El día que te conocí
Megumi desde niño era alguien distante con los desconocidos, incluso con sus amigos, un chico reservado que solo da su opinión cuando se la piden, guardando su cariño y afecto para pocos que se logran colar en su corazón, como su hermana menor Tsumiki, sus dos perros/lobos, y su amiga de la infancia, Hana Kurusu, su padre no entra en esa lista ya que la mayoría del tiempo actúa como un idiota.
Así que para muchos fue sorpresa cuando la siguiente persona en colarse a su corazón fuera Yuji Itadori, un chico dulce y amable, según su circulo de amigos, quien simplemente se acercó para hablarle y el resto es historia.
-Hola -saluda el pelirosa sentándose frente suyo.
-Ujum -asiente Megumi esperando a que se vaya- ¿necesitas algo?
-Si y no, verás... quise hablarte porque siempre te veo solo en los descansos -apoya su rostro en la palma de su mano- en buen plan.
-No quiero tu compañía -responde el azabache alzando la mirada para quedarse en silencio al contemplar las delicadas facciones del pelirosa, su cabellos rizado, sus ojos avellana, las pequeñas pecas que decoran sus mejillas.
-Voy a ser honesto -se inclina en la mesa- en realidad es porque tengo curiosidad por ti, eres todo un misterio -sonríe de medio lado cuando el azabache se inclina también.
-Pues estamos parejos, yo tampoco te conozco -vuelve a sentarse- y no siento mucho interés por conocerte -alza sus hombros sin preocupaciones, la verdad es que dentro de él algo se sacudió al verlo, tal vez no sea mala idea abrirse a otras personas.
-Soy muy interesante, Fushiguro -dice Yuji señalándose a si mismo- no te dije mi nombre, soy Yuji Itadori, estoy en tu mismo salón por sí tenias dudas, tengo 17 años.
-Pues parece que yo no necesito presentarme -Megumi alza una ceja cuando el contrario se sonroja- Megumi Fushiguro, y solo soy un año mayor que tu, 18 años.
-¿Ves que ya nos presentamos? -le bromea guiñándole- ¿y que vas a hacer luego de clases?
-Probablemente vaya a la biblioteca a pedir algún libro ¿y tu? -apoya su rostro en su mano esperando respuesta, se le hacía sencillo desenvolverse con aquel chico, de hecho desde que alzó la mirada sintió un flechazo, pero no por eso debe de bajar la guardia.
-Aun no lo se, probablemente mi sobre protector hermano mayor estará esperándome en la puerta para llevarme a casa -murmura apoyando soltando un suspiro- oye... ¿cual es tu ritual maldito?
-Son las 10 sombras -responde con simpleza ante el creciente interés del pelirosa- consiste en hacer sombras con las manos y de acuerdo a la sombra, invocas a un animal el cual tiene una habilidad en especial, por el nombre ya te das una idea de la cantidad.
-Ya veo... ¿puedes usar todas la sombras? -Yuji abre sus ojos con admiración por sus palabras.
-Básicamente tengo que “desbloquearlas” debo someterlas durante un combate, por ahora puedo invocar a unos perros, conejos, un sapo, un elefante y un ave -termina de explicar notando el brillo en los ojos del contrario- ¿que hay de ti? ¿Cual es tu técnica maldita?
-Cortar -responde con simpleza- es de familia, salvo por mi hermano mayor que manipula la sangre, por ahora no puedo hacer la gran cosa -toma un vaso de plástico para tocarlo y de forman pequeñas tijeras de preescolar hasta que se corta- mí tio es quien tiene más experiencia.
-¿Porque no le pides que te enseñe? -ladea la cabeza cuando hace una mueca.
-Es que no tiene paciencia -alega el pelirosa bajando la cabeza- ya intentó una vez y soy algo lento. Además que, según mi abuelo, también puedo tocar el alma de las personas.
-Me parece interesante esa habilidad -Megumi se sobresalta al escuchar el timbre, sin darse cuenta pasaron toda la hora del almuerzo hablando.
-Bueno... -Yuji se pone de pie para caminar a su lado- supongo que nos veremos en clase ¿no?
-Ujum -asiente caminando hacia el salón.
-¡Megumi! -su hermana lo saluda antes de ir a su clase- ¿y ese milagro que haces amigos? Oh, y vaya amigo que hiciste -frunce el ceño al ver de quien se trata.
-Hola, Tsumiki -Yuji le sonríe amable antes de entrar al salón.
-Tú no eres de ser grosera, ¿pasó algo? -Megumi está algo extrañado por el comportamiento de su hermana.
-Mas bien con él, ¿has escuchado lo que dicen? -se le acerca para evitar que la escuchen- es un doble cara, un hipócrita.
-No me parecía cuando estábamos hablando -murmura al recordar lo tímido y amable que se portó el pelirosa.
-Es mejor que mantengas tu distancia, sé que son rumores, pero agh, no se... -dice la castaña con preocupación.
-No me parece un mal chico, además, no estoy interesado con que otra persona entre a mi vida, estoy feliz con ustedes -abraza a su hermana menor por los hombros.
-Ya, torpe, nos vemos después de clases -se despide su hermana.
Esa misma tarde al terminar las clases, Yuji vuelve a acercarse para seguir platicando sobre sus habilidades, Tsumiki andaba muy callada debido a que no sabía cómo participar, además que aún desconfiaba del pelirosa, en realidad había escuchado muchas cosas sobre él, sin embargo, cabe la posibilidad de que haya topado con malas personas que ahora quieran manchar su reputación o lo que sea, hay que darle el beneficio de la duda.
-¿Y cual es tu técnica maldita, Tsumiki? -le pregunta con curiosidad el pelirosa.
-Oh, bueno... es la técnica inversa junto con hacer crecer plantas, no es la gran cosa porque sigo descubriendo cosas, el otro día por accidente hice que el árbol del vecino diera frutos antes de tiempo -explica con una ligera risa.
-Asombroso, ¿puedes comunicarte con las plantas también? -Yuji se inclina con curiosidad.
-Si, las plantas pueden sentir nuestras vibras, y nos escuchan -se cruza de brazos con orgullo.
De repente la plática ya no era Megumi y Yuji, sino Tsumiki y Yuji, hacían un dúo escandaloso con cada comentario a veces absurdo, hasta que llegaron a su casa en donde son recibidos por Toji Fushiguro.
-¿Qué haces aquí? -dice Megumi con molestia.
-Vivo aquí, por si les olvida, traje la comida -dice Toji haciéndose a un lado- ¿vas a entrar? -mir a Yuji de pies a cabeza quien retrocede intimidado.
-No, yo me voy, mi abuelo me espera en casa -dice Yuji dándose la vuelta para irse a casa- nos vemos, Tsumiki, Megumi -alza su mano para despedirse.
Los siguientes días eran casi igual Yuji buscaba a Megumi en los descansos para conversar, conoció a la famosa Hana Kurusu de la cual el azabache tanto hablaba, su mejor amiga de la infancia, una rubia de pocas palabras, pero con un aura de amabilidad, como su habilidad la describe, angelical, cuando se conocieron no hubo esa misma conexión que tuvo con Tsumiki, con ella fue un vago intercambio de palabras y listo, por mucho que Yuji intentara sacarle una conversación, parecía imposible, hasta que se dio cuenta de algo, a ella le gusta Megumi.
Y eso hizo que un sentimiento extraño se instalara en su pecho, no eran celos, sino como una incomodidad, aunque ella no lo viera como un rival.