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Los condenados de 1875

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Summary

En la oscura y decadente Londres de 1875, Alexander carga una maldición tan cruel como la noche que lo engendró: es un vampiro condenado a cazar a los de su propia especie. Tras perder a su esposa Elizabeth en un ataque brutal, Alexander despierta convertido en aquello que más odia. Ahora, armado con la sed de venganza que lo mantiene medio humano, se adentra en callejones envueltos en niebla y sangre, decidido a erradicar el mal que lo devoró. Pero cada colmillo que arranca le recuerda su propia condena: la línea entre cazador y monstruo se vuelve cada vez más difusa. Con la ayuda del hermano escéptico de Elizabeth, Alexander descubrirá que los vampiros no solo beben sangre: conspiran, dominan y extienden su corrupción sobre Londres como una plaga silenciosa.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

En la sombría Londres de 1875, Alexander se ve atrapado en una pesadilla de oscuridad y muerte. Después de perder a su amada esposa, Elizabeth, en un extraño y cruel ataque, su vida da un giro mortal cuando descubre que el culpable no es un hombre común, sino un ser de la noche: un vampiro. Marcado por la tragedia, Alexander se embarca en una caza implacable, decidido a vengar su pérdida y salvar lo que queda de su alma.

A medida que avanza en su búsqueda, se enfrenta a sus propios demonios, mientras lucha por mantener la humanidad que aún lo define. Con la ayuda del hermano de Elizabeth, el mismo que no cree en la existencia de lo sobrenatural, Alexander comienza a desentrañar los oscuros secretos detrás de la muerte de su esposa y se enfrenta a la aterradora verdad: los vampiros no son meros monstruos, sino seres con propósitos mucho más siniestros.

Atrapado entre la sed de venganza y la necesidad de salvar a quienes quedan, Alexander debe tomar decisiones que lo llevarán al límite de su humanidad. ¿Será capaz de redimir su alma y detener la creciente amenaza que acecha Londres? O, como los condenados que caza, ¿se perderá en la oscuridad para siempre?

Un relato gótico de amor, venganza y horror que desafiará los límites entre la vida y la muerte……..

Me llamo Alexander Von Eisenwald, y esta es la noche en la que lo perdí todo. Mi esposa Elizabeth y yo regresábamos de una velada en la mansión del conde Erwin. La noche había sido elegante y sofisticada, como siempre lo eran sus reuniones. Sin embargo, había algo en él que me inquietaba: su mirada fría, su piel pálida como la cera, su extraña fascinación por la sangre en las copas de vino. El carruaje avanzaba por el bosque cuando, de pronto, los caballos se alzaron sobre sus patas delanteras y relincharon con furia. Nuestro conductor detuvo la marcha en seco. “Señor, algo nos bloquea el camino”, dijo con voz temblorosa. Abrí la ventanilla y vi siluetas a caballo en medio del sendero. Antes de que pudiera reaccionar, se escuchó un golpe sordo y el grito ahogado de nuestro conductor. Salí con mi pistola en mano, esperando ver bandidos, pero lo que vi me heló la sangre. Una figura alta y vestida de negro sostenía el cuerpo del cochero como si fuera un muñeco de trapo. Sus ojos eran dos brasas encendidas en la oscuridad y su boca estaba hundida en el cuello del pobre hombre, bebiendo de él con avidez. Disparé. El sonido del disparo retumbó en el bosque, pero la criatura ni se inmutó. Elizabeth gritó. Giré y vi cómo otra figura la arrancaba del carruaje. Una mujer de cabellos oscuros y labios manchados de rojo la sostenía con fuerza inhumana.

Intenté correr hacia ella, pero el vampiro apareció frente a mí en un parpadeo. No vi cómo lo hizo. Solo sentí su mano helada sujetando mi cuello y su voz susurrante en mi oído: —Sabes que eso no nos hará daño, ¿verdad? Mis piernas temblaron. Mi mente se negaba a creer lo que veía. No eran humanos. No podían serlo. —¿Qué quieren de nosotros? —logré decir con voz quebrada. —Solo queremos su sangre —respondió con una sonrisa macabra. Me mordió. Un calor abrasador recorrió mi cuerpo, como si fuego líquido corriera por mis venas. Caí al suelo, sintiéndome más débil con cada latido. Vi a Elizabeth retorcerse entre los brazos de la vampiresa. Lloraba, gritaba mi nombre. Pero yo no podía moverme. —Si quieres salvarla —susurró el vampiro—, haz lo que debes hacer. Frente a mí, Elizabeth jadeaba, sus ojos llenos de terror. —Bebe de ella —ordenó el monstruo. Me negué.

Entonces vi cómo la vampiresa hundía sus colmillos en el cuello de mi esposa. Vi cómo la vida la abandonaba, cómo sus ojos se apagaban mientras me miraban, suplicantes. —Eres bienvenido cuando quieras —dijo el vampiro con una sonrisa burlona, antes de desaparecer en la negrura del bosque. Caí de rodillas junto al cuerpo sin vida de Elizabeth. La sostuve en mis brazos, pero ya no quedaba nada de ella. Y entonces lo supe: yo también estaba condenado.

9 de noviembre de 1875

La lluvia golpea con furia los ventanales de mi habitación. Afuera, el viento silba entre las calles adoquinadas de Londres, como si la ciudad misma compartiera mi luto. Hoy enterramos a Elizabeth. La ceremonia fue sombría, envuelta en susurros y miradas acusadoras. Su familia me culpaba. No con palabras directas, sino con sus ojos llenos de odio y resentimiento. Todos, excepto su hermano, quien con un tono de voz sereno me pidió la verdad.

“¿Quién lo hizo? ¿Qué pasó aquella noche?”

No supe qué responder. ¿Cómo decirle que lo que vi escapa de la razón? Que mi amada fue arrebatada por criaturas que desafían la misma naturaleza de la vida y la muerte. El padre de Elizabeth no tuvo la paciencia de su hijo. Me enfrentó con furia descontrolada, me agarró por la camisa y escupió las palabras que ya temía escuchar: “¡Cobarde! ¡Es tu culpa! ¡La dejaste morir!” Por un momento, la ira ardió en mi pecho. Sabía que, con esta fuerza nueva que ahora poseo, podría haberlo apartado como si fuera un niño. Pero no lo hice. No podía mostrar lo que ahora era. Así que me quedé en silencio.

Ahora, mientras la noche se cierne sobre Londres, me aferro a esta pluma y a este diario. Es lo único que me queda. No sé qué haré mañana… pero sé que no puedo seguir siendo el hombre al que fui…. Y así inició todo esta no vida

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