Trust Once Again, OS Omegaverse Larry Stylinson

All Rights Reserved ©

Summary

Harry y Louis eran una pareja feliz, hasta que las cosas cambiaron repentinamente debido a una mala decisión del omega. OS Omegaverse, Harry Alfa/Louis Omega, sin smut.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

1


—Te amo... —susurró Harry, en el cuello de su novio, por primera vez.

Y el cuerpo desnudo de Louis tembló de calor.

—Te amo... —Contestó enamorado.

Estaban amándose en la habitación de Harry, alfa de 22 años, y quien llevaba en ese momento, un año de relación con Louis, omega de 23.

Era primera vez que se decían esas dos palabras que sonaban a paraíso en sus oídos, y por las que habían esperado mucho tiempo.

Se conocieron en un recital, viendo a una banda local de Londres. En medio del tumulto, y gracias al movimiento brusco de la demás gente, Harry había sido empujado sin querer por Louis, y por consiguiente, la cerveza que llevaba en su mano, se desparramó en su polera favorita.

—¡Lo siento mucho! —Se había disculpado el omega, tocando el brazo del alfa que olía a cedro y flor de naranjo, alterando a su lobo.

—No fue tu culpa... —Respondió Harry, perdido en el aroma a sándalo y leche de almendras dulces. —Gracias por preocuparte.

Desde ahí todo fue cantar y bailar al ritmo de las canciones que empezaron a sonar por los parlantes, ya que una vez que la presentación de la banda local terminó, el lugar se convertía en una pequeña discoteque con aires clandestinos.

Tomaron una tras otra, cerca de seis cervezas, y estaban felices. Supieron en esa noche, que empezaría una bella historia entre ellos.

A eso de las cinco de la mañana, salieron al aire frío y gélido del Londres invernal, a pesar de andar bien abrigados. Se cambiaron números de teléfono y quedaron de enviarse un mensaje durante el día. Luego cada uno tomó un taxi, para lados opuestos de la ciudad. Vivían casi a cuarenta minutos de distancia.

Durante esa noche, Harry supo que Louis trabajaba en una agencia de fotografía. Llevaba ahí cerca de dos años, y aún no lograba tener un puesto fijo. Tenía que hacer de todo un poco, incluso un poco de mensajería, pero tenía miedo de intentar algo solo. Prefería seguir ganando un poco de experiencia, como decía, antes de arriesgarse con un estudio propio. También supo, que vivía con sus padres, con quienes se llevaba muy bien, y que tenía dos hermanas pequeñas, también omegas.

Y Louis escuchó a Harry hablar sobre sus especializaciones, después de estudiar ciencias ambientales, que tenían que ver con la botánica, el paisajismo, y la ecología. Tenía muchos cursos a su haber, mientras trabajaba en una empresa que hacía el paisajismo de varias universidades, restaurantes y pequeños negocios. Supo, además, que tenía una relación increíble con su mamá, su padrastro, y su hermana mayor. Vivía en un departamento con dos amigos, un alfa y un omega.

Ese día domingo, después de dormir hasta la hora de almuerzo, Louis sonrió mientras tomaba su teléfono y enviaba un mensaje a Harry.

“Me encantó conocerte...”

Apenas lo había enviado, cuando entró su mamá a su habitación.

—¿Por qué está tu aroma tan dulce?

—Conocí a un chico, mamá... Creo que es mi destinado...

—Cuéntame a qué huele.

—A cedro y flor de naranjo.

—Vaya, son aromas poco comunes para ir juntos, y nos habla de un alfa particular, calmado, equilibrado, con una dualidad perfecta entre autoridad y ternura, perfecto para ti, —explicó Liz, a quien le encantaba adivinar la personalidad de las personas según sus aromas. —Cuéntame más.

—Tiene un año menos que yo, le gusta la botánica, estudia y trabaja... Si lo vieras mamá, es hermoso.

—¿Así como tú?

—No mamá, en serio. Es el hombre más lindo que han visto mis ojos.

—Veo que te gustó de verdad. ¿Tienen sus números?

—Sí, recién le envié un mensaje.

—¿Y? ¿Te contestó?

—Déjame ver... No, aún no me contesta.

—Bueno, por mientras lo hace, levántate a almorzar. Y después te bañas, mira que hueles a cerveza y cigarro.

—Sí mamá... —respondió con pereza.

Después de almorzar se bañó, tal y como le había recomendado Liz. Después de eso, ventiló y ordenó su habitación. Estaba en eso, cuando se acordó de mirar su teléfono.

Vio una notificación de mensaje, de Harry.

Ahogó un grito y se tiró a la cama, emocionado. Lo abrió.

“Más encantado estoy yo... Perdón por demorarme, pero tenía el teléfono silenciado. Estoy desde las doce estudiando porque tengo examen el martes, pero no quería dejar de preguntarte si ¿quieres ir a almorzar o a cenar alguno de estos días? Tengo libre de una a dos y después de las siete... Estoy loco de ganas de volverte a ver...”

Louis pataleaba en su cama de felicidad. Contestó de inmediato. “¿Te parece si vamos a almorzar el miércoles? ¿Pizza?”

“Es la mejor idea del mundo. ¿A la una afuera de “Homeslice”? ¿Te parece bien?”

“Amo esas pizzas. A la una el miércoles... Ya quiero verte”.

“No te imaginas lo largos que se me harán estos días...”

“Te dejo estudiar, nos vemos Harry”.

“Nos vemos, Louis... Un beso”.

El resto de la tarde, mientras Harry seguía estudiando, Louis se dedicó a crear escenarios imaginarios.

Después de esa primera cita, hicieron una rutina salir a almorzar los miércoles y a algún bar los sábados. Dos meses después, un día en que fueron a almorzar comida india, y Louis estaba muy resfriado, lleno de mocos y voz gangosa, y se sentía mal porque estaba con algo de fiebre, Harry lo fue a dejar a su casa, aún a riesgo de que le llamaran la atención en su trabajo por llegar tarde.

Conoció a Liz, y acompañó a Louis hasta su habitación, donde lo ayudó a recostarse mientras la mamá del omega preparaba una sopa caliente.

Y en medio de ese malestar y de su nariz tapada, Harry no pudo soportar más la distancia y besó a Louis. Lo hizo con ternura, con calma, con dulzura pero firme, y rodeó su cintura con intensidad y posesividad.

—Te quiero...

Louis no contestó, no le salía la voz y pensaba que era un sueño. ¿Quién, en su sano juicio, besaría por primera vez a alguien lleno de microbios y virus?

Harry. Harry lo hizo porque no le importaba cómo, dónde ni por qué. Solo sabía que necesitaba besar a Louis y hacerle saber que su desesperación era real por acercarse cada vez más, que ya tomarle la mano encima de la mesa no era suficiente. Tampoco lo eran los mensajes de amigos, ni las miradas coquetas, ni la timidez en sus despedidas. Necesitaba realidad, saber que Louis quería lo mismo y que también sentía que podría desgarrarse de tanta ansiedad.

Y pese a todo, los dos sonrieron en medio del beso, y aunque Louis no contestó, el alfa supo que estaba feliz. Ahora solo debía esperar a que el omega se recuperara para poder hablar con él, y quizás volver a declararle sus sentimientos.

Eso pasó, dos semanas después, en medio de un par de cervezas en el bar que habían hecho su favorito.

—¿Cómo estuvo tu semana? —Preguntó Louis, sentándose en la barra.

No habían podido verse el miércoles porque Louis había faltado mucho debido al resfriado y tuvo que recuperar algunas horas.

—Una semana tranquila. Estamos haciendo el paisajismo de la biblioteca británica, y hay mucho espacio para hacer algo lindo. Y en la universidad, ya estoy terminando el curso de botánica práctica y ahora quiero empezar uno de botánica forense.

—¿Eso existe? ¿Botánica forense? Nunca lo escuché.

—Puedes analizar plantas, flores, hongos y semillas en una escena criminal, y ayudar con la investigación. Me hace mucha ilusión, porque es algo diferente a lo que venía estudiando.

—Qué increíble, tiene mucho sentido, nunca lo pensé...

—Louis, ¿puedo preguntarte algo?

—¿Qué pasa? —Preguntó el omega, sintiendo el cambio de energía de Harry, y las notas de cedro más intensas, algo que lo enloquecía.

—¿Recuerdas que te besé?

—¿Lo hiciste? ¿No fue un sueño?

—Lo hice, ese día que te fui a dejar a tu casa... Perdón, quizás no debí hacerlo.

—No, no, no... Digo, no lo recuerdo, pero eso tiene solución, ¿no crees?

—¿Tampoco recuerdas lo que te dije?

—No, ¿fue algo importante?

Harry sonrió, tímido. —Para mí lo fue.

—¿Puedes repetírmelo?

—Puedo...

Harry se levantó y quedó de pie, frente a Louis que seguía sentado. Respiró profundo y lo abrazó, marcándolo y sintiendo de inmediato las manos de Louis en su pecho, cálidas. Lentamente fue girando su cabeza y acercándose hacia los labios de Louis. Pero el omega no quería esperar, llevaba mucho tiempo esperando, por lo que simplemente lo besó, sorprendiendo al alfa. Una vez más fue un beso suave y dulce, pero intenso a la vez. Apenas sus labios se separaron un par de milímetros, Harry habló.

—Te quiero...

Y el corazón de Louis se detuvo. Se escondió en el cuello de Harry y pasó su nariz por esa piel delicadamente perfumada de azahar.

—Te quiero también...

Y entonces, Harry tomó las caderas del omega y las aprisionó entre sus dedos, solo para volver a besarlo una y otra vez.

—¿Quieres ser mi novio? —Preguntó esperanzado de escuchar una respuesta positiva.

—Quiero, me encantaría serlo...

Esa noche brindaron mucho, en medio de una tonelada de besos. Ya no querían separarse jamás. Y así pasaron los meses, hasta llegar al año juntos, a esa noche, una de tantas que ya habían compartido, en que Harry una vez más se atrevió a declarar sus sentimientos y había confesado su amor completo por Louis, mientras lo tenía desnudo entre sus brazos.

Se llevaban increíble, conocían a sus familias y a sus amigos. En la cama tenían una química sin igual, tenían mucho en común.

Después de esa noche, que fue muy especial para los dos, Louis comenzó a sentirse extraño. Un mes después seguía con algunos mareos y mucho cansancio. No le había dicho a nadie que estaba sintiéndose de esa manera, pensaba que era algo sin importancia.

Sin embargo, una mañana en que vomitó al sentir el olor de su chocolate favorito, una pequeña alarma despertó en su cabeza. Fue a la farmacia, y esa noche descubrió que estaba esperando un cachorro y su mundo se fue al suelo.

Era un tema que habían hablado con Harry, y estaban de acuerdo en que no era tiempo de formar una familia. Por lo mismo Harry tomaba supresores y además usaba condón la mayor parte del tiempo, excepto cuando Louis se lo pedía y que últimamente era muy seguido. Louis tomaba anticonceptivos, pero había sido desordenado los últimos meses, porque pensó que con los supresores de Harry era suficiente. Además, le gustaba mucho sentirse anudado, aunque Harry evitaba hacerlo, le costaba mucho no complacer a su novio.

Encerrado en su habitación, lloró de miedo y de frustración. Bajo ningún concepto se sentía preparado para tener un bebé, y estaba seguro de que Harry lo dejaría por ese motivo, y lo que menos quería, era perderlo. Como era su costumbre, mil escenarios imaginarios aparecieron en su cabeza, solo provocándole mayor angustia y miedo.

Llamó de inmediato a su mejor amigo, Zayn, y le contó lo que estaba pasando.

—Pero entonces, —decía Zayn, —¿vas a abortar?

—No tengo alternativa...

—Si crees que es lo mejor, te apoyo.

—¿Puedes acompañarme?

—¿Estás loco? ¿Y Harry?

—No lo sabe.

—¿Qué no sabe?

—Que estoy embarazado... Tampoco que voy a abortar... De hecho eres el único al que le he contado...

—¿Ni siquiera tu mamá? —Preguntó, Zayn, alarmado.

—Nadie...

—Louis, estás mal amigo. Tienes que decirlo, no pasa nada. Necesitas ayuda, contención, mimos, compañía. No dejes a Harry fuera, puede ser irremediablemente malo.

—Él no quiere ser papá tan joven, sé que me va a entender.

—No, Louis. Él tiene derecho a saber, son una pareja.

—No lo voy a hacer, me da lo mismo lo que me digas. ¿Me acompañas o no?

—¿Hora y lugar?

—Te aviso, adiós.

Louis se quedó con un amargo sabor de boca. Pero estaba seguro de que estaba haciendo lo correcto, porque estaba actuando frente al problema que significaba un embarazo, y eso era bueno, ¿verdad?

Al día siguiente al mediodía, Louis salía del hospital, con una licencia de tres días, para que reposara en su casa de la intervención. Se sentía vulnerable y frágil, necesitaba de su novio, tal como había dicho Zayn, que lo mimaran y regalonearan, por lo que lo llamó para que fuera a verlo apenas pudiera.

Harry se había asustado. Estaba casi seguro de que Louis estaba esperando un cachorro, porque su aroma estaba más dulce y suave, pero no había querido hacer preguntas. ¿Por qué? Porque no quería que Louis se sintiera presionado. Si bien lo habían hablado y estaban de acuerdo en no tener hijos tan jóvenes, sabía que de decidir tenerlo, formarían una hermosa familia. Y esa llamada lo alertó de que quizás, el omega no estaba bien.

Estaba tan preocupado, que pidió permiso para salir más temprano y se fue a ver a Louis, a la casa de sus padres.

Liz le abrió, con una cara difícil de descifrar.

—¿Está todo bien? —Preguntó Harry, cada vez más angustiado.

—Por favor, habla con Louis... —contestó la madre del omega. —¿Puedes llevarle este té?

—Claro. Permiso.

Harry caminó por el pequeño pasillo hasta la habitación del fondo y tocó la puerta. Se asombró de ver a Louis hecho un pequeño ovillo en su cama, y con su aroma muy cambiado, como a leche cortada y sándalo quemado.

—¿Amor? —Llamó sentándose en la cama, después de dejar el té en la mesita de noche. —¿Qué está mal? ¿Quieres decirme?

—Harry... Abrázame...

Y el alfa lo hizo, envolviéndolo con sus brazos y dejando besos por su perfumado pelo.

—Dime qué pasa, ¿sí?

Louis se sentó en la cama, y respiró profundo varias veces, mientras la incertidumbre crecía a cada segundo en el pecho de Harry.

—Quedé embarazado...

—¿Y? ¿Es una mala noticia?

—Claro que sí, no queríamos hijos, no todavía.

—¿Entonces...? —Preguntó, sin querer escuchar lo que estaba en su mente.

—Me hice un aborto, hoy, hace un par de horas... Me duele mucho, estoy con licencia.

Harry se levantó. Estaba desilusionado, todo lo que sentía por Louis tembló en su interior.

—¿Abortaste? ¿Por qué no hablaste conmigo?

—¿Para qué? ¿Para que me dejaras?

—¿Por qué iba a dejarte? Louis, ¿nunca entendiste que te amaba con todo mi corazón, con mi vida, con cada parte de mi ser? ¿Qué más tenía que hacer?

—Pero no queríamos hijos, no ahora.

—No entiendes... ¡No entiendes!

—¿Qué tengo que entender?

—¡Somos pareja! Mejor dicho, éramos pareja...

—¿De qué estás hablando?

—¿No lo ves? Louis, quedaste embarazado y me lo ocultaste. Decidiste abortar y recién me entero. ¿Dónde quedo yo en esta relación?

—Es mi cuerpo, yo decido.

—¡Jamás te diría lo contrario! Pero no confiaste en mí, actuaste a mis espaldas... Louis, yo debí estar contigo y me negaste esa oportunidad...

—Harry, lo siento... Nunca lo vi así...

—No, no te disculpo... Esto se acaba aquí...

—¿De verdad vas a terminar con todo? ¡Hice lo mejor que pude!

—Me has decepcionado, no confiaste en mí... ¿Qué viene después? ¿Qué más me vas a ocultar?

—Harry...

—Nada, Louis... Nada, se acabó.

Y Harry salió de la habitación, dejando a Louis en medio de un millón de lágrimas.

Liz vio salir a Harry y no lo detuvo. Sabía que las cosas se iban a poner feas, pero nunca imaginó qué tanto. Fue a ver a su hijo.

—Por Dios, Louis, cálmate, —pidió, al notar la desesperación del omega. —¿Harry se enojó?

—Se acabó, mamá... ¡Terminó conmigo!

—Ay bebé... Ya no llores, tienes que estar tranquilo. Ya está hecho... Sabías que tus acciones iban a tener consecuencias, y sé que no es el mejor momento para decírtelo, pero te lo advertí. Yo me sentí mal de que me ocultaras las cosas, me imagino Harry... Dale unos días, quizás se le pasa y pueden hablar las cosas en calma.

Pero eso no pasó. Un día, dos, tres y una semana después, Harry no había contestado ninguno de los mensajes de Louis, fracturando su corazón para siempre.

Después de quince días, se atrevió a hablar con Liam, uno de los mejores amigos de Harry, y uno de sus compañeros de departamento.

—No quería molestarte, pero necesito saber de Harry, —dijo en la puerta, un muy avergonzado Louis.

—Disculpa que no te haga pasar, pero voy de salida... —Explicó el alfa. —Louis, yo quiero que sepas que lamento mucho lo que pasó entre ustedes, y sé que Harry me va a odiar por esto, pero él se fue... A Manchester. Dejó este lugar, se cambió de universidad, cambió su trabajo...

Louis no podía soportarlo. El dolor atravesaba su piel, hacía llagas sobre ella; clavaba en su pecho finas dagas de plata y aplastaba todo lo que era y lo que alguna vez fue. Simplemente, ahora estaba vacío.

—Entiendo... Gracias...

Louis se dio la vuelta y caminó, como si llevara un gran peso sobre sus hombros, mientras las lágrimas no abandonaban sus tristes ojos azules.

Llevaba ese mismo tiempo sin Harry, sin trabajo. No había tenido fuerzas para seguir con su vida, le faltaba el aire al respirar, le faltaba la mano de Harry para avanzar, sus besos, su cuerpo y sus conversaciones de madrugada; su mirada enamorada, su risa contagiosa, su piel suave frotándose en su cuerpo; sus historias, sus chistes ridículos, su calor.

Volvió a su casa y se encerró una vez más en su habitación. Liz estaba desesperada, porque Louis claramente había perdido peso: no quería comer, apenas tomaba agua o cerveza si había, ojalá para emborracharse y llorar con más ganas.

Uno de esos días, se sentó a hablar seriamente con su hijo.

—Ya no más, Louis. Tienes que asumir tus responsabilidades, y si Harry ya no está aquí, tienes que seguir con tu vida. No puedes vivir entre estas cuatro paredes, hay mil cosas que puedes hacer, no malgastes tu tiempo llorando. Las cosas ya son de esta manera, y no creo que vayan a cambiar. Lo mejor es que te olvides de Harry, o por lo menos, que lo intentes.

—¡Jamás! Nunca lo olvidaré, no quiero hacerlo, ¿no lo entiendes? Él es mi vida, por él yo vivía y ya no tengo un motivo...

—Pues vas a tener que inventártelo. Con tu papá estuvimos pensando en cómo ayudarte, y decidimos que es una buena idea que pongas tu propia agencia de fotografía. Puede ser algo pequeño, pero es un paso importante para tu carrera.

Louis se quedó en silencio. Le dolía tanto no tener a Harry a su lado, que de verdad le costaba respirar, y mucho más, poder ver las cosas como lo hacían los demás.

—No se molesten, déjenme en paz...

—Mira Louis, estoy perdiendo la paciencia contigo. Eres un adulto, tienes que enfrentar lo que te pasa y dejar de llorar por quien ya no está. ¿No crees que, quizás, puedas ir a buscar a Harry cuando te sientas mejor? Manchester está aquí mismo, no se fue a Estados Unidos ni a Australia.

Louis se tranquilizó. No se le había ocurrido, y quizás era buena idea. No podía ir a buscarlo así, en ese estado. Necesitaba reencontrarse, y eso podía tomar tiempo. Tal vez podrían conversar cuando las cosas se tranquilizaran en los dos, cuando algo se hubiese calmado en sus atribulados corazones.

—¿Un estudio de fotografía? ¿Y si me va mal? —Preguntó, un poco más esperanzado.

—No lo sabremos hasta que lo intentes. Ya basta de tener miedo, ya basta de esconderte. Eres excelente en lo tuyo, y no lo digo yo. Anda a bañarte, y luego alcánzame en la cocina para que hablemos con tu papá y veamos qué necesitas para poder empezar a armar todo esto.

Lo dejó solo, y Louis se quedó unos minutos más en esa soledad que a cada segundo lo mataba, y decidió, por primera vez en todo ese tiempo, que en ese estado no podría recuperar a Harry. Porque quería hacerlo, quería tener una oportunidad de que pudieran hablar, de que se dijeran todo lo que se había vuelto cemento en sus pechos.

Se levantó, se bañó, se miró al espejo y no, no volvería a sentir lástima por él mismo. Había defraudado a Harry, pero lucharía por recuperarlo, se lo merecían.

Un mes después, Louis ya había abierto un pequeño local, en el centro de Londres, donde ofrecía todo tipo de fotografías. Desde pequeñas y formales para hojas de vida, hasta paquetes para fiestas de novios, pasando por fotos para bebés y embarazadas.

Tenía en las paredes de su estudio, algunas de sus fotografías, las mejores que había seleccionado y enmarcado, decorando bellamente el lugar. Había una en especial, su favorita, de Harry en blanco y negro, riendo. Recordaba cada día, como si fuera ayer, que le había pedido que posara para una foto, y Harry se había puesto nervioso y había comenzado a reír. Quedó una foto perfecta, una foto para siempre.

Y Louis la miraba cada día, porque ese chico en escala de grises seguía siendo su todo. Hablaba con Liam todos los días, y todos los días recibía una negativa. Liam no podía traicionar la petición de Harry de no dar información sobre cómo estaba y qué estaba haciendo. Ni siquiera cuando Liam comenzó una relación con Zayn pudo saber algo más. Intentó con Niall, el otro compañero de cuarto de Harry, pero tampoco tuvo éxito.

Pero Louis tendría paciencia. Hasta que no viera a Harry enamorado de otro, tendría esperanzas de volver a hablar, de intentar un acercamiento. Pero dolía, y mucho.

Cada noche se dormía pensando en Harry, algunas veces en medio de lágrimas. Era su primer pensamiento al abrir los ojos, y de quien se acordaba cuando tenía un mal día o uno excelente o regular. Cada vez que comía, y cuando fotografiaba a alguien, cuando caminaba por las calles de Londres y cuando viajaba en metro y bus. También cuando llovía, cuando salía el sol y cuando aparecía un arcoiris. Harry era literalmente el motor de su vida, y rezaba todos los días pidiendo solo una oportunidad.

No podía saber que a unos cientos de kilómetros de Londres, estaba Harry aún sintiéndose herido, sin poder entender porqué las cosas habían terminado de esa manera. ¿Por qué Louis no confió en él? ¿En qué se equivocó? Esa pregunta era una espina en su corazón.

Al caminar bajo esos cielos nublados, con su abrigo bien abrochado, con sus manos en los bolsillos, recordaba como si lo estuviera viendo, cada detalle del rostro de Louis, su aroma delicioso, cada centímetro de su cuerpo, su forma de besar, sus detalles, la preocupación del omega que a veces era un poco obsesiva y que a Harry le encantaba porque le gustaba sentirse visto y solo Louis sabía cómo consentirlo.

Suspiraba en medio de las plantas y flores que usaban para algún paisajismo. Había encontrado trabajo en una empresa igual que la que estaba en Londres, y pudo seguir estudiando. Podría decirse que su vida no había cambiado mucho, pero el solo hecho de no estar con Louis cambiaba todo. Y eso lo sabían su familia y sus amigos. Conocía por Liam, de los intentos de Louis por saber algo de su vida, y a veces quería ceder y simplemente volver y tratar de olvidar todo. Pero no podía, aún le dolía mucho, no era fácil de reparar una herida de decepción y desconfianza.

Quizás nunca sanaría.

¿Se podía, realmente, dejar todo atrás? ¿Y si volvían a herirse? Haber salido de Londres le significó una pesadilla de las más espantosas, un desgarro entre lo que era como alfa, y lo que necesitaba. Porque Harry siempre necesitó de Louis, desde esa noche en que se conocieron, y hasta ese momento y todos los que vendrían. Porque Louis representaba lo que fue, lo que es y lo que será, incluso si jamás volvieran a verse, Louis estaría presente en su vida, en sus ojos al mirarse al espejo, en sus manos al tomar una flor, en sus pies al caminar por todas las ciudades del mundo. Siempre sería Louis quien le diera vida y sentido a su existencia.

Y en una lenta sucesión, los días pasaban uno tras otro, hasta completar cinco meses.

Ese día, un día sábado cualquiera de abril, mientras Louis terminaba de ordenar su estudio, después de una agotadora sesión fotográfica con una familia compuesta de un alfa y su omega, y sus bebés mellizos que no dejaban de llorar hasta que Louis les hizo caras ridículas, vio por la gran ventana, algo que lo rompió por completo.

No podía ser, se repetía una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

Harry, más hermoso que nunca, con su pelo más largo y una enorme sonrisa, tocando la abultada panza de un chico precioso.

Louis se llevó las manos a la boca y el llanto apareció violento.

Como una lámina de vidrio que se estrella en el suelo, sintió quebrarse su corazón en mil pedazos, y cada uno de esos pedazos se había incrustado en su piel.

Intentó calmarse, salir de la ventana, ir por un vaso de agua, pero sus piernas no le respondían.

Podía verlos conversar y reír, y se notaba a lo lejos lo felices que estaban.

Logró Louis sentarse en el piso, abrazando sus rodillas, temblando de pena, suspirando de dolor. Y Louis supo en medio de todo ese horror, que era el momento de dejar ir a Harry, y dejar ir a su amor por él. Dejar el pasado definitivamente, dejar sus esperanzas y sus anhelos.

Dejar de respirar por Harry, aunque se le fuera la vida en eso.

Tomando una gran bocanada de aire, se puso de pie y secó sus lágrimas con rabia. Iba a sacar la fotografía de Harry, aunque quedara un espacio vacío en la pared, no soportaría volver a verlo, no sabiendo que ahora su sonrisa pertenecía a otro hombre. Iba a tomarla, cuando sintió a alguien entrar a su estudio.

Era Harry y su acompañante.

Maldita broma del destino.

Louis se paralizó, al igual que Harry. Phillipe, quien acompañaba a Harry, notó en el aire los aromas densos y aplastantes, y supo que ese chico frente a él, era importante para Harry.

—Parece que no es un buen momento, —dijo, con ganas de salir de ahí. —Te espero afuera.

Y Harry no reaccionaba.

—Hola, —saludó Louis, intentando disimular su mala cara y los restos de sus lágrimas.

—Louis, ¿cómo estás?

—Mejor que nunca, ¿y tú? No, no me digas, maravilloso, ¿verdad? Pensé que no querías ser papá tan joven, pero veo que cambiaste de opinión, —sentenció Louis.

—No tienes por qué hablarme así, no me lo merezco.

—Lo sé, perdón... —Suspiró, botando el aire. —¿Necesitan una foto?

—Phillipe quería hacerse unas fotos embarazado, pero claramente no es el mejor lugar.

—Puedo hacerlo si lo desean... No te preocupes por mí.

—¿Desde cuando nos llevamos así, Louis? ¿Qué pasó? —Preguntó el alfa.

—No sé de qué hablas...

—Lo sabes... ¿Tienes tiempo de hablar?

—Te están esperando...

—Puede ser más tarde, estoy de vuelta en Londres...

—Me alegro por tu familia.

—Está bien, no voy a rogar, adiós, —dijo Harry, más lastimado aún.

—Espera... Harry, esto no es fácil, lo sabes, —explicó Louis, nervioso.

—¿Puedo invitarte una cerveza, a las nueve, en el bar de la plaza?

—Ahí estaré... Y de verdad puedo hacer las fotos, sabes que soy bueno...

—Voy a preguntarle a Phillipe, dame un segundo.

Harry salió a la puerta, y volvió con su acompañante.

—Hola, soy Louis, —saludó extendiendo su mano. —¿Tienes algo en mente?

—Hola, me gustaría algo en blanco y negro, y también otras en colores. ¿Puedo cambiarme de ropa?

—Claro. Al lado derecho hay un biombo. No te apresures, tómate el tiempo que necesites.

—Voy a esperar afuera, —dijo Harry, notando al salir, su foto en medio de la pared. Recordó ese momento como si hubiese sucedido hace un par de segundos.

Media hora más tarde, Phillipe salió del estudio, muy feliz, con un hermoso book de fotos. Estaba asombrado de la calidad del trabajo de Louis, quien además, le preparó las imágenes en tiempo récord, para que no tuviera que esperar de más o volver más tarde.

—¿Es él, verdad? —Preguntó, mientras caminaban hacia la casa de la madre de Harry.

—Sí... Él es...

—¿Van a hablar?

—Sí...

—¿Y estás preparado?

—Lo estoy, —aseguró Harry.

—¿De verdad? Sabes que puede ser difícil, ha pasado mucho tiempo y las cosas cambian... Las personas también...

—¿Entiendes que todo vuelve a tener sentido si lo miro?

Y esas palabras le dolieron a Phillipe en lo más hondo, porque el Omega amaba a Harry con todo su corazón. Se enamoró despacio, lentamente, con cada detalle y preocupación del alfa. Se habían vuelto grandes amigos, se querían mucho, pero Phillipe no pudo evitar cruzar la línea y atreverse a intentarlo.

—Mejor vamos a almorzar, —pidió, tomándolo del brazo y sacándolo de ahí, mientras Louis los veía por la ventana.

Miró la pared, esa que con tanto cariño decoró, a la que le dedicó tanto tiempo eligiendo los colores de la pintura, probando el diseño de las obras, decidiendo el lugar de cada foto, los tamaños de cada una, ¿y para qué? Para tener que hacer todo de nuevo y buscar con qué reemplazar la foto de Harry.

Como si eso pudiera ser posible.

La tomó con cuidado y la dejó encima de su escritorio. Se sentó y miró la pared desnuda y pensó que lo único que podría ayudarlo, sería alguna foto de una flor, tal vez una rosa de Tudor, que era la favorita de Harry; tal vez una imagen de un cedro en primavera; tal vez una mezcla del árbol e incienso. Cambiaría su pasado por algo que siempre le recordara ese día en que todo terminó.

El resto del día lo tuvo muy ocupado, algo normal en los días de calor, que parecía que ayudaba al ánimo de la gente y las fotos eran un lindo detalle.

La hora acordada llegó rápidamente, encontrando a Louis muy mal. Pensó que estaba preparado para ver a Harry, pero en sus sueños no existía otro omega. Y se le revolvía el estómago de pensar que alguien más alegraba los días de quien fuera su alfa y que estaba formando una familia con él.

¿Y si él hubiese confiado en Harry? ¿Si hubiese seguido con su embarazo? ¿Serían felices? ¿Tendrían ya una pequeña familia?

Pero la verdad, es que no se arrepentía de haber abortado. Sí se arrepentía de haber dudado de Harry y de su amor. Se arrepentía de no haberle contado, de haberle quitado su oportunidad de saber y de conversar, de que decidieran en conjunto, porque Harry siempre le demostró que podía contar con él. Quizás jamás podría perdonárselo, porque fue el responsable de que su idílica historia de amor terminara en un par de minutos, y eso, los había hecho cargar con un dolor insoportable por meses, los ha hecho perder luz y vida.

No había podido comer, ni el agua le pasaba, y se sentía febril. Quizás debería haber cancelado, no estaba listo para que Harry le restregara su felicidad; sin embargo, no tenía más opción que enfrentar su realidad y asumir que sus acciones tuvieron las peores consecuencias. ¿Por qué no confió en Harry, si él siempre le demostró que podía hacerlo? ¿Por qué se permitió pasarlo mal, solo y triste, lejos de quien era el amor de su vida? ¿Por qué lo alejó en un momento tan vulnerable y donde lo necesitaba tanto?

Pasó a la casa de sus padres, y se duchó y cambió de ropa. Estaba en eso, cuando apareció su mamá en la habitación.

—¿Vas a salir?

—Sí, mamá... —Contestó cabizbajo.

—¿A dónde? ¿Por qué estás así?

—Hoy vi a Harry...

—¡Esa es una buena noticia!

—Con un omega embarazado y muy bonito...

—Ohhh... Lo siento mucho hijo, pero sabías que era una posibilidad que él rehiciera su vida.

—¡Pero él me amaba! O eso decía... ¿Cómo me iba a olvidar tan pronto?

Se tapó la cara con sus manos y lloró.

—¿Y para qué se van a ver?

—Supongo que para poder darle un final a esto... Aunque él ya lo hizo, quizás tiene algo más por decir...

—Ánimo entonces, hijo. Necesitas cerrar esta etapa de tu vida para poder seguir adelante. Ya tienes tu estudio, te ha ido excelente, y ya verás que pronto estarás de nuevo ilusionado. Va a llegar el alfa de tu vida.

—Sé que crees que exagero, pero Harry es el alfa de mi vida... Incluso si conociera a otro hombre, mi Harry es y será el único al que amaré así...

Y Liz sabía que su hijo tenía razón. Era imposible que Harry hubiese olvidado a Louis, y algo en su corazón de madre le decía que confiara. Tal vez se equivocaba, pero de hacerlo, su hijo sufriría más que nunca y no quería verlo más llorar. Necesitaba que volviera a ser el omega feliz y divertido de siempre, ese que floreció de la mano de Harry.

—Intenta mantenerte tranquilo. Si no, no tiene sentido que vayas. Lo que sea que pase, es lo mejor en este momento.

Louis solo afirmó con la cabeza. Respiró profundo y terminó de arreglarse. Veinte minutos después iba en un taxi camino al bar. Llegó diez minutos antes, y se sentó en la barra.

—¿Qué te sirvo? —Preguntó el barman.

—Whisky...

—¿Mal día?

—Hoy vi a mi ex, al que aún amo, con su nuevo omega, que además está embarazado... Dime tú si es un mal día...

—Lo siento, espero que esto te haga sentir mejor, —dijo entregando el vaso. —A veces las cosas no son como parecen, ¿pudiste hablar con él?

—Lo haré ahora...

—Suerte con eso.

Louis se quedó pensando, mientras el alcohol le quemaba la garganta. Pidió otro vaso, y luego un tercero y un cuarto, uno tras otro. Se sentía incapaz de ver a Harry, y el whisky le daba valor.

A las nueve en punto llegaba Harry, que divisó a lo lejos a Louis. Su corazón se recogió y estalló en un segundo.

Llegó a su lado en la barra.

—¿Te puedo invitar una cerveza? —Preguntó con su mejor sonrisa.

Pero Louis estaba muy mareado. Miró al alfa y rio.

—Un whisky...

—Louis, ¿estás bien? —Preguntó, sintiendo que su mundo volvía a derrumbarse al ver al omega tan triste.

—Nunca he estado bien sin ti... Pero me olvidaste, ¿cómo pudiste?

Harry lo miró con ternura. —¿Olvidarte? Nunca...

—¡No juegues conmigo!

—Nunca lo haría, pero creo que no estás en condiciones de hablar. Vamos, te llevo a tu casa.

—¿Por qué ya no me quieres? —Preguntó, llorando despacito.

Harry lo tomó de la mano, y lo llevó hasta el estacionamiento. Lo ayudó a subir al auto y le puso el cinturón. Manejó en silencio, solo asegurándose de que Louis estuviera bien.

Al llegar a la casa de los padres de Louis, se bajó y ayudó al omega a caminar.

—¡Estoy bien! —Gritaba. —¡Vete con él!

Harry solo movía la cabeza en negación. Tocó el timbre, y pronto apareció Liz.

—¡Dios! ¿Qué pasó? —Preguntó asustada.

—Cuando llegué al bar ya estaba así, parece que fueron demasiados tragos...

—¿Puedes llevarlo a la habitación?

—Sí, permiso.

—Harry...

—¿Sí?

—Gracias...

El alfa sonrió.

Logró llevar a Louis a su cama, y acostarlo. Le quitó las zapatillas, y lo cubrió con una manta. Se sentó a su lado y esperó cinco minutos. Pronto escuchó a Louis balbucear, aunque no se le entendía ni una sola palabra. Lo miraba con toda ternura, mientras acariciaba su pelo. Sabía que a pesar de estar tomado, estaba, sobre todo, triste y lo notaba en su aroma.

—¿Por qué tomaste tanto? —Susurró.

No tuvo respuesta. No la esperaba.

Se levantó para irse, justo cuando escuchó un tímido “aún te amo”.

Harry caminó por el pasillo, y se encontró con Liz en la puerta.

—Gracias por traerlo y cuidarlo.

—No te preocupes... —contestó sonriendo. —¿Te puedo dejar mi número?

—Claro... Dime, —dijo buscando un lápiz y un papel en un cajón de la cocina.

—Quizás tenga ganas de hablar mañana...

—Estoy segura de que así será. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Sí, la que quieras...

—¿Por qué volviste?

—Por amor.

Y Liz tomó esa respuesta como la confirmación de que Harry estaba de vuelta por el chico embarazado, y no por su hijo.

—Entiendo... Gracias de nuevo.

—Adiós.

Harry se fue a la casa de su mamá, donde se estaba quedando, por mientras encontraba departamento y trabajo. Se metió a la cama vestido, no tenía ganas de cambiarse de ropa. Nada estaba saliendo como lo esperaba y estaba frustrado. Pensó que por lo menos, iba a poder hablar con Louis y dar por finalizado ese tema tan doloroso. Se durmió pensando en esas palabras que se arrancaron del corazón de Louis y que lo hicieron pensar y recordar.

Al día siguiente, Louis amaneció con un horrible dolor de cabeza. Apenas podía abrir los ojos, quería morirse. Además apestaba a alcohol y a mala noche, por lo que también tenía mucho asco. Pronto apareció Liz, quien abrió las cortinas y la ventana, y aplaudió un par de veces, llamándolo con alegría.

—¡Buenos días! Te traje analgésicos, y un vaso de agua. Abajo está el desayuno esperando a que te bañes y salgas de aquí. Recuerda que tienes una sesión especial de fotografía, y tu papá te va a llevar.

—Ay no... ¿Es hoy? Lo olvidé.

—Tu prima lleva organizando esto hace meses, no puedes fallarle.

—Lo sé... Voy al baño...

Media hora después, estaba sentado en la cocina, empezando a desayunar.

—¿Aún te sientes muy mal? —Preguntó Liz.

—No mamá, el agua caliente me hizo bien. Pero, no recuerdo cómo llegué acá...

—Te trajo Harry.

—¿Qué? Ay Dios... Me acuerdo que tomé varios vasos de whisky, pero después todo está nublado.

—Me dejó su número de celular, por si quieres llamarlo y planificar una nueva reunión...

—¿Crees que deba hacerlo?

—Solo tú puedes responder a eso. Le pregunté porqué había vuelto y me dijo que por amor... Creo que tenías razón, y que ese chico con el lo viste, es su omega. Lo siento, hijo.

Louis suspiró. —Sí. Por eso dudo de verlo, no sé si quiero que la imagen que tengo de él se rompa. A ratos pienso que es mejor quedarme con ese Harry que me amaba para siempre, sin saber nada más. Soy muy egoísta... No estoy listo para dejarlo ir, quizás nunca lo esté... Pero también sé que es justo, que hay que darle un cierre definitivo a esto que se sigue alargando...

—Entiendo lo que dices, y soy de la idea de que siempre es mejor saber que quedarse con la duda de lo que pudo haber pasado. Es mejor que sepas todo de una buena vez.

—Voy a llamarlo, quizás podamos vernos esta noche.

—Así me gusta oírte. Anda a preparar tu cámara y tus cosas, porque ya se tienen que ir.

—Sí, mamá.

La sesión de fotos de la prima de Louis quedaba a dos horas de distancia, en una especie de granja muy bonita, con muchas flores y vegetación. La omega tenía tres niños pequeños y además estaba embarazada, y quería muchas fotos de toda su familia, y le pagaría muy bien a Louis por el trabajo. Louis estuvo en eso hasta las cinco de la tarde, hora en que recordó que no había llamado a Harry. Mientras iba en el auto, de regreso con su papá, marcó.

Al primer tono, la voz grave y profunda del alfa.

—¿Hola?

—Soy yo...

—Louis, ¿cómo estás?

—Bien... Harry, quería darte las gracias por ayudarme anoche. Perdón por no haber podido hablar contigo.

—No te preocupes, podemos hacerlo hoy, ¿tienes tiempo?

—Sí, para eso te llamaba. ¿En el mismo bar, a la misma hora?

—Sí, perfecto.

—Nos vemos, adiós...

—Adiós...

Louis botó todo el aire que estaba reteniendo. Esa noche por fin, podría cerrar el capítulo más hermoso y más doloroso de su vida.

Antes de ir a su casa, su papá lo llevó a su local, para poder dejar ahí su cámara y los rollos, para revelarlos y preparar el book de su prima al día siguiente.

Una vez en la casa, Louis comió algo liviano, apenas una ensalada y un gran tazón de té. Se prometió no tomar esa noche, por lo menos no antes de hablar con Harry. Se dio una ducha larga, y mucho más calmado que el día anterior, se arregló y salió veinte minutos antes de las nueve.

Cuando Louis llegó al lugar, Harry ya estaba ahí, en la barra.

Se acercó, tomando aire, y ya derrotado.

—Hola... —Saludó.

—Louis... ¿Quieres tomar algo? —Se le notaban los nervios al alfa, en su aroma donde predominaba el cedro y se apagaba el azahar.

—Un jugo de piña, por favor.

—Bien... ¿Me das una cerveza y un jugo de piña?

El mismo barman de la noche anterior, reconoció a Louis, y les sirvió el pedido.

—¿Vamos a una mesa? No quiero quedarme aquí... —Pidió Louis, mareado con tanta gente que empezaba a llegar.

—Claro, vamos, te sigo.

Al fondo del lugar aún quedaban algunas mesas. Louis eligió una que estaba en una esquina, un poco escondida.

—¿Cómo has estado? —Preguntó el omega. —Han sido muchos meses sin saber de ti.

—He estado bien, ya sabes... Me dediqué a trabajar mucho... Me convertí en el paisajista principal de la empresa, incluso trabajaba los domingos en la mañana. Estaba en una empresa reconocida y todos mis cursos eran tomados en cuenta. Me pagaban muy bien... Fue difícil renunciar, no me querían dejar ir.

—Oh, eso es bueno. ¿Pudiste hacer el curso de botánica forense?

Harry sonrió. —Sí, lo terminé hace una semana, justo antes de volver a Londres. Pero cuéntame de ti, tu estudio es muy bonito, y está muy bien ubicado.

—Mis papás me ayudaron mucho, yo no estaba muy seguro de hacerlo, pero me ha ido bien. Tengo clientes fijos, y cada vez llegan más personas que han escuchado buenas referencias de mi trabajo.

—Me alegro mucho de que hayas seguido adelante...

—Lo mismo digo. ¿Hay algo más para decir? Quizás tienes que volver a casa con tu omega... ¿Cuánto tiene de embarazo?

—Seis meses.

—Vaya... No te demoraste nada en olvidarme... —dijo dolido, Louis. —¿Me amaste realmente?

—¿Dudas de lo que sentía por ti?

—Me haces dudar ahora...

—Puedo entenderlo, pero Louis, Phillipe no es mi omega, ni su hijo es mío.

—¿Cómo que no? Ese día vi cómo acariciabas su panza... Se veían felices.

—Cuando llegué a Manchester, a trabajar, conocí a Phillipe. Él trabajaba en la cafetería de la empresa, y nos hicimos buenos amigos. Quien era su alfa, porque está marcado, y padre de su hijo, lo dejó por otro omega cuando se enteró del embarazo de Phillipe. Estos meses yo lo he acompañado, y lo quiero con todo mi corazón. Se ha vuelto alguien muy importante en mi vida y quiso cambiar de aire viniéndose a Londres... Ha sufrido mucho, y ahora por fin ha vuelto a sonreír.

—Él te ama, mucho, se le nota cuando te mira.

—Sí, lo sé, él me lo confesó.

—¿Y qué te pasó a ti cuando supiste eso?

—Me dolió... Jamás hice algo para que eso pasara. Siempre fui sincero, y él sabía que mi corazón estaba en Londres.

El silencio se apoderó de ellos. Louis quería preguntar, pero tenía miedo de que se acabara todo, hasta su última esperanza. Harry quería gritar lo que estaba en su interior, pero no sabía cómo reaccionaría Louis, y no terminaba de entender en qué posición estaban.

—Dices que estaba... ¿Ya no lo está?

—No lo sé... Espero que sí, pero no estoy seguro... Es decir, quiero que lo esté, pero no es tan fácil. ¿Me entiendes?

—No, no lo hago. Harry, ¿hablas de mí? ¿Tu corazón en Londres soy yo?

—Lo eres, siempre lo has sido.

—Pero tú te fuiste, y me dejaste... Y sé que me equivoqué horriblemente y que te decepcioné. No tengo perdón, jamás debí dejarte fuera de una decisión tan importante, yo... Lo siento tanto...

—Me ha dolido más que nada en este mundo...

—Lo siento, sé que quizás jamás podrás perdonarme. Pero créeme que si pudiera volver el tiempo atrás, jamás te dañaría ni fallaría... Lo que hice fue... tan tonto...

—Yo también me equivoqué, no debí dejarte solo. Me necesitabas y yo solo puede pensar en mí y en lo que sentía... Por favor, perdóname... —Dijo Harry, muy afectado.

—No tengo nada que perdonarte, yo te fallé y le fallé a nuestra relación... Jamás debí traicionar tu confianza, no te lo merecías, y creo que nunca voy a entender por qué hice lo que hice... Perdóname por arruinarlo, por dejarte fuera, por ser el responsable de que nos separáramos... Perdóname, por favor...

Harry se acercó hasta llegar muy cerca de Louis, y abrió sus brazos. El omega de inmediato se aferró a ellos.

—No he dejado de amarte... Ni un solo segundo... Al contrario, creo que mi amor creció con la distancia, con el dolor de tenerte lejos... —Confesó Harry, enterrado en el cuello de Louis, volviendo a sentirse como en casa, disfrutando hasta la última nota del sándalo y la leche de almendras, más dulce que nunca.

—En mis sueños estábamos así, juntos, abrazados... Pero no sabía que los sueños se podían volver realidad... Te he extrañado tanto, pero no te lo puedes imaginar...

—Puedo hacerlo, porque es el mismo sentimiento que tengo yo en cada fibra de mi ser... Echarte de menos ha sido mi dolor más grande desde que me fui...

—Y yo me odio por no haberte buscado antes, me odio por no tener la valentía de ir por ti, me odio por dejar pasar el tiempo, me odio por hacerte sufrir... —dijo Louis, comenzando a llorar despacio.

—No lo hagas más... No te odies, no vale la pena, no sirve de nada...

Louis se separó de los brazos del alfa, para mirarlo bien, para asegurarse de que de verdad estaba pasando.

Solo vio sinceridad en esos ojos húmedos y emocionados, solo se vio a él, solo vio futuro.

Sin dudar, lo besó. Lo besó como lo imaginó en cada una de las madrugadas en que despertó llorando de tanto extrañarlo, como cada vez que cerró los ojos para recordarlo, como cada vez que se sintió caer, como cada vez que dolió no estar juntos. Se entregó por completo, con toda su alma, con cada célula de su ser, con cada lágrima y cada día en que se desgarró de dolor.

Y Harry correspondió a su beso, con todas sus fuerzas, con todas sus ganas de volverlo eterno, de que fuera el fin de la pesadilla de no tenerse, el comienzo de una nueva oportunidad de ser felices, la ilusión de dejar todo atrás. El deseo de volver a ser uno solo, de recuperar el tiempo perdido, de aprender a no repetir los errores, de volver a confiar y de amar, de amarse.

Un beso que significaba el primer minuto de su vida juntos, una que estaría llena de imágenes plasmadas en la cámara de Louis y en los jardines creados por Harry.