Gloria a los Cielos
GLORIA A LOS CIELOS
Esta historia se remonta al inicio de los inicios, donde en la oscuridad reinaba la nada, y la nada tenía cuerpo y vida, es difícil explicarlo pero, aquel ente abarcaba la extensión del todo, se podía encontrar y tocar así mismo. Era el inicio y el fin, no era joven, no era viejo, simplemente “era” no se podría decir que tuviese un nombre y si lo tuvo, jamás lo sabremos, así que denominémosle el verdadero Dios, Nam.
Era posible que haya dado algunos suspiros espaciados entre milenios, y a ciencia cierta no se sabe desde cuando entró en reposo, por ello reinó la tranquilidad. Sin embargo, en uno de sus suspiros se agitó, ¡fue terrible! Ya que toda su infinidad de cuerpo comenzó a moverse, así como el mar. Desde ese momento la nada recibió nombre y cambió para siempre. Su total y omnipresente cuerpo estaba despierto, en pocas palabras había abierto sus ojos.
Después hizo consciencia de su estado y de su soledad. Para ese momento ya habían pasado varios siglos, y su mente ya estaba pensando en lo que refería a todo de todo y sobre todos, crean que para ese momento, él ya sabía lo que era la abeja y la flor. Muy entusiasmado y con inspiración comenzó a imaginar en su interior. Empezó a agitarse otra vez, se expandía y contraía, todo con su pensamiento, pues sépase que Nam era pensamiento y oscuridad, y nada más.
Él era muy ingenioso, un prodigio, no solo por lo que podía capturar en su mente, sino que también tenía la habilidad de darle vida. Entonces, con prudencia determinó que todo tendría una organización. Oh, Nam Bendito Primigenio dio vida a dos seres, cada uno de ellos representaba una parte del dios, juntos complementaban el significado eterno de él; de la dualidad y el equilibrio. Seguido se les fue programada la orden de originar la vida, hacer de la extensión un lugar habitable, y todo lo que conllevaba a las mismas. Lebh, el primero en abrir los ojos, se le encomendó crear, ordenar y regir lo intangible, lo excelso a aspirar, mientras que a Kebh, se le ordenó hacer lo mismo con la parte burda de la creación —el lado tangible—, y así se hizo. Se despidieron y no se volvieron a ver en eones de tiempo.
Y padre Nam, al momento de verlos partir parpadeo, un pequeño pestañeo para él, mientras que para cualquier otro ser de este sitio, sería considerado como más que la eternidad.
De aquí el proyecto comenzó a tener sentido. Lebh se elevó al plano espiritual, y extendiendo sus dos extremos; sus alas, generó las frecuencias y creó a otros seres por niveles y celestialidad: Dalmaras, Criseias, Ángeles, entre otros. Estos evolucionaron y comenzaron las organizaciones en los sectores de las primeras esferas —las no tangibles— y el gran culto a la ley espiritual, lo cual era todo para ellos. Él, al finalizar su parte de la creación se percató de que todo el material residual de su arte había sido absorbido por las últimas esferas de la obra, y de esta manera recordó a su hermano. Y aquel, con mucho entusiasmo también trabajó.
Kebh dejó de ser solo una esfera luminiscente e inició su labor, manifestó cuatro brazos extendidos haciendo una aspa, de ella la luz oscilaba de una extremidad a otra para tomar impulso, y al tener la suficiente fuerza integró toda su esencia a sólo dos extremidades: uno era el tiempo y el otro el espacio, luego de su centro singular se desprendió con mucha potencia y rapidez las extensiones del cosmos. Kebh se drenaba para dejar teñido todo el firmamento de colores habidos y por haber. Ello duró bastante, y cuando sintió que era suficiente detuvo el drenado. Observó su obra. Notó todas las capas universales, aquella desorganización le hizo saber cuál sería su siguiente tarea. Sin dudar, de nuevo se modificó para ser una especie de bola de estambre y se deshilachó con dedicación para poder bordar con hermosas formas los universos, y que de este modo estuviesen trabajando al par. Al término fijó su mirada panorámica para poder cerciorarse de que todo estuviese rebosante, y de hecho así era, e igual se dio cuenta de que entre todo ese mar de energía se encontraban distribuidos diversos pigmentos de colores vibrando y respirando, viéndolos más de cerca resultaban ser racimos de infinidad de estructuras, es decir, los mega cúmulos de galaxias. Ello le asombró tanto que decidió transfigurarse en materia para poder entrar a la dimensión del plano creativo. Admiró las extensas galaxias, las nebulosas, las estrellas, los sistemas, los planetas e igual residuos añadidos, entre otros. Todos de diferentes formas, colores, tamaños y texturas. Estaba muy emotivo. Toda la materia vivía, todo respiraba por él, en sí era como mirar a su interior.
Al transitar, notó que el tiempo le acompañaba como una sombra, y eso le incomodó. Se contuvo porque entendía la limitante de estar en el plano creativo, en donde el tiempo era un precepto. Así que fueron juntos para poder vestir y edificar lo tangible; los lugares, los sitios y los rincones para después llenarlos de seres angelicales, seres en órbita, criaturas fantásticas, criaturas inferiores y las microscópicas. Cada uno de ellos, con un lugar idóneo para habitar.
Después de todo el largo proceso, percibió que en el plano material en el que se cimentaba su obra entorpecía el comportamiento del orden. «Interesante y peculiar», pensó, puesto que complicaba los mandatos que Nam Bendito Primigenio, instauró en el inicio. Se denotaba en lo incierto e inexplicable que parecía la vida en aquel lugar, «el azar», le nombró, y por esa inicial situación decidió quedarse, pues ese desdichado sitio necesitaba más de su atención, y sabiendo que su hermano se encargaría del otro lado, no tuvo ningún inconveniente de permanecer en las bajas esferas. Muy seguro de su decisión, ideó una isla pequeña; una móvil y privada, donde podría seguir trabajando. A esta, le tomó mucho tiempo en edificarla debido a que quebranto varias reglas de lo natural. La dividió en varias regiones naturales. Cada una contaba con su propia flora y fauna. Ahí nacerían todos los elementos que requería para sus creaciones, distribuidos de una manera en la que entre ellos no provocasen problemas, además de construirle un exquisito laboratorio en la cima de la colina más alta. A esta isla le bautizó como Reino Infinito.
Poco a poco fueron llegando seres de las altas esferas que migraban, por lo que Kebh, muy orgulloso daba recorridos a su obra, detallando lo que pudiese. Siempre decía que si tenían dudas, con gusto respondería, ya que sabía de toda la materia pues él mismo la había planeado y creado. Algunos aceptaban quedarse y otros, solo daban media vuelta para seguir buscando otra esfera donde establecerse. Estos últimos no miraban con buenos ojos su obra, pero a Kebh no le importaba. Él era feliz pasando la mayor parte del tiempo recorriéndolo, aprendiendo de todas sus creaciones y checando que todo marchase bien. Al final de sus jornadas regresaba al Reino Infinito, donde trabajaba arduamente en mejorar y crear nuevos inventos para lo tangible.
Y de esta manera pasó el tiempo, permitiendo que los recorridos no solo fueran exclusivos para los de las altas esferas, sino que también los seres de las bajas esferas pudieron viajar y migrar. Se entablaron las comunicaciones e intercambiaron formas de pensar, y así empezó la mezcla de sociedades. Hasta ese punto para Kebh, no existía ningún problema. Para él unificar a todos resultaba primordial, «porque todos somos obras de Nam, y estamos conectados por él», decía.
Vivía cegado por la ingenuidad. Tenía tanta confianza en todo mundo que no discriminaba ni ponía etiquetas de buenos o malos, sin embargo, la maldad ya abundaba, y conforme el tiempo transcurría, algunos aprovechados comenzaron a hacer mal uso de la esencia espiritual. El negocio del tráfico de las almas aumentó, lo que generó problemas pues eran usadas como armas para ocasionar caos en distintos planetas, galaxias, otros universos y luego en otras esferas, y entonces Lebh tuvo que intervenir.
Kebh se hallaba en su laboratorio trabajando cuando recibió la visita inesperada de un fragmento de Lebh, quien en nombre de todo lo que representaba la luz iba a inspeccionar el plano material. Y Kebh se desilusionó de no ver como tal a su hermano, aun así, lo trató con afecto. Por otro lado, el invitado no correspondió, tenía en claro a que iba pues su rectitud igualaba a la de Lebh, y ello entristeció a nuestro personaje. Los dos salieron al plano creador y visualizaron la obra tangible por un rato. Al sentir que era suficiente, la extensión pidió retornar al Reino Infinito, que justo se encontraba estacionado a más de la mitad de la cuarta esfera, en un sector muy cerca de Marte.
A su llegada, aquel habló.
—¿Cómo sabes cuándo ha terminado un trabajo?
Y Kebh se quedó un tanto desconcertado de la pregunta.
—Termina cuando lo solicitado se cumple —respondió.
—¿Y la labor que te encomendó nuestro padre Bendito Primigenio Nam, ha sido cumplida?
Nadie, pero nadie hasta ese punto le había cuestionado aquello a Kebh, para él las obras continuaban o eso quería creer.
—¿A qué quieres llegar? —dijo extrañado.
—Que tu labor ha sido exitosa —dijo el visitante—. Este contenido que creaste no necesita más, has hecho un trabajo magistral. Ahora puedes reintegrarte a la corte de Lebh. Ve tranquilo que me envió para remplazarte.
Tras esto, hubo un breve silencio. A Kebh le parecía innecesaria la propuesta de destitución. Él pertenecía ahí, ese era su hogar.
—¿Irme de aquí? Esta es mi obra —objetó—. Todo lo que ves, absolutamente todo esto, eso soy yo. Y tú. Una cosa es que te mande de recadero, pero hacerte cargo de mi arte, y que me reintegre solo porque él lo dice. ¿Es que acaso me cree un idiota? Cómo se atreve. ¡Yo no pienso irme de aquí!
Kebh nunca se había enfurecido, ni por incidentes que pudiese cometer cualquier creación suya, aunque esta situación lo ameritó. Se sentía tan ofendido y menospreciado por su igual, que sin querer empezó a emanar algunas auras detrás suyo. Eran espirales de luces que desprendían partículas de colores que iban en incremento. Esta era su forma de darse su lugar, sin embargo, sin darse cuenta doblegaba a la extensión de su hermano. Y estando a punto de arrodillarlo, se manifestó con temibles estruendos el mismísimo Lebh. Se había dignado a descender para poner orden.
Y su llegada fue tan precipitada, que su forma física no era del todo precisa, ya que dejaba lucir solo la parte superior de su cuerpo desnudo, envuelto en un capullo azulado difuminado de luz. Un rostro sin facciones que exhibía un agujero oscuro con fuego interno, y su cabellera; larga y grisácea ajena a la gravedad que exponía su potestad divina. Seguido dio entonación adecuada para no rayar a la realidad, por si acaso a su hermano se le había olvidado el diálogo telepático.
«¡Ya es suficiente! Has cometido muchas faltas en contra de nuestra encomendación. Es pasable la interacción y migración de las criaturas, la propagación de las progenies, pero ¿¡atarte a lo tangible, negarte a irte y osar a someterme!? ¡Es inconcebible! ¡retornarás conmigo!», gritó Lebh, estaba muy ofendido.
De inmediato, el mensajero se transformó en una pequeña chispa de color verde, y se introdujo en el rostro de su amo. Y en fracción de segundos, Lebh liberó una potente explosión en dirección a su hermano. El pobre ni siquiera tuvo la oportunidad de contrarrestar el ataque, así que terminó aturdido. En ese punto, fue llevado sin dificultad, y peor aún, en contra de su voluntad.
Durante el recorrido, a Kebh se le sumaba un gran cansancio. Bastante tiempo había pasado sin alterar su esencia, y el hacerlo a marcha forzada, lo terminó dejando débil y vulnerable.
Ellos cruzaron los primeros portales sin dificultad, y terminaron traspasando el límite con la materia. Eso tan hermoso de las altas esferas se le mostraba por primera vez al inocente.
Kebh, no entendía que su forma de sentir, pensar y actuar le traería errores y fracasos, lo contrario a su labor. «Debía de discernir y apegarse a que todo tenía una organización, estructuras y leyes absolutas, además de establecer niveles y rangos», le repetía telepáticamente Lebh.
Para cuando llegaron a lo alto de la primera esfera, y se tornaron etéreos, Kebh pudo leer sus pensamientos, averiguando en que concepto le tenía. Le encontraba como un problemático, donde su solución era mantenerlo a su lado, para que no cometiese más imprudencias a las ya cometidas. Al parecer Lebh, se consideraba irreprochable y digno de decidir por ambos, y eso le disgustó.
Inició una acalorada discusión en modo telepático, ya que en las altas esferas así se comunicaban.
—¿En qué momento te volviste tan arrogante? ¿Cómo puedes considerar que lo que hago está mal cuando tú, no tienes el mínimo respeto por mí? ¡Me tratas con total desdén!
Era una sorpresa para Lebh, escuchar tal reclamo.
—Es porque se te ha olvidado nuestro deber —le replicó—. Nosotros debemos de poner el ejemplo para quienes están detrás nuestro. Y tú, te la pasas rompiendo las normas, peor aún, priorizas el YO y tus necesidades. Por eso, ya no puedo considerarte parte del proyecto, no del plano material.
—¿Qué estás diciendo? Lo tergiversas todo. Estas enfermo, ¡enfermo!
Era suficiente para Kebh, no gustaba de continuar con la discusión, así que dio media vuelta para irse y volver a su hogar, pero Lebh le sujetó de sus extremidades para evitarlo. Intentaba retenerlo en la copa del árbol dalmara por la eternidad.
Y se inició el forcejeo por ambas partes. En el caso de Kebh, se hartó tanto de que no le soltara, que acabó agrediéndolo sin querer.
Por tal acto, Lebh perdió la cordura, y en represalia le arrancó una extremidad; un pedazo de alma. Espantosa acción por parte suya.
Fue horroroso. El desmembramiento provocó que la esencia de Kebh se fuera agrietando, y entre más se desquebrajaba, el dolor aumentaba haciéndole sufrir y luego rabiar. Él comenzó a comportarse salvaje, propio a su esencia. Desprendió sus otras dos extensiones sobrantes, sombras parecidas a unos ramajes, que intentaban llegar a su hermano, y este se alarmó. Para ese momento, los gritos de agonía del herido ya había llamado la atención de los primeros, segundos y continuos en la fila de celestialidad. Ahora Lebh era observado.
Con bastante molestia y cansado de esta situación, Lebh arremetió con todo su poder e intentó absorberlo, pero fue imposible puesto que Nam Bendito Primigenio, no había instaurado esa capacidad en ellos. Él, al percatarse de este detalle y advirtiendo la fragilidad del otro, tomó una decisión para detenerle, voceó ante todos una “Nueva Ley”: «Kebh, serás destituido de tu posición por infame heresiarca, y te marcaré para que todas las esferas te repudien, mismas que te desterrarán. Desde hoy, me alzo como único y absoluto representante del todo».
La ley empezó a surtir efecto por medio de ondas, las cuales causaron que las extremidades de Kebh se le reintegraran y a sí mismo, comenzó a disolverse, y sin poder hacer algo por falta de fuerza, transmitió su último sentir a los presentes: «¡Desgraciado! Crees que tienes la verdad absoluta y no es así. Por el momento se hará lo que digas, pero entiende que tú y todo lo que representas ¡no es nada! ¡Tú y yo no somos nada! El día que nuestro Padre abra sus ojos, nos juzgará con imparcialidad. Recuerda, tarde o temprano regresaremos a él».
De pronto hubo calma, este había desaparecido.
Y Kebh descendía sin poderse detener, y ello le alejaba para siempre de las esferas.
Estaba desterrado, e impotente de lo ocurrido, se llenó de ideales de venganza. Sin darse cuenta, alrededor suyo volaban seres segundos, terceros, ángeles, entre otros. Le seguían para convertirse en renegados —Rassayas—, caían por sus convicciones, para alzarse en rebelión. Ya no se hallaba solo.
El camino era largo, mucho infortunio había caído sobre él, tantos caminos estelares se abrían paso a paso hasta mostrarles la profundidad de la creación, donde los ojos de Lebh no llegaban, donde la revolución comenzaría, anhelando justicia.
Y mientras Kebh viva, intentará no caer sobre lo que su hermano dispondrá, nada de lo que él muestre le será sincero, y tal vez se convierta en una carrera sin final. No habrá felicidad para él, lo acontecido hará que nunca aparte la mirada. Nunca olvidará la traición, sus sueños, sus anhelos, lo que queda de su pasión y el cómo fue amar.
Ahora Kebh vive llamando a la inmensidad de su padre, por las esferas; que la llama de la intención nunca se apague, por el lugar del conocimiento; para mostrarle que hay más de lo que se habrá contado, gloria a Nam; por su trono, gloria en su nombre y por los reinos; para tener algún día justicia, gloria a los cielos.

Esquema base de la Obra y su línea temporal de vida. El final es un reinicio.
Programación. Nam preparó a los luminiscentes para que realizaran lo que él les indicó: originar la vida, hacer de la extensión un lugar habitable, y todo lo que conllevaba a las mismas, además de concederles bastos conocimientos.
Plano espiritual. Parte intangible de las esferas, de la primera a la mitad de la cuarta esfera.
Plano creativo. En él se integran todas las esferas, es estar dentro de la maqueta, obra o lienzo divino.
Plano material. Parte tangible de las esferas, de la mitad de la cuarta a la séptima y última esfera, lo observable.
Plano creador. Es estar fuera de la maqueta, obra o lienzo divino, solo se logra apreciar la misma en partes o en general, estancia oscura de observación al plano creativo.
Atenuado. Siendo que Kebh es en sí un ser luminiscente, cuando se drenó para adornar el plano material gastó mucho de su ser, de su esencia y vida, por ello se dice que se atenuó.
Árbol dalmara. La parte más elevada de la primera esfera. De donde parten todas las esferas.
Nueva Ley. Única y específica, pero con gran contenido de esencia de Nam para cambiar de raíz el plano creativo, modificando la realidad de este.
Reino Infinito
Es una isla. Ahí se originan los elementos que se exportan a diferentes lugares, entre ellos los reinos circundantes a los planetas. Este sitio contiene diferentes áreas: playa, bosque, selva, pradera, desierto, entre otros. Solo ciertas personas habitan ahí, y pueden andar libremente, sin embargo, hay ciertos sitios donde está prohibido ingresar, por ejemplo, el templo de Rectores o en el Laboratorio, ubicado en la parte más elevada del reino. En ambos, el único que puede ingresar y decidir quién entra, es el Rector en turno.
Se dice que el Reino Infinito era un reino andante, capaz de desplazarse por todas las esferas tangibles, pero fue anclado al primer universo tangible de la cuarta esfera. En la vía lacta, cerca de Marte.
