I- Creer
Toda mi vida he creído en los cuentos de hadas, soñando despierta, creyendo con el corazón abierto en que algo mejor me podría ocurrir, que tenía que haber algo más, algo... Pero con el paso de los años veía cómo todo se iba deteriorando, lo poco pero valioso que tenía, se fueron mis ilusiones, sueños, y esperanzas en una vida mejor; sólo quería saber algo antes de tomar una decisión, ¿qué es el amor? ¿Seré capaz yo algún día ser parte de algo hermoso, o eso tampoco es para mí? Con el paso de los años también perdí las esperanzas en ello, esas cosas no podrían existir, me decía. Solo era otra vana ilusión, un espejismo tal vez; cada que me interesaba en alguien ocurría algo, que si se tenía que ir, otro que podría ser mi papá y otro que tenía novia y ya se iba a casar, todo eso en el transcurso de los 13, hasta mis actuales 21 años. Aunque claro, siempre hay una excepción... Era otro día gris para mí, aunque yo ya sabía que tenía que confiar en Dios, algo que mi madre nos inculcó desde pequeños a mis hermanos y a mí, me seguían ganando mis tendencias oscuras, como de Pizarnik, me identificaba mucho con ella yo... Así que era otro día gris para mí, había salido el sol, pero hace mucho que ya no lo hace en mí, me levanté para ir a trabajar a un lugar nuevo en el que me habían contratado, un restaurante reconocido. Saliendo de mi casa no pude evitar mis conocidos "nervios", me temblaba todo y solo quería devolver lo que acababa de desayunar, con dificultad, pero bueno, ya era algo normal en mí, desde siempre, probablemente siempre ha existido en mí este miedo a existir. Llegando al lugar no pude evitar ser negativa, qué me podría esperar más que cansancio y explotación laboral? Pues bueno, la vida siempre ha sido así de loca, cuando menos lo esperas, sucede algo que llega a cambiar toda tu vida. Y hasta tu forma de pensar.
24 de enero, 2024.
Era yo de nuevo, en un lugar nuevo. Entré a las 10 de la mañana, así que el sol dejaba su resplandor por los grandes ventanales del restaurante, viéndose hasta celestial, mientras que en mi interior sólo existía caos. Cuando llegué me dio el recorrido un señor, por ordenes del gerente, conocí el lugar, algo apretado. Yo venía para cajera, así que después me llevaron a mi zona, ni siquiera me dirigieron la mirada, vaya compañeras me tocaron, y eso que le dijeron que me iba a tener que enseñar, resulta que solo una era de la misma zona, la que me iba a enseñar qué hacer estaba de vacaciones. Vaya, qué buen día (nótese el sarcasmo), seguí parada en el lugar que me habían asignado, cual muñeco de mostrador, decían que tenía que ver cómo lo hacía ella para poder hacerlo bien yo, vaya, que grandiosa idea. Así que me quedé ahí, al parecer sí me podía ver, empezó a decirme el acomodo de las mesas y cómo se trabajaba ahí. La gente en los comentarios del sitio web del lugar solían decir que parecía un orfanato, tenían razón, solo es un piso y solo se ven mesas y mesas por hileras, un lugar no muy grande, gente chocando codos por el reducido espacio entre mesas, qué horror. Pero bueno, era buffet, a la gente solo le importaba la comida, no si se podía escuchar todo lo que hablaban y no tenían espacio personal.
Seguí yo ahí, mirando por el ventanal a la distancia de la entrada, donde nos encontrábamos las cajeras. Cuánta gente se veía transitando, pues claro, era el centro de la ciudad, gente venía, gente iba, hasta que... ¿Quién es él? Ni siquiera estaba cerca, estaba del otro lado de la avenida, ni siquiera sé cómo lo vi, pero es que, esa presencia... ¿Es un ángel acaso? Probablemente Dios ya me quiso escuchar y ya vino por mí, qué gusto, tanto tiempo pidiéndole estar con Él, al fin.
Ah caray, porqué trae el mismo color de camisa que la que traigo... No me digas, ¡¿trabaja aquí?! ¿No trabaja para Dios? Caray, creo que no. La entrada para los trabajadores era por un lado, y el restaurante tenía ventanales en sus dos paredes que daban hacia afuera, así que pasó por el ventanal de mi izquierda. Pero qué blanco, qué resplandor, vaya, qué guapo. ¡Ay, también me ve! Pero, ¿por qué me siento así? Y, ¿por qué se me hace familiar? No es cierto, sino nunca lo hubiera olvidado, mira ese ángel. Y por qué mi voz interior me dice: "es él", qué, ¿quién es? - Ya va para al lado, va a entrar, actúa normal. Me decía en mi interior.
Sabe quién sea, pero lo quiero conocer.