Con Solo Un Rastro De Color by Van.Y at Inkitt
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Con Solo Un Rastro de COLOR

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Summary

đŸ€ Un mundo donde el blanco y el negro es lo Ășnico visible, pero... ÂżTodos los veran asĂ­? Diez estudiantes son aceptados en la academia de artes mĂĄs prestigiosa del mundo, un lugar al que solo el 2% de los aspirantes logra entrar. Siendo la pintura y la fotografĂ­a lo Ășnico que los une... hasta que descubren que todos ven la verdadera belleza de este mundo. El curso escolar empieza, dĂłnde no importa que tan chocante sea la personalidad de cada uno, quedan unidos por una sola cosa, "los colores". Entre pasillos llenos de historia, obras que esconden mensajes y misterios enterrados por generaciones, iniciarĂĄn una bĂșsqueda siguiendo un rastro de color, que podrĂ­a cambiarlo todo. En un mundo que cree que solo existe el blanco y el negro, ellos lucharĂĄn por demostrar que hay mucho mĂĄs por descubrir, siendo ellos la brecha hacia un mundo olvidado.đŸ–€

Status
Ongoing
Chapters
24
Rating
n/a
Age Rating
16+

1-Nuevo Ingreso

En un mundo donde todo se rige por tonalidades de blanco y negro, ver la verdadera hermosura puede considerarse una bendiciĂłn, ÂżNo? O al menos asĂ­ deberĂ­a ser, pero... el mundo tacha de locas a aquellas personas que son diferentes.

Ver colores no es una simple teorĂ­a o una forma de pensar; es algo que te convierte automĂĄticamente en alguien diferente, y revelarlo puede llevarte, como mĂ­nimo, a un laboratorio.

Las pocas personas que han hablado de esto han sido eliminadas automĂĄticamente, y de eso los protagonistas son plenamente conscientes. Todos tenemos una mĂĄscara desde cierta edad, y ellos aprendieron a usar una demasiado pronto.

Pero todo cambia cuando son aceptados en la mejor academia de arte y fotografĂ­a, destacados como estrellas en sus ĂĄreas, prodigios en sus paĂ­ses, pero encadenados al silencio...

Cuando todos los estudiantes de primer año se encontraron en el aeropuerto de Firlandia, varios autobuses con maestros ya los estaban esperando para partir hacia la tan aclamada academia.

—¡Hola a todos! ÂĄPor favor, su atenciĂłn! —una profesora se parĂł en el centro del campo con un altavoz y comenzĂł a hablar—. En estos momentos nos vamos a dividir para subir a los autobuses. Por favor, los de fotografĂ­a agrĂșpense a mi lado izquierdo y los de pintura a la derecha.

Poco a poco, los estudiantes se fueron separando y yendo a sus respectivos lados. Entre ellos se encontraba cierta chica de baja estatura, cabello largo y un uniforme impecable, todo lo contrario a su andar torpe, pues trataba de abrirse paso entre la multitud con gran esfuerzo. Sin embargo, lo Ășnico que logrĂł fue chocar con otra chica que era unos cuantos centĂ­metros mĂĄs alta, y Elenice supo rĂĄpidamente que no debĂ­a haber chocado con alguien que parecĂ­a detestar al mundo.

—Lo siento, perdón, yo no quise... —la menor fue interrumpida rápidamente.

—Está bien —suspiró resignada, buscando encontrar la poca paciencia que le quedaba—. Solo fíjate por dónde vas.

—Sí... Por cierto, soy Elenice Santos. Parece que estaremos en la misma área —sonrió ampliamente cuando se dio cuenta de que sí había logrado llegar al lado indicado, aunque eso le costó un tropezón y una mala mirada.

—Nessa Bianchi —asintió con la cabeza.

—¿Italiana?

—Sí.

—Yo soy de Brasil.

—QuĂ© interesante —dijo con ironĂ­a mientras se dirigĂ­a a uno de los autobuses.

—Deberías practicar más tus habilidades de comunicación —siguió hablando la menor mientras la seguía.

Minutos después, los autobuses salieron rumbo a la academia, recorriendo una larga carretera llena de curvas que rodeaban montañas. Cuanto mås se acercaban, mås tarde se hacía, y la escuela seguía oculta entre las montañas... hasta que, finalmente, los estudiantes pudieron ver, la belleza escondida entre ellas.

Era una construcciĂłn de belleza arquitectĂłnica Ășnica, fusionada con la naturaleza. Colores discretos le daban un toque antiguo. Cada rincĂłn estaba rodeado de vegetaciĂłn viva y hermosa. Tres pisos se alzaban orgullosos, con balcones cubiertos de enredaderas llenas de flores.

Los transportes se estacionaron y, uno a uno, comenzaron a bajar con rapidez para seguir a los profesores al lugar donde se les darĂ­a una bienvenida oficial.

—¡Oye! ÂĄSe te cayĂł esto al bajarte del autobĂșs! —Una joven de cabello corto y rizado le hablaba a una chica que tenĂ­a un peinado parecido, aunque mĂĄs claro, y un uniforme mĂĄs desordenado. Esta Ășltima no habĂ­a notado que su telĂ©fono se le habĂ­a caĂ­do del bolsillo al bajar.

—¡Oh, muchas gracias, de verdad! —la abrazĂł repentinamente, acciĂłn que sorprendiĂł a la española—. No sĂ© quĂ© harĂ­a si se me pierde otro telĂ©fono, y mĂĄs cuando acabo de llegar. ÂżSabes? Mi madre me avisĂł que, si eso volvĂ­a a pasar, me dejarĂ­a sin uno por un mes. ÂżPuedes creer lo injusto que suena eso?

—Supongo —la de cabello oscuro la miró con duda y se separó lo más rápido y discretamente que pudo.

—Perdón, la emoción. Soy Ariadna Giannis, un gusto.

—Cinara García, un placer.

Una vez que entraron al salĂłn de conferencias, todos los estudiantes quedaron asombrados. Era un lugar hermoso; los detalles barrocos le daban un aura luminosa y, al mismo tiempo, oscura, algo que Nessa distinguiĂł rĂĄpidamente. Elenice, en cambio, estaba mĂĄs entretenida observando la decoraciĂłn que percibiendo aquella sensaciĂłn, cosa que no sorprendiĂł en absoluto a la italiana.

—¡Wow, esto es increíble! —Elenice no podía ocultar su entusiasmo; prácticamente se le notaba por todos los poros.

—Sin duda —su vista recayó en la menor—. Ten cuidado o te vas a ca...

La mĂĄs baja tropezĂł con un escalĂłn, pero la italiana logrĂł sostenerla y jalarla hacia delante. Lo malo de aquella acciĂłn, tomada tan apresuradamente, fue que no tuvo en cuenta la inercia, por lo que ella cayĂł hacia atrĂĄs. Por primera vez, Nessa se sintiĂł como su hermano mayor cuando ella era la causante de algĂșn problema, asĂ­ que simplemente esperĂł una caĂ­da que nunca llegĂł. SegĂșn ella, habĂ­a chocado contra una pared que definitivamente antes no estaba ahĂ­.

—¿Pero quĂ© mierda...? —escuchĂł maldecir a la "pared" con un fuerte acento ruso—. ÂżEres idiota o quĂ©?

¿Él la había llamado idiota? ¿A ella? ¿A Nessa Bianchi? No, seguramente sus oídos estaban mal.

—¿Idiota? —se girĂł molesta, encontrĂĄndose frente a un completo imbĂ©cil muy alto y con un cuerpo que gritaba "gimnasio"—. ÂżTe estabas describiendo a ti mismo?

—Idiota y maleducada, Âżsabes? MĂ­nimo ten la decencia de disculparte primero, pequeña.

—Lo siento, tengo una regla estricta de no disculparme con imbĂ©ciles —le contestĂł con mordacidad.

Elenice, al ver que su nueva amiga no iba a dar el brazo a torcer y que definitivamente no querĂ­a buscarse problemas el primer dĂ­a, decidiĂł interrumpir la discusiĂłn.

—Oye, perdone —se interpuso entre ambos, cosa que fue todo un reto, pues estaban bastante cerca—. Perdón, por mi culpa mi amiga chocó con usted. No era nuestra intención molestarle.

—¡Elenice! —la regañó Nessa—. ÂĄNo tienes que disculparte con idiotas!

Dimitri mirĂł a la chica que apenas le llegaba al pecho.

—AceptarĂ© tus disculpas —su mirada volviĂł hacia la mayor—, pero la prĂłxima vez quiero una disculpa tuya.

—¡Ja! Sueña, que es gratis.

—¿Contigo? No me gustan las pesadillas, kotiĂłnok —le guiñó un ojo mientras se alejaba campante.

—¡Es que serĂĄ cabrĂłn! ÂżCĂłmo me llamaste, imbĂ©cil? —tratĂł de seguirlo, pero fue frenada por Elenice, que la sujetaba con fuerza—. ÂĄSuĂ©ltame!

—¡Nessa, cálmate! Solo es un chico más, no caigas en su juego. Mejor sigamos caminando y busquemos nuestros asientos, ¿bien?

Nessa suspirĂł resignada y mirĂł a la chica.

—Bien, vamos.

Cuando todos los estudiantes estuvieron sentados en sus respectivos asientos, las luces se apagaron y solo quedĂł un tenue resplandor sobre el escenario, donde podĂ­a verse la figura de un hombre mayor con barba y el cabello trenzado.

—Sean bienvenidos, estudiantes. Mi nombre es Shenar Baruchy y soy el director de esta institución —se presentó con tranquilidad. Sin embargo, su expresión se endureció de repente y su voz adquirió un tono frío que hizo que más de uno se enderezara en su asiento—. Espero que entiendan que esta academia no es un parque de diversiones. Aquí solo triunfan los mejores; no hay lugar para la mediocridad.

Sus ojos recorrieron lentamente el auditorio antes de continuar.

—Desde este momento, olviden sus apellidos, la fortuna de sus familias o cualquier posición que crean tener. En esta academia solo importan el talento, la disciplina y el esfuerzo. Nadie recibirá privilegios y nadie dudará en expulsarlos o reprobarlos si no están a la altura.

Al terminar, el silencio se volviĂł absoluto. Nadie se atreviĂł a murmurar siquiera. Algunos estudiantes intercambiaron miradas nerviosas, mientras otros evitaban levantar la vista.

—Eso es todo por el momento. Los dejo en manos del Consejo Estudiantil.

Los aplausos no tardaron en llegar, aunque sonaron débiles e inseguros. Detrås de cada sonrisa se escondían dudas, y mås de uno comenzaba a preguntarse si realmente pertenecía a aquel lugar.

—Un gusto a todos. Me presento: para los que no me conocen, soy Antonio Fischer, líder del Consejo Estudiantil —habló con tono serio y mirada monótona, como si estuviera cansado de decir siempre lo mismo—. Como mencionó nuestro director, este instituto no es para mediocres, y cada pecador tendrá su castigo.

Su comentario, acomañado de au voz gélida genero una orda de escalofríos y miradas nerviosas.

—Es un trabajo difĂ­cil, he de decir... Siempre hay alguno que se escapa —parecĂ­a una amenaza—. Pero, por suerte, no estoy solo; tengo un grupo... Ăștil a mi lado.

Al terminar de hablar, subieron al escenario cuatro estudiantes mĂĄs. Sus uniformes se encontraban impecables y todos denotaban esa seguridad en sĂ­ mismos que solo los lĂ­deres poseen.

La Ășnica chica dio un paso al frente y tomĂł el micrĂłfono. Era de mediana estatura, llevaba la falda un poco mĂĄs alta que el resto, aunque eso no parecĂ­a molestar a nadie. TenĂ­a el cabello suelto y de un tono claro.

—Hola a todos —se presentĂł con una voz melosa—. Yo soy la encargada de que todos los proyectos con fines recreativos fluyan a la perfecciĂłn. Jessy Virtanen —sonriĂł de forma impecable—. Y, obviamente, serĂ© la encargada de presentar a los demĂĄs integrantes.

Hizo una pausa dramĂĄtica.

—¡Reciban con un aplauso al rompecorazones de nuestra escuela, el vice, Leo Martínez!

Leo dio un paso al frente y mostró su sonrisa mås coqueta y cautivadora, lo que generó råpidamente aplausos y gritos, sobre todo por parte de las chicas, que ya habían escuchado hablar del adonis de la academia. Especialmente porque el chico se había forjado una impecable reputación desde su primer año y precisamente no en el buen sentido de la palabra.

—Ahora les pido que no se dejen engañar por su serio rostro —sonriĂł con cierta picardĂ­a—. El responsable del orden y al que pueden acudir cuando tengan un problema: ÂĄAxel Bianchi!

Hubo aplausos, aunque esta vez los gritos provinieron principalmente de los chicos, ya que Axel era, sin duda, el ejemplo de "macho alfa" que muchos seguĂ­an. Por su parte, Axel simplemente se posicionĂł al lado de Leo y asintiĂł hacia el pĂșblico. Su expresiĂłn serena no cambiĂł ni por un segundo.

—Y, por Ășltimo, pero no menos importante, su futura pesadilla: el representante de estudios, o el culpable de que muchos vayan a suspender... ÂĄJoseph Bosvenier!

Esta vez los aplausos estuvieron acompañados por algunas risas.

Joseph se posicionĂł junto al resto.

—Nosotros velaremos por su bienestar y por el de la academia —dijo Leo en cuanto tomó el micrófono—. Es un honor servir a esta institución y espero contar con el apoyo de todos los presentes para realizar un buen trabajo.

Todos aplaudieron nuevamente, mĂĄs relajados gracias a la presencia del vicepresidente, quien procediĂł a aclarar cuĂĄndo comenzarĂ­an las clases y a explicar que esa noche dormirĂ­an en la academia y no en las fraternidades, las cuales serĂ­an asignadas al dĂ­a siguiente.

Jessy aprovechĂł para informarles sobre las distintas actividades que tenĂ­an planeadas y anunciar que esa noche tendrĂ­an una fiesta de bienvenida.

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