LA PRESA

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Summary

La presa no sabe que la están acechando hasta que siente el aliento frío de su cazador rozarle la nuca.

Genre
Thriller
Author
Alessa
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

xPRÓLOGOx

—A este juego le llamamos “La presa ciega” —habló el rubio que se encontraba frente a Amalia.

Por su lado, ella no se encontraba en las mejores condiciones. Tal vez se debía a las sogas que apretaban sus muñecas y sus tobillos, o quizá al hecho de que no sabía dónde se encontraba.

La habitación era un lugar no muy amplio, con la peor iluminación del mundo y unos barrotes de hierro que iban del suelo al techo. No había más.

Ella quería soltarse, necesitaba deshacer esos nudos que la mantenían quieta en el piso sucio y frío. Y desde que vio aquella hacha que el hombre sostenía sobre su hombro, jugando de vez en cuando con ella como su fuera un simple bate de béisbol, lo único que soñaba, que anhelaba, era tomarla entre sus dedos adoloridos y clavarla en la entrepierna del rubio.

—Suéltame, imbécil —Amalia habló por primera vez en el día. Sus muñecas ardían por la constante fricción de ellas contra la soga en muchos intentos fallidos de salir de ese asqueroso lugar.

Pero ella no lloró. Se debía a que no le daría ese placer al sujeto loco que se encontraba frente a ella, o tal vez porque ya lo había hecho barias veces antes y no podía derramar una lágrima más.

—¿Quieres salir de aquí? —dejó caer el hacha, apoyándola en el piso y recargándose en ella, restándole completa importancia al hecho de que tenía a una chica pelinegra atada frente a él—. Este imbécil te quiere ayudar. Al parecer te gusta estar así, bonita.

Amalia no dijo nada. Sabía que fuera eso verdad o no, la única forma de salir de ese lugar era tomando la mano de aquel hombre.

Y una vez ella estuviera fuera, ese hombre no volvería a respirar.

—Entonces —el rubio continuó—, soltaré tus delicadas manitas y tus piernas... —a la pelinegra le brillaron los ojos, pero ella no se había dado cuenta de lo obvia que fue— No intentes nada raro, Amalia. Es parte de las reglas —se quitó sus guantes de piel obscura sin dejarla de ver y después los tiró al suelo—. Serás vendada de los ojos. Yo saldré, cuatro sujetos entrarán. Te entregaré el hacha. Tendrás diez minutos para deshacerte de al menos tres de ellos.

Amalia palideció ante la idea que le estaba planteando el rubio. Ella no quería asesinar a nadie más. Mucho menos siendo la orden del idiota que la tenía atada.

—¿Y si no lo logro? —preguntó, más nerviosa que antes, pero aun así sus palabras salieron serenas.

El hombre sonrió ampliamente dejando a la vista su dentadura perfecta.

Y a ella le molestaba eso. Le molestaba que todo de él fuera perfecto, a excepción de la mente lunática que para ella estaba completamente dañada.

Las pupilas del rubio se dilataron, dejando sus ojos obscurecidos.

—Que el juego comience, preciosa.