SIEMPRE A TU LADO
Nat cerró sus ojos cuando escuchó la puerta de la habitación abrir y cerrar, los pasos pesados de Max que entró a la habitación que compartían. El viaje había sido algo estresante, sin duda, hacer un tour era agotador para todos, no solo para él. Max había salido a beber con Zee y los otros phi, habían invitado a Nat pero simplemente no se encontraba con el ánimo para salir a festejar el cierre del show en aquella ciudad. Pasado mañana volverían a Tailandia y se encontraría nuevamente en su cama, en su mundo.
Nat se relajó de saber que Max estaría bien.
Escuchó la puerta del baño abrir y cerrarse, el sonido de la ducha. Nat se trató de acurrucar en las mantas de tal forma de convertirse en un burrito.
Odiaba los días en que se sentía así. Días agotadores donde no podía dormir, no importa lo cansado que estuviera. Esos días eran cuando su mente no paraba jamás, por que lo único que podía hacer era pensar y rogar que el sueño lo llevara. Solo podía pensar en todos los errores y aciertos, todas las cosas que podría haber hecho mejor, la culpa que cargaba en las veces que sentía que había fallado a no solo Max, pero la empresa también.
Nat sabía que podía hablar con Zee, incluso él le había pedido que por favor lo hiciera, ya sea hablar con Max o con Zee… o cualquiera de los phi que lo conocían desde hace tanto tiempo. Pero cómo podría Nat vomitar todos esos sentimientos negativos en Zee mientras él y New estaban preparándose para su nueva serie. Tanto trabajo… él no quería ser esa clase de compañero, esa clase de amigo.
Nat disfrutaba de las redes sociales, ver qué estaban haciendo sus fans. Ver las reacciones de HeartDisk a las series o sus eventos. Pero todo así como hay gente que te ama, hay gente que te odia, que se dedica a odiarte. Todo porque él hizo eso, o dijo aquello, porque respiro de cierta forma o miro a alguno de sus compañeros de tal manera. Nat podía con eso, una sonrisa y un sacudón de su ropa y no pasaba nada. Pero… ¿Natasitt? A veces no podía, a veces era demasiado, a veces algunos cruzaban una línea.
El sonido de la puerta del baño le hizo esconderse en las sábanas. La habitación estaba oscura luego de que Max apagara la luz del baño, y las cortinas cubrian las ventanas de la habitación del hotel. Nat estaba de costado con su espalda al baño, la sábana hasta la cabeza.
—Nong…—la voz de Max provenía del costado opuesto, de su espalda.
Quizás era el tono suave con el que le hablaba que le hizo formar un nudo en la garganta. No podía responder sin dejar en evidencia lo profundo de su malestar.
—Nong—murmuró Max nuevamente, esta vez más pesada, más grave. Se notaba que no quería perturbarlo. Nat se sintió más culpable.
Nat sintió la cama hundirse en su espalda con el peso de Max.
Max si forzaba su vista podía ver el pequeño bulto en la cama que era su Nat. Se veía demasiado pequeño, escondiendose del mundo, incluso de Max. Apoyó su mano donde creía que estaría el costado de su nong. La mano se deslizó hasta abrazarlo. Max se pegó a su espalda, su frente en la cabeza del menor.
—Nat…—volvió a llamarlo en un susurro a la altura donde creía que se encontraría su oreja— Dime ¿Qué sucede?
Nat no podía responder, no sin que su voz se quebrara en un pequeño suspiro lastimero. Su cuerpo tembló en los brazos de Max.
—Es uno de esos días ¿Eh?—Max lo abrazó con más fuerza. Trabajaban juntos desde que Nat era un adolescente, lo vio crecer frente a sus ojos, Max sabía lo difícil que podían ser esos días.
Max hizo lo que siempre hacía, susurrar una y otra vez todas las cosas increíbles que Nat hizo por los fans, por sus compañeros y por él. Algunas de esas cosas conocidas por HeartDisk, otras eran historias que habían decidido resguardar para ellos.
Nat solo lloró. Lloró su estrés, sus pensamientos oscuros, los recuerdos de sus fallos tanto de Nat como de Natasitt. Lloró hasta que no había más que llorar.
No había lugar donde Nat se sintiera más seguro que no fuera en los brazos de Max. Se sentía completo. Sentía que se podía relajar en ese sentimiento de sentirse cuidado, mimado… amado.
Probablemente era demasiado tarde, porque incluso la ciudad se había dormido. Nat abrió sus ojos y bajó un poco la manta para ver sobre su hombro. Max estaba a su lado, presionado contra su espalda. Su pecho subía y bajaba en pequeñas exhalaciones.
—Phi…—susurró Nat.
Max abrió sus ojos, entre pestañeos buscó enfocar su vista en los ojos de Nat.
—Estoy despierto…—murmuró ronco. Aclaró su garganta buscando sonar despierto— ¿Si mi amor…?—sus ojos aún tenía rastro de sueño.
—Métete abajo de las sábanas…—dijo Nat en aquel tono tierno que salía naturalmente de su voz cuando hablaba a Max, solo a Max.
Max besó su frente y asintió. Se removió lo suficiente para meterse bajo las sábanas. Nat se volteó, enfrentando a Max. Max cubrió a ambos con la manta y se aseguró de mantener el cuerpo de Nat contra el suyo.
Antes que Nat pudiera decir algo, Max levantó más la manta y cubrió la cabeza de ambos, escondiéndose del mundo. Aquello arrancó una risa del menor quien se acercó más al mayor. Levantó su mirada y Max bajó la suya.
—Me gusta este escondite—dijo Nat, su mano descansó en el pecho de Max. Sus dedos dibujan en toques suaves la clavícula de su phi.
—Es solo nosotros…—Max se acercó y posó sus labios sobre la frente de su nong. Nat no podía verlo, pero sentía la sonrisa contra su piel.
“Nuestro lugar seguro” pensó Nat.
El silencio pesó solo un momento, la respiración de Max tan calma le hizo pensar que estaba dormido.
—Te amo—la voz de Max murmuró en aquel tono íntimo.
Nat se alejó un poco para verlo al rostro.
—Te amo…—Max dejó un beso en la mejilla del menor— te amo con todo mi corazón —y finalmente selló sus palabras con un pequeño beso sobre los labios.
Nat lo miró, los ojos brillando con pequeñas estrellas en la oscuridad.
Después de acomodarse bajo las sábanas, Nat durmió con su cabeza en el pecho de Max, los brazos del mayor manteniéndolo en un abrazo cálido del que no quería escapar.
Nat sabía que había días difíciles en el futuro, quizás mañana o la semana siguiente, pero había alguien que podía hacer que el dolor desapareciera, incluso si era por un momento. Max, por quien siempre estaría agradecido.
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La mañana había llegado sin más problemas, la luz amarilla entraba entre las cortinas, la ciudad comenzaba a despertar. Nat abrió los ojos para encontrarse con el rostro de Max, apacible y perdido entre los sueños. El menor levantó su mano y le quitó algunos mechones de cabello de su rostro.
—También te amo, Max…—susurró el menor.
Al final y al principio del día, Max siempre estará a su lado… y Nat en el suyo.








