OCASO

Summary

A Lena le apasiona su trabajo, viajar y disfrutar de su soledad. Todo cambia de forma inesperada, tanto que perderá el control de su vida.

Status
Ongoing
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

La última noche en Ciudad Gothtam. Lena pensaba en el vuelo que tenía a las seis de la mañana. Una voz se escuchaba al fondo, no le importó. Repasó sobre su boleto y documentos para abordar. Subió los tirantes del sostén azul y miró la ciudad por el ventanal del veinteavo piso. Se levantó y buscó todas sus pertenencias: anillos, zapatillas, blusa y jeans. Por último tomó del buró sus llaves y bolso de mano. Miró a aquel hombre desnudo que no dejaba de hablar.

- ... tu nombre, por lo menos dime tu nombre.

- No me volverás a ver. No tiene caso que te lo diga -Lena se recogió el cabello y lo ató en una cola.

- Tuvimos un sexo intenso, delicioso -suplicó con voz suave.

- Solo fue para pasar el tiempo -Lena se marchó de la habitación sin mayor importancia.

Tomó el ascensor y presionó el botón del quinto piso. No le dijo a aquel desconocido que se hospedaba en el mismo hotel. A ella le gustaba ser intensa en el sexo, los provocaba y era todo lo que obtendrían. No quería a nadie llamándola o mandando mensajes de texto con cursilerías o preguntando si se acostaba con alguien más. No quería dramas en su vida. Su trabajo era todo lo que necesitaba y seguir viajando como en los últimos quince años.

Tomó la tarjeta y la deslizó a un lado de la manija. Cerró y caminó al baño. Después de encender la luz se desnudó y tomó una ducha con agua tibia. Lo primero que eliminaba era la loción o perfume de esos encuentros cada vez más aburridos. Todos querían hacer posiciones de película porno. Tenían poca imaginación y eran fácil someterlos a su placer. A veces extremo, otras veces extraño. Presumían de dominantes e insaciables. Los buscaba para pasar el rato, cuando no tenía pendientes en la farmacéutica de su madrasta. Le dolían las manos por sujetar a aquel sujetó por las muñecas y cuello. Logró satisfacerse después de ver la cara de miedo y placer. Se miró en el espejo mientras se secaba con una toalla blanca. Su belleza le facilitaba muchas cosas, pero su mente creaba un sin fin de posibilidades.

Al medio día llegó a las oficinas centrales en Metrópolis, con un vestido color vino de manga larga y largo por arriba de la rodilla. Los tacones altos marcaron un ritmo constante y seguro. La mayoría de los empleados y directivos le saludaba. No por simpatía, solo por ser hijastra de la socia mayoritaria. Solo asentaba la cabeza y seguía hablando por teléfono celular. Dejó el bolso en el perchero junto al escritorio. Escuchó al otro lado la voz de una mujer que insistía en tener un producto nuevo para el mercado.

- Lo he escuchado antes. Mi producto revolucionará el mercado, pero sin patente -ella se paró frente al correo y lo fue separando.

-En eso me gustaría pedir su ayuda.

- ¿Quieres que te pague la patente o qué? -Lena era directa. No podía perder más de cinco minutos en una llamada.

-En cuánto vean mi apellido será rechazado el producto-resopló con desilusión.

- Busca un presta nombres, crea una empresa o busca otro laboratorio. Eres una científica, puedes resolverlo -Lena miró una carta sin remitente.

-Contigo recuperaré mi inversión en 3 años. Con otros serían 10 años.

- ¿Y en qué quieres que te ayude? -Lena miró el interior de aquel sobre.

-Se mi socia. Tienes la tecnología para que la patente tenga una mejor base científica. Te propongo el 70 y 30 por ciento-dijo sin pena.

- El próximo sábado iré a tu laboratorio, cerca de la media noche. Es el único horario disponible. Nos vemos -era una carta de sus abogados en el lado este del país.

Al terminar la llamada. Abrió la carta tranquilamente, era el reporte bimestral de sus acciones. Le molestaba que su hermanastro trabajaba menos en la empresa y ganaba el reconocimiento de su padre. Se sirvió un vaso de whisky, mientras miraba sus correos electrónicos en la computadora. Miró en el teléfono celular el nombre de Lilian, no contestó. Se enderezó al ver que la puerta de su privado se abrió.

- ¿Qué haces Teschmacher?

- Señorita Luthor, buen día.

- Luthor Wallace.

- Señorita Luthor Wallace trajeron las muestras y resultados de la investigación de Samantha Arias -la rubia habló segura.

- ¿Cumplió con los estándares? -Lena se acercó a los documentos de dicha investigación.

Teschmacher le abrió la puerta. Los archivos estaban en el orden que siempre exigía.

Leyó los documentos principales. La nanotecnología mejoró ciertos medicamentos poco invasivos. Un gran mercado les esperaba en el área de cáncer y autoinmune. Lena manejaba bien los números y en pocos años recuperarían la inversión. Sonrió ignorando los mensajes de su asistente.

- Comunicame con Arias -ordenó Lena.

Teschmacher no tardó en regresar con el teléfono inalámbrico. Se lo entregó a su jefa y cerró la puyal salir. Era un fastidio trabajar con una mujer pedante.

-Pudiste venir al laboratorio Wallace -Samantha se escuchaba molesta.

- Reconozco que hiciste un gran trabajo. Ahora debemos hablar de números -Lena sonrió al mirar su reflejó en el ventanal.

-¿Arrebatarme el proyecto era necesario? Nunca te he fallado, ¡maldición!-apretó los dientes para no gritar.

- Joseph llegó a tu laboratorio una hora después por el proyecto. Lo quiere financiar y no darme crédito.

-Tú hermano me dijo que era una revisión de rutina. ¿Debí cerrarle la puerta?

- También podías avisarme que él fue al laboratorio, pero no lo hiciste.

-Entiendo, sospechas que te quiere quitar los proyectos. Lena debiste hablar conmigo. Ven a verme, por favor-Samantha sabía cómo se llevaban ambos hermanos.

- Nos veremos pronto, Arias -no lo decía, pero en ella si confiaba. Usó un tono casi amable al despedirse.

Lena abrió una puerta de seguridad con huella digital y lector de córnea. Todo lo que hacía era poco para seguir en la empresa familiar.

Al caer la noche salió con rumbo a la parte sur de la ciudad, tomó un auto de alquiler. Se vistió de negro y se metió en lo que parecía un bar exclusivo. Tenía apartada una mesa cerca de la pista, una botella de whisky Macallan y un vaso old fashion. Era de las pocas mujeres que asistía sola a ver parejas teniendo sexo rudo en medio de una pista. No le importaban si eran hombres o mujeres, le encantaba ver esa conexión sexual entre extraños. Sus pupilas se dilataron con los jadeos y las nalgadas que subían de intensidad. Sonreía y se mojaba los labios al ver esos cuerpos definidos y bien trabajados.