Solo Yo Te Toco Así (Supercorp Lena G!P)

Summary

Ella es Supergirl. Pero Lena Luthor la hace temblar. Y no esta dispuesta a compartirla con nadie.

Genre
Lgbtq
Author
Dev
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo Único

La fiesta era insoportablemente ruidosa.

Lena estaba apoyada en la barra de CatCo, fingiendo que le importaba el nuevo avance tecnológico presentado por el DEO, pero en realidad, sus ojos estaban clavados en Kara Danvers. Más específicamente, en la manera en que Kara reía —con esa risa de garganta abierta, honesta y luminosa— con un agente recién transferido. Alto. Musculoso. Kryptoniano.

Perfecto.

—¿Otra copa, señora Luthor? —preguntó el barman, y ella asintió sin mirarlo.

Su copa estaba vacía, como su paciencia. Sabía que no tenía “derecho” a sentirse así. Kara no le pertenecía. Técnicamente. Pero tampoco era nada. Había noches —calladas, intensas, perfectas— en las que Kara llegaba a su ático sin decir una palabra, y se acurrucaba entre sus brazos como si el mundo fuera demasiado grande para ella.

Y Lena… Lena la tocaba como si se fuera a romper. Como si Kara Danvers no fuera Supergirl, sino una herida abierta pidiendo cuidado.

Pero esas noches no eran compromiso. No eran promesas. Y Lena Luthor no pedía exclusividad. Excepto que… sí quería pedirla. Cada maldita vez.

Kara se acercó por fin, con los labios curvados en esa sonrisa suya, desprevenida, demasiado dulce para este mundo.

—¿Te estás divirtiendo? —preguntó Kara, apoyando la copa junto a la suya.

Lena la miró de arriba abajo. Vestido rojo ajustado. Labios brillantes. Un mechón suelto cayendo como un susurro sobre su mejilla.

—Me estaba preguntando —Lena dijo con voz baja, casi en un murmullo venenoso— si ese tal Lor-Zod también conoce tu risa así de bien.

Kara se detuvo, frunció el ceño. —¿Estás… celosa?

—¿Y si lo estoy?

Kara se acercó, peligrosamente cerca. Lena pudo sentir su aliento. Calor de sol atrapado en una boca de miel.

—Entonces quizás deberías recordarme por qué sigo volviendo a ti.

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Habitación de Lena

Kara cayó sobre la cama como si hubiera sido empujada por una fuerza invisible, aunque no lo fue. La verdad era que ella quería caer así, con las piernas abiertas, con el vestido rojo subido hasta las caderas, con la mirada hambrienta clavada en Lena.

—¿Te gusta provocar, Kara? —susurró Lena, desabrochándose lentamente la camisa blanca, revelando piel pálida y tensa, cruzada por la sombra de sus músculos—. Sonreírle a ese agente como si no tuvieras a alguien que te conoce hasta los huesos —Lentamente se desnuda con los ojos de Kara viendo con hambre cada centímetro de piel descubierta.

—¿Estás enojada? —Kara alzó una ceja, provocadora.

—No. —Lena se subió a la cama, gateando sobre ella como una tormenta contenida—. Estoy excitada.

El beso fue crudo. Húmedo. Casi brutal al principio, hasta que Kara gimió bajito y Lena aflojó el ritmo, lamiendo con ternura la comisura de sus labios.

Las manos de Lena bajaron por la cintura de Kara, lento, marcando territorio. Kara se estremeció.

—Siempre tan suave conmigo —susurró, con la voz ronca de deseo.

—Porque eres mía —Lena contestó, hundiendo la cara en su cuello—. Y porque me derrites —Lleva su mano a la espalda de Kara cuando ella se arquea y baja el cierre del vestido. Entre besos en todo su cuerpo desnuda a Kara suavemente. Cuando la hubo desvestido, subió nuevamente.

Kara entreabrió las piernas cuando sintió el roce. La presión firme de Lena entre sus muslos. Sus cuerpos se alinearon con un instinto que no requería palabras.

—¿Lista? —murmuró Lena, acariciando su mejilla con ternura mientras se posicionaba.

Kara asintió, sin aliento.

—Siempre estoy lista para ti.

El primer empuje fue lento, cuidadoso. Kara jadeó, arqueando la espalda, cerrando los ojos como si estuviera entrando en una dimensión distinta.

—Ah… Lena…

—Mírame. —Lena la tomó por la mandíbula, suave pero firme—. Quiero que veas quién te hace sentir así.

Kara abrió los ojos. Pura emoción azul. Vulnerabilidad desarmada.

El ritmo se hizo constante, profundo. Cada embestida era un recordatorio. De rabia. De amor. De derecho.

De que nadie más tocaba a Kara como Lena.

De que el cuerpo de Kara reconocía el de Lena como su hogar.

Sus dedos se entrelazaron. Los gemidos se mezclaron. Y cuando Kara tembló bajo ella, con las uñas marcando la espalda de Lena, ésta bajó el rostro y le susurró al oído:

—Solo yo. Solo yo te hago venir así.

Kara explotó como una supernova, la espalda tensa, los labios diciendo su nombre como una súplica:

—Lena… por favor… te amo…

Y Lena, con el corazón latiendo contra el de ella, derramándose en su interior con un gemido ronco, susurró contra su boca:

—Yo también, mi sol. Eres mi única debilidad.

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Semanas después, Kara se presentó en su oficina con una expresión que Lena jamás le había visto.

—Estoy embarazada.

Silencio.

Eternidad.

Y luego Lena, en lugar de asustarse, solo sonrió… con una dulzura que rompía todo su hielo.

—¿De verdad?

—Sí. Y… es tuyo. Bueno... obviamente es tuyo, eres la única persona con la que estuve —Divaga en un poco, enterneciendo a Lena.

Lena se acercó, acariciándole la mejilla. Esta vez, no hubo celos.

Solo certeza.

—Nunca más voy a dejar que nadie te mire como si no fueras mía, Kara Danvers.

—No necesito que me lo digas —susurró Kara, apoyándose en ella—. Ya lo sos todo.

Meses después

El ascensor del laboratorio se abrió, y Kara entró con una sonrisa enorme y una panza redonda que parecía flotar antes que ella.

—Hola, hermosa —saludó Sam, desde su escritorio—. Estás radiante.

—¡Gracias! —Kara respondió con alegría, una mano descansando sobre su vientre.

Lena apareció justo detrás de ella. Bastó un segundo. Bastó ver a Sam sonreírle a su mujer para que los ojos de Lena se entrecerraran apenas. No lo suficiente como para ser grosera. Pero sí lo suficiente como para marcar territorio.

—Hola, Sam —dijo con una sonrisa civilizada, pasando un brazo por la cintura de Kara y dándole un beso lento en la mejilla—. ¿No te parece que mi mujer ya tiene suficientes cumplidos por hoy?

Kara soltó una risita.

—¿Estás celosa de tu mejor amiga?

—Estoy celosa del oxígeno que respira si no estoy yo al lado —murmuró Lena, acariciándole la pancita por debajo del suéter—. Eres mía. Y esa panza también.

—¿Mi panza? —Kara arqueó una ceja, divertida.

—Sí. —Lena bajó la voz, sensual y ronca—. Esa panza la hice yo.

Sam bufó por lo bajo y se retiró con una sonrisa resignada. Kara se dio vuelta para mirar a Lena, entre divertida y conmovida.

—¿Te das cuenta lo ridícula que suenas?

—¿Ridículamente enamorada? Sí. ¿Orgullosa? También. —Lena se arrodilló de pronto frente a ella, como si no le importara ensuciarse el pantalón de diseñador—. ¿Sabes lo que siento cada vez que te miro así, tan llena de nosotras?

Lena besó la panza suavemente, con los ojos cerrados. Kara entrecerró los suyos, en un suspiro.

—Siento que gané. Que el mundo me la jugó difícil, pero me dio esto. Me dio a ti.

Kara pasó los dedos por su cabello con dulzura.

—Me encanta como te pones cuando estoy embarazada —susurró—. Como si fueras capaz de matar por mí… y después cocinarme panqueques.

Lena sonrió contra su vientre.

—Haré las dos cosas. En ese orden.

Kara la atrajo para besarla. Lento. Cómplice. El tipo de beso que dice estamos donde tenemos que estar.

Y cuando se separaron, Lena murmuró junto a sus labios:

—Nadie más te mira como yo porque nadie más te hizo esto. Este milagro lleva mi apellido… y mi corazón.

Kara apoyó la frente en la suya, con lágrimas suaves en los ojos.

—Y tu llevas todo lo que soy.

El parto

La sala de parto del LuthorTech Medical Wing no se parecía a ningún hospital del planeta.

Kara estaba recostada en la cápsula asistida, sudorosa, con las mejillas enrojecidas y las manos apretando con fuerza el brazo de Lena.

Los monitores chispeaban en kryptoniano y los sensores leían variables imposibles para un humano.

—¡No dejen de monitorear el ritmo cardíaco! —gritó Lena al personal médico—. ¡Y que nadie la toque sin que yo autorice!

Una enfermera se acercó con un analgésico de contacto y Lena casi le rompe la muñeca con la mirada.

—¡Le dije que yo me encargo! ¡Salga!

—Lena… —Kara murmuró con la voz entrecortada, entre una contracción y otra—. Estás espantando al personal…

—No me importa si tengo que parir yo misma, Kara. Nadie más te toca así. Nadie más te cuida como yo.

Kara soltó una risa temblorosa, que terminó en un jadeo.

—Eso fue sexy y aterrador al mismo tiempo…

—Es mi especialidad —susurró Lena, limpiándole el sudor de la frente con una ternura que no se podía fingir—. Eres mía, Kara. Tu y esta bebé. Y no voy a dejar que nada les pase.

Kara gritó, y Lena apretó su mano con fuerza.

Un último empuje.

Un gemido profundo.

Y luego… el sonido más hermoso del universo.

El llanto de su hija.

Lena se quedó congelada, con los ojos muy abiertos y húmedos. Cuando colocaron a la pequeña sobre el pecho de Kara, la científica más brillante del mundo se desmoronó.

—Es hermosa… —susurró Kara, agotada, acariciando la cabeza de su hija—. Lena, mirala…

Lena cayó de rodillas al borde de la cama, como si el peso de la emoción le quebrara las piernas.

—La hicimos nosotras —susurró—. Es… es perfecta.

Kara la miró, débil pero feliz.

—¿Cómo la vamos a llamar?

Lena trago saliva. Se acerco y beso la frente de ambas, con los dedos temblando.

—Lyra. Fuerte. Brillante. Como tu. Como ella.

Kara sonrió.

—Lyra Luthor Danvers. Me gusta.

—Luthor primero —dijo Lena con una sonrisa pícara—. Para que sepan que nadie se puede meter con nosotras.

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Era de madrugada cuando Lena volvió a la habitación, después de apagar todos los teléfonos y echar a los médicos “por hablar demasiado fuerte”.

Kara dormía en la cama, con la pequeña Lyra envuelta sobre su pecho, ambas respirando sincronizadas.

Lena se quedó en la puerta, sin atreverse a interrumpir la escena más hermosa de su vida. Se apoyo en el marco, cruzó los brazos, y la emoción le apretó el pecho.

—No hay invento, ni premio, ni imperio que se compare a esto —susurró, apenas audible—. Me diste todo un universo, Kara.

Se acerco, despacio, y se sentó en el borde de la cama.

Beso a Lyra en la cabeza. Beso a Kara en la sien. Luego les susurro a ambas:

—Voy a protegerlas. A las dos. Con cada átomo de mi cuerpo.

Kara, medio dormida, murmura:

—¿Estás llorando?

—No —mintió Lena—. Solo se me metió una supernova en el ojo.

—Lena…

—¿Sí?

—Gracias por no soltarme nunca.

Lena acaricio a su hija con devoción.

—Gracias por elegirme. Las dos.

Y esa noche, mientras el mundo seguía girando, Lena Luthor durmio abrazando lo único que realmente importaba.

Su mujer.

Su hija.

Y el futuro que nunca pensó que merecería.