Prólogo
El niño de tan sólo seis años, miraba el cuerpo inerte de su madre en el piso, el charco rojo mojaba sus pies descalzos, la sensación era rara…
Sus ojos recorrieron cada centímetro, hasta llegar con las heridas que seguían abiertas y sangrantes. Ella no se detuvo, no sentía el dolor debido al golpe de adrenalina de tanto medicamento en su sistema.
A pesar del cuerpo en el suelo, la mujer lo estaba abrazando por la espalda, sonreía y tarareaba una canción de cuna, llenaba de sangre la cara de su querido hijo que se mantuvo quieto, respirando con suavidad para no alertarla.
—Ve a dormir. Mañana debes levantarte temprano para no llegar tarde a la escuela —Apretó la mejilla del niño, sonriendo aún más.
—Sí, madre.
Obediente, se fue a la cama, negándose a ver a su “madre” que lo seguía de cerca, cerró la puerta con cuidado todavía de espaldas, presionando el seguro antes de ir directo a la cama en donde guardaba el celular que su madre le dio para emergencias.
Al marcar a, mantuvo sus ojos en la puerta, debajo se veían los pies de la mujer, esperando a que durmiera para ingresar.
—Está comunicándose al servicio de emergencias, dígame, ¿en qué puedo ayudarlo? —Se escuchó al otro lado de la línea.
—Hola, mi madre acaba de apuñalarse —Dijo con calma—. El piso está rojo. Ella ya no se mueve.
—¿Tu madre acaba de apuñalarse? —La mujer en la línea repitió, se escuchaban las teclas—. ¿Estás solo en casa?
—No lo sé… Creo que sí —Vio la sombra de su madre alejarse, hizo más baja la voz—. ¿Podrían venir? Mi dirección es-
—Cariño, no juegues, ve a dormir —La voz se hizo más profunda, ya no se oía bien, nada natural—. O tendré que entrar.
—¿Hay alguien contigo? —Se alertó la señorita que lo estaba escuchando—. ¿Puedes indicarme tu dirección? ¿Hola? Intentaré rastrear tu ubicación… ¿Puedes oírme?
El pequeño guardó silencio, su respiración se volvió más lenta.
—Sí —Susurró.
Como pudo, el infante dijo su dirección, pero colgó en cuanto vio que la puerta estaba por ser abierta, se escondió entre las sábanas y cerró los ojos para no ver a la mujer que entraba para vigilarlo.
—¿Estás dormido? Fel~
Las manos con dedos alargados se acercaron, el pequeño se mantuvo en calma, justo como su madre le enseñó.
Pronto, la pesadilla se esfumó, las sirenas escandalosas de los policías lo hicieron respirar y volver un poco a la vida. Los pasos apresurados y los agentes buscando al niño que había llamado a emergencias generaron mucho ruido en su casa.
—¡Aquí!
La linterna iluminó el pequeño bulto que seguía quieto cuál estatua. Habían seguido las manchas sangrientas de los pies del niño.
¿Qué sucedió después? No recuerda mucho y era hora de despertar.









Buen inicio
Wow... solo wow