Capítulo 1: La noche que cambió todo
Dicen que las noches más oscuras son las que traen las estrellas más brillantes.
Pero esa noche, Milena no creía en frases bonitas. Ni en señales. Ni en nada. Solo quería dejar de pensar.
Se miró al espejo una última vez antes de salir. El vestido negro ajustado le sentaba bien, pero no podía evitar preguntarse si eso era lo que necesitaba para sentirse “viva” otra vez. Las luces de la habitación titilaban, como si hasta el universo dudara con ella.
—Vamos, Mile… solo es una fiesta —se dijo, pero ni siquiera sonaba convincente.
La música la envolvió ni bien pisó la casa. Alcohol, risas forzadas y miradas vacías. Esa mezcla de caos disfrazado de diversión. Se arrepintió de haber ido, pero ya estaba ahí.
Pasaron las horas. Se sintió invisible entre la multitud. Hasta que…
Un choque. Literal.
Alguien tropezó con ella. Su vaso se volcó, y estuvo a punto de caer…
Hasta que dos manos fuertes la sostuvieron justo a tiempo.
—Lo siento, no te vi… —dijo una voz suave, con un acento que la desconcertó.
Alzó la vista, y por un segundo, el mundo se detuvo.
Él no parecía pertenecer a esa fiesta.
Ni a ese lugar.
Ni siquiera a esta parte del mundo.
Tenía una mirada profunda, ojos oscuros como la noche, y una sonrisa tan triste que parecía esconder mil secretos.
Su gorra y el barbijo no eran suficientes para ocultar lo evidente: era famoso. Muy famoso. Y ella… solo una chica más.
—¿Estás bien? —preguntó él, sin soltarla.
—Sí… creo que sí —respondió, aún paralizada.
Él la miró como si ya la conociera. Como si pudiera ver más allá del disfraz que ella misma llevaba: el de estar bien.
—No pareces estar pasándola bien —comentó él, con una media sonrisa.
Milena lo miró. Algo en su voz, en sus ojos, en su energía… era diferente. Como si la tristeza de ambos hubiera hecho match sin querer.
—No lo estoy. Pero vine igual —confesó.
—Yo tampoco. Y también vine igual.
Se quedaron en silencio. A veces, no hacen falta palabras. Solo sentir que alguien más… te entiende.
Esa noche, Milena no encontró la diversión que buscaba.
Pero encontró algo mucho más importante:
Una mirada.
Un consuelo inesperado.
Y quizás, solo quizás…
Al chico que tanto necesitaba.








