¿No estaba a Salvo?

Summary

"¡Al diablo! ¡Nada esta bien! ¿Porque no dicen nada? ¿Por que no hacen preguntas?—la voz se le quiebra al final, y suplica—¿Porque no me señalan y me culpan? «Ya lo saben...y no quieren ni mirarte» «Alguien tan impuro...» "No tuviste la culpa de nada, no merecías pasar por todo eso. Perdonanos por no encontrarte a tiempo"

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18+

único

Advertencias de Contenido:

• Mención de abuso pasado(nada gráfico)

• Posibles palabras o escenas desencadenantes

• Escenas leves de violencia



La puerta se abre ruidosamente, lo que alarma a los guardianes y a Reborn, que se encontraban en la sala de juntas, entonces corren directamente a la entrada principal para detener o matar al intruso que se haya atrevido a entrar; sin embargo la persona que camina por esos pasillos es la que llevaba desaparecida 5 años y regresa por su cuenta como si nada. Él está silencioso y ellos no dicen nada de la conmoción de verlo de nuevo, y antes de poder preguntar dónde ha estado, Tsuna se encierra en su habitación.

Cierra la puerta con seguro, cierra las cortinas de la ventana y deja que la oscuridad lo coma. Ahora mismo desea con todas sus fuerzas quitarse su ropa mojada por la lluvia que se le pega a la piel y lo hace sentir asqueado; rasgar su piel bajo la ducha que se ve forzado a tomar y aunque ha repetido incontables veces el proceso, la sensación de manos sobre su cuerpo no desaparece.

—Por favor, que se detenga

Solo quiere sentirse seguro y tranquilo, creyó que regresar a casa por sus propios pies lo haría sentir mejor, pero al contrario, se siente vulnerable y lo odia; odia que las palabras de ese hombre tengan tanto poder sobre él aunque hayan pasado dos años de haberlo matado.

«No podrás deshacerte fácilmente de mi, Tsunayoshi. Te perseguiré a dónde sea que trates de huir. Incluso te visitaré en tus pesadillas. Así que no te preocupes, me encontrarás de nuevo»

Silencio. Callate. Callate

Se pregunta porque aunque sus manos ya están manchadas, tiene que seguir recordando cosas tan horribles, porque no puede olvidar las sensaciones, el dolor, la opresión y la humillación.

No sirve. ¡Ojalá no hubiera vuelto!

Aunque duerme con sus cobijas envueltas como cuando era niño y se cubría hasta la cabeza para evitar a los monstruos. Ahora el efecto no hace nada, solo es un joven de 26 años y los monstruos ahora existen en su cabeza y no puede huir de ellos.

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La mañana no es nada tranquila y considerando que los Guardianes trabajaron toda la madrugada para llamar a los aliados de Vongola, abrir investigaciones y tratar de llamar a su jefe, las cosas continúan casi igual a las 9 am. Todos o bueno, representantes de las familias estaban en la sala de operaciones de Vongola , listos para escuchar detalles de lo que ocurrió anoche.

—¿Cómo es que Tsunayoshi apareció de la nada? No supimos nunca su paradero

—¡No lo sabemos!

—¿¡Qué?! ¿No le han preguntado?

—Se ha encerrado en su habitación apenas llego y no ha respondido aunque llamamos— dijo una voz triste

—Esa basura, tiene que...Darnos pistas de dónde ha estado

Tsuna sabe que la ha regado, es su culpa por aparecer sin dar explicaciones, todo es un desorden dentro de su propia mansión y sabe que aunque requieren su presencia, él no se siente preparado todavía de verlos.

“¿Qué van a pensar de mí?”

“¿Qué pasa si lo descubren? ¿Cómo me miraran después?”

“Soy asqueroso, lo se”

Inhala y exhala rítmicamente, no deja que el pánico lo invada todavía, ya lo ha practicado antes. ¿No han pasado ya dos años?

«¿Estás seguro que puedes olvidarme?»

Callate

No hay heridas visibles, no saben nada y a menos que yo lo diga, nadie se enterara. No seas evidente y entonces nadie hará preguntas. Solo mantente calmado.

Entonces Tsuna repasa en su cabeza respuestas ensayadas en caso de que quieran saber sobre la familia que lo tuvo secuestrado, les dará solo información selecta e importante y procurará que las mentiras no se noten.

Se mira sus manos una última vez antes de bajar, no hay sangre, sus uñas ya no están rotas por haberse aferrado al piso, no hay marcas moradas de dedos en sus antebrazos. Solo hay cortes en su cintura y cicatrices en su espalda, pero eso nadie lo notará. No es tan estúpido como cuando era un niño. Ojalá fuera un niño, ojalá todo fuera diferente.

Exhala una última vez y abre su puerta, no está listo para enfrentar al mundo, pero lo intentará.

—Lamento alarmarlos a todos— dice apenas se presenta y sonríe— Entiendo que estuve desaparecido ¿Que les gustaría saber?

—¡Sobre todo!

—Silencio, Byakuran, así no se va tratar este asunto

—¿D-dónde estuviste?— intervino Yuni— No pude encontrarte o sentirte por ningún medio

Tsuna estuvo tentado a rasguñar sus muñecas, un mal hábito que apenas desapareció, pero tenía que aparentar. Ya no hay cuerdas atadas en ellas.

—Los Abatino— cierra sus ojos un momento, quiere evitar a toda costa la voz grasienta de cuando el hombre se presentó— Pero antes de que vayan a buscarlos, su familia quedó destruida, hace dos años, al parecer tenían por enemigo a otra familia de la cuál no supe su nombre, pero destruyeron todo y a todos—mintió.

—¿Es decir que ellos te rescataron?— algo en la voz de su tutor sonaba a desconfianza

—No rescataron a nadie, destruyeron su base y yo huí cuando estaba el caos— Su voz casi se quebraba. Es una mentira, él intentó huir dos veces, y de la cuales se arrepiente, por qué entonces su espalda no tendría cicatrices. Él solo salió de ahí, porque murió.

—¿Entonces dónde estuviste los siguientes dos años? ¿Por qué no regresaste?— Gokudera se escuchaba decepcionado.

Tsuna tuvo que tomar asiento porque entonces sentiría que sus piernas fallarian al tener tantos ojos sobre él, los pensamientos corrian más rápido de lo que podía controlarlos.

«Ellos lo saben. Ellos lo saben. Ellos lo saben. Mentiroso. Pecador. Sucio.»

—Estaba huyendo porque no quería ser objetivo de esa nueva familia — respondió suspirando. Esa no era una total mentira, era verdad que la familia Greco lo había reconocido mientras él planeaba el asesinado de su abusador y toda su familia. No quería estar en la mira de otro hombre, muchas gracias, así que en cuanto ejecutó su plan, se escondió y huyó de un lugar a otro y en el camino mató a más miembros de la familia.

Tsuna tenía un poco de hambre y como nadie más parecía tener preguntas, se levantó para ir a su comedor y ver qué podía comer que fuera ligero.

—Tsuna— llamó su tutor— Bienvenido a casa. Ahora llamamos alguien para que te prepare algo

Dando la espalda, guardo las lágrimas y contesto: Gracias, papá

Fue solo una palabra, pero ellos no tienen porque saber el origen de ello e incluso perdonaría al azabache de que lo haya olvidado, pero para Tsuna fue su salvación de su prisión durante dos años.

Momentos antes de que Tsuna fuera llevado lejos, Reborn había gritado con desesperación mientras solo veía al castaño alejarse:

«¡Iremos a buscarte hijo, te lo prometo!»

Y cuando sus días en cautiverio eran especialmente difíciles, cuando el dolor no se detenía, él repetía:

«Papá vendrá por mí. Yo lo sé»

Y aunque su familia no pudo encontrarlo, nunca dejó de creer que sería rescatado por ellos. No los odia, solo está aliviado de que ese hombre ahora esté muerto.

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Aunque específico que no buscaran a la familia Abatino, Reborn solicito un pequeño grupo de investigación para ellos y para los Greco, en caso de que más adelante fueran una amenaza; la razón que dió a pesar de desobedecer una orden del joven cielo, fue que al pasar los días él podía sentir que algo no estaba bien. Aun si preguntaba si quería ver a un médico, el moreno se negaría, diría que todo está bien y ciertamente lo aparentaba; todo lo qué hacía se sentía como si lo ensayara, las sonrisas, las respuestas, los movimientos, todo lo sentía falso, pero no tenía pruebas.

Habían pasado solo tres semanas de su regresó y todo se sentía irreal. Cada noche, no importaba si tomaba té relajante o pastillas para dormir, en sus sueños él siempre aparecía. Con una sonrisa o sangrando, pero ahí estaba, el mismo hombre que lo hirió por dos años, tanto física como psicológicamente, aquel que se llamó a sí mismo dueño de su cuerpo y lo marco de incontables maneras.

Entonces al despertar de la pesadilla, corría hacia algún bote para vomitar, odiando el hecho de que no pudiera escapar ni siquiera a través de los sueños.

Cerca de los dos años que estuvo huyendo y cazando, estuvo bien, porque las imágenes que invadian su mente eran los rostros de sus víctimas gritando en agonía al ser asesinados por sus propias manos envueltas en flamas. Lo único que soñaba era sobre su venganza, el insomnio no era su amigo.

Ahora lidiar con todo eso, le frustraba en grande, porque significaba que al día siguiente antes de salir de su habitación tenía que ensayar sonrisas y respuestas que no alertarán a su familia. Solo entonces los trozos de recuerdos que venían a veces a su mente, eran lo que lo hacía perderse momentos del presente; si sus guardianes le hablaban o su padre decía algo, Tsuna lo perdía por lidiar con esos fragmentos.

Entonces quizás nunca estuvo listo para salir de esa habitación.

—Tsuna, háblame, sé que algo pasa— le dijo Reborn un día en el que no podía ignorar más la mirada cansada de su hijo.

Aunque las palabras, las respuestas y las sonrisas ensayadas fueran efectivos, sabía que esa mirada perdida no podía ocultarse, esos ojos vidriosos recordando algo doloroso, no eran pasados por alto.

—Estoy bien, solo he tenido algunas malas noches de sueño, pero no te preocupes, ya estoy tomando tés relajantes, Shamal los recetó — se convenció a sí mismo, incapaz de mirar a los ojos de su padre.

«Lo va a descubrir. Que no se entere ¡Que no se entere! Tienes que fingir más ¿Que harás cuándo lo sepa? Va a mirarte diferente. Te mirara con horror.»

«Serás desagradable para los demás, pero para mi, Tsunayoshi, siempre serás preciosa»

Callate ¡Callate!

Las visitas están bien y las reuniones típicas de la mafia puede sobrellevarlas. Lleva ya unos tres meses así y las miradas de cuando habla para informar sobre algún asunto importante, todas ellas ya no le agobian. Sus pensamientos no son tan ruidosos.

Calma. Ellos son conocidos y solo es un rápido informe de misiones

Mientras evite sutilmente el contacto, su padre sigue sin tener razones para sospechar de él, dar la mano o despedirse con un pequeño abrazo, son cosas que Tsuna puede tolerar y controlar, no tiembla porque puede ver sus rostro, las sonrisas son genuinas y es su familia y amigos quienes lo saludan.

Estás a salvo—se convence

«¿Estás seguro? Tsunayoshi siempre seras mia»

Tres meses, Reborn dice que después de verlo comer adecuadamente, puede volver a hacer ejercicio, recuperar su masa muscular perdida y re evaluar sus habilidades de combate y defensa. En teoría, Tsuna sabe atacar todavía, porque de otra manera su plan para destruir a la familia Abatino no hubiera resultado , sin embargo su defensa no es del todo apropiada y la desnutrición se explicó por qué no fue su prioridad comer cuando huía.

Entonces sucede aquel incidente, un día después de entrenar por un rato en el jardín, Tsuna se dirige a la sala de la mansión y se acuesta en el sofá más largo, se tumba y cierra sus ojos para recuperar el aliento y descansar. Los guardianes siempre beben limonada fría, hecha por la servidumbre de la mansión luego de algún entrenamiento, y esa ocasión no era diferente. Chrome había encontrado a su jefe en la sala y se ofreció a llevarle la bebida con una sonrisa.

Por unos instantes se había quedado dormido, exhausto del ejercicio y de no dormir mucho últimamente, entonces escucha pasos ligeros, rítmicos, casi cautelosos y algo de ellos activa algo de sus recuerdos; cuando Nagi extiende su mano para despertar al castaño, él rápidamente gira su brazo, tira a la chica al suelo.

—¡Aléjate!— gritó sintiendo su corazón latiendo en su garganta

Nagi lucha un poco ante la fuerza de su jefe y sin entender todavía su reacción ella trata de nuevo de tocarle su brazo para hacerle ver que es ella.

—¡Dije que no me toques!— Tsuna la repele, perdido en el terrible flashback, enciende sus flamas buscando defenderse (lo que no pudo hacer en el recuerdo), pero en lugar de ser naranjas, sus llamas son rojas y queman a pesar de que Nagi está lejos.

Ella está aterrada, mirando a su jefe desde el suelo y sintiendo como si él fuera capaz de matarla.

Entonces no tardan en llegar los demás a la escena, los guardianes, su padre e incluso la servidumbre miran sin comprender porque Tsunayoshi apunta sus llamas hacia una de los suyos.

—¡¿Qué haces?! ¡Es tu guardiana, baja esa mano!—

—¿Jefe?

Mukuro se indigna cuando el moreno no baja la mano aun cuando ya le han gritado su nombre antes.

—¡Callate! N-no te acerques

Él se detiene cuando la voz del joven castaño tiembla y finalmente nota, como todos, los ojos perdidos y cristalinos de Tsunayoshi. Él no está viendo a Nagi, él está viendo a un hombre que lo lastimó hace tres años.

Nadie sabe qué hacer cuando la niebla femenina finalmente se aleja, pero Tsuna por el contrario se encoge y aunque las flamas se han apagado, siente como si su corazón fuera a salir de su pecho y el aire le es insuficiente.

—No te acerques. No te acerques — murmura entre quejidos.

—Tsuna, escúchame soy yo— Reborn

Intenta con voz queda

—¿R-reborn?

Sonríe ante la respuesta, aunque sabe que el episodio no ha acabado

—Soy yo. Me conoces, estás a salvo — intenta otra vez, acercándose al castaño arrodillado

—N-no puedo, no respiro. Ayúdame — jala aire pero se le hacé imposible

—Esta bien, solo inhala profundo, sostenlo y déjalo ir— instruye, viendo que él no tiembla cuando pone sus manos en su espalda —Lo haces bien, ahora repite

Tsuna obedece y hasta la cuarta vez que lo hace, sin que la mano cálida de su padre se despegue de su espalda, es cuando finalmente el recuerdo se ha desvanecido y siente que puede respirar de nuevo.

—¿Estás de nuevo con nosotros?

—¿Qué? ¿De que – se interrumpe al ver a toda su familia reunida, viendole con temor y confusión. Nagi, más asustada que nunca

—Oh no, qué ¿Que hice? Lo siento – ¡Oh dios, lo siento mucho! Lo siento

—No,no, Tsuna está bien. No dañaste a nadie. Vuelve conmigo — le llama cariñoso, intentando abrazarlo, pero cuidando de no desencadenar nada.

—Jefe, estoy bien, solo nos preocupa

—Tu, tenías flamas rojas ¿Que fue eso?— preguntó su Sol, pero Tsuna negó con la cabeza. No quería hablar sobre eso. Sobre nada.

Reborn sabía que los guardianes tenían preguntas, pero ahora mismo su hijo tenía muchas cosas en la cabeza y podría entrar en otra crisis, así que no podía permitirle seguir ahí.

Más tarde él mismo le preguntaría qué había pasado. Que había visto/ y a quién

—Esta bien, vamos ahora a tu habitación a descansar, luego, si quieres, puedes decirnos —

Ocultando su rostro bajo su flequillo, Tsuna camino hasta su habitación, dirigido con cariño por su padre.

«Ahora lo saben. Ellos saben»

«Te descubrieron. Mentiroso»

«Lo saben ¡Te odian!»

«¿Casi los matas como a mí? Tsunayoshi?»

Apenas llegan a su habitación, el moreno corre a su baño para vomitar en el escusado. Las voces en su cabeza lo marean tanto hasta enfermarlo y es consciente de la mirada de su padre que no se ha ido de su lado. No sabe si estar agradecido por tener compañía o sentirse miserable porque él ya lo ha visto probablemente todo; solo quita unas cuantas capas de ropa y entonces las autolesiones también quedarán expuestas. ¿Qué será entonces?

«Estás contaminado. Ya no puedes ser mas el décimo Vongola»

«Estás enfermo, así no puedes ser jefe. Estás despedido»

«Manchado. Inutil. Sucio»

«Para mi siempre serás útil. Tsunayoshi»

Vomitó por última vez antes de deslizarse al piso del baño. No tiene las fuerzas suficientes para poner las manos antes de caer, solo se deja ir mientras la vista se le nubla con los pensamientos intrusivos corriendo tan rápido que lo abruman.

—callense. Solo callense— su voz se rompe en el inútil intento de calmarse.

Se siente vacío. Todo y nada al mismo tiempo, solo está cansado, lo suficiente para querer dormir y nunca despertar. Todos los días hasta ese día, habían ido bien, sin incidentes, sin sospechas, todo perfecto, pero tenía que romperse. Él se lo había advertido y odiaba recordarlo.

—Tsuna, estoy aquí. Háblame — insistió su padre de nuevo, tomándolo con cuidado para limpiar su boca y sacarlo del lugar.

—No quiero hablar con nadie. No quiero que nadie me mire. Vete— responde entre sollozos, mientras Reborn todavía se queda para depositarlo en su cama y a cobijarlo. Entonces le dirige una última mirada y sale, dandole la privacidad que Tsuna quiere.

Todo está mal, tan mal. Ese ataque, las palabras para defenderse, los murmullos rotos. Dios sabe que paso y no quiere averiguar los detalles, sin embargo es bastante obvio como para ignorar que su hijo sufrió algún tipo de abuso mientras estuvo desaparecido. El tiempo y la gravedad son inciertas, pero fue real y Reborn solo quiere desahogar su ira de algún modo.

Baja con los guardianes, quienes todavía están en trance, procesando lo que vieron y escucharon; afortunadamente no son idiotas y también deducen las cosas.

—Se retoma la investigación, busquen a la familia Abatino, sus antecedentes, sus aliados y enemigos, lo que sea necesario pero tenemos que saber— informó el Hitman con ojos determinados — Y que nada salga de aquí, es una orden.

Nadie iba a decirle a las demás familias, ni siquiera a Enma quien era el mejor amigo de Tsuna, sobre lo que sospechaban de lo sucedido, simplemente investigarán por su cuenta y luego hablarían. Ya estaban hartos, todos, de la triste máscara que su jefe se había puesto desde que volvió y de la cuál no había querido preguntar porque pensaron que eventualmente su jefe les contaría.

Que ingenuos fueron, como iba a decirles cuando él intentaba olvidarlo.

Pasaba del mediodía cuando el joven castaño había decidido salir de su habitación. Él no la había cerrado con llave, lo que pudo haber dejado que su padre entrara y lo obligará comer algo, pero no lo hizo, nadie de su familia rompió su deseo de privacidad. Así cuando bajó, en la mesa del comedor había comida caliente solo para él, pero también estaba el ex Arcobaleno, sentado mirando documentos en silencio, aún cuando tenía una oficina propia para hacerlo.

Tsuna se sintió temeroso de acercarse y recibir preguntas, pero a cambio solo continuó recibiendo más amabilidad

—Iba a llevarte un té si no bajabas, pero me alegra que estés aquí. Siéntate, aún está caliente — le dijo con mirada comprensiva

Solo las hojas de papel y el sonido del bolígrafo al firmar se escuchaban por el gran comedor, ni siquiera el ruido de las criadas al pasar a la cocina. Eso hizo sentir un poco incómodo al castaño.

—¿No vas a preguntarme nada?

—No, yo esperare a que quieras contarme

—Y si nunca lo hago

—Entonces también estará bien. No tengo que ser yo, puede ser Yamamoto o Ryohei

—Pero y si no quiero decirle a nadie. ¡No pasó absolutamente nada, lo juro!

Los ojos onix de su padre eran tan sinceros y duros, pero no le imponían miedo, solo seguridad de que lo escuchaba.

—Te creo, hijo— le respondió con dolor punzante en su propio corazón —Pero algún día querrás decirlo y cuando estés listo estaré yo o tus guardianes, incluso Enma. No importa quien sea, sabes que estás a salvo con nosotros¿Verdad?

Tsuna asiente con dificultad y continúa comiéndo, se le ha enfriado un poco pero solo significa que habló demasiado de algo que a él solo le preocupaba. Su padre continuó en la cocina trabajando, convirtiéndose ahora en un silencio cómodo, pacífico.

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La semana continua como de costumbre, no vienen las preguntas y la mirada de sus guardianes no es de lastima, simplemente preocupación, pero como prometió su padre, nadie lo obliga a recordar algo que no quiere. Entonces sabiendo que su autoengaño no funcionó con ellos, decide que cada vez que tiene pesadillas o tiene miedo, va con quién se sienta más seguro y le pide dormir con él. Normalmente toma a su padre, pero cuando siente que pide mucho de él, va con Mukuro, incluso con Ryohei.

No es porque Gokudera no le de confianza, pero como su niebla y su Sol eran relativamente mayores que él, por dos años, se sentía seguro como ir con un hermano mayor. Entonces ellos se sorprendieron de que el joven de 26 les comentará tal petición, y solo después de la tercera ocasión, ellos se habían acostumbrado.

—¿Qué haces? Porque cuando estoy contigo nunca tengo pesadillas, no sueño con nada

—Es parte de mi trabajo, puedo entrar a la mente para engañarlos y controlarlos, pero en tu caso solo entro a tu mente y despejo todo— explico brevemente, mirando la expresión preocupante de su jefe—No invado tu privacidad, solo uso mis flamas, nada más , Tsunayoshi

—Gracias

Con Ryohei era todo lo contrario, no había noches silenciosas porque el boxeador hablaba y hablaba sobre muchos de sus combates en el boxeo cuando era más joven, hablaba sobre lo que hacía para entrenar o simplemente decía cosas comunes que hizo en su infancia junto a Kyoko. Hablar le ayudó a Tsuna a tener ocupada su mente, escuchando por horas a su Guardián hasta caer dormido, entonces en sus sueños encontraba las mismas anécdotas o simplemente sería un sueño donde Tsuna y Ryohei estarían hablando de más cosas.

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Los meses tranquilos pronto terminaron, cuando vino un ataque enemigo a la mansión Vongola, mientras tenían una reunión con Simon y Millfiore.

Un mes antes los guardianes habían terminado de localizar a la familia Greco y a base de amenazas le sacaron la información necesaria para seguir buscando los cabos sueltos de la familia Abatino. Eran unos pocos, pero luego de perseguirlos durante días habían podido confirmar que estaban eliminados. No pudieron sacarles mucha información acerca de los años en que Tsuna estuvo cautivo, pues eran meros oficiales apenas contratados.

Todavía la familia Greco era investigada y esta vez con ayuda de la familia del peli rojo y el albino.

Las reuniones eran frecuentes con el fin de hacer más eficiente la búsqueda y recuperación de información, ese día tampoco era la excepción y Tsuna también estaba presente, no quería ser el objetivo de más hombres malvados además, de que no podía sentirse completamente seguro estando en casa.

Sucedió antes, cuando salían de su mansión para celebrar su cumpleaños en la mansión de los Millefiore, Byakuran había dicho que quería hacerle un fiesta grande tras cumplir 21; entonces su transporte fue emboscado y en medio de la batalla y la confusión, Tsuna fue arrebatado y llevado lejos, muy lejos sin saber que no volvería años después a ver a su familia.

Su intuición gritaba mucho peligro y en ese momento se levantó de su asiento sorprendiendo a su familia a mitad de la conferencia, era la misma sensación enfermiza de hace cinco años. En el segundo siguiente, el suelo se sacudió y un estruendo le siguió, rápidamente todos dejaron la sala de juntas y salieron al jardín, y ahí a lo lejos se veía una gran columna de llamas rojas.

El corazón de Tsuna latía en su garganta, el miedo erizaba cada vello de su cuerpo al ver el color rojo, la imagen similar lo arrastró al pasado, al recuerdo de cuando despertó de su muerte y sintió una adrenalina potenciar sus flamas del cielo, haciéndolas tan poderosas que pudo salir de sus ataduras.

—¡He venido por ti, Tsunayoshi! ¿Me has extrañado?— ha escuchado esa voz antes y juraría que acabó con ella hace dos años.

Después solo escucho un grito visceral de desesperación que no habían esperado que viniera de Tsuna. Fue aterrador imaginar a su jefe pasar por una angustia tan inmensa que lo llevara a descargar todo en un grito.

—¡No. No. No! ¡Yo te maté, Abatino! ¡Imposible que estés aquí!

—Oh, pero lo estoy ¿No recuerdas qué fue lo mismo que te revivió?— ojos anaranjados se abrieron comprendiendo todo. La misma droga que se usó con él, el bastardo la uso para el mismo.

Se escucha tanto ruido, algo alcanza a distinguirse. Son gritos, pero se escuchan lejanos. “Duele. Duele”– suplican “¡Detente!”

La voz se desvanece y solo quedan jadeos combinados con pesadas lagrimas, trata de respirar pero no lo logra tan fácil. Entonces se da cuenta que eran sus propios gritos rogándole al hombre detenga el dolor, que dejara de torturarlo e inyectarle esa sustancia. Se sintió como si lo quemaran por dentro, cada una de sus venas.

—Eres un hombre Tsunayoshi, no puedes llorar solo por un pequeña inyección — dijo burlón, viendo su rostro

Tsuna se sentía tan cansado, como si el hombre le hubiera drenado sus energías

—¿Qué hiciste? ¿Qué era eso?

—Una pequeña muestra de mi experimento, estoy usándolo en ti y veré a largo plazo como funciona con usuarios de Cielo. Tsunayoshi eres tan preciosa para mi

Después de descubrir que Tsuna era útil para sus experimentos, Abatino intercalaba días en los que le inyectaba esa sustancia en su organismo y otros en los que abusaba de él. Esos días ya no eran aburridos para el hombre, porque encontrado más diversión en distintos tipos de causar sufrimiento

Hasta que anunció que su cuerpo había integrado exitosamente la droga y sus llamas del cielo habían dejado de ser puras; sin embargo su cuerpo estaba muy delgado y pálido, los latidos comenzaron a debilitarse y ser lentos desde que fue sometido a ese experimento. Agregando todo eso, fue imposible para Tsuna defenderse físicamente ante la fuerza abrumadora del hombre. Entonces, mientras llevaba al moreno hacia el último chequeo de la droga, cuando estaba en la camilla y los electrodos lo conectaban a una máquina para ver sus signos vitales, de pronto los lentos latidos pasaron a ser nulos y la respiración del joven se había detenido.

Abatino corrió desesperado por encontrar la respuesta de que su experimento hubiera fallado, cuando llegó junto a la camilla donde estaba Tsuna amarrado, pasaron solo unos segundos para que el lugar quedará destruido.

Regresando al presente, lágrimas amenazaban con nublarle la vista, con el miedo y la ira luchando dentro de él, Tsuna se sentía perdido como si nuevamente fuera vulnerable frente a ese hombre que sonríe triunfal, como si fuera nuevamente dueño de su juguete. Y solo su familia noto esa grasienta mirada fijada en el castaño, a quién le temblaban las manos y sus flamas parpadeaban entre naranja y rojo.

—Veo que lo entendiste, ahora Tsunayoshi, hazme el favor y vuelve conmigo

—¡Jamás!

Ante la negativa, los ojos del agresor se oscurecieron y fue entonces que Reborn y los guardianes se posicionaron rápidamente a un lado de Tsuna, cada uno tenía sus armas listas para usarlas contra el hombre que amenaza con lastimar a su jefe. A su hijo.

—Tsuna, esta vez estamos contigo, solo dinos que hacer— susurró su Lluvia a su lado.

De cualquier trance en el que el moreno estaba, fue regresado rápidamente cuando el hitman colocó una cálida mano sobre el hombro de su hijo.

—Esta vez te protegeremos, estás asalvo

"Seguro. A salvo”

Cuantas veces mientras su cuerpo fue abusado, él había deseado que todo terminara y que alguien viniera a protegerlo, que alguien viniera a impedir que ya no fuera maltratado.

Muchas noches soñó con estar a salvo para que el día de mañana no se repitiera. Sin embargo hoy, finalmente sentía esas palabras con seguridad, sentía que podía creer realmente en ellas.

—Usó una droga para potenciar sus flamas, él era un usuario de cielo, pero era muy débil. Esa droga solo hace que el poder dure de acuerdo a la proporción de sus flamas originales, es decir que durará poco— explica brevemente, siendo cubiertos con una ilusión para que el enemigo no descubriera su plan, además de darles tiempo—Él solo me quiere a mi, asi que seguramente tiene como plan tomarme y huir, no luchará. Confío en ustedes— finaliza con una sonrisa — Gracias

Además del tiempo que les compró Mukuro, Millfiore y Simon ya estaban atacando tanto al jefe como al pobre ejército que trajo consigo. No eran más que personas débiles que no representaron una tarea difícil; lo que sí fue diferente, fue el poder que desprendía el jefe. Las flamas que se sentía como si fueran de cielo, pero eran rojas y quemaban, tenían mucha potencia.

Grande fue la sorpresa del abusador, cuando la armonía de todos los elementos de Tsuna sucedió, entonces como el cielo a pesar de haber sido corrompido, envolvió a cada uno de sus Guardianes y lo protegió de las quemaduras que Abatino pudiera provocarles.

El hombre claramente se sintió impotente, se estaba dando cuenta que la droga que había creado no estaba funcionando; no estaba acrecentado sus flamas, por el contrario entre más las usaba para defenderse, se sentía débil y agotado.

Incluso Tsunayoshi, el juguete que había usado tantas veces, estaba mostrando más fuerza y destreza que él, aunque usó la misma droga con él.

—¡Porque no está funcionando!— gritaba horrorizado por verse cada vez más derrotado—¡Porque no simplemente te rindes de nuevo a mi, Tsunayoshi!

—Creo que te has equivocado. Mi fuerza proviene de mi familia y es obvio que ya no tienes poder sobre mi ¡Ya no puedes hacerme daño!

Tsuna se defendió con palabras para a continuación colocar sus manos en posición para lanzar su XBunner, mientras Mukuro sostenía con enredaderas el cuerpo de Abatino y Nagi detenía cualquier ataque de flamas con control mental. Entonces sus llamas parpadearon y en un momento pasaron de ser anaranjadas a ser de un color rojo escarlata, el ataque fue disparado y alcanzó al hombre, Tsuna pudo sentir como sus flamas lo quemaban y desintegraron, esta vez, no lo volvería a ver. Esta vez, su agresor no regresaría a la vida con ayuda de ninguna droga, porque el jefe Vongola finalmente se había encargado de hacerlo arder en llamas.

Y aunque en un pasado lejano habría odiado la idea de manchar sus manos con sangre, su corazón en este momento necesitaba este descanso, este cierre, por todas esas pesadillas y por todos esos recuerdos. Tsuna merecía esta paz.

Cuando las flamas del cielo se fueron apagando poco a poco, el moreno fue descendiendo hasta quedar arrodillado sobre escombros y tierra, estaba cansado, respiraba con dificultad; pero al acercarse para asegurarse que su jefe estaba bien, escucharon los sollozos, y así hasta que se convirtió en llanto desgarrador, que tal vez ni Byakuran ni Enma pudieron comprender, pero su padre y su familia, si que entendieron el dolor que debía sentir el moreno.

—Tsuna, está bien, ya terminó todo. Volvamos— ofreció su padre, tocándole el hombro

El joven en lugar de reaccionar, sintió la presencia familiar y giró para aferrarse al cuello del azabache y abrazarlo. Necesitaba aferrarse a algo que pudiera hacerle entender que esto era real y que el hombre estaba muerto.

—Y-yo quería...solo quería

—Shhh lo sé, sé que querías terminar con todo, Tsuna, nadie va a decir nada encontra de eso— tranquilizo, mientras acariciaba en círculos la espalda de su hijo

Los guardianes se encargaron de llevar la atención de Byakuran y Enma por otro lado, pidiéndoles un poco de ayuda al ordenar y que la próxima junta se llevará a cabo en otro lugar. Afortunadamente solo el comedor, la cocina y parte de la sala desaparecieron en el enfrentamiento, además del jardín, claro, no había rastro de ninguna flor, aunque eso era lo menos importante. Mukuro colocaría una ilusión y protecciones junto con Yamamoto, para que se detectara cualquier persona dentro de cierto perímetro, entonces con el paso de los días se podía reparar el desastre.

Mientras las cosas se ponían en su lugar abajo, en la habitación de Tsuna, Reborn quería asegurarse que su hijo no hubiera salido herido, sabía que su nuevo tipo de flama quemaba y tenía que saber que no se había quemado así mismo.

—Esas llamas tuyas son tan poderosas ahora, se que puedes aprender a controlarlas, pero no me gustaría que te lastimaras— mencionó, al ver qué llegó a sufrir quemaduras de primer grado que llegaban hasta sus antebrazos

—No volveré a usarlas

—Pero no creo que desaparezcan, ahora formar parte de ti

—Pero no me gustan, odio que esto sea algo que yo no decidí, desearía no tener algo tan peligroso

El azabache activo sus llamas del sol para curar la piel, mientras sostenía las manos de su hijo entre las suyas, mirando atentamente los ojos tristes del castaño. Sabía que el poder le afligía, la abrumadora sensación de que podía salirse de control le asustaba, así como casi lastima a Nagi

—No nos harás daño, estaremos bien, tus guardianes no son tan débiles. El que nos preocupa eres tú— afirma, apagando finalmente sus flamas cuando ve que el color de la piel a regresado a la normalidad

—Tengo tanto miedo, por favor no vayas a dejarme — suplico, abrazando nuevamente al Hitman, hasta que el cansancio lo envolvió y se quedó dormido. Reborn no podía dejar al joven solo, aunque rondará los 26,había pasado 5 años lejos de casa y el tiempo no iba a ser bueno con él, solo podían esperar, ser pacientes.

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No pasaron muchos días después del ataque para que se sintiera vulnerable por haber sido expuesto uno de los secretos que se había esforzado por mantener bajo llave. Era como si luego de la adrenalina viniera el arrepentimiento por no haber sido sutil, sin embargo, como nadie de su familia había reclamado o hecho preguntas, pensó que estaba bien.

—Al diablo nada está bien ¡¿Cómo es que no dicen nada?!

Sus guardianes lo miraron con distintas expresiones durante el desayuno, no esperaban que el joven moreno estuviera enojado con ellos

—¿Por qué no hacen más preguntas? ¡Porque no me señalan y me culpan!— grita aun si su voz se quiebra al final— Casi lastimo a Nagi, les he estado mintiendo y los evito

«Ya lo saben todo, simplemente no quieren mirarte»

«Eres sucio. Horrible. Alguien tan manchado como tu no tendría lugar en ningún lado»

—No tuviste la culpa de nada. Perdónanos por no encontrarte a tiempo — afirma su padre, mirándole aunque las lágrimas del joven le nublen la vista y no puedan notar su sinceridad —No merecias pasar por todo eso

Las lágrimas caen y se detienen al caer en la mesa, las palabras son tan poderosas, le llegan con dureza a su corazón que todavía se siente destrozado por lo ocurrido, por qué todavía no encuentra la manera de afrontar todo.

—¿Y tú qué sabes?— dice con un nudo en la garganta

—Lo necesario para decirte que no estarás solo en esto y hasta que estés listo te ayudaremos de cualquier manera— le respondió, afligido por ver a su hijo con tal carga.

—Ayúdame. No se como hacer para que los pensamientos se detengan, para que deje de importarme demasiado. Solo quisiera olvidar todo ¿Mukuro no puede borrar mi memoria?

Dicho guardián suyo, ya estaba a su lado, acariciando su cabello, así también los demás, lo habían rodeado porque querían abrazarlo y hacerlo sentir seguro. Ellos mismos deseaban poder llevarse su dolor pero eso cómo ayudaría ¿Realmente sería lo correcto?

—Lo que te sucedió importa, no puedes simplemente olvidarlo, pero tal vez decirlo te ayude a liberarte de eso y podamos sobrellevar esto contigo — comenta Reborn y Tsuna siente en silencio, entonces llevando de la mano a su hijo fuera del comedor para ir a la sala, lo sienta a su lado y deja que se cubra con una cobija como un capullo.

El moreno comprende entonces que todo este tiempo no podía hacer esto solo, que por mucho que hubiera querido mantener la máscara de que nada sucedió, al final no le ayudaba en lo absoluto porque guardarse todo lo desgastaba lentamente por dentro, como un veneno, peor que una pesadilla.

Cuando se preparaba mentalmente que decir se dio cuenta que no era tan difícil hablarlo, pero fue complicado empezar desde el principio y decidir si era necesario los detalles. Afortunadamente su familia no esperaba nada de eso, ellos solo querían escucharlo y apoyarlo, iban a creerle y no juzgarle.

Una vez que abrió su boca se dio cuenta que no podía parar incluso si su voz parecía temblar de vez en cuando o si se seca su boca, simplemente tomaría agua y continuaría. Él no miro a nadie a los ojos por vergüenza, aunque para su familia su abuso no representó eso.

—No deberías dejar que ese sentimiento te domine, porque fue ese hombre que hizo tal cosa deshonrosa, saliste de ahi, eres un sobreviviente

—¿Incluso aunque lo mate? Yo dije que no mataría a nadie siendo jefe de Vongola y aún así...

—Nosotros lo hubiéramos hecho de todas maneras, así que no hay mucha diferencia — dijo Mukuro sincero, ganándose una sonrisa del moreno.

—Gracias— susurro cuando finalizó de contar los duros años que había estado cautivo.

Fueron aproximadamente dos años de ser herido y manipulado de muchas formas. Heridas físicas que aún seguían grabadas en su espalda o las emocionales, las cuales estaría luchando contra ellas.

Desafortunadamente para su agresor, experimentar con él y creer que había matado al jefe de vongola, sólo fue el principio de la perdición del hombre; porque entonces potenciar sus llamas del cielo fueron lo que lo ayudaron a escapar y tras planear durante un año su venganza las cosas terminaron.

—Gracias a ti, por tener el valor de contarnos— habló su padre acariciando el cabello castaño de su hijo

Y sentir la calidez familiar, lo llevó a permitirse ser emocional y soltar nuevas lágrimas; porque nadie de su familia le había dicho que no podía hacerlo y porque lo ayudaba a sentirse libre, más ligero y aunque no se llevaba su tristeza del todo, si volvía algo y eso era el sentirse seguro.

—Estás a salvo, estarás bien — recitó como un mantra, queriendo asegurarse que su hijo lo entendiera—Nadie más volverá a hacerte daño.