Tormentas del corazón

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Summary

Sofi creyó haber encontrado el amor en alta mar. Agadir, con sus palabras dulces y gestos caballerosos, parecía ser todo lo que había soñado. Pero entre viajes, puertos y silencios inexplicables, las promesas comenzaron a quebrarse. Mientras el Mediterráneo pasaba frente a sus ojos, Sofi descubría la otra cara del romance: la distancia, la mentira y la dependencia emocional. Con amigas que la sostenían y un corazón dividido entre la esperanza y la verdad, aprendió que a veces el mayor viaje no es hacia otra persona, sino hacia una misma. Una historia de amor, engaño y autodescubrimiento en medio de la vida nómada de los cruceros.

Genre
Romance
Author
Jery
Status
Ongoing
Chapters
41
Rating
n/a
Age Rating
18+

Hola Río

Te conocí un día de enero,

con la luna en mi nariz.

Y como vi que eras sincero,

en tus ojos me perdí 🎶🎶

En un caluroso día de enero en Río de Janeiro, 2 de enero de 2023, para ser exactos, ella estaba embarcándose en un crucero, al fin cumpliendo ese sueño que tenía desde sus 20 años. Aunque estaba nerviosa y un poco confundida era la primera vez que se iba a vivir lejos de todo y de todos sabía que le esperaba una aventura de 7 u 8 meses en alta mar, y la idea de tener esa experiencia la llenaba de ilusión.

El puerto era un caos de maletas y tripulantes que corrían de un lado a otro. Ella miraba todo con los ojos bien abiertos, tratando de absorber cada detalle: el inmenso barco blanco que parecía una ciudad flotante, el olor a mar mezclado con combustible, y ese murmullo constante de cientos de personas emocionadas.

De repente, lo vio en la famosa “gangway”, ese lugar donde los romances empiezan y terminan (quienes han trabajado en cruceros saben de lo que hablo). Era un hombre de rasgos árabes, delgado y alto. No era muy apuesto, pero había algo en él que llamó su atención. Su manera de hablar era poco cortés, casi seca, pero aun así le ayudó con la maleta rosa. La llevó hasta la puerta de su cabina y luego desapareció como si nada. Después de ese breve encuentro, no se volvieron a ver durante varios días.

Al principio, ella no le prestaba demasiada atención. Después de algunas noches, él se le acercaba para saludarla en el famoso “crew mess”, pero ella lo ignoraba. Ya estaba advertida. Había investigado un poco y, como era de esperarse, siendo la chica nueva en una “casa de lata” como esa un barco lleno de extraños siempre llamas la atención. Y ella no quería convertirse en “la novedad” de nadie.

Pero un día, algo cambió. Ella sintió una conexión extraña, de esas sensaciones que no puedes ignorar, como las famosas mariposas en el estómago. Decidida, se lanzó. La próxima vez que lo vio, le cedió la mano y lo invitó a sentarse a su lado. Ella, que siempre había sido tímida, se sentía rara tomando la iniciativa de invitar a alguien a comer juntos. Con los nervios a flor de piel, miró a su amiga y al novio de ella, y los invitó a unirse para no sentirse tan expuesta.

Desde días antes ya le parecía raro cómo actuaba. Se repetía: “No va a pasar nada”. Pero, como dicen, la boca castiga. Aunque su comportamiento no siempre le parecía muy maduro para alguien de su edad, poco a poco se fue generando un vínculo entre ellos. Él la buscaba en las pausas del trabajo, se sentaban en la cubierta a mirar el mar y, sin darse cuenta, empezaron a crear una rutina que la hacía sentir acompañada en medio de tanta soledad.

Él siempre repetía que no le gustaban las fiestas, que prefería la calma y la tranquilidad antes que el ruido y el desorden de las noches de bar. Esa imagen de hombre serio, distinto a los demás, fue precisamente lo que a ella le hizo bajar la guardia. Se convenció de que era alguien especial, diferente, y que tal vez ahí sí valía la pena arriesgarse.

A veces conversaban hasta el amanecer, con el océano como único testigo. Ella le contaba sus sueños, lo mucho que había esperado estar allí, y él respondía con frases cortas, pero que parecían sinceras. Había algo hipnótico en la manera en que la escuchaba, en la calma con la que aparentaba tomarse la vida, como si nada pudiera perturbarlo.

Lo que empezó como una simple amistad se transformó muy pronto en algo más intenso. Ella, que había prometido no involucrarse demasiado, comenzó a sentir que lo necesitaba, que cada día estaba más pendiente de sus mensajes, de sus gestos, de cualquier señal que él le diera. Y aunque una parte de ella gritaba que era peligroso, otra se dejaba arrastrar como un barco en plena tormenta.

Así comenzó un romance que, con el tiempo, se convertiría en una historia muy distinta a lo que alguna vez imaginó. Un viaje que la llevaría a conocer no solo el mar y sus paisajes infinitos, sino también la fragilidad de su propio corazón.