Introducción
Qi Feibai era un pingüino que, a pesar de ser adulto, nunca había encontrado una compañera con la que tener polluelos. Hasta que un día se encontró reencarnado en el cuerpo de un omega.
La alegría de Qi Feibai no tuvo límites:
—¡Ya no necesito buscar pareja, puedo tener a mis hijos yo mismo!
Tras una cuidadosa selección, puso sus ojos en el presidente del Grupo Guan. Sin embargo, lo que Qi Feibai no sabía era que el presidente Guan tenía un defecto genético que le impedía marcar omegas o tener descendencia. Él solo veía a un hombre guapo, inteligente, culto, con buen cuerpo y en forma: ¡la viva imagen de un semental!
Entusiasmado, Qi Feibai le ofreció una cesta llena de piedras como regalo de cortejo:
—Señor, ¿quiere tener polluelos conmigo? Soy un omega dulce con olor a coco.
Y entonces, lo echaron a patadas por la puerta.
¡Pero un pingüino como él no se rinde fácilmente! Tras mucho esfuerzo, ¡finalmente logró conquistar el corazón del presidente Guan!
El presidente Guan era un hombre apasionado, tanto que le llevó siete días y siete noches marcar por completo a Qi Feibai. Al octavo día, Qi Feibai, rebosante de felicidad, salió corriendo, sujetándose la barriga. Y un mes y medio después, Qi Feibai puso un huevo de pingüino y la prueba de embarazo reveló que esperaba otro bebé.
Qi Feibai: !!!
Al mismo tiempo, debido a la marca permanente, fue llevado a casa de la familia Guan. Allí, el hombre del que se había “aprovechado” observaba, con el rostro sombrío y una vena palpitándole en la sien, la abultada barriga de Qi Feibai:
—Te marqué hace menos de dos meses, ¡¿y ahora vuelves con un embarazo de cinco?!
Temiendo por su vida, Qi Feibai le mostró el huevo de pingüino con las manos temblorosas:
—No te puse los cuernos, solo estaba incubando mi huevo de pingüino.
El Grupo Guan y la Televisión Nacional se unieron para producir un reality show sobre el mundo laboral. Los espectadores descubrieron que el presidente Guan, apodado como el soltero número uno de la ciudad, llevaba consigo un huevo de pingüino al trabajo todos los días y que su oficina contaba con equipos de incubación.
Mientras todos se preguntaban por qué el presidente Guan tenía esa peculiar afición, el huevo se abrió y un pequeño pingüino nació. El polluelo era gris y adorable, pero sus ojos... ¿por qué se parecían tanto a los del presidente Guan?
Jajaja, no es posible que el presidente haya tenido un hijo con un pingüino, ¡¿cierto?!