Parte 1
Dos años habían transcurrido desde que se separaron en aquel maldito archipiélago. Todavía no se había perdonado a sí mismo el haber fallado a su tripulación, si no hubiera acabado tan magullado en Thriller Bark puede que hubiese tenido alguna posibilidad contra Kuma, aunque si era honesto, si Luffy no había podido con él, tampoco podrían haberse enfrentado al almirante Kizaru aun en plenas facultades, todavía no tenían el poder suficiente, pero eso había cambiado; había estado con Mihawk sometido a un entrenamiento sádico y riguroso que serviría para proteger a la tripulación, había perdido un ojo izquierdo, no es que le preocupase su apariencia, sino que eso había hecho que tuviese que recalcular la pérdida de profundidad y también que al estar tuerto le desagradase más al cocinero.
Era una tontería pensar que podría haber algo entre ellos, había pasado demasiado tiempo desde que tuvieron aquel encuentro pasional después de Enies Lobby, las cosas no volvieron a ser igual entre ellos y más desde que el cocinero intentó ocupar su lugar para sacrificarse por la tripulación, tampoco es que tuvieran oportunidad de hablarlo, ya que pasaron demasiadas cosas.
─ Ey, marimo de mierda. – aquel saludo le sacó de sus pensamientos, solo había una persona en el mundo que le llamaba así. Giró su rostro desde lo alto del barco del cual se había subido y lo miró desde allí arriba – Sólo tu podías equivocarte tan estúpidamente para confundir un galeón con un barco de pesca.
Su rostro no lo mostró, pero su corazón dio un vuelco al ver al rubio allí, con su sonrisa burlona de siempre, esta vez rodeada de una perilla y su flequillo sobre su ojo derecho, dejando a la vista su ojo izquierdo que hasta la fecha había dejado oculto, mostrando que la espiral de esa ceja se inclinaba hacia el entrecejo. Joder, quería besarla. Además, no solo su rostro era más maduro, también su cuerpo, ya no era tan flacucho, tenía forma de triángulo invertido, sus hombros eran ahora más anchos y esa estrecha cintura que tuvo el privilegio de sujetar cuando... no, mejor no ir por ese camino.
─ Soy yo, imbécil. ¿Es que no me reconoces? – preguntó ante su silencio – Baja de ese barco para que pueda patearte el trasero.
─ Ah. En eso sigues igual, número 7. – respondió tras saltar frente a él y descubrir que ahora era más alto que él.
─ ¿Número 7? – Sanji debió notar la diferencia de altura, apenas era un centímetro, pero se aseguró de estirar bien su espalda para que no se notase y estar igualados.
─ Eres el séptimo en llegar, así que eres el número siete.
─ ¡Déjate esa mierda, para una vez que llegas el primero a algún sitio no nos enumeres!
Zoro disfrutó de la pequeña riña, se alegraba de ver que la situación no era incómoda entre ellos cuando volviesen a reunirse, no quería estropear el reencuentro con la conversación que tenían pendiente así que continuaron discutiendo mientras acompañaba al cocinero a hacer la compra, fue entonces cuando se dio cuenta de que Sanji estaba tenso, de vez en cuando le echaba alguna mirada de soslayo y no era para ver si se perdía o no y eso le puso nervioso, estaba convencido de que el rubio iba a fingir que no había pasado nada entre ellos, de hecho, en cuanto terminaron de follar, le faltó tiempo para huir de la cofa, ni si quiera se limpió, se vistió aun con los muslos y el trasero húmedos del semen que dejó dentro de él y a la mañana siguiente era como si no hubiera pasado nada.
─ Ey, Musgo. – Se detuvo de repente en una zona más apartada y le encaró – Hay algo que quiero hablar contigo.
─ Oh.
─ ¿Qué pasa?
─ Acabo de darme cuenta, no estás fumando.
─ Ah, sí. – se sonrojó y rascó la nuca – Lo dejé durante una temporada, pero al final siempre recaigo y me fumo alguno de vez en cuando.
─ Se me hace raro no verte con un cigarrillo en la boca, como la chimenea que eres. – no sabía porque estaba alargando ese momento.
─ No me distraigas, ¿vale? Estoy tratando de decir algo importante, Marimo.
─ ¿De qué se trata? – preguntó incómodo.
─ ... Yo, – bajó la mirada, era evidente que no era un tema fácil de tratar y eso le daban más ganas a Zoro de salir huyendo, pero no lo haría, fuese cual fuese la noticia que tuviera que darle. – yo tengo...
Una llamada de Den Den Mushi les interrumpió, era Franky avisando de que la Marina les había descubierto y Luffy había llegado a la isla, así que iban a llevar el Sunny al manglar. Con el mensaje recibido ambos volvieron a quedar en un incómodo silencio, Sanji no sabía cómo retomar la charla y tampoco tuvo oportunidad ante la explosión que escucharon no muy lejos de allí, por lo que decidió que sería mejor intentarlo más tarde e ir a reencontrarse con su capitán.
Tras reunirse con Luffy, los tres acabaron en el Sunny para descubrir que ya todos estaban allí y partir de inmediato a la isla Gyojin, abrazos y risas inundaron la cubierta, felices de volver a estar todos juntos y a salvo. Zoro disfrutó de el reencuentro, él siempre era más discreto y menos efusivo que Sanji que no dudó en darle un fuerte abrazado a cada uno de ellos por igual, aunque no tuvieron demasiado tiempo para celebraciones, como siempre, las aventuras no les daba tregua alguna y tuvieron que enfrentarse a todo tipo de problemas y cuando cruzaron la burbuja que contenía la isla se dividieron y sucedió todo tipo de cosas.
***
Los gyojin sabían celebrar una buena fiesta y su bebida era sin duda una de las mejores que había probado en su vida, la música también era buena y tener a sus nakama con él hacía que la bebida supiese mejor. Todo estaban repartidos por la gran sala, Luffy engullía sin descanso, Chopper y Usopp bailaban encima de la mesa, Franky mantenía una charla con Jimbe mientras bebían en otra mesa, Brook tocaba música con una cantante sirena y Sanji, Nami y Robin reían con Shirahoshi sobre algo. Zoro se dio cuenta de que el rubio estaba bastante relajado con ellas, no era todo corazones y bailes tontos a su alrededor, de hecho, salvo el abrazo y algún halago a sus compañeras nakama se había portado bastante... normal, y eso en si era muy raro porque lo “normal” para el cocinero hubiese sido que se hubiese desangrado a morir al verlas de nuevo y más con lo cambiada que estaba Nami en tema delantera y la escasa ropa que solía llevar era evidente que había conseguido unas cuantas tallas de pecho más.
Cuando miró de nuevo hacia ellos se dio cuenta de que Sanji ya no estaba, vio como salía del salón a uno de los balcones más apartados y eso llamó la curiosidad del espadachín que decidió descubrir que ocurría, un par de sirenas le distrajeron ofreciéndole más bebida y comida que rechazó y por fin logró ir al balcón, lo vio en la esquina y de espaldas, apoyado en la barandilla hablando solo, o más bien, con un denden mushi ya que mantenía una conversación a pesar de no ver al animal.
─ ¿Sí? ¡Vaya, eso es genial! – respondió a algo el cocinero que Zoro no pudo escuchar y le sorprendió esa voz cargada de cariño que usó el rubio con su interlocutor – Yo también te echo de menos, cariño, pero hicimos una promesa, ¿verdad? Prometimos ser fuertes y cuando nos volvamos a ver te comeré a besos.
Zoro jadeó sorprendido, dando un paso hacia atrás, como si hubiese recibido un golpe físico ante esas palabras. Sanji siguió parloteando sin darse cuenta de que el espadachín estaba escuchando todo lo que le decía a alguien.
─ Te quiero, mi amor. Hoy, mañana y siempre. – endulzó su voz e hizo un escandaloso beso para luego reír – Ah, adoro cuando te ríes así. En cuanto pueda volveré a llamarte, ahora a dormir, es tarde. Buenas noches, mi vida. Soñaré contigo.
El espadachín se alejó a toda prisa de allí para que Sanji no le descubriese y a grandes zancadas recorrió el salón y, de alguna manera, salió fuera del castillo, aunque poco le importó. Necesitaba aire y despejarse, aferrándose el pecho como si le hubiesen arrancado el corazón y no parase de sangrar, le dolía horrores. Así que eso era lo que quería decirle en Sabaody, que ahora tenía pareja y que lo que ocurrió entre ellos no volvería a suceder... sabía que sería así, pero no esperaba que en esos dos años, Sanji hubiese rehecho tanto su vida y dejase claro que aquella noche no significó nada para él.
─ Mierda... joder... – masculló a solas, sin darse cuenta de que había comenzado a llorar.
Pasó el resto de la noche alejado del resto y ya estaba más calmado cuando se encontró con Luffy y Sanji donde tuvieron el percance de la fábrica de dulces de Big Mom, donde Luffy le declaró la guerra a esta de que ahora la isla Gyojin le pertenecía. Regresaron al castillo para seguir con sus aventuras, mientras su capitán y el resto se despedían del rey Neptuno y demás, Sanji se acercó a él, que estaba sentado y apoyado en el mástil del Sunny.
─ Ey, Marimo ¿dónde te metiste anoche? – preguntó con una sonrisa burlona – No me digas que te perdiste y no supiste regresar al salón y estuviste deambulando por todo el castillo.
─ ¿Qué quieres, Rizado? – preguntó con desgana.
─ Aun tengo algo que decirte, ¿recuerdas? – puso los ojos en blanco, aunque Zoro percibió sus nervios – ¿Podemos reunirnos esta noche en el Nido de cuervo?
─ No hace falta, sé lo que me vas a decir.
─ ¿Eh? – parpadeó sorprendido.
─ Lo que sucedió en Water Seven está olvidado. – zanjó pronto la conversación levantándose de su sitio – Fue una noche en la que los dos estábamos alterados con todo lo que sucedió, nos hicimos compañía y acabamos echando un polvo que no significó nada.
─ ... – el rubio contuvo el aliento, no se esperaba que fuese a soltárselo todo de golpe.
─ Todo está bien así, cocinero. Tú céntrate en tus asuntos y yo lo haré con los míos, no buscaba nada serio con aquello, lo único que quiero es ser el mejor espadachín del mundo sin distracciones. Fue un desliz y para ti también lo fue, ¿cierto?
Sanji abrió la boca, a punto de decir algo y sin embargo no dijo nada, contuvo su respuesta. Sus labios se apretaron y su rostro se relajó aliviado, con una sonrisa que le dio toda la razón de que esa noche no significó nada para él.
─ Ahora que está todo claro no hay más que decir. – dijo finalmente el cocinero manteniendo la curvatura de sus labios – No volveremos a hablar de ello y seguiremos protegiendo a los demás como hasta ahora.
─ Será lo mejor. – cerró los ojos dando por finalizada la conversación.
Sintió que el rubio todavía no se había movido del sitio, tardó unos segundos hasta que pudo oler el olor del cigarrillo que se acababa de encender y se alejó, Zoro suspiró abatido. Le había dolido horrores mentir de esa manera, cuando se acostaron él sí tenía sentimientos por el cocinero aunque no supo definirlos hasta que se vio solo en Kuraigana extrañándolo muy por encima del resto. Estaba enamorado de él y sabía que nunca sería correspondido por el mujeriego cocinero, y también sabía que tarde o temprano habría alguna chica que se daría cuenta de que, detrás de todas sus tonterías, Sanji era alguien increíble y por eso le había dado la salida fácil, conocía de su bondad y buen corazón por mucho que tratase de ocultarlo y por mucho insulto o peleas que tuvieran sabía que Sanji quería dejar las cosas claras para que ninguno de los dos pudiese sufrir por aquella noche, aunque eso fue demasiado tarde, se guardaría sus sentimientos para siempre y le desearía lo mejor sin importar que él sufriese durante todo ese tiempo.
***
Los días pasaron y la rutina de siempre volvió pronto a la vida de los Mugiwara, no parecía que hubiese pasado dos años y cada uno se dedicaba a sus quehaceres, Sanji salió de la cocina con bebidas para todos con algunos tentempiés, como siempre, sirviendo primero a las chicas.
─ Aquí tenéis, mis dulces damas. Espero que os guste.
─ Muchas gracias, Sanji–san. – sonrió la morena aceptando su copa, mientras que Nami le observaba con detenimiento.
─ ¿Ocurre algo, Nami? – preguntó Sanji, ladeando la cabeza manteniendo su sonrisa.
─ Lo sabía... has cambiado. – comentó la pelirroja – No son imaginaciones mías, estás más... tranquilo.
─ ¿Tranquilo?
─ Me refiero a que antes siempre estabas pegado a nosotras, diciendo lo maravillosas que somos y revoloteando sin parar.
─ Y lo sigo pensando.
─ Sí, pero, sin ofender, no estás tan... efusivo.
─ Oh, ah...
─ No es que sea malo, al contrario. Me siento más relajada que estés así. – aceptó su bebida y dio un trago – Mmm echaba tanto de menos tu comida.
─ ¿Te ha pasado algo bueno en el tiempo en el que estuvimos separados? – preguntó Robin.
─ ¿Te has echado novia? – se atrevió a conjeturar la navegante.
─ ¿Qu–Qué? Y–Yo... yo no... – se sonrojó a más no poder.
─ ¡Sí lo has hecho! – gritó sorprendida – ¡Por eso no nos coqueteas como antes! ¡Tienes novia!
─ No, de verdad que no es eso... – trató de negarse y el resto de la tripulación, al escuchar salseo del bueno, se acercó.
─ ¿Sanji–bro tiene novia? ¡Felicidades!
─ Me alegro por ti, Sanji. – le dio una fuerte palmada Usopp en la espalda que casi tira el resto de copas.
─ Ah, qué bueno es ser joven, ¡yohohoho! ¿es guapa? ¿puedo ver sus bragas?
─ ¡Jamás verás tal cosa, montón de huesos pervertido!
─ O sea que tengo razón. – sonrió triunfante Nami ante el desliz de Sanji – ¿Por qué no nos lo habías dicho?
─ ... – Sanji guardó silencio, apretando la mandíbula, incómodo por tener que explicarse – Supongo que no encontraba el momento adecuado para hablar de ella.
─ ¿Por qué no la has traído contigo? ¡Tendríamos nakama nueva! – exclamó Luffy.
─ Es demasiado peligroso para ella, no quiero arriesgarme a que le suceda algo. – sonrió con algo de tristeza.
─ Pero... ¿No es duro un amor a distancia? – preguntó Chopper.
─ Bueno, no soy el único que tiene alguien especial fuera de la tripulación. – echó una mirada significativa a Usopp y Nami que asintieron al comprenderlo – De todas formas, ya que estamos... os diré que, en cuanto Luffy se convierta en rey de los Piratas, volveré con ella.
─ ¿Qué? – masculló furioso Zoro mientras los otros estaban con la boca abierta de par en par – ¿Vas a renunciar a tu sueño por ella?
Sanji le observó en silencio, sus ojos azules puestos en él y le dio tanta rabia ver lo en serio que hablaba que le destruyó por dentro, porque esa sonrisa... esa preciosa sonrisa no iba dirigida a Zoro.
─ Ella es mi nuevo sueño. – respondió con total convicción – Ningún mar puede compararse a ella por muy mágico que sea.
─ ¿El viejo del Baratie lo sabe?
─ Jajaja, – soltó una buena carcajada – estuvo a punto de cruzar el maldito mundo para venir a patearme el culo cuando se lo dije, pero cuando se lo expliqué todo lo comprendió, aunque eso no significa que deje de querer matarme.
─ Entonces... ¿te irás? – sollozó Chopper.
─ Lo siento. – respondió acariciando el sombrero del médico – Tarde o temprano cada uno seguirá su vida, al menos yo no planeaba ser pirata el resto de mi vida tras encontrar el All Blue.
─ Saber que tiene fecha me rompe el corazón, ah pero yo no tengo corazón ¡yohohoho!
─ Bueno, tú te irás a ver a Laboon, Usopp regresará con Kaya, Nami con Vivi... a veces el amor complica las cosas, pero una vez que lo tienes, no quieres renunciar a él.
─ ¡Qué bonito, bro! – lloró a mares Franky.
─ Lo siento, Luffy. – se rascó la nuca Sanji, avergonzado – Debería haber hablado contigo primero.
─ No te preocupes, todos somos nakama. – sonrió – Seguiremos siéndolo aunque no estés en el barco con nosotros y siempre tendrás tu hueco en la tripulación si en algún momento quieres volver tu solo o con ella.
─ Gracias, capitán. Estaré a tu lado para alimentarte hasta entonces.
─ Shishishi, eres más que nuestro cocinero, Sanji.
─ Snif, dejad de hablar de esto, no quiero llorar. – gimoteó Nami.
─ ¿Podemos saber su nombre? – preguntó Robin mientras trataba de reconfortar a su amiga acariciándole la espalda.
─ Claro, – se le dibujó de nuevo esa bonita sonrisa y sus ojos brillaron – se llama Sora.
─ Es un nombre muy bonito. – le devolvió la sonrisa la arqueóloga.
─ Gracias. – asintió con las mejillas sonrosadas – Ahora que lo sabéis me siento un poco mejor, siento haberlo ocultado, necesitaba algo de tiempo.
─ Ah, lo siento, ha sido por mi culpa.
─ No pasa nada, mi preciosa Nami. – sonrió el rubio.
Todos le rodearon y empezaron a acosarlo a preguntas mientras que Zoro se quedó algo apartado, en silencio, todavía molesto de que esa mujer hiciera que el cocinero perdiese la oportunidad de encontrar el mar que tanto había deseado durante tanto tiempo, él no le impediría tal cosa, aunque estaba convencido de que había sido idea del propio Sanji renunciar a ese sueño para estar con ella y tenerla feliz y eso le enfurecía más. Se subió al nido de cuervo a entrenar con mayor intensidad y con suerte perdería el conocimiento.
***
Punk Hazard apareció en ese mismo día y de nuevo todo se volvió loco, esta vez se llevaron con ellos a Trafalgar Law, para ayudarlo a vencer a Doflamingo en Dressrosa y a Kinemon y Momonosuke en Wano. Con los nuevos acompañantes el asunto de Sanji quedó al margen, de vez en cuando surgía el tema pero ya no le daban tanta importancia y más cuando el cocinero no parecía querer dar demasiados datos de ella, solo lo maravillosa y hermosa que era y cada vez que veía al rubio buscar un sitio para estar a solas y usar su Den Den Mushi, Zoro apretaba los dientes y entrenaba con más ahínco o sumergirse en el alcohol, lejos de él para no escuchar su dulce repertorio.
Cuando se separaron en Dressrosa y el “equipo espiral” se adelantó a Zou pensó que le vendría bien al menos tomar algo de distancia con Sanji, pero no esperó que fuese a ser durante tanto tiempo, ya que, cuando llegaron al gran elefante, Nami les dio la noticia de que Sanji se había ido a Whole Cake Island para ver a su prometida.
─ Oh, pobre Sora. – se lamentó Franky – No podemos permitirlo, él ya tiene novia. ¡Hay que impedir esa boda!
─ Sobre eso... – murmuró la navegante mirando a Brook y Chopper – Hay algo más.
─ ¿Qué pasa? – preguntó Luffy.
─ Hemos conocido a Sora. – continuó Brook – Sanji se dejó su Den Den Mushi en su cabaña y lo cogimos. Ivankov quiere hablar contigo.
─ ¿Iva? – repitió el capitán con extrañeza – No entiendo, ¿Qué tiene que ver Sora con Iva?
─ Más de lo que crees. Dijo que solo hablaría contigo... aunque Zoro debería estar presente.
─ ¿Yo? – frunció el ceño el aludido – No sé quién es Ivankov y mucho menos Sora.
─ Zoro, por favor, hazme caso. – insistió la pelirroja, y ella nunca suplicaba.
Zoro y Luffy se intercambiaron una mirada de incomprensión y aun así fueron a la cabaña de Sanji, Nami les acompañó e hizo la llamada, el pequeño caracol era también de imagen y pronto salió en pantalla Ivankov.
─ ¡Mugiwara–boy! – exclamó sorprendido.
─ ¡Iva! – sonrió de oreja a oreja – ¡Sí que eres tú!
─ Siento haber desconfiado de tu nakama, pero tenía que asegurarme que aun estabais aliados.
─ ¿De qué querías hablar conmigo? ¿No se supone que este Den Den Mushi es de Sora?
─ ... – Ivankov se quedó callado, mirando a Zoro – ¿Por qué está él aquí? Pedí hablar solo contigo.
─ ¿Eh? Zoro es mi nakama, es de confianza.
─ ¿Confianza? – repitió con desdén – Él no quiere saber nada de Sora. Se lo dejó muy claro a Candy–boy.
─ No entiendo nada, Iva. Explícate.
─ La pelirroja no te ha dicho nada sobre Sora, ¿cierto? – suspiró – Pensaba que sería Candy–boy el que me llamaba y por eso no me preocupé en ocultar a Sora.
─ Sanji nos ha hablado de ella, no tienes porque esconderla de nosotros. Puede que el cocinero y yo no nos llevemos bien, pero somos nakama.
─ Sí, dejaste bien claro que solo erais eso. – frunció el ceño el de cabello púrpura – igual de claro que no querías saber nada de ella.
─ ¿De qué estás hablando? – reaccionó igual el espadachín.
─ ¡Tío, tío Iva! – se escuchó una voz infantil fuera de cámara – ¿Papi? ¿Papi llama?
─ Ah, espera, espera, cielo. – trató de detenerla, pero ella se coló por un hueco y una enorme carita apareció frente a Luffy y Zoro.
Ambos se quedaron con la boca abierta, una niña preciosa de unos dos años de ojos azules y pelo verde decorado con todo tipo de adornos con cejas en espiral se los quedó mirando, los tres todavía aturdidos para asimilar todo lo que estaba sucediendo, pero el peliverde estaba completamente impactado.
─ Una... ¿Una mini Zoro? – murmuró asombrado el capitán.
─ ¡ES PAPÁ! – chilló emocionada la niña dando saltitos de euforia – ¡Y TIO LUFFY!
─ Sora, cariño... – trató de calmarla Iva girándola para que le prestase atención – Escúchame...
─ ¡Quiero hablar con ellos! – pidió sin perder la emoción – ¡Papá conocerme!
─ ... – Iva hizo una mueca y volvió a sonreírle – Sé que quieres hablar con tu padre, pero ahora no puede ser. Tengo que hablar con ellos primero, depende de cómo vaya el asunto, podrás hacerlo tú.
─ ¡NO! – dio una patada en el suelo – ¡Yo ahora!
─ Sora–chan, hazme caso.
─ ¡No! – hizo berrinche de nuevo – ¡Papáaa!
─ Tiffany, llévatela. – ordenó Iva cuando apareció otra extraña mujer a llevársela mientras la niña pateaba y se alejaba disculpándose porque se le hubiese escapado. Suspiró frotándose la sien ante el error cometido – Tiene el carácter explosivo de su madre...
─ Iva, no lo entiendo... ¿Por qué la hija de Sanji es una mini Zoro? – preguntó el morenito sin entender.
─ ¿Cómo? – salió Zoro de su bloqueo mirando a su capitán – ¿Sabías que Sora no era la novia del cocinero?
─ En ningún momento dijo que lo fuese, eso fue cosa de Nami y Sanji la corrigió. – se encogió de hombros.
─ ¿Por qué no lo dijiste o lo aclaró él del todo? – bramó cabreado.
─ Me pidió que no lo hiciera, Sanji es muy reservado con sus asuntos. Solo me pidió que en caso de pasarle algo a él, me dijo que cuidase de Sora. No sabía que también era tuya, Zoro.
─ ¡Mierda, no entiendo nada! – gritó ofuscado mirando de nuevo a Ivankov – Es imposible, esa niña es idéntica a mí con cejas de espiral, ella no..., ella no puede ser...
─ ¿Tu hija y de Candy–boy? Sí, lo es.
─ ¡No puede ser! – repitió cabreado – ¡Por si no te has dado cuenta ambos somos hombres!
─ Candy–boy tampoco sabía que podía quedarse embarazado, también fue una sorpresa para él.
─ ...¿C–Como? – todavía era incapaz de entender nada.
─ Si él no te ha contado nada yo tampoco lo haré. – respondió con sencillez Ivankov.
─ ¡Tengo derecho a saberlo! – gritó de nuevo – ¿Cómo se atreve a ocultarme algo así? ¡Es mi hija también! ¡Es un cobarde por no contarme algo así!
─ ¡No te atrevas a llamarle cobarde! – respondió Ivankov enfurecido – No tienes ni idea de todo lo que ha pasado, ¡ni idea! Candy–boy soportó el infierno durante el embarazo, el propio parto... lo dio todo para que Sora estuviese bien cuidada mientras entrenaba para recuperarse lo antes posible para volver con vosotros y contarte que ahora eras padre, pero tú le dijiste que no querías distracciones, que solo aspirabas a tu sueño de ser el mejor espadachín del mundo. – siseó furioso – Llámale cobarde de nuevo y te juro que yo mismo te mataré.
Zoro guardó silencio, todavía sorprendido con todo lo que estaba escuchando, no solo era padre, sino que Sanji había sufrido durante todo ese tiempo y no le había dicho nada por haber sido un bocazas... sus estúpidos celos habían desembocado a ese malentendido y el cocinero no había podido darle la noticia. Joder era un auténtico idiota.
─ ¿Qué piensas hacer para recuperar a Candy–boy, Mugiwara–boy? – preguntó Iva ignorando al espadachín.
─ Voy a ir a por él a Whole Cake Island. – respondió con seguridad – Él no quiere casarse con la hija de Big Mom. Lo recuperaré.
─ Cuento contigo.
─ Shishishi, por supuesto. – rio con confianza – Mientras recupero a Sanji, quiero que Zoro cuide a Sora.
─ ¿Eh? – dijeron Iva y Zoro a la vez.
─ Seguro que Sora está preocupada de no poder hablar con su madre desde hace días y creo que Zoro podrá ser su apoyo hasta que puedan reunirse de nuevo.
─ No sé si es buena idea, Mugiwara–boy... Es cierto que Candy–boy nunca le ha ocultado a Sora que Roronoa sea su padre, pero si no está él delante...
─ Lo hará bien, te lo prometo. – hizo una gran sonrisa el moreno.
─ ... – Iva le tenía mucho aprecio al chico de goma, pero ninguno en el peliverde.
─ Quiero conocerla. – declaró Zoro y agachó un poco la cabeza – Por favor.
─ ...Está bien. – cedió, el orgulloso espadachín seguro que no solía pedir favores así – Estaré siempre presente cada vez que hables con ella.
─ De acuerdo.
─ ¡Yosh, decidido! – dijo Luffy – Voy a por Sanji, Zoro tu mientras ve con los demás y adelantaos para ir a Wano, nos veremos allí.