver más piel desnuda de su hijo, y tuvo que parar, yéndose a su habitación.
Bill se sentía enfermo, quizá era por la falta de sexo que estaba pasando por ello, ni siquiera podía reclamarle eso a Tom, porque no era su culpa, no estaba haciéndolo de forma intencional, sólo que Tom estaba en su casa y era evidente que quería estar cómodo y fresco con aquellas prendas.
Así que Bill tenía que tomar una ducha fría.
Cuando veían películas, Tom, como siempre había sido, se pegaba a Bill, acomodándose en su pecho, poniéndole una pierna encima, tal cual lo hacía de pequeño, la diferencia es que ya Tom de dieciséis no era un pequeño monito tierno sobre él, sino un adolescente que semi desnudo. Pero Bill no podía reclamarle nada porque él era el enfermo, no su hijo.
—Papi, ¿sabes qué quiero para mi cumpleaños número dieciocho? —interrogó Tom contra el cuello de su papá, Bill se tensó por el aliento del menor.
—Aún faltan dos años, Tomi. ¿Por qué la urgencia de pensar en ello ahora? ¿No quieres decirme que quieres para tus diecisiete? —rebatió Bill, intentando controlar el temblor en su voz, aún abrazando a su hijo por la cintura.
—Es que es importante, papi, un regalo muy grande el que quiero para mis dieciocho años —arguyó Tom para luego reírse.
—¿Un viaje o algo así? Sé que vas a ser mayor de edad, Tom. Pero no puedo costearte algo tan caro —acotó Bill.
—No tendrás que gastar nada, papi, ya verás —masculló con cripticismo Tom, para volver a reír.
Bill no comprendía a su hijo, pero lo dejó pasar, intentando concentrarse en la película y no en el peso sobre él.
…
Cuando Tom cumplió diecisiete años, poniéndose cada vez más hermoso, es que Bill actuó sin pensar.
Sabía que Tom tenía un novio, no lo conocía, pero le hablaba de él, que era guapo, que lo cuidaba, y lo hacía sentir el chico más especial del mundo, que no existía nadie más para él. Y Bill sentía un poco de celos de padre, lo común, pero no lo mencionó a Tom.
El día que escuchó ruidos provenientes de la habitación, con su hijo llorando, es que Bill abrió la puerta, fijándose cómo un hombre estaba sobre Tom, su hijo a medio desvestir pero con lágrimas en los ojos, y recordó cómo llegó Thomasin con las lágrimas diciéndole que intentaron abusar de ella.
Por lo que Bill vio rojo y golpeó violentamente al novio de su hijo, hasta que tuvo que parar al sentir la humedad en sus puños, por la sangre. El muchacho se fue tambaleándose y soltando improperios de que su hijo era un psicópata igual que su padre.
Bill se sentó en la cama, con los puños ensangrentados, viendo a su hijo.
—¿Te hizo daño? —preguntó Bill, queriendo tocar a su hijo pero resistiéndole a hacerlo, para no mancharlo con la sangre de su novio.
—Quiso forzarme a tener sexo luego de que le dije que no me sentía listo —respondió Tom, secándose las lágrimas con sus manos—. Estás sangrando, papi —señaló el de rastas, sacando un pañuelo de su cajón, y secándole la sangre a su progenitor con sumo cuidado, ya que aparte de la sangre de su novio, tenía heridas por haberlo golpeado brutalmente.
Bill decidió que no le preguntaría más al respecto a Tom, porque él era consciente de que quería asesinar a su novio, y que quizá siendo joven, lo habría hecho, pero que ahora podían ser denunciados o algo por su comportamiento, y no, Tom dependía de él, así que tenía que guardar la compostura. Sólo que le daba rabia que hubieran querido abusar de su hijo, tal cual lo intentaron con su mujer.
Sin embargo, había una parte más retorcida del incidente de Tom… Porque cuando Bill se fue a dormir, teniendo sueños húmedos al fantasear con Thomasin, es que cambiaba su cuerpo… Desapareciendo sus pechos y cintura… Haciendo que Bill no viera dar botes a Thomasin sobre su pene, sino a Tom… Tomi, su hijo, usando esas ropas cortas, o estando debajo suyo, tal cual estuvo con ese abusador, pero no poniendo una expresión de dolor, sino de placer.
Así que Bill se despertaba de aquellos sueños habiéndose corrido por lo mismo, tal cual adolescente, y con el deje de culpa. ¿Qué mierda le pasaba? Era un monstruo. ¿Por qué su fantasía con su mujer se convirtió en una fantasía donde se follaba a su hijo?
Bill se tomaba el té al lado de su cama para recomponerse. También se sentía culpable, terrible en realidad, y más cuando Tom le tocó la puerta, y él tuvo que ir a lavarse y cambiarse de ropa interior para recibirlo.
—Sé que no debo hacerlo, pero lo necesito, papi. Ya sé que estoy grande, pero, por favor, déjame dormir contigo, cada que cierro los ojos, sueño que Liam intenta violarme otra vez, por favor. Sé que el próximo año voy a ser mayor de edad, sin embargo, siempre me diste calma, así que déjame dormir contigo, papi —rogó Tom con expresión dolida y la voz quebrada.
Bill se sintió un monstruos por su fantasía, pero asintió, dejando que su hijo durmiera con él, Tom abrazándolo como cuando era niño, y Bill correspondiéndole al gesto, acariciando su espalda para transmitirle aquella paz que le decía su hijo.
El problema era que las veces que Tom dormía con él, su cuerpo le jugaba en contra, haciendo que tuviera una erección, o al despertar, con su hijo ya habiéndose ido, se sintiera como si hubiera tenido un orgasmo intenso, pero sin haberse manchado la ropa interior, por lo que debía ser sólo su mente de mierda que le jodía.
Los sueños con su hijo no desaparecieron, a veces imaginando a Tom haciéndole una mamada, que era tan nítido que más parecía un recuerdo que algo fruto de su imaginación enferma. Bill ya había tomado consciencia de que no podría decírselo a algún psicólogo, porque lo acusarían de ser un abusador o algo así, porque era su hijo, el cual vivía ajeno a todo su lío mental.
Tom, quien seguía lidiando con su estrés postraumático durmiendo con su papá las veces que pudiera.
…
Cuando Tom cumplió dieciocho estaba sumamente feliz.
—¿Por qué te emociona tanto cumplir dieciocho años, Tom? ¿Ya quieres irte de casa? —bromeó Bill, sonriéndole a su hijo.
—No, papi. No me quiero ir de casa, sino que es muy especial el ser mayor de edad, te abre muchas puertas —arguyó Tom, sonriéndole de vuelta.
—¿Cómo cuáles? —preguntó Bill con genuina curiosidad.
—¿Podemos comer pastel en mi cuarto, papi? —cuestionó Tom.—Ahí podremos hablar más tranquilos sobre las puertas que se abren al ser mayor de edad.
Bill asintió, siguiendo a su hijo con su plato de pastel, no era lo más prudente ni educado comer en el cuarto, pero en realidad por hacerlo una vez al año no habría problema, Bill mismo tenía esa costumbre cuando Thomasin aún vivía o cuando estaban en un monoambiente al Tom ser un bebé, cuando entraron a la habitación del menor, es que Bill se sentó, comenzando a comer, pero Tom dejó su plato en la mesita de noche.
—Vaya, me olvidé traer tu bebida, siempre tomas algo después de comer pastel —farfulló Tom.
—Yo voy, hijo, no te preocupes —respondió Bill.
—No, papi, déjame ir —le dijo Tom, sonriéndole—. Lo haré gustoso —acotó y Bill asintió, sintiendo que no se merecía tener un hijo tan bello y bien portado pese a todo, ya que Tom era quien le ponía una infusión al lado de su cama, junto con su melatonina para conciliar el sueño, era algo que su hijo siempre hacía, no porque Bill se lo hubiera pedido, sino que a su Tomi le nacía ser así de detallista y abnegado con su padre.
Tom salió de su habitación para después regresar con dos vasos, uno que le dio a su papá, y el otro que puso en su mesa de noche, encendiendo la televisión para que se reprodujera una película.
Bill terminó de comer su tajada de pastel y luego bebió el refresco, buscando cambiar el dulzor fuerte del postre con ello. Mientras que Tom se tomaba su tiempo en comer, siendo inusualmente lento, pero no le diría nada.
—¿Y cuáles puertas son las que se abren, Tom? —inquirió Bill, viendo la película sin realmente hacerlo, en lo que sentía un poco de calor, por más que estuvieran en invierno.
Tom estaba mirando a la pantalla, pero sonrió. —Ah sí, me había olvidado mencionarlo, papi —comentó el de rastasㅡ. Que ya puedo comprar cosas que antes no, porque tengo identificación de mayor de edad ㅡsoltó el rubio sin ver a su progenitor.
Bill se jaló levemente el cuello de su camiseta, pensando que quizá se le estaba subiendo la presión, no es que fuera imposible ya que tenía treinta y cinco años, sólo que no es que él sufriera de hipertensión, diabetes o algo así, la verdad era que se hacía un chequeo anual junto con Tom, y estaban saludables, porque desde que nació su hijo, sí es que cambió sus hábitos para tener más tiempo para cuidarlo ya que Tom sólo lo tenía a él.
Lo que sí sabía por lo dicho por su doctor, era que en cinco años le empezaría la andropausia, que era como una menopausia pero en hombres, por lo que Bill empezó a cuestionarse si tal vez la subida de presión era por adelantarse ese proceso.
Aunque Bill, incluso sudando, empezaba a sentirse también… Excitado, sin motivo aparente, pero su miembro estaba endurecido bajo su pantalón, por lo que sujetó la almohada de su hijo y se cubrió la entrepierna, intentando distraerse de ello. Tenía que irse pero no quería hacerle el desplante a su hijo de irse a su cuarto cuando estaban viendo una película por su cumpleaños.
ㅡ¿Querías comprar alcohol? ㅡcuestionó Bill con voz ronca, porque no le había visto alguna botella de alcohol, pero como Tom trabajaba como mesero, quizá al salir de su trabajo quisiera comprarse una cerveza o algo, tal vez beber con sus compañeros de trabajo.
Haciendo que Bill se preocupara pero sabía que era parte normal de que su hijo creciera el que bebiera alcohol, aunque en realidad Tom no mostraba interés ni en ir a fiestas, siendo un chico que prefería estar en casa.
Tom soltó una risa cantarina, que de algún modo hizo que Bill sintiera un estremecimiento al oírlo por una razón que no llegaba a comprender, haciendo que observara a su unigénito.
—Algo parecido, papi —musitó Tom, girándose para verlo y relamiéndose los labios.
Bill sabía que era él quien estaba mal, porque tenía una erección sin controlar en sus pantalones, pero verlo a su hijo haciendo ese gesto, no le ayudaba, por lo que tragó saliva duramente y se giró a un costado. Tom no estaba haciendo nada, sólo era su mente jugándole en contra, con su excitación y haciendo que pensara en cuando Thomasin lo veía de esa forma, o hacía aquellos gestos para seducirlo, pero evidentemente su hijo no lo hacía con aquella intención, sólo riéndose por sentirse probablemente un chico malo al tener un secreto que seguro sería tomar una bebida alcohólica que estaba de moda o algo de aquella naturaleza.
A veces Bill se consideraba un peligro para su hijo, que claro, no era un niño, ya era un adolescente, aunque mayor de edad, pero siempre seguiría siendo su niño, su pequeño Tom al cual vio nacer, al cual cuidó y procuró desde antes de que pudiera caminar, y quién era lo más valioso que Bill tenía en su vida, por lo mismo le aterraba el cómo habían ocasiones dónde miraba cómo hombre y no como un padre vería a su hijo.
Porque en este punto, por más que Tom mismo fuera como su madre, no era tal cual como su mujer, ya no, por más que usara prendas parecidas, tuviera el mismo rostro, color de cabello y peinado, habían diferencias marcadas porque su hijo era un varón, con pecho plano, caderas estrechas y evidentemente pene. Incluso su rostro mismo, si bien era redondeado, no lo era tanto como el de Thomasin, Tom tenía su manzana de Adán, los hombros más anchos, aunque igualmente su hijo no es que tuviera una musculatura del todo trabajada, ya que Bill mismo era más bien delgado, no tanto como en su juventud pero tampoco al punto de lucir como muchos hombres de su edad con panzas cerveceras, estaba lleno de tatuajes, ahora sí se cortaba el cabello negro, y mantenía barba corta, aunque aún con sus piercings, con sus treinta y cinco años, no poseía muchas arrugas más que alrededor de los ojos las típicas líneas de expresión, y él mismo que se percibía el cambio en su organismo.
Pero Tom pues tenía un cuerpo similar al suyo a cuando era joven, sólo que haciendo más actividad física que Bill mismo, algo que Bill era consciente cuando lo veía sin camiseta y en esos shorts… Era un detalle distinto a él, que Tom tuviera los muslos más grandes, parecidos a los de su mamá, y el trasero, bueno, también parecido al de su mujer, por lo mismo es que le costaba verlo en varias ocasiones, porque si bien notaba que su hijo tenía el bulto normal de su miembro dormido pero… Sí se quedaba viendo esos muslos, y Bill trataba de ocultar en lo profundo de su mente de la vez que se frotó contra su trasero.
—¿Te sientes bien, papi? —preguntó Tom, sacándolo de su ensoñación, y Bill enfocó la vista en su hijo, que sí lo miraba pero más ensimismado en sí mismo, y el de rastas acercó su mano hacia su frente.—Estás caliente y estás sudando, papi, ¿te puedo ayudar? —cuestionó nuevamente el rubio con un deje de preocupación en su voz y en su expresión, acercándose más a su padre.
—Debo estarme agripando —mintió Bill, tensándose cuando su hijo se puso más cerca suyo.
—Entonces podrías tener fiebre, papi —sugirió Tom, posando su mano nuevamente sobre la frente del mayor, haciendo que Bill se mordiera la lengua porque ser tocado por su hijo sólo aumentaba el calor que sentía—. ¿Sí ves? Si no tienes fiebre al menos debes tener febrícula, quítate esa almohada de encima, necesitas bajar tu temperatura con un baño —pidió el de rastas, queriendo sacar la almohada de encima de su padre, pero Bill se aferró a ella, tomándolo por la muñeca con la otra mano para evitar que lo sacara.
—¡No! —dijo Bill, no queriendo que Tom le quitara la almohada y viera que tenía una erección.
Tom se fijó en cómo su padre lo tenía sujeto de su muñeca. —Papi… Me estás lastimando —masculló el rubio en un tono apretado que no le ayudaba a Bill, pero soltó su muñeca—. ¿Por qué no me dejas ayudarte, papi? ¿Quién mejor que yo para cuidarte? Soy tu hijo y te amo. Déjame cuidarte —arguyó el de rastas apoyando su mano encima de la almohada, pero sin quitarla, sólo presionando y Bill jadeó.
—No, hijo… Por favor, no me toques, necesito ir a mi cuarto —masculló Bill, cerrando los ojos con fuerza, porque Tom le había estimulado indirectamente el pene con su mano apoyada.
Bill se levantó de la cama, aún con la almohada sobre su entrepierna, pero Tom se paró de la cama, sujetando la almohada de su padre para apoyarse, y se le cayó al piso, haciendo que tanto padre como hijo se vieran y Tom fuera totalmente consciente de que su padre estaba con una erección.
Bill se sentía avergonzado, y tragó saliva.
—No pienses mal, hijo, no sé qué me pasa, esto no es intencional. Iré a darme una ducha, y lo lamento, sé que es tu cumpleaños, pero no podré quedarme —dijo Bill y notó cómo que Tom seguía mirándole la erección, y en vez de alejarse, el menor se acercó hacia su padre.
—Pero te duele, por tu rostro, te duele, ¿cierto, papi? —inquirió Tom mirándole ahora la cara a Bill, con… Un brillo en sus orbes, ¿por qué no notaba asco o extrañeza en su hijo?
Bill era consciente de que le dolía tener el pene erecto, pero, ¿por qué se lo decía eso Tom?
—Sí, duele, pero seguro se me bajará con una ducha —farfulló Bill, y Tom se acercó aún más hasta casi respirar sobre el rostro de su papá, con la mano tentativamente cerca a su bulto.
—Pero puedo ayudarte a que te sientas mejor y te deje de doler, papi —sugirió Tom con ese mismo brillo en sus ojos.
—Thomas, ¿qué estás hablando, hijo? Soy tu padre —soltó tajante Bill, poniéndose nervioso pero manteniendo la compostura porque no era posible lo que estuviera ofreciendo su hijo, que casi iba a tocarlo directamente en su pantalón, y lo vio sonreír… ¿Tom estaba sonriendo?
—No se te va a bajar con que tomes un baño o te la jales, papi —contestó Tom con la misma sonrisa torcida en sus labios, no era una sonrisa inocente era… Macabra.
—¿Qué? —inquirió Bill, no entendiendo a qué se refería su hijo.
—Porque te dije que quería algo especial para mi cumpleaños número dieciocho… Que ser mayor de edad me abriría muchas puertas, y es que no pueden venderle viagra a un menor de edad —respondió Tom con simpleza—. Lo intenté antes, y tristemente me pedían una identificación de adulto sí o sí, pero ahora ya la tengo, la procesé antes para que estuviera lista para hoy y te puse el viagra en el refresco, papi —terminó de decir el rubio con esa misma expresión que estaba atemorizando a su propio padre.
Bill no podía creer lo que estaba escuchando, su hijo… Su propio hijo le había dado viagra, que había intentado comprarlo antes. ¿Eso quería decir que…?
—¿Por qué me drogaste? —preguntó Bill, alzando la voz, con expresión enojada, queriendo que Tom fuera directo.
Tom soltó esa risa cantarina de antes, que lo hizo estremecer, de nuevo. —Porque tú eres mi regalo, papi.
—Soy tu padre, Thomas… —empezó a refutar Bill, sintiéndose en pánico por lo que le estaba diciendo su hijo, pero demostrando una expresión seria que ocultaba lo demás.
—El viagra no te da una erección por sí solo, papi. Así que ahórrate el sermón. Lo que causa es la relajación de los vasos sanguíneos del pene, aumentando así el flujo sanguíneo y facilidad para que se dé una erección, que sin un estímulo sexual simplemente quedaría así como si nada, pero yo te excito, ¿verdad, papi? Lo sé, siempre he notado cómo me miras, por lo mismo es que verme comer pastel, jugar con mi piercing o relamerme los labios hicieron que te excites, y por eso estés así de duro por mí —explicó Tom, ahora posando su palma contra la entrepierna de su padre, dejándolo con la boca abierta, Bill iba a quitar su mano, pero el de rastas lo apretó más, haciéndolo sisear por cómo se sentía bien el que lo acariciaran incluso así, pero estaba mal, estaba pésimo.
—Thomas, ¡basta! —ordenó Bill, empujándolo a su hijo contra la cama y vio cómo él se sentó pero seguía riéndose.—Y deja de reírte, estás mintiendo —masculló porque eso no podía ser cierto.
—No… No miento, ¿por eso te pones así, verdad, papi? Porque no lo hago. ¿O quieres que te recuerde lo que pasó la noche antes de que me pidieras que no durmiera más contigo? ¿Cómo es que te frotaste conmigo? ¿Vamos a fingir que eso no pasó como siempre? Porque sí, accedí a mentirte de que no lo recordé pero claro que lo hice, ¿cómo olvidarlo? Si por fin me estabas acariciando de la forma que yo quería desde el inicio, papi. Te lo dije muchas veces desde niño, que quería tomar el lugar de mi madre. Porque tú siempre me decías que me llamaba como ella, lo mucho que me parecía a ella, que incluso me apodabas así, haciendo de todo para atraer tu atención, porque sólo te quería para mí. Y por eso lo hice… Alejé a todas tus novias, porque lo hice, era verdad todo lo que te dijeron de mí, aunque tú nunca pensaste mal de mí, porque sé actuar como un buen niño por más que fingí estar enfermo tantas veces para que me hicieras caso y dejaras plantadas a cada mujer con quien saldrías… Siempre creyéndome desde que era un infante, y por lo mismo te amé, porque fuiste perfecto, yo sabía que no te veía como el resto hacía con sus padres, porque no podía hacerlo, por más que me cuidaras y dieras todo el cariño, yo quería tenerte como un esposo, como hombre —confesó Tom con la misma expresión enajenada—. Te miré masturbarte con fotos de mi madre o con porno, anhelando que me vieras así… Siempre lo supe, y te lo mencioné en diferentes ocasiones donde pensabas que era tierno cuando no lo era, yo de verdad quería ser tu pareja, que fueras para mí. Detestaba que hablaras de mi madre, porque ella te tuvo, y yo no, incluso muerta seguías estando enamorado de ella. Pero me sirvió ser su hijo para parecerme a ella, para buscar encantarte con ello. Y tú… Bueno, sí atrapé tu atención, ¿cierto? —masculló el de rastas y se rió.—Cada que usaba prendas cortas sentía tus ojos mirándome… Y amaba cómo te ponías cuando me pegaba intencionalmente hacia ti, casi echándome sobre ti, lo notaba, papi, cómo te ponía nervioso. Pero… Seguías sin hacerme algo. Lo cual me enojaba mucho. Entonces… Ya que no podía conseguir el viagra todavía, decidí decirte que era gay, para que comprendieras que podía estar contigo, porque me gustabas, porque por ti supe que era homosexual, no había forma de que viera a alguna mujer si sólo pensaba en ti. No me interesó nadie más… Sin embargo, seguías sin darte cuenta. No notabas que estaba disponible para ti, que me encantabas y eras mi obsesión… Tuve que conseguirme un muchacho, traerlo con promesas de que tendríamos sexo, pero sólo era para provocarte, Liam sólo fue un títere, que lo hice ver como abuso y lloré a voluntad para hacer que pensaras lo peor. Y amé cómo te comportaste como un animal para defenderme, quería que lo mataras, me excitaba pensar lo que eras capaz de hacer por mí, papi. Pero… Pobre Liam, él no hizo nada y se fue temeroso —acotó el de rastas, riéndose.
Bill tenía la expresión aterrorizada escuchando todo el relato de su hijo, cómo es que por años había estado obsesionado con él, y… Todo lo que había hecho, las mentiras, el actuar… Lo que su hijo había sido capaz de realizar. Haciendo un recuento de todo, de cómo él lo vio y cómo pasó en realidad. Las cosas que le dijeron sus intereses amorosos, la manipulación… El que intentara seducirlo, el que Tom incluso hubiera fingido que fue casi violado para que Bill lo salvara, que realmente su hijo quería que se acostara con él, Tom había hecho todo con la intención de conseguir aquello, y su excitación no menguaba, por más que le daba un pavor pensar en lo que era capaz de hacer su hijo que ahora mismo lo había drogado y sí… Bill sabía que su hijo le excitaba, por más que fuera su sangre, que era algo que se había instalado dentro suyo de una forma enfermiza y que Tom correspondía porque había buscado alimentar ese deseo. Ambos estaban mal, eran enfermos. No podía sólo pensar en su hijo como un victimario porque Bill mismo sabía que tenía culpa en ello.
Tom se volvió a poner de pie y se acercó sin tocarlo, pero sí haciendo que Bill retrocediera frente a sus avances.
—Ahora déjame ayudarte, papi. Te prometo que te haré sentir muy bien… El Viagra hará que tengas una erección funcional, con la que podrás follarme por varias rondas… Llevándote por fin mi virginidad. Y espero que ya con ello dejemos este teatro de sólo fingir que no nos excitamos mutuamente, papi. Nadie debe saberlo. Yo nunca hablaré, no tenemos más familia, ¿qué interesa? Incluso podríamos mudarnos a otra ciudad y decir que somos pareja —comentó Tom, relamiéndose los labios—. Yo no soy mi madre, pero me la puedes meter, con la ventaja de que no me puedes embarazar por más veces que te vengas dentro mío sin condón —terminó de decir con descaro.
Bill tensó su mandíbula, sintiéndose totalmente pasmado por la honestidad brutal con la que decía todo esto su hijo… Pero aún peor, al saber que esto le excitaba, el pensar en correrse dentro del trasero de su hijo. Por lo que el mayor se sujetó la cabeza, tratando de cuestionarse qué mierda tenía para no bajarse su libido con la situación en la que estaba, deseando hacer realidad todo lo dicho por el menor como si estuviera bajo un hechizo.
—¡Soy tu padre, no puedes hablarme así, Thomas! ¡No puedo tocarte ni puedes hacerlo! —barbotó Bill, con la vena latiéndole en la sien, por más que estaba con la verga dura en los pantalones, trataba de mantenerse racional, incluso aunque estuviera casi apoyado contra la pared por querer huir del adolescente que sólo rió.
—Demasiado tarde, papi… ¿Seguro tienes muchos sueños dónde te la chupo, no? Sueños que parecen tan reales que lucen como recuerdos… Pues es porque lo son. Sabía que no ibas a negarte a qué durmiera contigo después del abuso que supuestamente pasé, así que cada noche te llevo una infusión de manzanilla junto con tu melatonina, una dosis para que concilies el sueño luego de mucho trabajar. Y lo haces… No es mortal que tomes más de una pastilla, pero sí te hace caer rendido casi desmayado. Por lo mismo trituro y diluyo dos melatoninas en tu infusión, aparte de que te tomas, y… Ahí es que aprovecho para probarte, chupándote hasta que te corres en mi boca. Tenía que calmar mi ansia por ti de algún modo, papi. Dándome más ganas de sentirte dentro, ya no sólo en mi boca, sino en mi trasero, estimulándome la próstata con tu polla gorda y larga, papi. Sólo quiero que tú me llenes, y prometo hacerte sentir muy bien —susurró Tom, mirándole con fijeza, con los ojos oscurecidos en deseo.
Bill fue consciente de todo lo que había estado pasando, que de alguna forma Bill había sido abusado por su hijo, con el cual había fantaseado sintiéndose el peor padre del mundo, cuando su propio hijo tenía aquellos deseos insanos con él. Aún con su propio deseo en su interior, con el calor en su cuerpo, sudando, mientras su miembro palpitaba dolorosamente en sus pantalones.
Era su sangre, su hijo… Esto estaba mal, lo sabía, pero cuando Tom, su hijo, su todo, se terminó de acercar hacia su rostro, con clara intención de besarlo, Bill no lo detuvo, aferrándose a la cintura del más bajo, y Tom enredando las manos en los cabellos cortos de su padre.
Había hambre y desesperación en aquel gesto, con Tom colando la lengua dentro de la boca de su padre, quién percibió la suavidad de los labios de Tom, y cómo es que sus lenguas se movían una contra otra, la forma en que Bill empleaba su piercing de su lengua, y Tom gimió, presionando su cuerpo con el de su padre, haciendo que el pelinegro sintiera la erección de Tom contra la suya.
Esto era real, no era una fantasía, iba a acostarse con su hijo… Y Bill no podía… No, no quería detenerse.
Bill apretó más la cintura de su hijo, en lo empujaba su pelvis con la contraria, sintiéndose sumamente excitado, mientras iba haciendo que Tom retrocediera, hasta caer en la cama con él encima, presionándolo con su cuerpo, y Tom se sentía fascinado por tener el peso del cuerpo de su padre sobre él, tantos años anhelándolo, tocándose pensando en su padre poseyéndolo y por fin se haría realidad.
Tom enredó sus piernas alrededor del cuerpo de Bill, pasando sus manos por debajo de la camiseta blanca, sintiendo su torso, la cantidad de veces que había observado sus tatuajes, luciendo tan sexy desde que él era pequeño, primero con sus cabello largo y look rockero, dónde sus paseos en moto eran lo mejor, haciendo que Tom pensara en su padre follándoselo encima de aquella motocicleta.
Su padre se hacía mayor, pero sólo lo enloquecía más, haciendo que Tom no le desagradara nada de Bill, sólo lo hiciera fantasear más, queriendo ser follado, pero también pensando que su padre sería su novio, su esposo, su todo. Que Tom podría suplirle todas sus necesidades, para que nunca tuviera que buscarse a nadie más.
Bill no podía mentirse a sí mismo diciendo que pensaba en Thomasin al besarlo, porque no lo hacía, y se sentía miserable por lo que diría su esposa de saber lo que estaba haciendo, pero no podía más.
Bill dejó de juguetear con su lengua, mordiéndole los labios gruesos y gozando con el sonido de excitación que emitía su hijo bajo suyo, con las mejillas sonrojadas y luciendo muy complacido. Bill le lamió el cuello, para luego mordérselo, haciendo que Tom gruñera pero se arqueara, con el cuerpo ardiendo en deseo.
Tom no quería cariño, no en su primera vez, quería ansia y desesperación, la misma que él poseía y que su padre mismo tenía, por años de tensión sexual acumulada que Tom mismo había sembrado. Así que estaba satisfecho con la urgencia en la forma en que su padre le chupaba el cuello, para luego quitarle la camiseta y bajar por su pecho…
Tom soltaba suspiros por las lamidas de su padre, o la manera en que le mordió el pequeño pezón erecto, y el rubio siseó, aferrándose a los cabellos cortos de su progenitor.
Luego Bill siguió mordiéndole el talle, las costillas, lamiéndole el vientre, hundiendo su lengua en su ombligo y Tom sentía cómo quería liberar su propia erección.
Bill se separó de él, para quitarse la camiseta y abrirse los pantalones, bajando lo suficiente para que quedara libre su verga erecta, mientras que el de rastas, hacía lo mismo, pero sí bajándose los pantalones por completo para quitarse la ropa interior y abrir sus piernas, sacando el lubricante de debajo de su almohada.
—Puedo prepararme solo, ya que no te has acostado con un hombre antes, es algo que ya probé por mí mismo y sé cómo abrirme lo suficiente para recibirte —arguyó Tom, abriendo el tubo y esparciendo una cantidad del gel sobre sus dedos, los cuales dirigió hacia su trasero, comenzando a penetrarse a sí mismo ante la mirada atenta de Bill, que observaba cómo los dígitos de su hijo hundían en su culo estrecho y virgen.
Bill estaba mal de la cabeza pero se masturbó al verlo, ya no tenía sentido que siguiera mintiéndose a sí mismo, porque incluso a sabiendas de todo lo que había hecho Tom, de algún modo le recordaba a sí mismo, y a Thomasin, cómo es que Bill era capaz de matar por ella, que había asesinado al hombre que intentó violarla, castrándolo a sangre fría, y dándole su pene como regalo a su novia, la forma en que siempre Bill cargaba con una navaja, y cómo Thomasin también poseía ese lado salvaje, golpeando o hiriendo a quien fuera por defenderlo.
Bill había pensado que ese instinto tan crudo que tenía dentro suyo, debía dormirlo al convertirse en padre, haciendo que Tom no supiera de ello jamás, que pudiera ser un mejor hombre con él, sin embargo, su hijo, que llevaba su propia sangre corriendo por sus venas, también le recorría la misma vesanía que tenía Bill y Thomasin.
Thomasin siempre había sido su hogar, y luego lo fue su pequeño Tom, y al final, Bill y Tom sólo se tenían el uno al otro, así que, así estuviera mal, fuera condenable y demás. Bill no iba a seguir luchando contra esa parte que había mantenido dormida por años.
—Déjame ser el buen hijito de papi que siempre quise ser —masculló Tom, echándose lubricante en la mano, sentándose en la cama, para reemplazar la mano de su padre por la suya, embadurnando la extensión de su miembro, con la habilidad de haberlo tocado antes cuando Bill dormía y el mayor lo notaba sintiendo un placer indescriptible sólo por las caricias con fin de bañarlo en lubricante, mientras Tom besaba al mayor con fruición, y Bill le correspondía con ganas, recorriéndole con su lengua su cavidad, haciendo que Tom estuviera tan duro incluso sin tocarse el pene todavía, luego empujó a su padre sobre la cama.
Tom sonrió y empezó a subirse a horcajadas sobre su padre, guiando la erección del mayor sobre su agujero virgen, y el de rastas es quien empezó a penetrarse a sí mismo con la verga de su progenitor, boqueando al sentirlo por fin dentro suyo, sin importarle el dolor, entendiendo que era parte de esto, y aceptándolo como tal, para bajarse por completo sobre su polla.
Bill se aferró a las caderas de Tom, sintiendo cómo es que quemaba como el infierno estar dentro de su hijo, lo cual hallaba irónico al estar haciendo un acto condenable digno del Averno, pero no le interesaba más… La culpa se catapultó en lo profundo de su mente, concentrándose en cómo su erección ardía en aquel apretado sitio.
Tom estaba apoyándose sobre los pectorales de su padre, estando jadeante pero excitado, sujetó su miembro con una mano, y comenzó a dar botes sobre Bill, el cual recordó cómo era con Thomasin cuando ella lo montaba, así que apretó más la cintura de su hijo, que se notaba que aún no sabía cómo hacerlo del todo al ser virgen, y lo ayudó, guiándolo con su fuerza y Tom se arqueó, poniendo los ojos en blanco conforme su padre lo hacía bailar sobre su erección.
Bill estaba enfebrecido por el efecto del viagra, pero también era por el consumar aquella fantasía pérfida que lo iba asediando por años, apretando tan fuerte las caderas de su hijo, la carne que estaba allí, que sabía que le dejaría marcas de sus manos.
Tom no podía estar más feliz, sintiendo la forma en que esas manos largas, y dedos se aferraban a él, en lo que lo guiaban, mientras el hombre mayor, quien había sido su sueño húmedo por tanto tiempo, lo penetraba, empujando su pelvis mientras Tom mismo movía sus caderas para que siguiera dándole profundo, estimulando su próstata mucho mejor que cuando se tocaba a sí mismo con sus dedos.
Tom ponía los ojos en blanco, echaba la cabeza hacia atrás, embebido en su propio placer, pero volvía a ver el cuerpo al que estaba cabalgando, esos tatuajes, esos manos recorriéndole, cada tramo de piel disponible, mientras se acariciaba a sí mismo, y veía los ojos lo unos de su progenitor, que tenía el cabello corto negro despeinado y se relamía los labios, cómo es que había gozado sentir su barba contra su rostro. Tom… Lo amaba, sí, más que a nadie, más que nada, y el saber que ahora su padre no tendría ojos para nadie más, que por fin estaban viviendo lo que siempre quiso, sin tener que fingir, porque no había arrepentimiento en su padre, Tom lo sabía, Bill estaba determinado, por lo mismo era quien elevaba su pelvis con rudeza, mientras su trasero chocaba contra sus testículos, teniendo a su padre tan dentro suyo que sólo salivaba y se masturbaba con más fuerza, con las piernas temblándole ante la intensidad de este momento, que sabía que sólo era el inicio.
Tom apretaba su interior, haciendo que Bill siseara, y lo sujetara más agresivamente haciendo que las estocadas fueran más rápidas.
—¡Papi…! —gritó Tom, corriéndose en su mano, sintiendo cómo estaba demasiado estimulado en su próstata y su miembro que latía contra su palma, cómo es que aquello lo atravesó desde su interior hasta todo su cuerpo, por cada poro, haciendo que su garganta soltara aquel alarido de clímax, de… Por fin hacer realidad su más grande deseo.
Tom asfixió la erección de su progenitor al venirse con fuerza y Bill dio largas embestidas un par de veces más, cuando Tom se dejó caer sobre él, besándolo, es que Bill soltó toda su venida dentro de su hijo, pero manteniendo la erección por El viagra, así que si bien sentía gozo al haberse corrido, todavía tenía ganas de más, mientras el de rastas lo besaba, aún con el pene duro de su padre en su interior, moviendo con suavidad sus caderas, gustándole la sensación de estar así de lleno y con la simiente caliente del mayor allí.
Bill soltó sus caderas para acariciarle el rostro, porque aún se lo quería follar, pero también lo amaba, era su hijo al final de cuentas y lo veía bello con su cara de recién follado.
—Hasta en tu cara de recién follado luces como tu mamá, Tomi —comentó Bill, besándole en la quijada al menor, y el rubio rió.
—Pues voy a darte suficientes nuevas memorias de ti follándome, para que te olvides de mi madre, papi. Y sólo pienses en mí. Que sólo yo puedo ser el único Tomi en tu vida, el único Thomas, no Thomasin ni Tomi por ella, sólo yo, para siempre —soltó Tom con expresión macabra, y lo jaló consigo para que Bill quedara sobre él, aún dentro suyo, con el de rastas abrazándole con sus piernas, empezando a mover sus caderas para alentar a que su padre lo embistiera, incluso si la propia erección de Tom no estaba en toda su extensión, eso se iba solucionando conforme giraba sus caderas estimulando su próstata y acariciaba su propio pene.
Bill lo volvió a besar, apoyándose sobre el colchón y comenzando a mecerse contra él, sintiendo cómo Tom gemía contra sus labios, en lo que el mayor seguía dándole para buscar calmar su ansia, y también los efectos de la medicina…
Cuando pasaron las horas, y con ello el efecto del viagra, Bill y Tom durmieron juntos, con el mayor abrazando a Tom por detrás, tal cual hacía con Thomasin, y tal cual hacía con Tom desde niño, ambos agotados pero manteniéndose en aquel gesto apretado lleno de un amor enfermizo.
Los días siguientes, ya no tenían secretos el uno con el otro, con Bill diciéndole las cosas que hicieron con su madre, y que por lo mismo es que aceptaba esta nueva realidad de que Tom fuera como ellos.
Bill le tomó la palabra a Tom, y se mudaron a otra ciudad donde fingieron ser una pareja casada, por lo cual compartían apellido, y vivieron su cuento de hadas retorcido juntos, en el calor de su hogar.
No era lo más sensato, ni lo más sano, pero eran felices, a su propio modo.