ORGULLO & PREJUICIO

Summary

En una sociedad donde los vínculos están regidos por la casta, el apellido y la belleza, Byun Baekhyun, un omega inteligente y orgulloso, sabe muy bien cuál es su lugar: lejos de los alfas arrogantes y de los matrimonios por conveniencia. Pero todo cambia cuando conoce a Park Chanyeol, un alfa imponente, reservado y con una fortuna tan grande como su reputación de inaccesible. Lo que comienza como una guerra de miradas, prejuicios y palabras envenenadas, se convierte lentamente en una lucha interna entre el deber, el deseo y el instinto. Mientras los bailes, las sospechas, las cartas secretas y las feromonas llenan los pasillos de las mansiones, el orgullo de un omega libre y el prejuicio de un alfa dominante están a punto de colisionar… y cambiarlo todo. ¿Puede el amor nacer en medio de las reglas que los encadenan? ¿O sucumbirán ante el miedo de romperlas? 👒Pareja principal: ChanBaek 👒Mención: HunHan - KaiSoo - ChenMin - SuLay - KrisTao 👒Género: Historia de época - Omegaverse - Romance 👒Contenido BoyxBoy 18+ 👒M-preg y lactancia masculina

Genre
Lgbtq
Author
VictoriaCB
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

I. No llames la atención

Es una verdad mundialmente reconocida que un alfa soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita un omega a su lado.

Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad… y otras, de la de sus hijas o hijos.

Byun Siwon, señor de Longbourn, sentado en su despacho, rodeado de libros contables y sobres lacrados, revisaba lentamente los gastos del trimestre, con una copa de brandy en la mano y la expresión neutra de quien había aprendido a ignorar el caos doméstico.

La paz se rompió con el crujido de la puerta y el perfume inconfundible de gardenia colándose en la habitación como una promesa de desastre.

—¡Mi querido señor Byun! —exclamó Heechul, entrando con pasos decididos. Su abanico de encaje revoloteaba en una mano, mientras la otra se alzaba dramáticamente—. ¿Sabías que por fin se ha alquilado Netherfield?

Siwon no levantó siquiera la vista del papel.

—No.

—¡Pues así es! —continuó Heechul, batiendo las pestañas con fervor y liberando un delicado rastro de feromonas dulces, como si el aire mismo reclamara atención—. La señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.

Silencio. Ni un movimiento. Ni un suspiro.

Heechul se plantó frente al escritorio, justo en la línea de visión de su esposo. Con un chasquido exagerado, cerró el abanico.

—¿No quieres saber quién lo ha alquilado? —preguntó con la voz más dulce… y más impaciente.

Siwon dejó la pluma en el tintero, alzó apenas la mirada.

—Eres tú quien desea contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.

El rostro de Heechul se iluminó como una farola.

—Pues sabrás, querido, que la señora Long afirma que Netherfield ha sido alquilado por un joven alfa muy rico del norte. ¡Llegó el lunes en un landó de cuatro caballos! Vio la propiedad y quedó tan encantado que firmó el acuerdo de inmediato. Sus criados llegarán antes de que acabe la semana.

—¿Su nombre?

—Oh. Su apellido es Oh —dijo, casi suspirando la palabra—. ¿No es un apellido encantador?

—¿Está casado o soltero?

—¡Soltero, por supuesto! Un alfa soltero y de gran fortuna. Cuatro o cinco mil libras al año —declaró Heechul como si recitara un versículo sagrado—. ¡Un partido excepcional para nuestros hijos!

Siwon arqueó una ceja y tomó un sorbo de brandy, reprimiendo una sonrisa.

—¿Y qué? ¿En qué puede afectarles?

Heechul soltó un bufido dramático, dejando caer los brazos a los costados con teatralidad.

—¡Mi querido señor Byun! ¿Cómo puedes ser tan frío? Estoy pensando en casarlo con uno de ellos, naturalmente.

—¿Ese es el motivo que le ha traído?

—¡Motivo! ¡Tonterías! —soltó, girando sobre sí mismo como si le doliera la incomprensión—. Puede que se enamore de uno de nuestros preciosos omegas, y por eso tú debes ir a visitarlo tan pronto como llegue.

—No veo razón para ello. Puedes ir tú con los muchachos o mandarlos solos. Tal vez sea mejor la última. Tú eres tan guapo como cualquiera de ellos, temo que a lo mejor el señor Oh te prefiera a ti.

Heechul se llevó una mano al pecho, escandalizado.

—¡Querido, me adulas! —rio detrás de su abanico—. Es cierto que en otro tiempo fui una belleza digna de admirar, pero ahora ya no puedo pretender ser nada fuera de lo común. Cuando un omega ha parido cinco veces, debe dejar de pensar en su belleza.

—En tales casos, a la mayoría no les queda mucha belleza en qué pensar.

Heechul lo fulminó con la mirada.

—De verdad, Siwon. Tienes que ir a visitar al señor Oh en cuanto se instale. Por nuestros hijos. Los Lee ya han decidido presentarse. Ya sabes que no visitan a nadie si no hay una buena razón.

Siwon suspiró, volviendo a su copa. A veces le divertía alentar el dramatismo de su esposo.

—Estás siendo demasiado considerado. Seguro que el señor Oh estará encantado de recibirlos. Y tú podrás llevarle una nota de mi parte asegurándole que cuenta con mi más sincero consentimiento para casarse con cualquiera de mis hijos… aunque pondré una palabra en favor de mi pequeño Baekkie.

—¡Me niego a que hagas tal cosa! —Heechul se irguió con brusquedad—. Baekkie no es mejor que los otros. Ni tan hermoso como Luhan, ni tan vivaz como Kyungsoo. ¡Pero tú siempre lo prefieres!

—Ninguno de los tres es muy recomendable —dijo Siwon, sin pestañear—. Son tan tontos e ignorantes como los demás omegas del pueblo. Pero Baekkie tiene algo más de agudeza que sus hermanos.

—¡Siwon! ¿Cómo puedes hablar así de tus propios hijos? Te encanta disgustarme. No tienes compasión de mis pobres nervios.

—Al contrario, querido. Les tengo mucho respeto. Son viejos amigos míos. Hace veinte años que los escucho mencionados a diario.

Heechul se dejó caer en la silla frente al escritorio, lanzando una mirada dolida al techo.

—¡No sabes cuánto sufro!

Siwon volvió a la contabilidad.

—Te repondrás. Y vivirás lo suficiente para ver llegar a este vecindario a otros veinte jóvenes alfas de cuatro mil libras al año.

—¡No serviría de nada si tú no fueras a visitarlos!

—Si depende de eso, querido… en cuanto estén aquí los veinte, los visitaré a todos.

Heechul soltó un suspiro digno de los escenarios de la ópera, dejándose envolver por el aroma a pimienta negra de su esposo que se intensificaba con su ironía.

El señor Byun era una mezcla tan rara entre ocurrente, sarcástico, reservado y caprichoso, que la experiencia de veintitrés años de matrimonio no habían bastado para descifrar del todo su carácter enigmático. El de Heechul, en cambio, era mucho más transparente: un omega de poca inteligencia, más bien inculto, de temperamento volátil y ambición obstinada.

Su meta en la vida era casar bien a sus cinco hijos; y no podría pensar en otra cosa hasta conseguirlo.


La propiedad de los Byun, Longbourn, se alzaba entre campos ondulados de lavanda y avena, a poco menos de tres kilómetros del pueblo. No era una mansión opulenta como Netherfield, pero su fachada de ladrillo rojizo, enredada en madreselva, y sus altos ventanales con marcos blancos hablaban de una familia de buena posición, aunque sin el respaldo de una herencia perpetua.

El señor Byun administraba con meticulosa precisión las cuentas familiares, mientras su esposo se dedicaba con obstinada devoción a preparar a sus hijos para brillar en los salones de baile… o mejor aún, para pescar un matrimonio ventajoso.

El salón principal de la casa era amplio, pero los años y el descuido se le notaban en cada rincón. Los retratos familiares y los tapices bordados a mano intentaban sostener un aire respetable, aunque el azul de las paredes, desteñido y manchado, delataba que nadie lo había retocado en mucho tiempo. Las butacas de respaldo curvo crujían bajo cualquier peso, sus desgastes apenas disimulados por cojines de seda nueva.

El ambiente, impregnado del aroma de las flores frescas —y de las feromonas de los omegas— resultaba más sofocante que acogedor, un recordatorio de la decadencia que ni la obstinación de Heechul ni la indiferencia de Siwon lograban ocultar. Ambos aceptaban, a regañadientes, que la propiedad pronto pasaría a manos de un pariente lejano.

Ninguno de sus hijos omega tenía derecho a heredar, así que los esfuerzos por preservar el encanto campestre habían cesado tras el último alumbramiento. Siwon planeaba invertir cada moneda en las dotes de sus hijos, asegurándose de que, incluso sin él, tuvieran una vida decente.

A esa hora de la tarde, un sol perezoso colaba sus haces dorados por las cortinas traslúcidas, haciendo brillar diminutas partículas de polvo que flotaban como ecos de conversaciones olvidadas.

Al entrar, el patriarca encontró a su esposo y a sus hijos enfrascados en la interminable tarea de organizar sus cintas, mientras Minseok mantenía la nariz enterrada en algún libro y su buen Baekkie arrancaba con desgana el exceso de flores del sombrero.

A pesar de sus negativas previas, el señor Byun fue de los primeros en presentar sus respetos al señor Oh. En el fondo, siempre tuvo la intención de visitarlo, aunque se lo negara una y otra vez a su esposo. La ácida decepción que flotaba en el aire a su alrededor lo obligó a ceder.

—Espero que al señor Oh le guste tu sombrero, Baekkie —comentó Siwon con fingida despreocupación, desde su sillón de cuero gastado.

El omega terminó de ajustar la cinta del sombrero. Había dejado apenas un par de margaritas y unas hojas; asintió satisfecho con su obra. Se giró hacia su padre y le sonrió cómplice. Ninguno de los dos soportaba la exagerada ostentación de su madre y de sus hermanos. Su madre, que devoraba panecillos en ese instante, agitaba el abanico con indignación contenida, como si intentara sofocar la incomodidad del salón.

—¿Cómo podemos saber qué le gusta al señor Oh? —soltó Heechul con tono herido—. Todavía no hemos ido a visitarlo.

—Olvidas, mamá —intervino Baekhyun, girando para verlos a ambos—, que lo veremos en las fiestas. La señora Long prometió presentárnoslo.

Heechul arrugó la nariz y cruzó los brazos, con expresión altiva.

—No creo que la señora Long haga semejante cosa. Tiene dos sobrinas en quienes pensar; es egoísta e hipócrita, y no merece mi confianza.

—Ni la mía tampoco —agregó Siwon, bajando la mirada de nuevo al periódico—. Me alegra saber que no dependes de sus servicios.

Heechul no respondió. Las feromonas que emitía se espesaban con su frustración, impregnando el aire de incomodidad. Se desplazó hacia uno de los divanes, donde Kibum se enredaba en una manta liviana, tosiendo con dramatismo.

—¡Por el amor de Dios, Kibum, no sigas tosiendo así! —exclamó, llevándose una mano a la frente—. Ten compasión de mis nervios. Me los estás destrozando.

—Kibum no es nada discreto tosiendo —comentó Siwon con ironía—. Siempre lo hace en los momentos más inoportunos. ¿Cómo se le ocurre ahogarse en medio de una conversación?

Baekhyun levantó el sombrero hasta cubrir parte de su rostro, intentando ocultar la risita provocada por el sarcasmo de su padre y la indignación de su hermano.

—A mí no me divierte toser —protestó el joven, con la cara ligeramente enrojecida y los rizos negros desordenados.

—¿Cuándo es tu próximo baile, Baekkie? —desvió el tema Siwon, negando con la cabeza, ya acostumbrado a la carencia mental de sus hijos.

—De mañana en quince días, padre.

—¡Exactamente! —intervino Heechul—. Y la señora Long no volverá hasta un día antes, así que será imposible que nos presente al señor Oh.

—Entonces, querido esposo, puedes tomarle la delantera y presentárselo tú a ella —replicó Siwon.

—¡Imposible, señor Byun! Imposible cuando yo tampoco le conozco. ¿Por qué te burlas?

—Celebro tu discreción. Una amistad de quince días no es suficiente. Pero si no nos arriesgamos nosotros, lo harán ellos —Siwon se detuvo un momento, observando las reacciones de su familia, antes de continuar—: Así que seré yo quien se los presente.

Los muchachos lo miraron con ojos muy abiertos, parpadeando sorprendidos. Heechul palmeó el aire con molestia.

—¡Tonterías, tonterías!

—¿Qué significa esa enfática exclamación? —preguntó el señor Byun—. ¿Consideras las fórmulas de presentación como tonterías, con la importancia que tienen? No estoy de acuerdo contigo. ¿Qué opinas, Minseok? Sé que eres un joven muy reflexivo y lector de grandes libros.

El omega de rostro delicado parpadeó, inseguro. Sus dedos jugueteaban con el borde de un libro de poesía, incapaz de articular una respuesta. Los bailes le parecían una tontería y todos sus hermanos unos insulsos, pero carecía de argumentos contra la lógica mordaz de su padre.

—Eh… bueno… —murmuró, bajando la mirada.

—Mientras Minseok aclara sus ideas —prosiguió su padre, divertido—, volvamos al señor Oh.

—¡Estoy harto del señor Oh! —estalló Heechul, dejándose caer en el sillón de terciopelo con un bufido.

—Siento mucho oír eso. Si me lo hubieses dicho esta mañana, no habría ido a su casa. ¡Mala suerte! Pero como ya le he visitado, no podemos renunciar a su amistad ahora.

Un silencio incrédulo se instaló en el salón. La sorpresa de los demás era palpable: respiraciones contenidas, miradas fijas, una expectativa que parecía florecer en el aire. Heechul se enderezó como impulsado por un resorte y, en cuanto procesó la información, se abalanzó sobre el regazo de su marido, envolviéndole el cuello y cubriéndole el rostro de besos.

—¡Mi querido Siwon, qué bueno eres! Sabía que al final te convencería. Sabía que amas lo suficiente a tus hijos como para descuidar este asunto. ¡Qué contento estoy! ¡Y qué broma tan graciosa que hayas ido esta mañana y no nos hayas dicho nada hasta ahora!

El patriarca de la familia, con el rostro ligeramente desgastado por la edad y canas en las patillas producto de cinco hijos revoltosos, les regaló una de esas escasas sonrisas espléndidas. Las aletas de su nariz se abrieron, llenándose del aroma envolvente de gardenia con almizcle dulce que traía consigo la felicidad de su omega.

De fondo, Kyungsoo gritaba emocionado, sacudiendo a Kibum y arrebatando el libro de Minseok para que celebrara con ellos. Las feromonas inundaron el ambiente como un soplo dulce y denso; notas de vainilla, lavanda y canela, provenientes de los omegas más jóvenes, se entremezclaron, creando una nube empalagosa. Baekhyun y Luhan taparon sus narices, aunque una sonrisa se les escapó igual.

—Ahora, Kibum, ya puedes toser cuanto quieras —dijo Siwon con diversión. Le palmeó la espalda a su esposo para que se levantara y salió del salón, fatigado por el entusiasmo desbordado y la intoxicante mezcla de feromonas que llenaban el aire como una nube de azúcares florales.

—¡Qué padre más excelente tienen! —suspiró Heechul con ternura exagerada, acomodando el abanico sobre su regazo—. No sé cómo podrían agradecerle nunca su amabilidad. A estas alturas, hacer nuevas amistades es un martirio. Pero por ustedes… por ustedes haríamos cualquier cosa.

Baekhyun y Luhan compartieron una mirada cómplice, blanquearon los ojos, y rieron al mismo tiempo, como un reflejo uno del otro. Baekhyun, con sus pantalones amplios y blusa sencilla de lino, contrastaba con la imagen etérea de Luhan, rodeado de rizos dorados y detalles delicados de encaje en su atuendo. Minseok volvió a su lectura sin hacer comentarios, y Kibum respiró, al fin, cuando su hermano Kyungsoo consiguió terminar de soltarle la cinta del corsé.

Heechul miró a su hijo menor con expresión afectuosa.

—Cariño, aunque eres el más joven, apostaría a que el señor Oh bailará contigo en el próximo baile.

Kyungsoo alzó el mentón, con toda la convicción de un omega que sabe lo que vale. Se acomodó las mangas bordadas con deleite puro dibujado en su expresión. Apenas rondaba los quince años y a su cuerpo joven le faltaba terminar de florecer, aun así, él no estaba por la labor de evitar los bailes y amaba llamar la atención.

—Estoy tranquilo —dijo firmemente—. Porque sé que soy el más hermoso.

Los demás bufaron, rieron o rodaron los ojos, dependiendo del humor. Y comenzaron el debate interminable sobre los encantos sobresalientes de cada uno.

El resto de la tarde transcurrió entre conjeturas, suspiros y planes de cena. Cada uno, en su interior, comenzaba ya a imaginar al misterioso alfa de Netherfield como un capítulo nuevo en sus vidas. Y aunque aún no conocían su rostro ni su voz, el nombre “Oh Sehun” ya comenzaba a echar raíces en la imaginación de la familia Byun.