ᴘᴏʟʟʏ

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Summary

Mason y Paloma -a quien él llama cariñosamente "Polly"- han quedado solos en el mundo después de perder a sus padres en un trágico accidente. Él, con apenas veinte años, se convierte de la noche a la mañana en el protector, el proveedor y el único sostén emocional de su hermana menor, quien está a punto de cumplir dieciocho. Al principio, Mason hace todo lo posible por mantener las cosas bajo control: pagar las cuentas, asegurarse de que Polly no falte a la escuela y ocultar su propia angustia tras una máscara de fortaleza. Pero la soledad y la tensión acumulada comienzan a corroer los límites que siempre existieron entre ellos. Polly, en plena flor de su juventud, busca consuelo en su hermano de una manera que ninguno de los dos sabe cómo nombrar. Y Mason, aunque lucha contra sus propios instintos, cada vez le resulta más difícil ignorar el calor de su mirada, los "accidentales" roces y la electricidad que parece vibrar en el aire cada vez que están solos. Lo que empieza como un inocente apego fraternal se transforma en algo más oscuro, más intenso, más prohibido. Y cuando la línea finalmente se cruza, no habrá vuelta atrás.

Genre
Erotica
Author
Kashi_E
Status
Complete
Chapters
11
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

𝟣

ADVERTENCIA: Esta historia contiene escenas explícitas y detalladas de contenido +18, así como situaciones tabú y relaciones consensuadas pero moralmente cuestionables. Dirigida únicamente a un público adulto que disfrute del romance oscuro y los límites difusos del deseo.

📌NOTA:

Esta es una obra deficción. No respaldo ni normalizó relaciones incestuosas en la vida real.

¿Te atreves a adentrarte en el peligroso juego entre Mason y Polly?



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𝖯𝖮𝖫𝖫𝖸

El silencio en la casa era lo peor.

Antes, siempre había ruido: el murmullo de mamá en la cocina, la radio de papá sintonizando noticias aburridas, incluso los pasos de Mason subiendo las escaleras con esa torpeza suya de adolescente grandulón. Ahora solo quedaban los tictacs del reloj de la pared, marcando cada segundo como si quisiera recordarme que el mundo seguía girando, aunque el nuestro se hubiera detenido.

Me abracé las rodillas contra el pecho, hundida en el sofá que todavía olía a cigarrillos de papá. Habían pasado tres semanas desde el accidente, pero el agujero en mi pecho no se cerraba. Mason intentaba llenarlo a su manera: dejando luces encendidas para que no sintiera miedo, comprando mi cereal favorito aunque el dinero escaseaba, incluso durmiendo en el sillón junto a mi cama esas noches en que las pesadillas me hacían llorar.

Polly, cena—. Su voz me sacó del enredo de mis pensamientos.

Mason estaba en el umbral de la cocina, con una camiseta gastada que se le pegaba al torso por el calor de la estufa. Tenía las manos manchadas de salsa de tomate y el ceño fruncido, ese gesto que hacía cuando estaba preocupado pero no quería decirlo.

No tengo hambre—. Mentira. Mi estómago rugía, pero la idea de tragar algo sólido me hacía sentir como si fuera a ahogarme.

No me hagas esto—. Su tono era áspero, pero reconocí el temblor bajo la dureza. Se acercó y se arrodilló frente a mí, sus manos callosas envolviendo las mías—. Tienes que comer.

Su piel estaba caliente. Demasiado. Como si él también estuviera ardiendo por dentro.

No puedo—. El nudo en mi garganta creció—. No puedo hacer esto sin ellos, Mason.

Él no respondió con palabras. Solo me jaló contra su pecho y dejé que el olor a jabón y sudor me envolviera. Su corazón latía rápido bajo mi oreja, un recordatorio de que, aunque todo lo demás se había desmoronado, al menos él seguía aquí.

Fue entonces cuando lo sentí.

Algo cambió en el aire.

Su mano, que había estado acariciando mi espalda, se detuvo demasiado bajo, justo en la curva de mi cintura. Su respiración se cortó un segundo. Y yo… yo no me aparté.

"Esto está mal", pensé.

Pero cuando alcé la vista y nuestros labios estuvieron a un suspiro de distancia, por primera vez en semanas, no me importó.

El aire se espesó de repente, como si alguien hubiera apretado el botón de pausa en el mundo entero.

Podía sentir el calor de la respiración de Mason contra mis labios, el modo en que sus dedos se tensaron en mi cintura, clavándose casi sin querer en mi piel. Sus ojos—tan parecidos a los míos, el mismo tono verde oscuro heredado de mamá—parpadearon rápidamente, como si estuviera intentando despertar de un sueño.

Joder, Polly—.

Su voz sonó ronca, como si le hubieran pasado lija por la garganta. Me soltó de golpe, alejándose hasta chocar contra la mesa del café. Un vaso medio vacío se balanceó peligrosamente antes de caer al suelo. El ruido del cristal rompiéndose nos sobresaltó a los dos.

Yo… voy a limpiar eso—. Se frotó la boca con el dorso de la mano, como si quisiera borrar algo.

Lo vi agacharse, los hombros tensos bajo la tela fina de su camiseta, recogiendo los pedazos con dedos que temblaban levemente. Yo seguía en el sofá, helada, con el corazón martillándome las costillas.

¿Qué demonios acababa de pasar?

No era la primera vez que nos abrazábamos desde lo del accidente. Habíamos llorado juntos, nos habíamos aferrado el uno al otro en medio de la noche, incluso me había dormido contra su hombro más de una vez. Pero esto… esto era distinto. Había habido algo eléctrico en ese casi-beso, algo que me hizo sentir viva por primera vez en semanas.

Y eso me aterrorizó.

Mason…—. Mi voz sonó pequeña, como si tuviera siete años otra vez y le estuviera pidiendo que ahuyentara los monstruos debajo de mi cama.

No—. Cortó en seco, tirando los trozos de vaso al bote de basura con más fuerza de la necesaria—. No hablemos de esto.

Se pasó una mano por el pelo— negro y desordenado, igual que el mío—y respiró hondo.

Pero…

Nada, ¿entendido?—. Esta vez me miró, y lo que vi en sus ojos me dejó sin aliento: culpa, sí, pero también algo más oscuro, más ardiente, que me hizo sentir que estaba al borde de un precipicio—. Fue un error. Un momento de mierda. No va a volver a pasar.

Asentí mecánicamente, aunque cada palabra me quemaba como mentira.

Mason se giró y se marchó a la cocina. Lo oí abrir el grifo, el sonido del agua corriendo como si quisiera lavarse algo más que las manos.

Yo me quedé allí, acariciando inconscientemente el lugar donde sus dedos me habían agarrado.

Un error.

Entonces… ¿por qué cada célula de mi cuerpo gritaba que quería cometerlo otra vez?