Customize readability
Aa

Corazón enamorado

All Rights Reserved ©

Summary

"Noah solo quería que su último año de colegio fuera inolvidable. Lo que no esperaba era que el destino tuviera planes tan caóticos, poniéndolo a prueba frente al amor más real, prohibido y desesperado de su vida. Un amor que lo obligará a decidir si vale la pena arriesgarlo todo por una última noche de libertad, o dejar ir para siempre a la única persona que le enseñó a sentir de verdad."

Genre
Romance
Author
BryhanKid
Status
Complete
Chapters
27
Rating
n/a
Age Rating
16+

Primer latido

Lunes 3 de marzo - 2016

El aire fresco de la mañana corría por las calles de la pequeña ciudad, trayendo ese olor de siempre a primer día de clases: una mezcla de libros nuevos, asfalto mojado y ganas de empezar. Para la mayoría era solo un lunes más, pero para Noah, este 3 de marzo marcaba el inicio del final.

Era su último año. El último primer día.

Mientras dormía, Noah tenía una sonrisa en la cara. No soñaba con ser el más popular del colegio ni con hacer grandes hazañas, sino con algo mucho más sencillo: quería pasarla bien. Quería que este año fuera el mejor de todos, lleno de risas, amigos y esa sensación de que todo podía salir bien.

—¡Noah, levántate! ¡Ya es hora de ir al colegio!

La voz de su mamá, firme pero cariñosa, lo sacó de su sueño y lo trajo de vuelta a la realidad de golpe.

Noah abrió los ojos, confundido por la luz del sol que ya entraba con fuerza por la ventana. Se sentó en la cama con el cabello todo despeinado, y el corazón le empezó a latir rápido al ver cómo alumbraba el sol en las cortinas.

—¿Qué? ¿Ya amaneció? —murmuró, buscando rápido el reloj.

Las agujas marcaban las siete y media. El susto lo golpeó como un balde de agua fría.

Saltó de la cama, tropezando con sus propias sandalias en el apuro. Se vistió de lo más torpe porque el tiempo se le iba, abotonándose la camisa mientras saltaba en un pie para ponerse los pantalones. No era la entrada triunfal que había planeado, pero era la única que le quedaba.

Al entrar a la cocina, el olor a café recién pasado y a pan tostado lo recibió, calmándole un poco los nervios. Su mamá se movía de un lado a otro con esa energía que tiene por las mañanas, tarareando bajito una canción de Luis Fonsi que sonaba en la radio de fondo.

—¡Mamá! ¡Son las siete y media! —exclamó Noah, sintiendo que se le helaba la sangre—. ¡Voy a llegar tardísimo! ¿Por qué no me pasaste la voz antes?

Ella lo miró con una sonrisa divertida, sirviéndole el desayuno con total calma.

—Te llamé como tres veces, pero estabas bien dormido —respondió, dándole un beso en la frente—. Además, el colegio está a cuatro cuadras. No te preocupes tanto, que te va a hacer daño.

—¡Pero es mi primer día! —insistió él, pasándose la mano por el cabello rebelde, todo preocupado—. Quería llegar temprano, saludar a mis amigos... no entrar corriendo como un loco.

—Entonces apúrate, hijo —le dijo ella, acercándole el plato—. Y come algo, no quiero que te desmayes antes de conocer a tus nuevos compañeros.

Noah comió rapidísimo, agradeciendo por dentro esos cuidados de su mamá que a veces daba por sentados. Se despidió con un beso rápido y corrió hacia la puerta de salida, acomodándose la mochila.

—¡Noah, tu propina! —lo llamó ella antes de que saliera.

Él paró en seco y regresó. Al verla ahí, estirándole la mano con la moneda y mirándolo con tanto orgullo y cariño, sintió una gran ternura.

—Gracias, mamá —dijo, sonriendo de verdad por primera vez en la mañana.

—Suerte en tu primer día, cariño.

Salió a la calle y el viento frío le dio directo en la cara. Corrió, pero esta vez se permitió disfrutar el momento. Sus zapatillas golpeaban el mismo camino que había recorrido desde que era un niño, cuando su mamá lo llevaba de la mano y la mochila era más grande que él. Ahora las calles se veían más pequeñas, o tal vez él había crecido demasiado rápido.

Al llegar al colegio, pasó lo que tanto temía: la reja principal ya estaba cerrada.

Un grupo de estudiantes rezagados estaba amontonado afuera. Noah se abrió paso entre ellos con el corazón latiéndole fuerte, no solo por haber corrido, sino por la cólera de haber fallado en su primera meta del día.

Frente a la reja estaba Don Sergio, el portero de toda la vida. Un señor mayor, muy ordenado y con lentes, que había visto pasar a muchísimos alumnos. Su sola presencia daba mucho respeto.

—Disculpe... por favor, déjeme entrar —le dijo Noah, acercándose a los fierros e intentando no sonar tan desesperado.

El señor lo miró con calma, reconociéndolo, y movió la cabeza despacio de un lado a otro.

—La entrada es hasta las ocho. Si llegas tarde, tienes que esperar a que termine la formación del patio.

—¿De verdad? —Noah soltó un suspiro, sintiéndose derrotado—. Solo fueron unos minutos...

—Reglas del colegio, hijo —respondió el señor con una sonrisa amable, sin mala intención.

Noah asintió, resignado. Se apoyó contra las rejas frías y miró hacia adentro.

Ahí estaban todos, formados en filas perfectas. El director hablaba por el micrófono sobre el futuro, las metas y el esfuerzo para este año. Noah miró la escena con una mezcla de tristeza adelantada. Ese patio, esas paredes, el uniforme... todo eso iba a dejar de ser suyo en unos meses.

Quería estar ahí dentro con los demás. Quería ser parte de todo eso, no un simple espectador parado en la calle.

—Bueno —pensó, intentando animarse mientras miraba el cielo azul sobre el colegio—, al menos ya estoy aquí. Y este año, como sea, voy a hacer que valga la pena.

El discurso terminó y la reja se abrió con ese ruido de metal tan conocido. Noah se acomodó la mochila, respiró hondo y dio el primer paso hacia adentro, listo para lo que fuera a pasar en este primer día.

Cuando por fin terminó la pequeña formación de los que llegaron tarde, Noah se acomodó la mochila, sintiendo el peso de los libros clavándosele en los hombros. El patio se vació rápido, y esa vieja molestia volvió a hincarle en el pecho: la sensación de ser el que sobra mientras todos los demás ya saben qué hacer. Odiaba llamar la atención, y llegar tarde el primer día era como ponerse un letrero en la frente que gritaba: «Mírenme, soy un desastre».

Estaba intentando recordar dónde quedaba el pasillo de quinto año, pensando si preguntar o caminar sin rumbo, cuando una chica se le paró enfrente de golpe. Tenía una energía que llenaba el lugar, una sonrisa de «aquí mando yo» y el uniforme tan arreglado que hizo que Noah se sintiera mal vestido.

—¿Eres de quinto, no? —preguntó ella de frente, inclinando la cabeza como si lo estuviera analizando.

Noah parpadeó, sorprendido por lo rápido que se le acercó.

—Hola... este... sí. Creo que sí.

—Genial. Él también. —Señaló con la cabeza hacia atrás. Ahí estaba un chico alto, con el cabello desordenado, esperando con las manos en los bolsillos y mirando al cielo como si fuera lo más interesante del mundo—. Se llama Kael.

Kael se acercó despacio, con esa tranquilidad de quien no tiene apuro por nada. Le estiró la mano con una sonrisa perezosa.

—Un gusto. ¿Cómo te llamas?

—Noah —respondió él, dándole la mano. Sintió un gran alivio al darse cuenta de que no tendría que entrar solo al salón con treinta personas mirándolo—. Aunque creo que ya empezamos mal. El profe de la primera hora es bien estricto. Dicen que cierra la puerta y ya no deja entrar a nadie.

La chica soltó una carcajada corta y se acomodó el cabello detrás de la oreja.

—Tranquilo. Yo lo arreglo. —Le guiñó un ojo con muchísima seguridad—. Soy Luz, por cierto. Y créeme, con Luz siempre se encuentra la forma.

Caminaron hacia el salón por los pasillos que ya olían a cera para pisos y a lugar cerrado. Kael iba silbando bajito, mientras Luz caminaba muy segura, como si fuera la dueña del colegio. Al llegar a la puerta de quinto “B”, Noah sintió un nudo en el estómago. Luz no lo pensó dos veces. Tocó la puerta con tres golpes fuertes y, cuando el profesor asomó con cara de molestia, ella le dio una sonrisa gigante y perfecta.

—¡Profe, buenos días! No nos cierre la puerta, por favor. Hubo un problema de papeleo en la entrada y ellos son nuevos, se perdieron un poco buscando el salón. No queremos interrumpir su clase.

El profesor la miró unos segundos, intentando seguir serio, pero terminó cediendo ante la confianza de Luz. Suspiró y se hizo a un lado.

—Pasen rápido. Y en silencio. Busquen dónde sentarse.

Noah soltó el aire que estaba aguantando. Esa chica era de armas tomar. Definitivamente alguien a quien convenía tener como amiga.

El salón estaba repleto. Ese olor a cuadernos nuevos, a desodorante y a lugar cerrado lo golpeó al entrar. Un montón de ojos se levantaron para mirar a los recién llegados. Noah caminó pegado a la pared, intentando volverse invisible, aplicando su truco mental de “si no los miro, no me miran”.

Luz y Kael encontraron sitio juntos en la tercera fila y saludaron a un par de conocidos. Pero para Noah, la suerte no estaba de su lado. Solo quedaba un lugar libre: la esquina del fondo, junto a la ventana de atrás. El refugio de los que prefieren solo mirar sin llamar la atención.

Se dejó caer en la silla justo cuando el profesor retomaba el control, tocando la pizarra con un plumón.

—Seguimos con las presentaciones —dijo el profe con voz aburrida, revisando su lista—. Ya perdimos mucho tiempo. A ver... tú.

Señaló a una chica delgada unas filas más adelante. Llevaba el cabello amarrado en una cola alta con una cinta negra y miraba al frente con muchísima flojera.

—Soy Rocío —dijo sin pararse del todo, con una voz tan fría que se sintió en todo el salón—. Escribo. Me gustan el negro y el morado. Solo eso.

Se sentó y abrió un cuaderno negro, ignorando por completo al resto de la clase. Noah levantó una ceja.

Interesante, pensó.

—Ahora tú, el que llegó tarde.

El dedo del profesor apuntó directo al fondo.

Varias cabezas voltearon hacia él al mismo tiempo. El miedo se le atascó en la garganta. Noah sintió que las orejas le ardían de la vergüenza. Se paró rápido, tropezándose un poco con la pata de la silla, lo que hizo que un par de chicos se rieran.

—Soy Noah —dijo, hablando un poco más rápido de lo normal—. Tengo dieciséis años. Me gusta la música... este... romántica. Baladas, Reik, Sin Bandera... esas cosas. —Escuchó unas burlas al fondo, pero siguió hablando para salvar el momento—. Y los videojuegos. Soy bueno en Mario Bros y jugando ajedrez.

En ese momento, notó un movimiento dos filas más adelante. Una chica que estaba medio escondida detrás de su cabello levantó la cara por un segundo. Cruzaron miradas y ella le dio una sonrisa chiquitita, casi invisible, como si entendiera a la perfección eso de refugiarse en los videojuegos para no pasar vergüenza.

Kael le levantó el pulgar desde su asiento para animarlo. Noah hizo una sonrisa incómoda y se sentó de golpe, sintiendo la cara caliente. Misión cumplida, pensó, apoyando la cabeza en la mesa.

—Bien. Ahora tú, señorita.

El profesor señaló el asiento de la ventana, justo donde estaba la chica de la sonrisa chiquita.

Y entonces, ella se paró.

El ruido del salón —el sonido de las hojas, los susurros, el movimiento de las sillas— pareció desaparecer. Noah levantó la cabeza y se quedó callado.

—Hola... —Su voz era bien bajita, casi un susurro, pero sonaba muy dulce—. Soy Emy. Me gusta escuchar música... mi color favorito es el celeste... y juego vóley.

Se sentó tan rápido como se había parado, escondiendo la cara entre los brazos cruzados sobre la mesa y encogiendo los hombros como si quisiera que la tierra se la tragara ahí mismo.

Pero Noah ya la había visto bien.

No era como las chicas populares que entraban llamando la atención de todos. Ella era... diferente. Tenía el cabello largo, lacio y bien oscuro, y una piel pálida que resaltaba con el azul del uniforme.

Noah se quedó mirándola un segundo más de la cuenta.

Sintió que el corazón le daba un vuelco chiquito en el pecho. Sintió que la cara se le ponía un poco caliente, pero esta vez no era por la vergüenza de haber llegado tarde. Era pura curiosidad. Le llamaba mucho la atención.

Lindísima, pensó, apoyándose en el respaldo de la silla y ladeando la cabeza. De esas chicas que brillan sin darse cuenta, sin querer llamar la atención.

Y él... bueno, él no era el tipo de chico que brillaba. Siempre había sido bueno para esconderse en las esquinas, para ser el amigo gracioso del fondo del salón. Pero al verla ahí, tan tranquila y tan real, sintió por primera vez que tal vez ya no quería esconderse más. Tal vez tenía ganas de que este año, por fin, pasara algo que valiera la pena recordar.

El profe llamó a Luz para que se presentara, y todo el salón se mató de risa con sus bromas sobre la comida. Noah intentó prestar atención, reírse con los demás y meterse al grupo.

Pero casi sin querer, como si sus ojos se mandaran solos, su mirada volvió al asiento de la ventana, donde Emy seguía haciendo garabatos con el dedo sobre su carpeta. Noah miró para otro lado rápido, intentando concentrarse en la pizarra... pero en ese momento, sin darse cuenta, ya había dejado de ser un simple espectador.

Let BryhanKid know what you thought about this chapter!
Love this

3

Love this

Funny

1

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

1

Profound

Heartwarming

1

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

1

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

1

Great Character

Strong Dialog

2

Strong Dialog

Further Recommendations

Purple Heart

Miriam0011: Hi! I just wanted to say that I really enjoyed your story your writing style is truly engaging and unique. It kept me hooked from start to finish. I’d love to know, what inspired you to start writing stories?

Read Now
A Blessing in Disguise

Miriam0011: Hi there! I really enjoyed reading your story, it was both interesting and well written. Your style feels very natural and easy to connect with. Do you usually write in this genre, or do you explore others as well?

Read Now
The Easter Bunny

Angela: Liked this one. Character development was great and the little girl was sweet.

Read Now
Bad Influence

Erin: Somehow this is my first sports/hockey romance and now I'm hooked on them.

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

AnG40: I really enjoyed this read. I wish there was more background on Lucian and Elara's romance and how they went from not touching to Lucian actually proposing.

Read Now
My Blacksmith Savior

Deepika: It was a lovely read! So different from the usual. Had a good mix of romance and humour.

Read Now
The Neighbor's Son

Lyzebelle: Marina and Brennan grew up as friends. She becomes the Boss. Nice love story. 💚💚👽

Read Now
Ruthless Lord

chidinma: I like everything

Read Now
Called by the Alpha

Jantien: This is the frist book i read here and i am hooked!Thank you

Read Now