Mailén
I’m dying to live again
And start all over
I’m dying to live again
I’m doing my best
The Neighbourhood, Death Stranding: Timefall
Cada mañana estoy más cerca de mi gran día.
Ese pensamiento se instala en mi cerebro mientras abro las cortinas de mi nueva habitación. Los rayos del sol se cuelan por la ventana, son cálidos, casi puedo olfatear la luz solar que cae sobre mi rostro. Cierro los ojos, inhalo y ese aroma se filtra hasta mi paladar donde lo saboreo.
Hoy será un día maravilloso, lo sé.
Sonrió, abro los ojos y aprecio el precioso jardín bordeado por rosales.
La casa ya ha despertado. El pitido de la cafetera llega hasta mi habitación. Mis tíos ya deben estar despiertos, son madrugadores. Mi tía va al gimnasio muy temprano y me ha invitado a acompañarla, pero no sé cómo me adecuaré a mi nuevo trabajo.
Este día necesita un baño especial. Utilizo mi champú favorito, mi jabón de rosas y el agua tibia. No demoro tanto como me gustaría, pues la ducha para mí es un ritual. La ansiedad me hace salir rápido, secarme e ir por mi nuevo atuendo para el empleo.
Mi tío me ha regalado un guardarropa completo. El fin de semana, cuando llegué a la ciudad, salimos de compras y no escatimó en gastos. Él siempre se preocupa por mí y por cualquier persona que necesite ayuda.
Yo estoy bien, siempre lo he estado. Sé cuidar de mí, desde adolescente aprendí a levantarme de las caídas y a enfrentar los problemas. No necesito del ala protectora de nadie.
La sonrisa me falla un poco cuando me contemplo frente al espejo. Tomo aire, cierro los ojos y me mantengo así por unos segundos; entonces exhalo y la sonrisa está ahí otra vez. No puedo permitir que nada ni nadie me arrebate la alegría.
Mi tía me tiñó el cabello de mi rubio acostumbrado. Mi tono natural es castaño oscuro, pero me encanta este color dorado que hace resaltar el tono verde de mis ojos. Me recojo el cabello en una cola alta, así como detesta mi madre que lo use; me encanta.
No soy una gran admiradora del maquillaje, pero mi tía me ha dado algunos cursillos básicos y me regaló sombras, labiales, y no sé qué tanto más. No he revisado todo, sólo aquello que usaré. No quiero llegar muy maquillada, me gusta que se note la diferencia cuando estoy en el trabajo o salgo a una fiesta. En mi nuevo empleo asistiré a eventos importantes, eso lo sé.
La idea amplía mi sonrisa.
Definitivamente este será uno de los mejores días de mi vida.
—¿Mailén? —llama mi tía con un golpe suave en la puerta—. Ya está el desayuno, cariño.
—¡Ya voy!
Mis manos tiemblan.
Recojo todas las cosas que necesitaré. Mi tableta electrónica, celular, libreta, pluma, pastillas, maquillaje, toallas sanitarias y un peine. Mi mochila café también ha sido un regalo de mi tío, es hermosa; nunca habría podido comprar una tan elegante y cara. Me gusta porque puedo meter todo, colgarla en mi espalda y seguir luciendo elegante.
Me contemplo una última vez frente al espejo enorme que han instalado para mí. Mi vista viaja hasta mi alrededor. Mis tíos han hecho todo por hacerme sentir cómoda, incluso amueblaron la habitación con tonos morados —mi color favorito—, y también pintaron las paredes del mismo tono.
Esa sonrisa tiembla otra vez, ¿por qué? Quiero llorar.
Inhalo, exhalo y me obligo a enfocarme en mí. Porto un pantalón azul oscuro, con una blusa unos tonos más clara y zapatos de tacón del mismo tono que la prenda inferior.
Y ahí se renueva mi sonrisa, luzco increíble.
Estoy lista para enfrentar al mundo en tacones, ¡oh, sí!
El pasillo de la casa me recibe con el delicioso aroma del café. No me gusta beberlo, pero disfruto de su olor. Es mi guía hasta la cocina donde mi tía está recargada en el refrigerador con toda la atención en su celular.
—Buenos días —saludó con mi mejor tono.
Ella se sobresalta, me disculpo de inmediato. Todavía viste su ajustado atuendo deportivo de color rosa.
—No, no te preocupes —sonríe y señala hacia la pared donde, al otro lado, se ubica el comedor—. Mike ya está desayunando. No quiere llegar tarde.
—Gracias, Nidia.
Nidia es preciosa. Es toda sensualidad, la que yo no tengo, y es una maestra en el arte de la belleza personal. Su piel es aceitunada, sus ojos son marrón claro y el cabello lo ha teñido de negro; le llega al cuello en un perfecto corte Bob.
—¿Pasa algo? —pregunta con curiosidad cuando nota cómo la observo.
—Eres preciosa —contestó y abandono la cocina. He aprendido a decir las cosas que siento, eso me ha enseñado la vida—. ¡Buenos días, Mike!
Mike se sobresalta. Estaba concentrado en el periódico y me dirige una mirada reprobatoria, estuvo a punto de derramar el café en su perfecto traje sastre de color gris.
—Buenos días, Mailén —murmura Mike—. ¿Despertaste animada?
—Siempre —admito y tomó asiento frente a él—. Es mi primer día de trabajo.
Mike enarca las cejas, bebe de su café y vuelve a mirar su periódico.
—Me gustaría tener tu entusiasmo para otro largo día en la disquera.
Rio bajito. Mike la pasa mal controlando a los chicos, pero supongo que es normal cuando no son simples chicos, sino integrantes de importantes bandas musicales. Trabajaré con él en la disquera Dorian’s Music, el pensamiento me hace sonreír más.
Mike pone los ojos en blanco, no comprende mi emoción. Soy una admiradora como más de la mitad del país, eso es obvio, pero desde que supe que trabajaría con ellos he pasado horas investigando al respecto.
Mike no me cuenta de sus vidas, nada, dice que es algo privado y que si ellos quieren decirme es diferente, así que he recurrido a cientos de sitios de admiradores. Incluso abrí uno, él no lo sabe, ni nadie, pero ya tengo varios miles de seguidores que disfrutan de las ediciones de fotografía y videos que publico.
Sin embargo, no pienso que nada de eso afecte mi desempeño laboral. Estoy decidida a dar todo, dejar a un lado a la chica fanática que podría esperar por horas afuera de su hotel para verlos, y ser una empleada ejemplar.
—Mailén es todo sonrisas —comenta Nidia cuando se sienta al lado de Mike en la mesa.
—Me gusta su actitud —confiesa mi tío y deja el periódico sobre la mesa—. Creo que es justo lo que necesitamos.
—¿Mi actitud?
—Es que no los conoces… —ríe él—. Son de lo más depresivos…
Nidia asiente con entusiasmo.
—Tienen sus fases —admite mi tía—. Cris se deprime a veces, ya sabes… Ojalá puedas acercarte a ella.
—Lo intentaré —digo, no, prometo porque también quiero hacer eso. Conozco su historia, fue pública, y la admiro tanto que no puedo pensar en nada más maravilloso que ser de ayuda para ella.
Cristal es la exnovia de mi tío. La conocí hace años y siempre me encantaron sus colores de cabello psicodélicos. Ella y Mike pertenecían a Dreamers, un dúo underground de rock alternativo que tuvo cierto reconocimiento, pero terminaron su noviazgo y al poco tiempo la banda también se acabó. Entonces Cris viajó a Mérida para unirse a otra banda, Gray, donde conoció a su actual esposo.
La vida de Cristal fue muy difícil. No es algo en lo que me guste pensar porque me entristece, sino que me enfoco en todo lo que ha logrado. Su pasado no determinó su futuro, porque ahora brilla más que nunca.
—Desayuna, Mai —pide Mike—. Necesitarás energías, te lo juro.
Asiento y me dispongo a acabar con todo el plato.
Mi maravilloso día ha empezado bien.
La ciudad es hermosa. El BMW de Mike se adentra en Paseo de Montejo, él me dice el nombre de la avenida más famosa de Mérida, y se cuela con maestría en medio de los automóviles. Es el resultado de vivir en la capital, ahí odiaba conducir, siempre estaba nerviosa, pero aquí creo que sería posible.
La disquera se encuentra en una enorme casa estilo colonial situada sobre la avenida. Sus paredes blancas resplandecen en medio de los árboles que cobijan la acera.
Contengo el aire cuando nos detenemos atrás de un Mustang negro. Mike me comenta que es Eric y suelto el oxígeno de golpe, ¡todo es tan emocionante!
The neighbourhood nos deleita en el sofisticado estéreo del lujoso automóvil. Mike canta bajito, me gusta su voz.
—¿Qué? —me pregunta—. ¿Por qué me miras así?
—Cantas bien.
—Estudié canto, es lo mínimo que debería hacer.
Rio, así es Mike.
—Bueno, tus estudios sirvieron para algo.
Mike sonríe al tiempo en que toca el claxon. Eric, en el Mustang, baja la ventanilla del automóvil y lo saluda con el dedo corazón.
—Esta canción me recuerda a Gustavo.
—¿El DJ?
—Productor musical —corrige—. No lo llames sólo DJ, eso lo molesta, como casi todo en la vida. Es muy gruñón, pero buen chico.
Saco la tableta electrónica de mi mochila, abro mis notas y escribo que no debo llamar sólo DJ a Gustavo.
—¿Anotarás todo? —inquiere mi tío.
—Sí, no quiero cometer errores —confirmo mientras vuelvo a guardar la tableta electrónica en mi mochila—. Seré una empleada ejemplar.
—De eso no tengo duda… Y no te preocupes tanto por ellos, son bastante llevaderos… De pronto alguno despega un poco los pies del suelo, pero no dura nada.
—Entiendo… ¿Y por qué Yellow Box te recuerda a Gustavo?
—Porque, a pesar de las adicciones y todo lo que pasó, pudo volver a empezar.
Asiento, eso lo anotaré de forma mental. Me gusta conocer a las personas por medio de la música.
Eric saluda al guardia de seguridad en la caseta que controla el acceso al estacionamiento de la disquera, entonces entra con el automóvil. Mike avanza, saluda al guardia y nos permiten pasar. Adentro descubro varios automóviles lujosos que de seguro deben ser de empleados o los chicos de la banda. Sé que están buscando talentos nuevos, que la empresa ha crecido bastante en los últimos meses y que por eso Mike me ofreció este empleo.
En realidad, no sé si estoy preparada para esto. Terminé la universidad hace años, trabajé para algunas revistas y una televisora, pero nada en lo que tuviera mucha responsabilidad. No sé si este empleo vaya a requerir mucho de mí, espero que sí. Mi deber será ayudarlo en todo lo que pueda, su asistente personal, y eso parece poca cosa hasta que te explica que prácticamente él mantiene en pie este lugar. Los otros chicos son inexpertos, con dinero, pero ingenuos y necesitan de la guía de Mike para tener todo bajo control.
Mike tiene su cajón de estacionamiento con su nombre. Dice «Miguel Durán, CEO»; aunque todos sabemos que es un todólogo. Un día puede ser un importante ejecutivo, al otro productor musical y el siguiente meterse de lleno en el área de finanzas. Nidia me contó eso, pero todos lo respetan y aceptan sus consejos. Me gustaría ser como él.
Eric no tiene cajón de estacionamiento, lo cual es gracioso considerando que es socio de la disquera; supongo que así lo decidieron. Se estaciona en la fila trasera y lo veo bajar desde el espejo retrovisor.
—No empieces a babear frente a él —ríe Mike.
—¡Mike! Pides demasiado…
—Y cuando lo veas jugar con sus hijos te vas a derretir —burla mientras recoge su portafolio del asiento trasero—. Sucede con todas las chicas.
Frunzo el entrecejo y esbozo una sonrisita chueca.
—No soy todas las chicas.
—Cierto, cierto… —Sale del automóvil, lo imito y escucho que active la alarma—. Pero lo harás, todas caen con eso.
—¿Hasta Nidia?
—Ella más que ninguna —confirma mientras camina hacia la puerta de la disquera. Apresuro el paso para alcanzarlo—. Ya quiere hijos.
—¿Y tú no?
—No ahora mismo… La disquera está creciendo muy rápido y…
—No existe el momento perfecto para tener hijos, Mike…
Él suspira y se detiene.
—Supongo que tienes razón en eso, Mai.
Los ojos verdes de Mike lucen más claros con los rayos del sol, debe suceder lo mismo con los míos; compartimos el mismo tono.
Eric llega hasta nosotros, saluda a Mike con un abrazo y mi tío me presenta.
—Eric, ella es Mailén, mi sobrina… Ya les había comentado que trabajaría con nosotros.
—Oh, Mailén, sí recuerdo —Extiende su mano hacia mí, detesto que note mi temblor nervioso—. Mucho gusto, Mailén.
—Mucho gusto, Eric…
—Tienes una mancha roja en la mejilla —comenta Mike.
—Ah, estaba jugando con Rachelle —Se disculpa mientras frota el área que ha señalado Mike—. ¿Cómo están?
Mike le cuenta desde mi llegada a la ciudad, el shopping y no sé qué más. Mi mente se ha quedado en huelga observando a Eric, el vocalista de MalaVentura.
Eric es Eric, de pies a cabeza, y estoy totalmente segura de que estoy sonrojada; percibo el calor en mis orejas. Es alto, muy alto, más que Mike y eso que mi tío ya es alto. Su piel es blanca, pálida creo, no sé, color nieve sexy si es que ese tono existe o se creó sólo para este chico. Sus ojos son negros, en algunas entrevistas escuché que eran cafés oscuros, pero aquí frente a mí sólo puedo ver dos irises negros que son resguardados por unas largas pestañas. El cabello también es negro, lo lleva largo hasta los hombros y gracias a Diosito hoy decidió usarlo suelto para que yo pudiera quedarme embelesada observándolo. Tiene la nariz recta y los labios delgados; pero no sólo su cara es la perfección hecha hombre ¡Su cuerpo! Es el equilibrio perfecto entre atlético y delgado. La playera negra cae justa sobre su cuerpo, sus bíceps se marcan en las mangas.
—Vamos, Mai —me dice Mike e interrumpe mis agradables pensamientos.
Los sigo hacia el interior. Mi tío me dirige una mirada divertida, de seguro notó que estaba apreciando al chico, pero ¿quién no lo haría? Además, si ese hombre es tan famoso no sólo es por su físico o indudable talento musical, sino por la devoción absoluta que tiene por su familia.
Quiero beberme todo lo que mis ojos aprecian. La recepción es preciosa. Las paredes son blancas, hay plantas en los rincones, obras de arte en las paredes y los largos sofás azul oscuro en el centro.
La recepcionista se sonroja cuando ve a Eric, la comprendo. Mike me presenta con ella, se llama Adela y no tiene interés alguno en mirarme, su atención entera está en Eric que se ha concentrado en el celular.
Supongo que mi tío comprende que es caso perdido hablar con la mujer, así que me pide que lo siga hacia la sala de juntas. Se encuentra en la planta baja, salimos por un pasillo lateral y en el camino nos encontramos con varias personas; todas las chicas tienen la misma reacción al ver a Eric.
Los escucho conversar sin animarme a intervenir, pero dispuesta a absorber hasta el más mínimo detalle. Eric ha venido temprano porque quiere revisar unas cosas del álbum que están grabando; los demás chicos de MalaVentura deben llegar en un rato. La junta a la que me lleva Mike es con Gray, pues su álbum está mucho más atrasado que el de MalaVentura; aunque comentan que con Cristal terminarán rápido.
Mike nos conduce hasta el final del pasillo, abre la puerta y me quedo boquiabierta no sólo por la elegancia de la sala de juntas, sino que ahí están todos los chicos de Gray, la otra banda perteneciente a la disquera y socios de esta. Oh, bueno, no están todos, Nicolás alias «el caso perdido» no se encuentra aquí.
—Buenos días, damas y caballeros —saluda Mike con jovialidad mientras los chicos abandonan los asientos que ocupaban alrededor de la larga mesa color caoba—. ¿Listos para un día agotador de trabajo?
—Más que lista —sonríe Minerva, la violinista de la banda—. Ya tenemos que poner en marcha esto o se arruinarán todos los planes.
—¿Y Nicolás?
—Dormido, de seguro —contesta Dimas, el vocalista y me erizo con su voz ronca. Es maravillosa, la consideran una en un millón.
Mike suspira, menea la cabeza y me señala.
—Ya les había comentado de Mailén, mi sobrina.
—Hola, Mai —saluda Cristal.
Cristal es una cosita preciosa que siempre consigue hacerme sonreír, incluso ahora que los nervios han invadido mi cuerpo. Su melena azul está recogida en una trenza y viste con una blusa de cuadros azules y negros. Está al lado de su esposo, Dimas, y el chico juega con un mechón suelto del cabello como si fuera algo tan natural, como si cualquier hombre con ese físico fuera así de tierno y detallista con su pareja. Me cuesta no suspirar como tonta.
—Hola —digo tras aclararme la voz—. Mucho gusto.
—Ella nos estará apoyando…
—Ya era hora que buscaras ayuda —comenta Gabriel y cruza los brazos—. Yo pude hacerlo, pero nunca quisiste.
—No, no, quiero que ustedes se concentren en su música… ¿Puede alguien llamar a Nicolás?
—Yo lo hago —dice Eric con el celular en la mano—. Tendrás que pasar a Mailén nuestros números.
—Ya los tiene en un celular de la empresa, pero prefiero que le llames tú… Nicolás puede ser bastante bestia.
¿Bestia? Enarco las cejas, no sé a qué se refiere con eso. Nicolás no tiene la mejor fama del mundo, de hecho, es el que peor reputación tiene. En los últimos meses se ha mentido en peleas en bares, lo han encontrado borracho en callejones, salió un escándalo sexual en el que se involucró con la esposa de un conductor de televisión, tiene la peor actitud en las entrevistas en vivo y en uno de sus conciertos subió tan borracho que no pudo tocar; Gustavo, el que no quiere sólo ser llamado DJ, tuvo que suplirlo con lo poquito que sabía en bajo eléctrico de las canciones.
—Espero que sean amables con Mai… Ella es un encanto, pero se pone exigente y es muy organizada. Creo que es justo lo que necesitamos, así que no se la pongan difícil porque es indispensable ahora mismo para mí. Si decide renunciar, me muero —explica Mike. No resisto esbozar una sonrisa agradecida—. ¿De acuerdo?
—Perfecto —confirma Cedric.
Mike comienza a explicarles en qué trabajarán ese día. Quiere repasar lo que han grabado, considera que es flojo y se desata una acalorada discusión sobre si lo es o no. Toman asiento mientras cada uno expone sus puntos de vista sin consideraciones, son despiadados con ellos mismos.
Permanezco de pie al lado de Mike, distingo que ya tiene un par de canas y eso me enternece. No es un anciano, claro que no, ni llega a los cuarenta, pero ha cargado con tantas responsabilidades desde joven que su actitud es la de alguien mayor.
Gabriel, el tecladista, es el más crítico de todos, tanto como Mike. No teme decirle a Minerva, su novia, que el violín en determinada canción no está funcionando. Es un chico simpático, no es como Eric o Dimas, pero es lindo y se caracteriza por usar unos gorritos que no comprendo cómo tolera con el calor de la ciudad. Su cabello es castaño ondulado con un par de bonitos ojos marrones y una ligera división en la barbilla.
Minerva, la violinista, es tan sensual como Nidia. Una guapa trigueña de cabello largo y movimientos felinos.
Cedric, el baterista, es el que menos opina, Mike me ha dicho es con quien es más sencillo trabajar. Escucha los consejos, aprende de ellos y los aplica; suele decir que le gustaría que los demás fueran como él. Tiene una cara de niño bueno que te producen deseos de pellizcarle las mejillas. El cabello castaño, con algunos mechones casi rubios, y los ojos marrones claros añaden más inocencia a ese rostro.
Cristal y Dimas son un tema aparte. Sus presencias irradian magnetismo, comprendo por qué no pueden parar de tocarse, aunque sea rozan sus manos o comparten una mirada en la que parecen comunicarse sin palabras. Dimas es tan impactante como Eric, pero su cuerpo está mucho más trabajado y sus músculos destacan. El cabello está lleno de rizos, lo lleva recogido, pero sé que esa melena está cubierta de rulos. Tiene la barba perfectamente arreglada y delineada. Sus ojos son azules, no sé el tono exacto, pero son clarísimos; combinan con el cabello celeste de su esposa.
—No contesta —interrumpe Eric—. No creo que venga.
—¿Qué? —espeta Mike y suelta un profundo suspiro—. No podemos atrasarnos más… ¿Por qué es tan idiota?
—Está despechado, déjalo —opina Minerva—. Te apuesto a que si Gigi lo llama entonces sí contesta.
—Dejen a Gigi fuera de eso. —Se muestra en desacuerdo Dimas—. Ya no es un niño, tiene que aprender a manejar los rechazos.
Mis ojos dicen todo por mí, estos se abren tanto que compensan el hecho de que conserve el suficiente autocontrol para no dejar caer la quijada, pero… ¡¿Gigi y Nicolás?! ¡Nunca lo hubiera pensado! Es decir, sí, claro que había rumores como siempre los hay cuando se trata de famosos, ¡nunca pensé que fueran verdad!
Gigi es la guitarrista de MalaVentura y una de las mujeres más sexys que existen.
—¿Quieren que vaya a buscarlo? —pregunta Cris.
Una chispita de celos estalla en los ojos azules de su esposo.
—No… Nicolás tiene que entender cuando una mujer que le atrae quiere estar con alguien más, no ayuda en nada que lo consientas —contradice Dimas, de nuevo.
—Cristal podría traerlo —opina Mike y recibe toda la ira de la mirada azul—. ¿Qué? Hasta tú sabes que Cristal siempre ha sido uno de sus amores platónicos.
—Ya sé, pero no lo ayudan mucho de esa forma.
—Pues, ¿qué hacemos? ¿Lo dejamos tomarse vacaciones hasta que se le pase el despecho? —inquiere Gabriel.
—Tenemos que hablar con él —Por fin habla Cedric. En serio prefiere mantenerse apartado de los problemas.
—Pues sí… —suspira Mike mientras tamborilea con los dedos sobre la mesa—, pero ahora mismo los quiero aquí, trabajando, no me ayuda que vayan a buscarlo.
—Puedo ir yo.
—No, Eric, tienes cosas qué hacer, no podemos dejar que Nicolás afecte también a MalaVentura, con que joda a Gray basta y sobra —se niega mi tío—. De hecho, ¿Mai?
Suelto un respingo.
—¿Sí?
—¿Podrías ir tú?
Todos me miran. Soy el centro de atención de personas que suelen ser el centro atención. Es justificable que tartamudee al responder.
—Sí, claro… Sólo que no sé moverme en la ciudad.
—Pide en la recepción que llamen un taxi, por favor. Te mandaré la dirección de Nicolás al celular.
—Bien…
Y todos siguen mirándome ¿qué?, ¿tengo algo en la cara?
—¿Estás seguro de eso, Mike? —pregunta Minerva con un tonito extraño.
—Sí, ¿por?
—Pues… Nicolás es medio bestia, tú lo dijiste —contesta la chica—. ¿No crees que es mucho para el primer día de Mailén?
—Oh, Mailén puede controlarlo —ríe Mike—. ¿No, Mai?
¿Puedo?, ¿qué pretende que haga?, ¿encadenarlo al taxi de regreso?
—Sin problema —contesto con una sonrisa falsa—. No me tardo.
—Suerte —me dice Eric justo antes de que abandone la sala de juntas.
La sonrisa se me escapa de los labios, pero es por algo bueno. Es mi primera asignación en el trabajo, tengo que hacerlo bien, no pienso defraudar a Mike. No importa si debo traer a Nicolás encadenado al taxi.
Adela marcó territorio con Nicolás, aunque creo que esa es tierra de nadie o de muchas, depende del enfoque. Es obvio que se involucraron y que la recepcionista alberga la inocente esperanza de que el bajista la tomará en serio.
No soy una experta en relaciones, mi noviazgo más largo es de un año y ni fue algo formal, terminamos porque me mudé y a ninguno de los dos nos dolió; pero puedo notar a la perfección cuando un hombre no desea tener algo serio.
—Es aquí —indico al taxista y se detiene frente al enorme edifico de departamentos.
Pago la tarifa que indica la pantallita y abandono el automóvil.
Puedo hacer esto, claro que sí. Demostraré que soy la indicada para el trabajo, que puedo gobernar mis emociones sin importar que sea una admiradora, esa era una de las preocupaciones de mi tío y yo le repetí mil veces que no tenía nada de qué preocuparse.
Así que, hora de la verdad. Entro al edificio y voy directo al ascensor. Nicolás vive en el piso siete. Henrik igual tiene su departamento aquí, aunque no sé en qué piso, Mike sólo me comentó eso por mensaje. No quisieron pedirle que fuera a buscarlo porque lo ha hecho varias veces y han discutido por lo mismo. Nicolás anda de un humor terrible.
Su departamento es grande, ocupa el piso entero, así que es la única puerta que encuentro al salir del ascensor. Mike me dijo que, si no lograba que abriera, pues le dijera para que Henrik me entregara una copia de la llave; espero no llegar a eso.
Llamo tres veces a la puerta, nada.
—¡Nicolás! ¡Soy Mailén, la asistente de Mike!
Vuelvo a golpear, comienzo a impacientarme. No quiero recurrir a ayuda, debo hacer esto sola.
Giro el picaporte de la puerta y, oh, sorpresa, está abierta, ¿quién deja la puerta abierta? Está bien que la ciudad sea segura, pero eso es irresponsable.
El departamento me recibe en absoluto silencio. Creo que Nicolás ni está, lo cual explicaría por qué no abrió.
Intento no sorprenderme con la decoración, era obvio que sería así, el tipo tiene dinero. Por lo que sé, hace poco lo remodeló, no sé cómo era antes, pero justo ahora es bastante bonito. Las paredes blancas, con cuadros de pintura abstractos, muebles azules oscuros y almohadas rojas. Una alfombra negra se extiende por debajo de la sala, el resto del piso simula madera, me recuerda a la casa de Mike.
Las escaleras que conducen al segundo piso poseen un barandal de cristal y, desde la sala, es posible ver las puertas de las habitaciones superiores. Avanzo un poco hasta las escaleras y en el primer escalón encuentro tirado lo que parece ser un bóxer. Me sonrojo, ¿Nicolás es de los que se van quitando la ropa en el camino cuando van a estar con alguien? Y, si es así, quizá la pareja siga en el segundo piso.
Retrocedo, una puerta abierta frente a la cocina llama mi atención, así que me asomo y encuentro que ahí está su estudio. Tiene posters de guitaras y bajos eléctricos; también uno suyo en pleno escenario.
Su librero es grande y está repleto de libros, no pensé que fuera un lector. Tiene un escritorio negro en un rincón que parece no suele usar. En el centro está una silla donde descansa su bajo eléctrico y en un costado un amplificador grande.
No debería entrar, pero claro que lo hago. La vida es una y se tienen que correr algunos riesgos, ¿no?
Es un sitio privado, nunca pensé estar aquí. No controlo la curiosidad de las yemas de mis dedos al acariciar las cuerdas metálicas del bajo eléctrico. Es un instrumento fuerte, me recuerda a su dueño. Nicolás es así. Al principio lucía como un chiquillo, pero sus facciones se endurecieron con los años.
En un costado está un sofá negro con una almohada para dormir, tal vez él duerme aquí algunas noches. El músico que se agota mientras compone una canción y decide dormir en su estudio. Suspiro, no lo puedo controlar, creo que los artistas poseen un alma llena de colores que nosotros, los que carecemos de ese talento, no comprendemos.
En el otro rincón están tres soportes que sostienen otros dos bajos eléctricos, el tercero está vacío porque supongo que es el bajo eléctrico que está en la silla. Uno es de color rojo sangre y el otro café.
Mike me envía un mensaje, pregunta si todo está bien y me siento culpable por distraerme irrumpiendo en el hogar de mi trabajo.
No respondo, ¿qué le voy a decir?, ¿me distraje indagando en el departamento?
Decido llamar a Nicolás, tal vez ya va camino a la disquera y no se enterará de que literalmente me metí hasta la cocina de su hogar.
Una musiquita me sorprende a mis espaldas en el mismo instante en que escucho el primer timbre en el celular pegado a mi oreja.
Grito al tiempo en que giro en redondo, me enredo con un cable y estoy a punto de caer hasta que alguien me sostiene por los brazos.
Abro la boca dispuesta a gritar algo, lo que sea, pero no tengo palabras.
Nicolás sujeta con firmeza mis brazos y detiene el bajo eléctrico con la pierna, me he enredado con el cable del instrumento conectado al amplificador.
Su humanidad, cubierta de tatuajes, está a centímetros de mí.
Sí, toda su humanidad, su perfecta humanidad desnuda está frente a mí.








