❛𝒯𝑒𝓈𝓉 𝐻𝒾𝓂❜ --𝐻𝓊𝓃𝐻𝑜.

Summary

Donde Oh Sehun, cegado por los celos e impotencia que lo inunda, porque su novia se mostró desnuda a un hombre Gay, decide comprobar que tan homosexual es el hombre. Aún si tiene que recurrir al sabotaje y a rebajarse para conseguirlo, quiere estar seguro de que Kim Junmyeon no es una amenaza en su relación. Genre: smut, drama. Long: one-shot, 4K. Graphics (banner); @HonneyHope ♡. Released: 05/25/2020 Fixed: 08/ 26/ 2022 Long plus: 6K. Spin Of: Check Him (on myperfil). Los medios visuales que aparecen, no me pertenecen.

Genre
Romance
Author
Mannie
Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

❛𝒯𝑒𝓈𝓉 𝐻𝒾𝓂❜

—¡Oppa, gracias por haber venido! —Exclamó con alivio la mujer, abriendo la puerta de su hogar para recibir a su gran amigo ocasional.

—Junmyeon Oppa, él es mi novio Oh Sehun. SeHun-ah, él es mi amigo Junmyeon. De quien te platiqué. —El hombre más bajito lo saludó con respeto y cortesía aún cuando el más alto lo miraba de mala manera.

Desistió en seguir esforzándose por agradarle al hombre con complejo de Neandertale y siguió a su joven amiga hasta su habitación, consciente del porqué SeulGi le había pedido con tanta urgencia que la viera en su casa. Su amiga importaba más, que el hombre atractivo de antes, con mal genio. No era una visita social, estaba en cumplimiento con la comunidad, debía enfocarse. El cuerpo de su paciente denotaba lo nerviosa que estaba, y no podía culparla, lo entendía, él estaba siendo poco ético al tratarla fuera de la consulta y era aún peor que ella fuese su amiga. No obstante, Junmyeon era amigo de la mayoría de personas en la ciudad, y eso no había interferido en su trabajo antes, no importaría ahora. Ella se lo había pedido, después de todo, él no podía negarse.

—Bien, SeulGi, necesito que me muestre en qué parte de su cuerpo ha sentido la molestia y la hinchazón. —Su tono de voz salió profesional y su rostro se mantuvo neutral aún cuando la mujer con vergüenza empezó a retirarse su blusa. Él había insistido en que asistiera con alguna colega del sexo femenino, así no se mostraría reticente a mostrarse, pero ella decía que confiaba en su amigo para esto.

»Claro, soy su amigo Gay, no hay nada de malo.«

Pensó con ironía en su momento, pero ahora entendía el gran avance que hacía con esa pequeña acción su amiga, rompiendo los estereotipos marcados e impuestos. El tabú de que un hombre no podía ser ginecólogo, porque era morboso, ella estaba depositando su confianza en él. El tabú de que las mujeres no podían desnudarse frente a un hombre que no fuera estrictamente su pareja, que no podían cuidar su cuerpo sin ser juzgadas de rameras por disfrutar de su sexualidad plenamente. Un salto de confianza, inundaba su corazón con un calorcito peculiar, por todo lo que pudo haber sido en el pasado, y solo se lograría en la actualidad. Le gustaba su trabajo, porque no existía mejor satisfacción que ayudar a estos seres indefensos y perdidos, la desorientación solía ser la peor tragedia en una sociedad con demasiadas armas y balas de diálogos violentos, disfrazadas de críticas que eran meramente malintencionados. Juzgaban sin problemas al prójimo, esperando que a estos no les importara ni dañara. Que equivocada estaba la sociedad hoy en día, esperaban que no se defendieran: pero los jóvenes eran rebeldes en la actualidad y lo hacían, con pequeñas demostraciones como aquella.

Por eso estaba el Ginecólogo hombre, Kim Junmyeon, revisando a su amiga, una mujer, Kang SeulGi, en su domicilio, cambiando perspectivas; en busca de un porvenir mejor.

❀❀❀

—Bien, este no era mi fuerte, sinceramente, pero mi diagnóstico es correcto. Con lo que te di, estarás bien de nuevo. Puedes vestirte. —Su tono suave y su semblante amable habían relajado a la mujer en todo su chequeo, hasta que se escuchó un toque fuerte en la puerta antes de que esta se abriera de golpe.

No habían puesto seguro, porque podría malinterpretarse completamente, pero por el semblante del hombre, Kim creía que él había hecho suposiciones erróneas. Con una reverencia, tomó su bolso sin dirigir una segunda mirada a la discusión de la pareja que recién daba inicio, hasta que salió del domicilio de la chica, liberó su respiración de forma exhausta. El hombre desprendía un aura terrible, que intoxicaba todos los sentidos de Junmyeon. Le recordaba el pasado, que día con día buscaba cambiar. Fue aún peor cuando no había reaccionado lo suficientemente rápido y escuchó algunas de las palabras del hombre, delatando su forma conservadora de ser y los comentarios retrogradas que soltaba su afilada boca solo lo volvía estresante. Era lo mismo que había escuchado antes, pensares que no habían cambiado ni con los años, lo mismo que alguna vez le dijeron a su difunta madre.

Le sorprendía en sobremanera, debido a que Kang SeulGi no era partidaria de esas ideas, no entendía como estaba con un hombre que pensaba de aquella forma retrógrada. Conocía a la mujer, y sabía que no era superficial, quizás el hombre tenía algo más que su físico que la atrajo, pero en ese momento solo consiguió parecerle desagradable en cualquier aspecto. Kim sabía que la mujer era fuerte y muy valiente, arriesgándose a malos comentarios por sólo dirigirle su palabra a un hombre como él. No parecía de las mujeres que temían a la opinión pública, pero todos combatían sus propias batallas y él no iba a criticarla por el hombre con el que compartía la cama.

La sociedad lo veía como una aberración para sus costumbres, todo en él estaba mal visto. Ya estaba acostumbrado a eso. Había crecido toda su vida con esos comentarios, aún cuando llevaba a casa notas perfectas y ejemplares, siendo el mejor en su aula, el chico más responsable, los demás solo veían que no era normal que no le atrajeran las chicas. Buscaban lo malo en lo bueno, como desconfiados. En la universidad, aún estando más alejado de su familia paterna, los comentarios no cesaron, porque para ellos era solo un pervertido que no tenía moral al escoger una carrera de solo mujeres. No importaban las razones buenas que hubieran detrás, nunca se molestaron en preguntarlas, era mucho más fácil juzgarlo que entenderlo.

Decidiendo que no quería vivir de la expectación pública, y no quería soportar miradas de odio en una clínica para alguien más, fundó la suya propia en un lugar donde sabía lo necesitaban; la ciudad de origen de su madre. Solo habían pasado tres años desde que la abrió y comenzó el reclutamiento de personal, desde consejeros, psicólogos, un pediatra y otros ginecólogos, pero dieron un gran resultado, no importaban los malos comentarios y las críticas, estaban ayudando a una comunidad dañada. Kim Junmyeon no había sido el único hombre que le dijo a la sociedad que se jodiera con sus estándares inalcanzables, incluso dos mujeres decidieron ser partícipe de su equipo, siendo muy bien recibidas. El apoyo femenino siempre sería muy bien recibido, después de todo, era gracias a ellas que decidió hacer lo que hacía hoy en día.

En el fondo de su corazón, sabía que estaba siendo guiado por un buen camino, y así mismo, guiaría a más mujeres a seguirlo, tratando de que la historia de su madre no se repitiera una vez más. El estereotipo de que las mujeres no deberían recibir ayuda médica o incluso psicológica debía desaparecer. Ellas no estaban hechas para soportar los maltratos de sus maridos, llevar la batuta del hogar no era cosa sencilla, tampoco eran máquinas para traer bebés y no todas tenían el mismo instinto maternal. Ahora ellas podían decir libremente si optar por tener un hijo, o no hacerlo, así debía ser. Así debió ser siempre.

Todas las mujeres merecían ese mismo derecho, de hablar libremente de su sexualidad, sin sentir vergüenza o sin ser criticadas por ello, los anticonceptivos habían sido creados por un buen motivo. No deberían sentir que están siendo juzgadas cuando cuentan con cuántos hombres han mantenido relaciones sexuales, porque los hombres no se avergonzaban en contar cuántas mujeres tocaron su cama. O tampoco callarse, cuando solo comparten la cama con uno y este les transmitió una enfermedad veneria, por temor al que dirán. Ellas también tienen el derecho de la libertad de expresión, de poder cuidarse a sí mismas, de disfrutar con plenitud la vida. Con eso en mente había dado inicio su sueño y su manera de hacerle justicia a la mujer que le dio la vida. Porque ella nunca tuvo oportunidad, había muerto sola, en una cama de hospital, su marido no la visitó nunca para evitar los juicios sin sentido, que eran llevados a cabo por su esposa. Ella había sostenido una balanza que se ajustaba a su favor, y eso siempre vivirá atormentando al hombre, la hizo sufrir en vida y la orilló a la muerte por su promiscuidad. Junmyeon sabía eso, sí el hombre que lo engendró permitió que estudiara e hiciera todo lo que hizo, fue meramente por el remordimiento de conciencia que matar a su esposa, le creó.

Algún día, hijo, lograrás perdonar al negligente de tu padre. Lo sabrás, cuando entiendas, que luchar contra todo lo que te han enseñado, es difícil. Porque no es solo pelear contra ti mismo, sino, darle la espalda a toda la sociedad misógina, y eso... Eso nunca será fácil. Eres un buen hijo, y estoy segura que algún día serás un maravilloso hombre, aunque no esté para verlo. Te amo, Junmyeon-ssi.—Esas habían sido las últimas palabras de su madre, y estaba seguro que seguían doliendo como cuando las escuchó por primera vez.

Sacudió su cabeza, dejando atrás todos esos pensamientos para seguir avanzando. Su presente seguía siendo incierto, y su madre había tenido razón, darle la espalda a todos era más difícil de lo que parecía, pero no imposible. Aún tenía unos papeles que llenar cuando llegara a la clínica, dirigirla era un trabajo de atención completa.

❀❀❀

𝚂𝚘𝚖𝚘𝚜 𝚞𝚗𝚊 𝚌𝚊𝚜𝚞𝚊𝚕𝚒𝚍𝚊𝚍, 𝚕𝚕𝚎𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚒𝚗𝚝𝚎𝚗𝚌𝚒ó𝚗.

—𝙼𝚊𝚛𝚒𝚘 𝙱𝚎𝚗𝚎𝚍𝚎𝚝𝚝𝚒.

Sus pensamientos divagaban en lo que posiblemente había hecho mal en su vida pasada, mientras su mirada detallaba cómo le quedaban aquellos pantalones de cuero, ceñidos como si pertenecieran a sus piernas. Se ajustaban de forma pecaminosa a su bien trabajado cuerpo, mientras que su camisa terminaba el trabajo con aquella abertura en forma de V que mostraba su pecho desnudo, solo cubierto por una tela traslúcida de color negro con pequeños pigmentos brillosos, aquel que resaltaba aún más con el color plateado oscuro de la prenda. Esta era su fiesta de cumpleaños número treinta y dos, la cual había sido organizada por el sexológo de su clínica, Kim Heechul. Uno de sus amigos más cercanos, pero el más descarrilado de ellos. Tenía escrito ‘mala idea’ por todos lados.

—¡Genial! Ya estas vestido de forma indecente. Este es el último detalle que te había comentado. —Por su tono de voz, dedujo que por su delatada emoción, Junmyeon no estaba a salvo y se golpeó mentalmente por ello. Había sido una terrible idea venir. Sabía por experiencia que sus compañeros estaban tramando algo, debido a todos los cuchicheos en la oficina clínica, las llegadas tarde al trabajo, sus pocas solicitudes para que los ayudase en algo que no deseaban hacer, y los buenos desayunos, pero no imaginó que sería una fiesta sorpresa. No tenía mucho sentido para él, recibir una en esta parte de su vida. Ya eran adultos, por el amor a la ciencia, esto no era algo sencillo de hacer con familiares amigos, porque no tenían una cercana amistad, parecía que lo llevarían a un club en cualquier caso. Él ya no estaba hecho para esos lugares, ni siquiera en su juventud lo intentó.

Repasó mentalmente la idea original o bien, el plan secreto que yacía en esta fiesta ideada por satanás. El primer paso en la tarde, había sido someterse a un maquillaje que misterioso, daba mucho que hablar de su apariencia y personalidad. Las sombras de colores neutrales y luminosas, con pequeñas líneas uniformes en su rostro, asemejando pequeñas rupturas en este habían sido asombrosas. Apreciaba el arte, y las diferentes manifestaciones de este mismo, él lo hacía, por ello lo permitió tranquilamente. Kim Heechul lo sabía bien, y había usado eso a su favor para que se distrajera y no insistiera con el tema de la fiesta, y el porqué de todo aquello.

—Sabes que no debías armar todo esto, para conseguirme una cita, ¿verdad? —Murmuró intranquilo, aceptando el antifaz que se ajustaba al maquillaje y el vestuario, enmarcando su rostro de una forma sorprendente. El maquillista profesional, que por cierto estaba guapísimo, (cortesía de sus amigos), se había desempeñado muy bien a la hora de hacerlo, aún si se había sentado en sus piernas para tener mejor acceso a su rostro, que al principio lo había sorprendido mucho, lo permitió sin complicaciones.

—El chiste de la fiesta no es que tengas una cita, sino un buen polvo. Por eso son los antifaces, mientras ellos sabrán quién eres tú, tú no sabrás quiénes son ellos. —La chulería en su tono de voz irritó a Junmyeon, pidiendo paciencia a fuerzas invisibles, respondió en tono neutral: —bien, supongo que estamos abastecidos de alcohol y chicos guapos, vamos —la sonrisa cómplice y un guiño que recibió, era lo que estaba bien para pasar un buen cumpleaños.


❀❀❀


Sudor bañaba su cuerpo, la temperatura elevada de manera adecuada mientras pequeños y sucios jadeos salían de su boca, las tumultuosas emociones alimentando su excitación en sobremanera. Sus manos apretadas deliciosamente en una corbata, puestas sobre su cabeza por una firme orden del hombre que complacía a su cuerpo de una manera sublime. Era espeluznante cuanta excitación le hacía sentir un extraño con todo lo que le hacía a su cuerpo. Cada que estaba a punto de pensar y analizar el encuentro, el hombre presionaba sus botones correctos, haciendo que su mente se nublara de placer. Una dulce boca caliente, succionando de sus duros pezones, burlándolos con la lengua, su toque profesional y sensual. Una mordida, y lo tenía gritando de forma asfixiante contra la almohada, pidiendo más de ese pedacito de placer. Ni siquiera estaba totalmente desnudo, y se sentía arder, como si el toque del desconocido fuera fuego contra su piel sensible.

—Tan precioso y sensible, mh. —Registró el sonido de su voz, tan sedoso y varonil, sacándole un nuevo ruidito que delataba su completa excitación. Perdido en el momento más que agradable que le estaba regalando.

—Veamos qué hay más abajo. —Susurró el hombre, tan cerca de su oído que no lo había sentido moverse, como si nunca hubiera estado besando, lamiendo y succionando marcas de mordidas y besos en su blanquecina piel del pecho. Era un doloroso juego, que no entendía como le había dado lugar, para empezar. Junmyeon nunca haría una movida cómo esta en una fiesta donde todos eran conocidos de todos, por más antifaces que hubiera. Sin embargo, ahí estaba él, jadeando ante el embriagante calor que emite el duro cuerpo del hombre, suplicando en silencio ser besado nuevamente.

Y el hombre, habiendo comenzado a entablar una conversación con su cuerpo, una donde compartían secretos, lo concedió, devorando sus labios como nadie antes. Presionó y lamió todo a su paso, arrebatando y tomando, mientras Junmyeon entregaba toda su pasión de una. Quizás era culpa del alcohol, quizás que el hombre disfrutara sus malos chistes y se burlara de él con tanta confianza. Quizás era porque hacía tanto que no tenía sexo ocasional. O simplemente era que aquel hombre, era una tentación tan grande, tan dominante, sensual y apasionado como ningún otro. Verlo bailar lo había encendido, pero cuando lo besó, él ardió de deseo por tenerlo dentro.

El fuego que derretía sus venas, respondía ferviente al hombre desconocido y sensual, sin ninguna explicación coherente. Se ahogaron sus gemidos en los labios ajenos, tragados con complicidad por el hombre como si nada existiera más que ellos dos en aquella habitación. Ignorando el hecho de que era una fiesta por y para él, que estaban en una habitación recóndita de la casa, tratando de no ser encontrados, y aunque lo fueran, no importaba más que consumar el acto que habían empezado. Junmyeon comenzaba a perder su característica paciencia, quería terminar los juegos previos, pero a la vez estaba tan ansioso por saber lo que él haría a continuación.

Porque si el hombre quería comérselo, él estaba dispuesto a dejarse.


—¿Tienes un nombre? —Se escuchó en la habitación su suave murmullo, casi ahogado por la música en la lejanía, pero no para él. SeHun estaba siendo cada vez más consciente del hombre al que estaba tocando y llevando al borde del placer.

Quería decir que estaba perdiendo su maldita mente, enloqueciendo porque esto no era para nada hetero de su parte, pero no lo estaba. Soltó un gemido cuando terminó de desnudarlo en su totalidad, embebiéndose la imagen de un muy buen desnudo Junmyeon. El hombre era tan jodidamente atractivo que parecía irreal. Todo virilidad, ningún borde suave, a lo que comúnmente está impuesto a ver. Era confuso en niveles inimaginables, porque reaccionaba mejor a este estímulo visual, que a ningún otro. Joder, quería consumirlo entero.

Su rostro lindo hacía contraste con su completo cuerpo varonil. Ya no sabía si el sonido que salió de sus labios ante la vista espléndida era de angustia o qué. Una sacudida le respondió, su cuerpo estaba complacido ante la desbordante excitación de ese sensual hombrecito. Era mutua, consensuado, estaba totalmente excitado por este hombre. Estaba más que encantado con las dulces reacciones de su rostro cuando lo tocaba y acariciaba, ni siquiera le desagradaba el como su cuerpo, el de un hombre, encajaba en sus manos. Estaba diseñado de manera más pequeña, encajando en sus manos más grandes de forma perfecta. Mierda. Sus músculos ondulantes, impecables y cincelados, con el sudor a perlándolo, y su pequeña boca soltando deliciosos jadeos, la vista le encantaba, lo tenía tan duro como una roca. No le desagradaba en absoluto. ¿Cómo era eso posible?

—Llámame SeHun, Junmyeon. Y asegúrate de hacerlo de forma tentadora. —Su voz había salido distorsionada, un destello de excitación lo descolocó un segundo, antes de que se diera cuenta lo que esta misma había ocasionado en él; su erección había dado un respingo, llamándolo, rogándole que lo toque. Se distrajo un momento con ello, lo atrajo como polilla a la luz, consumido en deseo puso su mano en él. Había olvidado su propósito, pero sabía que estaba confirmado, Kim Junmyeon sí era homosexual, ahora estaba teniendo una crisis de identidad él mismo. Y jodidamente le importaba, haría ese Test de la escala de Kinsey una vez que todo terminara, ahora mismo no pensaba, no cuando estaba entretenido con la erección del hombre en su mano, acariciándola y sintiendo su piel aterciopelada, disfrutando como se sentía sostenerla. La soltó, confundido por el deseo ferviente de probarlo, sorprendido de su reacción, se acomodó en la cama y empujó con dureza la cadera del hombre, acomodándose entre sus gruesos muslos y llevándose el glande a los labios. Gimió, él jodidamente gimió por tener una polla en la boca. Mierda.

Sehun nunca había estado antes con un hombre. Sehun nunca había besado a un hombre. Sehun nunca se había llevado un pene a la boca. Pero ahí estaba él, tomando el eje de otro hombre en sus labios, con seguridad, tratando de recrear lo que a él tanto le gustaba que hicieran con su pene. Los ruiditos de Junmyeon, totalmente desvergonzados alentándolo y pidiéndole más. Sus fuertes manos sostuvieron las caderas de este en su lugar con fuerza, seguro de que si seguía moviéndose se ahogaría y se iría por el caño su imagen de confianza y control. No quería decepcionarlo, estaba seguro que el hombre tenía mucha experiencia, él la tenía después de todo, no eran jóvenes inexpertos en su primer orgasmo, pero quería ser el mejor. Tenía que serlo, joder. Si tenía una idea de cómo funcionaba la teoría, podría ponerlo en práctica.

El tipo que contrató para hacerlo, lo equipó bien, dándole el tubo de lubricante y condones, su estómago se contrajo con el pensamiento. Inseguro de si era porque estaba a punto de tener sexo con alguien de su mismo género, o por la idea de que Junmyeon casi podría haber tenido sexo con otro hombre. Aún sino era el idiota de V, todos en la fiesta estaban listos para ir por el pedazo de hombre que ahora mismo rogaba porque lo jodiera. Decidió que no debía pensar más cuando el salado sabor de su hombría golpeó sus papilas gustativas, comprobando que no era un sabor tan agradable pero que podía tolerarlo, sus dulces ruiditos lo motivaban. Cuando un hormigueo se asentó en su mandíbula supo que era suficiente y se trasladó más abajo, jugando con las bolas ajenas en su boca, se abstuvo de ir más allá, sabiendo que era mucho para él y su rota heterosexualidad. Con destreza abrió el bote de lubricante, chorreando en sus dedos hasta dirigirlos a la roseta del paraíso. Mientras tanto, era seguido por una mantra de su nombre que salía de aquellos bonitos labios que ahora estaban hinchados de sus besos, él podía besarlos por horas sin cansarse, era una sensación plena. Había usado bien la cabeza para desnudarse rápidamente, lo sabía y apremiaba cuando su erección era sutilmente acariciada por la pierna del hombre. Estaba tan caliente y deseaba enterrarse profundamente en su culo hasta hacerlo gritar su nombre. Poco a poco, acarició el lugar hasta estirarlo de forma prudente, sus labios encargándose de marcar y besar toda la piel que estuviera a su paso. Pese a sus experiencias pasadas, los fluidos corporales en esta ocasión no le disgustaban. Era, probablemente, un efecto del alcohol, se dijo. No tenía nada que ver con el hecho de que al ser un hombre, podía tolerar sus mordiscos y su forma ruda de tratarlo, pensó.

Retirándose de aquel terreno pecaminoso, recibiendo un gemido inconforme, abrió el primer condón, deslizándolo por su adolorida polla, desesperado se imaginaba que de lo dura que estaba podría caérsele. Estaba demasiado excitado para creer que el encuentro no duraría mucho, pero aún tenían bastante tiempo. Recorrió con rapidez la muestra desnuda de su arte, llevando sus dedos a pellizcar un duro pezón antes de devorar sus labios en un beso fugaz, inclinándose a dejar un camino de besos suaves por su rostro hasta su oído. Murmurando con voz ronca, le pidió —si voy duro, dímelo, precioso—.

Su única respuesta fue un beso más antes de deslizarse a casa, siendo recompensado por un gemido de su nombre dicho en auténtico placer. Junmyeon jalo sus restricciones y sus duras piernas se apretaron en un agarre castigador. Caliente, caliente, caliente. Esta noche era larga, pero se pasaría rápido en sus duros empujes, gemidos, jadeos y suaves besos devoradores.

❀❀❀

© by HonneyHope♡.

Un bostezo suave se escuchó a su lado, y un cuerpo duro y caliente se removió, estaba demasiado cómodo recargado sobre él. Sus piernas enredadas, y algo suave pero duro entre sus nalgas, mh. Repasó nuevamente esos hechos, ahora con los ojos abiertos, parpadeando para quitarse el sueño. Oh, cielos. Gimió con angustia. ¿Qué demonios había sucedido anoche? Revoloteando sus pestañas descubrió que la venda ya no estaba.

Siendo más consciente de su entorno, sintió como Sehun se movía y se presionaba más contra él. Siseó ante el movimiento, su mente yendo de frío a caliente rápidamente. ¿SeHun, ese era el nombre del tipo? No estaba completamente seguro, la mayoría de sus recuerdos eran sobre él jadeando y gritando de placer, pero recordaba vagamente que solía gritar ese nombre. Oh, santo infierno. Que noche.

Sabía que estaba ruborizado otra vez, como lo estuvo la mayoría de la noche anterior.

—Mh, ¿Qué hora es? —Su ronca voz se hizo escuchar por sobre su oído, sacándole un estremecimiento de placer. Sus manos se movieron, acariciando con suavidad su cuerpo, la aspereza de sus callos le sacaban estremecimientos de placer. Quería ceder, estaba tentado a empujar sus caderas y pedirle que lo tomara una vez más, pero no debía ser, perdió su oportunidad cuando el hombre se despegó de él. La curiosidad por ver su rostro por primera vez superaba su saciada hambre, la venda nunca se había apartado de su rostro hasta que le incomodó mientras dormía. ¿Sería bueno ver el rostro del hombre que le dio los mejores orgasmos de su vida, corriendo el riesgo que sea un conocido suyo? Él sabía, de todos modos quién era, como todos en la fiesta. Aunque en definitiva SeHun, ese nombre no le sonaba de nada. Alejando la vergüenza, se sentó, tomando su celular y complaciéndolo con la hora: —nueve con tres, buenos días —respondió, por primera vez volteándolo a ver, curioso por hacerlo, se quedó helado.

Sus ojos abiertos de par en par le confirmaban, que también estaba dándose cuenta de lo que sucedía.

—Oh, por dios. Esto no está sucediendo. —Exclamó con terror, el pavor, la vergüenza y un sin fin de emociones lo recorrieron, asfixiándolo antes de haber probado el desayuno. Estaba en problemas. Tratando de que estos no aumentaran comenzó a levantarse y vestirse, empezando por buscar todas sus prendas de ropa, debido a que ese hombre, el novio de una de sus amigas, las había arrojado por toda la habitación no podía vestirse rápido.

—¿No se supone que tú tienes una novia? —Su ligero timbre de voz denotaba molestia revuelta con histeria.

—Creí que lo primero que preguntarías es si soy o no, heterosexual. —Respondió en su lugar, sin inmutarse, sentado tranquilo, poniendo de los nervios a Junmyeon.

—Tu sexualidad no me incumbe. Me molesta el hecho de que teniendo una relación amorosa no la has respetado. —Soltó con tono duro, pese a que apenas había terminado de abrochar su pantalón y eso le quitaba autoridad, pensó.

—Pues a mí sí me interesaba tu sexualidad y el hecho de que vieras a mi novia desnuda. Por eso estaba aquí. —Replicó con toda la seriedad que un hombre atractivo y desnudo, excitado y viril, en una cama donde mantuvieron relaciones sexuales antes, podía tener.

Se avergonzó por sus pensamientos, el hombre seguía siendo un completo idiota y él había sido utilizado por un propósito. Impotencia lo llenó, transformándola rápidamente en ira, se mantuvo firme al encararlo.

—Claro, porque como vi a tu novia desnuda, tal como un ginecólogo como yo haría, has decidido tener sexo conmigo para comprobar que tan Gay soy. —Sin importarle mucho que hubiera personas fuera, con solo su pantalón y zapatos puestos, tomó las demás prendas, listo para irse.

—Espero que pronto todos los hombres de la ciudad, a los cuales he revisado a su pareja, se turnen para dar lugar al encuentro conmigo. Cuando tengas oportunidad podrías llevarme la lista a mi consultorio. —Escupió con molestia, sin dirigirle la mirada de nuevo, saliendo de la habitación lo más pronto posible, con el estómago revuelto al igual que todas sus emociones. La angustia y la humillación grabada a fuego en su piel. Sentía que debía cortar cada una de las marcas que SeHun había hecho en su piel para tratar de sentir menos culpa por lo que esa noche sucedió. Sin embargo, esa humillación nunca desaparecería, porque pese a todo, seguía sin arrepentirse del todo.


❀❀❀


—Por favor, Junmyeon, habla conmigo. Desde la fiesta no has hablado y temo que enfermes porque he visto que has adelgazado. ¿Qué sucedió esa noche? ¡Creí que lo habías pasado bien! No saliste en toda la noche de esa habitación. He de decir que tu acompañante tampoco lo hizo. —Su amigo siguió insinuando todas las cosas que Kim había tratado de olvidar y que francamente, no había podido.

—El chico es el novio de una de mis pacientes. —Murmuró. Al parecer demasiado alto, para callar a Heenim de sus diatribas y especulaciones.—¿Eso es todo? —Preguntó con cautela, el hombre ya había tenido esas conversaciones antes, con sus pacientes o por experiencias vividas. Estaba actuando profesional con él.

—Ese chico solo tuvo relaciones sexuales conmigo, para probar si soy homosexual o no, porque no le pareció que revisara a su novia. —Respondió con bochorno, tratando de no dramatizar el punto. Pero la vergüenza estaba arraigada a su pecho como una lapa. Daba en su ego, aunque no lo quisiera. Kim accedió a subir a ese cuarto con él, por lo atractivo que le había parecido. Cristo, él le había gustado demasiado para algo más que ocasional, después de todo lo que platicaron. Y para SeHun no significó nada, más que comprobar que no estaba mintiendo. Vaya, que risa.

—¿Qué demonios? Ese tipo es un imbécil. Uno muy grande e ignorante. —El enojo de su amigo se sintió en la oración, calentando su corazón un poco. Ya sentía que no era tan dramático después de todo. No podía evitar el resentimiento, que era más grande que la culpa, pero no se lo diría.

—Deberías decirle a su novia que tipo de persona es ese idiota. Es un bien común, Junmyeon-ah. —La maldad personificada, pensó. Abrió su boca para responder cuando la puerta fue tocada.

—Adelante. —Respondió al toquido, y la puerta reveló la figura de dos personas, haciéndole sentir como su presión arterial disminuía, pero sólo una se adentró en la habitación para su alivio o desgracia.

—Kang SeulGi, ¿Cómo estás? ¿En que puedo servirte? —Preguntó con cortesía, tratando de que su pesar no se mostrara, su amigo solo saludó y se retiró. Le hubiera gustado detenerlo, pero la incomodidad de la mujer no se lo permitió, solo esperaba que al mayor no se le ocurriera hacer ninguna imprudencia.

—¡Oppa, lo siento mucho! ¡Lamento haberle causado tantos problemas! —La mujer se dobló en una perfecta referencia, haciendo que la sorpresa y la angustia se apoderaran de su persona.

—¿Qué? —Tartamudeó, perplejo por la situación incomprendida. —SeulGi-ah, mejor siéntate y explícate, por favor, no estoy entendiendo. ¿Aceptaré tus disculpas si te explicas? —Dijo inseguro, sintiendo que quien debía disculparse con ella era él .Dios, que incómodo.

La mujer volvió a enderezarse, mirándolo directamente, la vergüenza y tristeza reflejadas en su semblante naturalmente neutral.

—Oh SeHun me explicó absolutamente todo. Ese malnacido me contó cómo abusó de usted para comprobar algo que no le incumbe en lo absoluto. —Su boca se abrió con sorpresa, dudando que esto fuera real para su torturada mente.

—No tiene que explicarme nada, Oppa. Él me ha dicho lo que sucedió en su fiesta de cumpleaños, él como lo torturó y el plan que creó, todo porque no confió en mi. ¿Quiere que lo acompañé a poner una denuncia? Estoy dispuesta a testificar en contra de ese idiota sin moral. —La mujer desprendía seguridad, su mirada demostraba la confianza que tenía para hacer algo así. Sonrió con suavidad, un sonrojo subiendo por sus mejillas al entender todo. Dudaba que el hombre le dijera que el acto había sido consensuado y por ello habían repetido tantas veces. Y si lo hizo, pero ella no le creyó, sería demasiado para soportarlo. Sin embargo lo alegraba tanto, como la mujer estaba dispuesta a saltar hacia los lobos hambrientos, conocidos como la sociedad, con tal de ayudarlo a él. Aún a sabiendas que era casi imposible que una denuncia así procediera, los hombres aún no eran escuchados en esos casos, simplemente eran condenados al ostracismo.

—Gracias, SeulGi-ah. No será necesario, en absoluto. No me gustaría darle más de que hablar a todos, y además, de que el contexto está un poco alterado. —Rascó su nuca, pensando en cómo contestarle a la mujer, sin dañar su integridad.

—Yo no sabía quién era él, eso es cierto, lo siento mucho por eso. —Está vez fue su turno de inclinarse de forma respetuosa.

—Eso es lo que le dije. Ella insistió en que yo abusé de ti. De todas formas, no debes disculparte con ella. Lo hice yo antes. —El shock lo sacudió cuando escuchó la voz que lo atormentaba en sueños. Despreocupado y sin vergüenza.

—No confiaba en ti para eso. Eres un completo cavernícola. Tus acciones demuestran lo poco que piensas para llevarlas a cabo. Pero, es cierto. Oppa, tú no deberías disculparte conmigo. Ni con nadie, en realidad. Quien me debía lealtad y respeto era él, pero eso ya lo hablamos, no te preocupes por ello. —Su voz se volvió suave y comprensible cuando se dirigió al Kim de nuevo.

—Eres soltero y puedes tener una vida sexual con quien te plazca. Toma tus propios consejos, Oppa. —Murmuró la mujer, un ligero rubor acompañándola. Junmyeon soltó una risa, avergonzado por el comentario, un carraspeo llamó su atención, la seriedad personificada, pareciendo poco conmovido por su plática.

—Lo he traído para que se disculpe, así que, si estás bien con eso, Oppa, los dejaré solos. —La mujer volvió a su aspecto neutral, donde el doctor le permitió retirarse. La incomodidad inundó la habitación, haciendo que el hombre mayor quisiera ahogarse en esta misma. Tantas emociones contrariadas en su interior para ser procesadas lo sofocaban.

—Me gustaría disculparme honestamente. Esa no fue la manera correcta en que debieron darse las cosas. —Destilaba sinceridad su discursito, pero el doctor estaba más que perdido en la mirada abrazadora que le dirigía el hombre. Antes de que pudiera responder, el menor retomó la palabra.

—Pero no voy a decir que me arrepiento, porque no lo hago. —Sentenció, directo y al grano como asepsia, ironizó. Se había movido rápido, al igual que aquella noche y ahora lo tenía en frente, asustándolo un poco en el proceso. Lo intimidaba aquel poder que emanaba, esa dominación y él dispuesto a esclavizarse. Despertaba tanto en él que lo enloquecía, carajo.

—Sé que lo que hice estuvo mal. Pero quiero que sepas que me quedé contigo aquella noche porque quería. No existía otro propósito que saber cuántas veces podría hacer que te corrieras. —El rubor había vuelto, pero esta vez con mayor intensidad, el hombre necesitaba un filtro a la hora de hablar. O callarse.

—Bien, acepto tus disculpas, puedes retirarte ahora. —Murmuró, tratando de que su mirada no se quedara pegada a la suya, firmemente señalando la puerta. Sí su respiración estaba desequilibrada no dijo nada. —Pero no he terminado de disculparme. —Contestó, esta vez atreviéndose a encontrar su rostro.

—Dije cosas que no sentía, y te humille porque estaba asustado. El sexo más increíble de mi vida, lo tuve con un hombre y eso jamás pasó por mi mente. —Admitió, la vergüenza tiñendo su rostro. Debería ser ilegal que un patán fuera tan atractivo. En serio estaba detestándolo por ello, prefería seguir odiándolo que simpatizar con él.

—Pero no tengo remordimientos. Bueno. Solo que no te hayas quedado a desayunar conmigo aquella mañana. Y no haber podido robarte un beso de buenos días y otra ronda más. Tal vez. —Los colores intensos nunca bajarían de su rostro si el hombre le hablaba así. Necesitaba un filtro, urgentemente.

—¿Quieres ir a almorzar conmigo, para que termine de disculparme? Tengo mucho más para decir. —Tentó, sus labios peligrosamente cerca, en una invitación como la de esa noche. El hombre desconocido volvía, pero en su mirada había un atisbo peligroso de seriedad.

—No. A ti realmente te hace falta estudiar y salir de tu cueva, Oh SeHun. He escuchado tu manera de pensar, y eso no es atractivo. —Murmuró, parpadeando fuera el sentimiento tentador.

—Mh, hecho. Te mostraré lo mucho que he aprendido de tu comunidad y el maravilloso trabajo qué haces aquí. Lo prometo. —Soltó solemne, el brillo de la travesura arraigado en la invitación.

—¿No es un poco tarde para que te hayas informado? —El sarcasmo y veneno tintineando, la molestia de su acusación presentes.

—Sí, bueno, creí que alguien ya me había perdonado eso. —Un rubor furioso lo cubrió nuevamente. Cállate, cállate, cállate. Decía su mente castigadora mente.

—Mi hora de comida ya empezó, Oh SeHun. —Se volteó, queriendo escapar de esa mirada tentadora, buscando sus cosas para poder retirarse, y cuando lo hizo, el hombre se le pegó como lapa. Aún debían discutir muchas cosas más, durante el almuerzo, y Junmyeon debía asegurarse que Sehun verdaderamente haya aprendido lo que es el respeto. No estaba dispuesto a salir con un cavernícola. Aunque fuese terriblemente apuesto. Y tuviera una boca talentosa. O supiera cómo moverse. Oh, cielos.