Atentado
Comenzaba una reunión en el recinto de exposiciones más grande del estado de Jalisco. Muchos grandes empresarios del estado, así como los mandatarios de los municipios de la zona metropolitana de Guadalajara estaban ahí. Como es evidente, en una reunión de esa índole la seguridad era bastante estricta. Aun así, nadie se percató de algunas personas que, a pesar de verse igual a los asistentes y el personal de staff, actuaban diferente a los demás y sin embargo lograban pasar desapercibidos. Se juntaban entre ellos charlando de cosas que los demás no escuchaban mirando a todos lados como si temieran ser escuchados. Después de un momento la reunión comenzó y con ella los extraños comenzaron a actuar. Algunos entraron al lugar, mientras que otros de ese mismo grupo seguían comportándose como el staff llevando y trayendo cosas.
—Esto no me gusta. Si nos atrapan será cadena perpetua y no quiero pudrirme en prisión —mencionó un hombre, quien vestía un traje de guardia de seguridad al sujeto que se encontraba a su lado.
—¿Qué estupidez dices? Ya no es momento de actuar como marica. Ya nos pagaron y si no cumplimos nos van a mandar al infierno.
Ambos hombres se dirigieron a la zona de personal donde, después de revisar que se encontraban solos, comenzaron a sacar varias armas largas con silenciadores junto a algunos pasamontañas, los cuales se colocaron antes de salir de la habitación, listos para pasar a la acción.
—Esta reunión es bastante diferente a otras. Es la primera vez que contratan tanta seguridad —platicaba uno de los hombres de seguridad con su compañero.
—Es porque están aquí los presidentes y varios empresarios famosos, lo más seguro es que no se tienen confianza ni entre ellos mismos —soltó el otro causando que su compañero soltará una risa.
—Sí, tienes razón.
En ese momento su compañero ya no pudo contestar debido a que cayó hacia adelante con un gruñido entre sorpresa y dolor. El otro hombre no supo que ocurría antes de sentir como sus fuerzas lo abandonaba cayendo hacia atrás a causa de dos impactos de bala en su cabeza. Sobre ellos pasaron los hombres sosteniendo las armas sin darles importancia a los dos cuerpos que dejaban ahí abandonados. Al mismo tiempo, sus demás cómplices comenzaban a hacer lo mismo en otros puntos del recinto dejando a los asistentes del mismo sin la mayor parte de la seguridad.
Continuaron atacando hasta llegar a la sala donde se llevaba a cabo la reunión y entraron después de que los infiltrados al sistema de seguridad desactivaran las alarmas y las cámaras. Una vez dentro comenzaron a disparar contra los asistentes de la misma sin dudarlo y cuando terminaron con esa tarea se dispusieron a retirarse con la ayuda de varios autos que se encontraban esperando por ellos. Sin ningún remordimiento, salieron a toda velocidad dejando tras de sí una masacre.