¿Cómo sobrevivir a una película de terror si eres una rubia tetona? (Toll)

Summary

Inspirado en la película Scream (1996) y un dibujo de Alejo. Rubio tetón es follado por un asesino, míralo en www.tombottomxxx.com

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:


Dibujo de Alejo que me inspiró a escribir esto:

Tom siempre había sido un fanático del terror. Su padre tenía la costumbre de ver películas a medianoche, con la finalidad de estar solo, ya que su madre no le gustaban esa clase de filmes, sin embargo, Tom como todo niño curioso, al escuchar ruido a sus seis años, es que bajó a la sala, fijándose cómo su padre veía Pesadilla en la calle Elm, y se quedó en la escalera, terminando de ver la película, a escondidas de su padre.

Tom, en vez de sentir miedo, que sí, tuvo un poco de temor, pero más era la emoción y cómo le gustaba la sensación de miedo dentro suyo, así que cada noche de los sábados hacía lo mismo de mirar a hurtadillas desde la escalera, las películas que pusiera su padre.

Hasta que en una ocasión, Jörg lo descubrió, riéndose y pidiéndole que se sentara con él en el sillón, manteniéndolo como un secreto de mamá. Aunque Tom se sentía muy feliz de compartir ese tiempo con su padre, igualmente amaba más ver películas de miedo.

Conforme fue creciendo, su amor por el terror se aplicó a todo, buscar libros alusivos, cómics, y tener una fascinación por los asesinos seriales, averiguando sobre sus vidas, viendo documentales, y teniendo incluso crush con más de uno, porque sí, Tom sabía que era homosexual desde que le atrajo Johnny Deep en la película de Freddy Krueger.

Mientras que unos miraban a las rubias tetonas que siempre salían en las películas slasher, Tom se emocionaba con el asesino, deseando ser una rubia atravesada por el arma de uno de ellos, no pensando que morirse, sino más bien excitándose con la idea de ser cogido por un personaje de una película de terror.

Georg, su mejor amigo, le había bromeado una vez, cuando estaban viendo las típicas maratones de terror con Tom, siendo ya ambos adolescentes: —¿Sabes qué deberían hacer esas rubias tetonas? Ofrecerles sexo al asesino o ser sobrenatural de turno, de ese modo, él no las mataría.

Tom encontró aquel comentario un tanto desatinado, y puso los ojos en blanco.

—Reduces al intelecto de un asesino serial a sólo tener ganas de coger, cuando su sed de sangre es mayor —replicó Tom, porque claro, él quería ser cogido por uno, pero sabía que fuera de una fantasía, no podía darse.

Georg rió.

—Al final de cuentas el asesino sigue teniendo pene, sea humano o no —arguyó Georg.

Tom chasqueó la lengua, decidiendo que no le seguiría aquella charla, ya que él sabía que muchos violaban sin problema a sus víctimas, y aún así, los asesinaban, así que no le veía el sentido a que aquellas rubias con busto abundante le ofrecieran sexo a cambio de salvarle la vida.

El tiempo pasó, Tom mantenía para sí mismo su fascinación por el terror, fantaseando todavía con lo sexy que sería ser cogido por un hombre alto, con un arma ensangrentada, teniendo por lo mismo… Elecciones cuestionables en cuanto a parejas, metiéndose con chicos que eran banderas rojas por completo, que usaban motos, eran delincuentes, y si bien no eran asesinos, sí hacían muchas cosas que definitivamente no estaban bien, ni eran legales.

Pero Tom, tuvo que dejar ese sueño atrás, enfocándose en su carrera de periodismo, despidiéndose de los chicos malos, y él haciendo ejercicio formando un cuerpo atlético, en lo que estudiaba, y tenía sexo casual con algún muchacho de su edad, o mayor, era más fácil sólo acostarse una sola noche con un hombre que montara una harley, tuviera una casaca de cuero, y muchos tatuajes a tenerlo como novio que le terminaba robando sus cosas o siendo infiel con muchos hombres (o mujeres).

A sus veinticinco años, Tom ya había terminado la carrera de periodismo, y tenía un empleo en el periódico Bottomer, siendo el encargado de hacer investigaciones, y redactar artículos sobre alguna noticia de momento, principalmente las que incluían asesinatos o muertes por alguna clase de accidente, así fuera algo triste para las familias de los fallecidos, era cosa de todos los días que siempre hubiera casos nuevos de muertes.

Aunque Tom, no se alegraba por ello, sí sentía mucha curiosidad cuando salía un asesino serial nuevo, por lo que cuando empezaron las muertes de un asesino en particular… Que pues, los sobrevivientes decían que lucía como la muerte, porque llevaba una túnica negra con capucha, era alto, y tenía una máscara de fantasma, siempre empleando un cuchillo de caza Buck 120, y pues Tom, si bien mantenía una expresión neutra al hablar con los sobrevivientes, de algún modo se excitaba pensando en “Ghostface”, ya que así le habían apodado.

Porque a él le gustaban altos, con cuchillo dispuesto a apuñalar… Y así de sanguinarios, aunque claro, en realidad Tom sabía que debían meter preso a aquel hombre, sólo era su lado oscuro el que se excitaba pensando en aquel asesino.

Las víctimas de las muertes, normalmente quedaban irreconocibles, se notaba que Ghostface era un sádico, que disfrutaba lo que hacía, mutilando, cercenando, no teniendo un patrón entre las víctimas, no se parecían entre sí, habían hombres, mujeres, jóvenes y mayores, y Tom a veces trataba de adivinar qué habría dentro de la mente del asesino, ¿tal vez sería un novato? Quizá lo era, aunque no había sido descubierto aún, o tal vez sólo disfrutar matar y ya.

Tom estaba escribiendo en su laptop un artículo, precisamente sobre la última víctima de Ghostface, cuando el teléfono sonó, haciendo que él soltara un suspiro aburrido, porque, ¿quién llamaba a su teléfono fijo? La mayoría lo contactaba por celular. Igualmente sacó el teléfono inalámbrico, notando que no salía el nombre en el identificador de llamadas, era privado, y se lo ponía el oído.

—¿Bueno? —inquirió Tom, que estaba con un chonguito en el cabello, su barba corta, en su ropa de casa, una camiseta sin mangas que era transparente y con una abertura grande que hacía que se notaran sus pectorales por el ejercicio, junto con sus pantalones de chándal, el típico outfit para estar en casa sin esperar visitas.

—Hola, Tom. Quiero jugar contigo —habló una voz distorsionada, y el castaño frunció el ceño.

—¿Es esto alguna clase de broma? —preguntó Tom, fastidiándose, ¿sería Georg con sus payasadas? ¿O por qué querrían jugar por teléfono con esa voz modificada?

Escuchó una risa del otro lado.

—No, realmente quiero jugar, Tom. Así que dime, ¿cuál es tu película de terror favorita? —cuestionó la voz distorsionada del otro lado.

Tom sonrió, pensando que si la intención de este payaso bromista telefónico era asustarlo, pues iba a fallar ya que él amaba las películas de terror.

—Pues me la pones difícil, ya que mi género de película favorito es el terror. Pero diría que Halloween —respondió Tom, en lo que se sentaba nuevamente frente a su laptop.

—¿Cuál de las doce películas? —interrogó el interlocutor.

Tom bufó. —Ay, por favor, perdóname por ser un purista, pero me refiero a la del 1978 —respondió el castaño, sonriendo

Volvió a escucharse lo que parecía una risa macabra por la forma en que estaban empleando una app o lo que fuera para comunicarse. Y Tom se sentía algo intrigado.

—Vaya, muy interesante y curioso, aunque no me sorprende, Tom. Por toda la colección de películas de terror en físico cuando es algo descontinuado en la realidad, y también el estante con figuras de acción edición coleccionista de personajes de terror que tienes, ¿cierto? Eres un amante del terror por naturaleza, un purista —comentó la voz, y Tom puso los ojos en blanco.

—Si tu intención es asustarme, estás fallando estrepitosamente, esfuérzate más. Si sabes mi nombre, y número de teléfono fijo, es que evidentemente ya sabes cuáles son mis redes sociales donde fácilmente puedes tener acceso a toda esa información con fotos donde estén mis estantes —farfulló Tom, sintiendo que esta persona quería pegarle un susto pero cuando ese payaso iba a de ida, él ya iba de vuelta.

—Oh, Tom, Tom, Tom… Tan en control de ti mismo, creyéndote el poseedor de la verdad, como un buen periodista. Pero no, Tom, estás equivocado. Es curioso el pensar cómo puedes volverte protagonista de tu propia película de terror —musitó esa voz.

—Oh, claro, porque seguro estás aquí mirándome mientras converso contigo —soltó con sarcasmo Tom.

—Precisamente, Tom, estás a punto de vivir la misma persecución de Laurie realizada por Michael, la diferencia es que aquí no habrá más partes… Porque me encargaré de cortarte los párpados, para que no parpadees cuando te esté apuñalando, Tom. Anhelo ver la vida exintiguiéndose de tus ojos, y quedarme manchado con tu sangre —masculló en tono amenazante la voz.

Tom volvió a poner los ojos en blanco. —Oh, sí, ¿entonces debo suponer que eres Ghostface, no? —inquirió el rubio oscuro, a sabiendas de que este payaso sólo quería espantarlo, ¿tal vez era un admirador del asesino y por eso quería darle un susto? Creyendo que con eso dejaría de escribir sobre sus casos, era su trabajo, así que evidentemente no caería en provocaciones de jóvenes sin quehacer.

—Bingo, Tom —respondió Ghostface, comenzando a reír nuevamente.

—Sí, bueno, mira, ya me aburrió tu juego, así déjame terminar mis pendientes y busca a quien más hacerle creer tu idiotez —se quejó Tom, colgándole, retomando su redacción en su laptop.

El teléfono volvió a sonar, pero esta vez su número móvil, Tom sujetó el celular, fijándose nuevamente que salía como privado, y frunció el entrecejo.

Se preguntaba cómo había dado con su número personal, ya que su teléfono fijo era más fácil de conseguir que su número celular.

“Estos fanáticos de Ghostface sí que están obsesionados al punto de acosar por defenderlo”, pensó Tom, a él mismo lo excitaba Ghostface, pero no al punto para buscar defenderlo, acosando a gente o amenazándola, no comprendía ese nivel de fanatismo acérrimo, por lo que no contestó, y volvió a sonar, Tom no podía apagar su teléfono, podría silenciarlo, pero una parte suya, disfrutaba en parte este teatrito.

—Hola, Casper, ¿no te vas a cansar? —cuestionó Tom burlón.

—¿Cuál es tu segundo nombre Tom? —inquirió la voz distorsionada de antes.

Tom sintió un poco de ansiedad, porque él no ponía en ninguna de sus redes sociales su segundo nombre, ni siquiera al poner su nombre como periodista en los artículos de su trabajo. Ese payaso estaba burlándose de él definitivamente, haciendo una tentativa de querer adivinar que tenía un segundo nombre y no le daría el gusto.

—No tengo segundo nombre —mintió Tom.

—¿Entonces qué significa la “N.” después de tu primer nombre y antes de Kaulitz en tus diplomas de kínder? —preguntó la voz, y Tom se paralizó, sujetando su teléfono, en lo que se dirigía hacia su habitación, abriendo la puerta del clóset donde estaban sus diplomas de infante junto con otros documentos no había forma alguna de que alguien tuviera acceso, pero… No había nadie allí. Tom se dio cuenta que esto no era una broma, escuchó la risa del otro lado.—No dije que estaba allí ahora, Tom —acotó Ghostface, el verdadero asesino, no un fanático, Tom tragó saliva con fuerza.

Ghostface se había metido a su casa, y seguía observándolo de algún modo, Tom se giró a ambos lados, sin fijarse que hubiera alguien, ¿entonces tenía cámaras? Se estremeció al notarlo, una parte suya excitada porque le gustaba el asesino, pero otra parte… Notando que podría morir realmente, no como en sus fantasías siendo follado, sino ser genuinamente matado por un asesino serial.

—¿Por qué quieres saber cuál es mi segundo nombre? —inquirió Tom con la voz trémula.

—Porque quiero saber a quién estoy mirando, Tom. Porque igualmente lo sabré en tu obituario, pero creo que sería poco amable sólo saber que eres Tom N. Kaulitz, mi próxima víctima y no tu nombre completo —respondió Ghostface—. ¿Ahora me seguirás diciendo Casper? —Tom pudo sentir el tono burlón incluso aunque estuviera con la voz modificada.

—Te colgaré y llamaré a la policía —amenazó Tom, sintiéndose sudar frío en ese momento.

—Yo que tú no haría eso, Tom, es tan grosero —musitaron pero… Ya no desde el teléfono, sino detrás del rubio oscuro.

Tom soltó el teléfono, alzando las manos en señal de rendición, porque notaba que la voz modificada que venía desde atrás era la misma del teléfono. Tragando saliva, en lo que sólo podía imaginarse que el asesino serial estaba detrás suyo.

—Mira, no te tengo miedo del todo. Puedes llevarte mis cosas de valor, y yo sigo sin verte, tampoco es que pueda hacerlo con tu máscara, así que sólo vete, no sé, mata a alguien más si no quieres dinero, que en sí dudo que lo quieras porque no has robado algo a alguien antes. Si es porque escribí de tu caso en el periódico, tienes que entender que es mi trabajo. Así como tú matas, teniendo algún tipo de gratificación por traumas de infancia, venganza o sólo deseos sádicos, yo necesito trabajar porque eso me genera ingresos que me dejan vivir. Así no escriba sobre ti, lo harán otros, por lo que no te ayudaría en nada que me mates —replicó Tom, intentando razonar con él.

Escuchó la risa detrás suyo.

—No me interesa ni el dinero, ni callarte para que no escribas sobre mí, Tom. Amo que escriban sobre mí… Sino que me pareció interesante las acotaciones que hacías en tus artículos, quería saber quién era ese hombre que demostraba algún tipo de admiración por mi trabajo. Y te vi, Tom. El periodista de veinticinco años, fanático del terror y de asesinos seriales, y quiero sentir tu miedo, quiero sentir tus entrañas… Quiero que me veas matarte y hacer una versión contigo de Halloween donde sí mueras —barbotó Ghostface—. Así que a la cuenta de tres… Te daré una ventaja para que huyas… Antes de que te atrape y, ¡cumpla la fantasía de meter algo en ti, Tom! —soltó el asesino para luego reírse, haciendo alusión a un doble sentido porque sería atravesado por su cuchillo de caza.—Uno… Dos… ¿No planeas moverte, Tom? ¿Dónde quedó tu instinto de autopreservación? —masculló para luego chasquear la lengua.—Vamos, Tom… No seas la rubia tonta tetona de la película de terror —se quejó el asesino.

Tom parpadeó, notando lo que había dicho Ghostface… Que quería metérsela, el cuchillo pero igual, y que no fuera la rubia tonta tetona de la película de terror, recordando la charla que tuvieron con Georg cuando eran adolescentes.

—¿Sabes qué deberían hacer esas rubias tetonas? Ofrecerles sexo al asesino o ser sobrenatural de turno, de ese modo, él no las mataría.

¿Sería posible que el pensamiento estúpido de su mejor amigo sí aplicaría para una situación real? ¿Que quizá Tom había sobrestimado la inteligencia de los asesinos creyéndolos no fáciles de sucumbir ante sólo coger con alguien? ¿O por qué Ghostface haría esas referencias? El cabello de Tom lucía como castaño, pero era más bien un rubio oscuro, que con el paso de los años es que se oscureció a como era cuando era un niño, con los cabellos más claros, y claro, no era una mujer, ni tonto ni… Sus pectorales, en realidad no eran senos, pero por el ejercicio eran notorios, y más en la prenda con transparencia que tenía encima suyo. No es que Tom no le excitase el coger con Ghostface, aunque era curioso cómo incluso sin saber cómo lucía su cuerpo o rostro, igualmente le excitaba, había sido algo que siempre había tenido, atracción por asesinos seriales, reales o ficticios, entonces tal vez Tom, a riesgo de morir, tendría que jugarse aquella carta, el buscar sobrevivir ofreciéndole sexo.

Tom se giró y lo vio, sí era más alto, aunque no por mucho, la túnica negra le cubría el cuerpo, que notaba algo delgado dentro de todo, esperando quizá que fuera más bien musculoso, y tenía… Zapatillas negras converse bajo la túnica, de pies grandes pero… Dejando de lado eso, ¿un asesino usaba converse? Esperaría botas antideslizantes, o algo que fuera más fácil de limpiar para cuando le salpicara la sangre, pero consideraba aquello algo torpe y de principiante, aunque ya había matado a más de diez personas, las converse son de tela, por lo que aquello lo alentó, recordando cómo es que Ghostface le dijo que amaban que escribieran sobre él, es decir la adulación.

Ghostface se acercó hacia él, empuñando el cuchillo, acercándolo hacia su cuello sin titubear.

—Esta es la parte donde se supone que la gente se pone a gritar y correr —farfulló Ghostface, hablándole con un tono burlón.

Tom se relamió los labios, decidiendo que tendría que arriesgarse, sonriéndole de lado.

—Es que eres tan alto, sádico, y apuñalas a la gente… No sé, Ghostface, creo que viéndote ahora de cerca, incluso sin conocer tu rostro, se me haces tan sexy, tan de mi tipo —dijo Tom, jugando con su piercing de la comisura de sus labios.

Pues no era del todo mentira, sí le gustaban altos, sádicos, imaginando que se lo follaran, aunque aquí era para alimentar a su ego, y ver si funcionaba la idea de neanderthal de Georg.

Ghostface levantó su cuchillo de caza hacia el rostro de Tom, sin mellar en su punto.

—Y luego me dicen demente… Cuando quieres que te folle, ¿cierto? Ciertamente… No me negaría, esa camiseta no deja nada a la imaginación, y detrás… Tienes un bonito trasero, Tom. No sabía que te encendía esto, me lo pones interesante, porque disfruto matar, torturar pero no violar, y tú aquí dispuesto a qué te atreviese con mi verga antes de apuñalarte. ¿O tal vez eres de esos que se apuntan en Reddit para ser asesinados o comidos? Eres una caja de Pandora, Tom, lleno de sorpresas y también pronto de mi pene y cuchillo, una poética forma el morir atravesado en más de un sentido, ¿sería esto doble penetración? —se carcajeó Ghostface, manteniendo el agarre del cuchillo contra el cuello de Tom, pero con la otra mano la posó en la entrepierna del más bajo, sintiendo cómo es que había un bulto en el pantalón.—Oh… Qué travieso, realmente estás excitado, Tom, pensé que sólo era una forma de querer salvar tu vida, pero no, eres un enfermo —acotó apretándole el miembro, en lo que Tom siseaba empujando sus caderas contra la palma del asesino, disfrutando el contacto—. No que me queje, en realidad… Se me está poniendo dura bajo el traje… Tal vez si tus entrañas son tan deliciosas, podría no abrirte el canal, y sólo el culo… Quizá así podría repetir, sólo para que te quede claro que le perteneces sólo a Ghostface, quien te perdonó la vida y no le gusta compartir, manteniendo un acuerdo… De que no te mataré por cada vez que te folle —terminó de decir, soltando su miembro, para apretarle la nalga, pegándolo contra su pelvis, haciéndole sentir a Tom que en realidad, el asesino estaba excitado, por lo que Tom jadeó cuando sintió esa mano en guantes de cuero presionar su trasero con gusto, chocando sus durezas, y aún con el cuchillo sobre su cuello.

Tom sentía la sangre saliendo de la presión del arma de caza, pero no era la suficiente presión para traspasar la piel al nivel de cortarle la garganta, y esto sólo lo excitaba más, por lo que puso la mano entre ambos cuerpos, ahora el más bajo tomando la iniciativa, tocándolo por encima de su bulto, y Ghostface soltó un sonido que se escuchaba distorsionado pero era de placer.

—Puedo hacerte sentir tan bien, Ghostface —susurró Tom en todo sugestivo, pensando que así hubiera sido una idea de Georg por hacerse el gracioso, el asesino sí iba a perdonarle la vida, en lo que notaba cómo es que el más alto no era pequeño allí, por la forma que iba creciendo más contra su palma.

Ghostface dejó de presionarle la garganta con el arma, y lo sujetó del cabello amarrado, haciendo que se pusiera de rodillas con agresividad, pero a Tom le encendía aquello así que se dejó guiar, sentándose sobre sus rodillas, y viendo cómo el más alto se alzaba la túnica, mostrando unos jeans rasgados, una correa de tachuelas, y un tatuaje en la cadera, de una estrella, en un vientre plano… Era un cuerpo delgado, pero Tom no pudo terminar de analizar el que parecía el look de un adolescente, porque Ghostface se abrió la correa, bajándose el cierre, usando unos Calvin Klein negros, dónde liberó el verdadero monstruo, una verga larga y gruesa que apuntó contra la cara de Tom, en lo que empujaba de sus cabellos hacia su erección, y el más bajo se aferró de la base, para ceder a la guía del asesino, quien se la metió en la boca, y el rubio oscuro relajó la garganta, estando algo habituado a la brusquedad de algunos de sus exs, pero también disfrutando el tamaño, como realmente no le cabía en la boca, por lo que se estaba ayudando al masajearlo desde la base, para comenzar a sorber, apretando los labios, en lo que Ghostface empujaba con fuerza su pelvis, metiéndosela en lo profundo de su garganta… Tom sabía que no había estado con alguien tan grande, quien seguía penetrándolo con violencia, y Tom se dejaba, blanqueando los ojos, en lo que saboreaba aquel gran tamaño en su boca, queriendo complacerlo sí, pero Ghostface era muy dominante, así que incluso con Tom queriendo mantener su ritmo, era el más alto quien lo hacía y a Tom sólo se le ponía más dura, sintiendo el peso de la base del cuchillo de caza sobre su otro hombro, con Ghostface no usándolo pero sí manteniéndolo allí como una amenaza constante.

Realmente Tom estaba viviendo la fantasía de ser la víctima en una película de terror, pero para ser follado, incluso aunque le hiciera un poco de ruido pensar que el asesino era su menor porque esas ropas, piel tatuada y cuerpo parecía de un adolescente, uno muy desatado, sádico y animal, pero igualmente sexy, y con una gruesa polla que latía entre sus labios y Tom gustoso paladeaba su sabor, incluso con la sensación de falta de aire, escuchando la voz distorsionada jadear o gruñir, y con Tom pensando cuál sería el rostro del dueño de esa verga que iba dejándolo sin aliento, bajando la mano, que no acariciaba la base del pene de Ghostface, dentro de su pantalón de casa, ya que no tenía ropa interior, masajeándose la erección mientras seguía siendo manejado por el menor con guante de cuero que le follaba con rudeza la boca, sólo podía pensar en esas mismas embestidas contra su boca en su culo.

Ghostface iba a correrse pero se detuvo, sacándole el pene de la boca a Tom, quien se quedó con él hilillo de saliva entre sus labios hinchados y rojizos, acezado, con la saliva colgando de la erección palpitante frente a él, que el rubio oscuro se relamió los labios, tragando saliva y viendo aún de rodillas al asesino, quien lo tenía sujeto del cabello aún, y lo jaló para que Tom se pusiera de pie, empujándolo contra la pared de forma violenta, presionando su rostro contra la superficie lisa del muro, y Tom jadeó, porque el trato brusco hizo que se golpeara la cara, pero no podía dejar de sentirse excitado, mientras Ghostface le bajaba los pantalones, frotando su miembro contra sus nalgas, y Tom se arqueó, disfrutando de cómo su ano se estimulaba en la verga del asesino, pero… El menor se volvió a detener.

—Quiero sentir tus entrañas, Tom —habló la voz, pero no sonaba distorsionada, habiendo escuchado ruido de lo que suponía que era Ghostface alzándose la máscara, la voz definitivamente lo confirmaba, era alguien joven que de hecho, si bien poseía aún el tono amenazante, sabía que era un adolescente, y que pasó su lengua por encima de la nuca del mayor, haciendo que Tom sintiera un bulto… ¿Una perforación? Ghostface tenía un piercing en la lengua, y aquello sólo lo hizo estremecer más, teniendo las ganas de girar su rostro para verlo, pero el asesino, incluso siendo joven y delgado, sí poseía fuerza por lo que lo mantenía aún contra la pared, y escuchó cómo Ghostface escupía.

Tom tenía lubricante en su cajón, junto con sus juguetes, pero Ghostface no lo preparó, la saliva junto con sonidos húmedos de movimiento fue porque el menor se estaba echando saliva en el pene, y luego se lo metió entero.

—Mierda… —siseó Tom, cerrando los ojos, porque sí dolió ya que nunca le habían metido algo tan grande, pero, él mismo apretaba su trasero y empujaba su pelvis, incluso si había dolor y ardor, le excitaba todo esa rudeza.

La mano que estaba sobre su cadera, con el cuchillo de caza, estaba sin el guante, y eso sí se fijó, uñas negras con una muñequera de púas, se había quitado los guantes de cuero, suponía que para masturbarse.

Las converse negras, el cinturón con tachuelas, la muñequera con púas, uñas negras, la camiseta negra… Ghostface era emo, el asesino era un adolescente emo, lo cual consideraba irónico porque según lo que sabía Tom los emos eran más bien suicidas, pero este era homicida.

Tom no pudo seguir pensando racionalmente, porque Ghostface comenzó a moverse dentro suyo, empujándose en sus entrañas, en lo que él se quebraba más, apoyando una de sus palmas contra la pared, bajando su mano hacia sus pantalones, masturbándose de nuevo, en lo que sentía cómo el asesino lo llenaba, jadeando contra el muro, sintiendo cómo Ghostface lo mordía con saña en su cuello, subiendo una mano hacia su pecho, colándola dentro de su camiseta, apretándole el pectoral por el escote, en lo que jalaba el pezón endurecido con fuerza sin dejar de penetrarlo y Tom se masturbaba más rápido, en lo que movía el trasero contra la pelvis de Ghostface, chupándoselo con su interior, absorbiéndolo, disfrutando el demasía esta clase de dolor.

Ya Tom no tenía la mano de Ghostface en su cabeza porque el asesino prefirió aferrarse a su cadera con su cuchillo de caza y seguir apretándole con ganas el pectoral con la otra, a mano llena, mientras el más alto seguía meciéndose contra su trasero con violencia, pero no sólo cumpliéndole el fetiche con ser un asesino serial follándolo, quizá no siendo como Michael Myers todo grande en altura, músculos, y mayor, sin embargo, siendo más alto que él, y más grande… Aunque fuera un adolescente, por lo que Ghostface estaba estimulando violentamente su próstata, en lo que seguía chupándole y mordiéndole el cuello, y Tom sabía que iba a terminar marcado, tanto por la agresividad y posesividad con la que le agarraba la cadera, como los dientes y lengua que pasaba en su cuello.

Y no se quejaba, Tom, sin contenerse, estaba dejando salir los sonidos desde lo profundo de su garganta, que seguro quedaría afónico porque primero le hizo un oral al pene grande de Ghostface y ahora salían gemidos y jadeos necesitados.

Podía escuchar cómo Ghostface también gemía o gruñía, sin dejar de moverse en su interior, y Tom sabía que no era lo más sensato tener sexo sin protección con un asesino, pero no podía buscarle sentido a su cabeza, estaba totalmente fascinado con sentirlo piel con piel, presionando su pecho plano contra su espalda trabajada, masturbándose con ganas, en lo que el menor seguía embistiéndolo, ambos en un vaivén al mecerse juntos de forma discorde pero totalmente delicioso.

Si este era el pago que tendría que hacer Tom, estaba felizmente de que Ghostface lo cobrase las veces que quisiera.

Tom se corrió contra su mano, soltando un gemido alto, y haciendo que Ghostface se viniera al sentirlo apretar de más su polla en interior ardiente, y sacándosela, dejando de tocarle el pecho, para sacudírsela, dejando que aún los chorros que tenía cayeran sobre el culo de Tom, el cual se relamía los labios al sentirse lleno de la simiente del asesino, pero también gozando la sensación del semen sobre sus nalgas.

Tom no pudo evitar girarse, notando el rostro de su asesino, que estaba con los labios entreabiertos, unos gruesos, que definitivamente besaría gustoso, un lunar en su quijada, nariz larga y estilizada, con ojos marrones delineados, en un look de cabello sobre los hombros, con un mechón de medio lado, que si no supiera que había sido Ghostface y lo veía en la calle simplemente habría pensado que era un niño lindo e inocente, y no un asesino serial que no tenía sólo el arma de caza, sino también la poderosa verga que lo había atravesado, pero era muy guapo y atractivo, así que se giró rápidamente porque el menor no lo notó, escuchando cómo se acomodaba detrás suyo, subiéndose el cierre y poniéndose la máscara de nuevo.

—Definitivamente pasaste de ser el protagonista de una película de terror a un protagonista de una película porno, pero el género no interesa en este punto. Me dejaste muy satisfecho, con ganas de seguir cobrando este contrato de mantenerte con vida, no sabrás cómo ni cuándo, pero volveré aquí, Tom. Y espero que no olvides que no comparto, porque sí, tengo ojos en todas partes en tu departamento, y si veo que alguien más quiere comerse a mi rubia tetona, tendré que matarlos a los dos —amenazó Ghostface con la voz distorsionada.

—Nicholas —masculló Tom, excitándose con la idea de que quisieran matarlo y a su amante, aunque el asesino no fuera su pareja, sí era posesivo, y sí se lo follaba así, no tendría que probar a alguien más, esperando que nunca lo atraparan, así fuera lo más cuestionable, no quería perder a este psicópata que se lo follaba duro, siendo capaz de ir a visitarlo, y casarse con él, sólo para tener acceso a visitas conyugales para seguir probándolo.

—¿Qué? —inquirió Ghostface, sin entender lo dicho.—¿Primero Casper y ahora me dices Nicholas?

—Es mi segundo nombre —aclaró Tom aún apoyado contra el muro.

—Oh… Tantas cosas que sé de ti, cómo se siente tu culo alrededor de mi polla, cómo se siente tu pectoral y pezón contra mis dedos, tu rostro al darme un oral, tu nombre completo y tú… No sabes nada de mí —masculló Ghostface—. Pero será mejor así, Tom, no intentes analizar mi ADN… Que lo sabré, tengo ojos en todas partes, Tom —terminó de decir el asesino.

—No quiero delatarte, no me interesa hacerlo, cóbrate las veces que quieras el perdonarme la vida, Ghostface. Y no seas atrapado, porque no quiero que dejes de venir —soltó Tom sonriendo contra la pared, en lo que se subía los pantalones, y pensaba que averiguaría quién era, porque podría revisar los informes de las escuelas de la ciudad, no quería sacar el ADN del semen, no, Tom lo menos que quería era desafiar al asesino o hacer que dejara de verlo o que fuera atrapado.

Sabía que estaba mal porque implicaba que Ghostface seguiría matando, pero a Tom no le interesaba, si de por sí era cuestionable que tuviera crushes con asesinos reales famosos, si ahora tenía la oportunidad de seguir cogiendo con uno real, y el precio era que muriera gente inocente, estaba dispuesto a pagarlo. Porque Tom sabía que si no era Ghostface, sería otro asesino, diariamente morían miles de personas alrededor del mundo, por lo que así sonara como un sociópata, no le interesaba, sólo le excitaba más.

Ghostface se rió. —Definitivamente eres un enfermo, Tom. Y eso me encanta —farfulló, para soltarle una nalgada sonora y fuerte que hizo que Tom se quebrara y soltara un gemido—. Volveré cuando menos lo esperes, Tom Nicholas Kaulitz.

Tom se giró y Ghostface ya se había ido, tan sigiloso como cuando entró, era evidente que el menor tenía cámaras en su departamento y eso sólo lo excitaba más, el saberse objeto del deseo y acoso de un asesino serial, por lo que sonrió, entrando a su baño, viendo las marcas en su cuello, en su pecho, y su cadera, tragando saliva por lo mucho que se estremecía y aún tenía la sensación fantasma de tenerlo dentro por lo grande que era, considerando irónico que fuera una sensación fantasma cuando el asesino se apodaba Ghostface.

Después de bañarse, es que decidió volver a su laptop, aún usando su bata de salida de baño, con su cabello suelto, teniendo acceso a las escuelas, buscando los informes con los rostros de alumnos, no tenía certeza de la edad que tenía, sólo esperaba que fuera mayor de edad al menos, porque lucía muy joven el asesino.

Y lo vio… Billy Trümper, no lucía como alguien amenazante, tampoco sonreía, tenía dieciocho años, en el último año del Gymnasium. Le parecía algo irónico que el asesino serial del momento: Ghostface, fuera apenas mayor de edad, que tenía el nombre “Billy” sonando tan tierno y dulce, luciendo como si no matara ni una mosca, cuando en realidad era sanguinario, sádico y un animal en el sexo.

Tom se mordió el labio inferior, porque a él le gustaban mayores, y Billy no cumplía con los estándares de sus gustos, al menos no del todo, porque según su expediente medía 1.92 cm, ganándole por seis centímetros, siendo, así que sí era alto, no quizá los diez o quince centímetros que le hubiera gustado, tampoco musculoso, pero sí muy bien dotado, violento que le daba sexo rudo, cruento, así que lo demás eran detalles sin importancia.

Tom sabía que tendría que seguir redactando su artículo, aunque soltó un suspiro, anhelando que Billy/Ghostface volviera a visitarlo…

Pero Tom se intentó concentrar en su trabajo, volviendo a teclear en su laptop, porque debía terminar con ello, ya luego se iría a masturbar tanto en su pene como con su dildo, recordando a su adolescente sádico, siendo plenamente consciente de que Billy podría verlo, así que se esmeraría en darle un buen espectáculo a su acosador asesino serial.

Cuando Tom terminó su trabajo, y estaba introduciéndose su dildo favorito, ubicando la ventosa contra la pared, empujándose sobre él, mientras se pajeaba es que sonó su celular, por lo que se lo situó en su oído de inmediato reconociendo el “número privado”.

—Tom… Estás jugando sin mí… Pero no es con alguien más, así que seré justo y sólo te diré lo delicioso que te ves así follándote con ese juguete. Eres goloso porque no fue suficiente, ¿cierto? Tendré que hacértelo más de una vez a la próxima, para que no puedas ni caminar y así no estés jugando a solas. Recuerda que me gusta jugar contigo, Tom —habló Billy sin la voz distorsionada.

Tom sonrió.

—¿No estás con la máscara puesta, cierto? Por eso te escucho tal cual hablas, Ghostface. ¿Será que te estás masturbando al verme? Porque también te la quitaste para morderme y respirar mejor conforme me la metías —masculló Tom, en lo que volvía a penetrarse a sí mismo, y escuchaba un gruñido, el mismo que hacía el adolescente cuando se la metía, junto con sonido de humedad—. ¿Te gusta lo que ves, Ghostface? Porque me toco pensando en ti…—dijo el mayor, tocándose el miembro de arriba abajo, con el teléfono siendo sujeto por la otra mano, en lo que seguía moviéndose sobre el dildo realista.

—Un enfermo… Un delicioso enfermo —soltó acezado Billy y Tom gimió.

Tom sonrió nuevamente, disfrutando de este peculiar sexo telefónico con su asesino serial favorito, que de hecho sí cumplió con su palabra, visitándolo pronto, cuando menos se lo esperó, y cogiéndoselo más de una vez.

Así que cada que Tom tenía que redactar un artículo de un asesinato nuevo de Ghostface, no evitaba suspirar. Y rogando a Dios… O a Satanás, que no pudieran atraparlo, para que siguiera teniendo esa “relación” con Billy.

Porque Tom ya no podía sacarlo de su cabeza, lo enloquecía, lo tenía fascinado de una manera enfermiza. Y sabía que era lo mismo con el adolescente, porque ya le había dicho que Tom sólo era suyo.

—Entonces tú sé sólo mío, Ghostface —soltó Tom mientras Billy seguía penetrándolo con fuerza.

—No me cojo a nadie después de habértela metido, Tom —respondió Billy, mordiéndole el cuello nuevamente.

Y Tom fue feliz, de que al menos este asesino serial adolescente, que le había dado el mejor sexo de su vida, y cumplido más de una fantasía, hasta le era fiel, más de lo que podían ofrecerle sus exs.

Aún no lo hacían en una posición frente a frente, al menos no del todo, porque una vez Tom le extendió una venda con esposas, haciendo que Billy le tapara el rostro, y amarrara contra la cama, en lo que se la metía en aquella posición, dónde el menor sí lo besó, aprovechando el no poder ser visto.

Y Tom comprobó que realmente adoraba hasta besarse con ese maníaco homicida, incluso sin poder verlo.