1-Nuevo Ingreso
En un mundo donde todo se rige por tonalidades de blanco y negro, ver la verdadera hermosura puede considerarse una bendiciĂłn, ÂżNo? O al menos asĂ deberĂa ser, pero... el mundo tacha de locas a aquellas personas que son diferentes.
Ver colores no es una simple teorĂa o una forma de pensar; es algo que te convierte automĂĄticamente en alguien diferente, y revelarlo puede llevarte, como mĂnimo, a un laboratorio.
Las pocas personas que han hablado de esto han sido eliminadas automĂĄticamente, y de eso los protagonistas son plenamente conscientes. Todos tenemos una mĂĄscara desde cierta edad, y ellos aprendieron a usar una demasiado pronto.
Pero todo cambia cuando son aceptados en la mejor academia de arte y fotografĂa, destacados como estrellas en sus ĂĄreas, prodigios en sus paĂses, pero encadenados al silencio...
Cuando todos los estudiantes de primer año se encontraron en el aeropuerto de Firlandia, varios autobuses con maestros ya los estaban esperando para partir hacia la tan aclamada academia.
âÂĄHola a todos! ÂĄPor favor, su atenciĂłn! âuna profesora se parĂł en el centro del campo con un altavoz y comenzĂł a hablarâ. En estos momentos nos vamos a dividir para subir a los autobuses. Por favor, los de fotografĂa agrĂșpense a mi lado izquierdo y los de pintura a la derecha.
Poco a poco, los estudiantes se fueron separando y yendo a sus respectivos lados. Entre ellos se encontraba cierta chica de baja estatura, cabello largo y un uniforme impecable, todo lo contrario a su andar torpe, pues trataba de abrirse paso entre la multitud con gran esfuerzo. Sin embargo, lo Ășnico que logrĂł fue chocar con otra chica que era unos cuantos centĂmetros mĂĄs alta, y Elenice supo rĂĄpidamente que no debĂa haber chocado con alguien que parecĂa detestar al mundo.
âLo siento, perdĂłn, yo no quise... âla menor fue interrumpida rĂĄpidamente.
âEstĂĄ bien âsuspirĂł resignada, buscando encontrar la poca paciencia que le quedabaâ. Solo fĂjate por dĂłnde vas.
âSĂ... Por cierto, soy Elenice Santos. Parece que estaremos en la misma ĂĄrea âsonriĂł ampliamente cuando se dio cuenta de que sĂ habĂa logrado llegar al lado indicado, aunque eso le costĂł un tropezĂłn y una mala mirada.
âNessa Bianchi âasintiĂł con la cabeza.
âÂżItaliana?
âSĂ.
âYo soy de Brasil.
âQuĂ© interesante âdijo con ironĂa mientras se dirigĂa a uno de los autobuses.
âDeberĂas practicar mĂĄs tus habilidades de comunicaciĂłn âsiguiĂł hablando la menor mientras la seguĂa.
Minutos despuĂ©s, los autobuses salieron rumbo a la academia, recorriendo una larga carretera llena de curvas que rodeaban montañas. Cuanto mĂĄs se acercaban, mĂĄs tarde se hacĂa, y la escuela seguĂa oculta entre las montañas... hasta que, finalmente, los estudiantes pudieron ver, la belleza escondida entre ellas.
Era una construcciĂłn de belleza arquitectĂłnica Ășnica, fusionada con la naturaleza. Colores discretos le daban un toque antiguo. Cada rincĂłn estaba rodeado de vegetaciĂłn viva y hermosa. Tres pisos se alzaban orgullosos, con balcones cubiertos de enredaderas llenas de flores.
Los transportes se estacionaron y, uno a uno, comenzaron a bajar con rapidez para seguir a los profesores al lugar donde se les darĂa una bienvenida oficial.
âÂĄOye! ÂĄSe te cayĂł esto al bajarte del autobĂșs! âUna joven de cabello corto y rizado le hablaba a una chica que tenĂa un peinado parecido, aunque mĂĄs claro, y un uniforme mĂĄs desordenado. Esta Ășltima no habĂa notado que su telĂ©fono se le habĂa caĂdo del bolsillo al bajar.
âÂĄOh, muchas gracias, de verdad! âla abrazĂł repentinamente, acciĂłn que sorprendiĂł a la españolaâ. No sĂ© quĂ© harĂa si se me pierde otro telĂ©fono, y mĂĄs cuando acabo de llegar. ÂżSabes? Mi madre me avisĂł que, si eso volvĂa a pasar, me dejarĂa sin uno por un mes. ÂżPuedes creer lo injusto que suena eso?
âSupongo âla de cabello oscuro la mirĂł con duda y se separĂł lo mĂĄs rĂĄpido y discretamente que pudo.
âPerdĂłn, la emociĂłn. Soy Ariadna Giannis, un gusto.
âCinara GarcĂa, un placer.
Una vez que entraron al salĂłn de conferencias, todos los estudiantes quedaron asombrados. Era un lugar hermoso; los detalles barrocos le daban un aura luminosa y, al mismo tiempo, oscura, algo que Nessa distinguiĂł rĂĄpidamente. Elenice, en cambio, estaba mĂĄs entretenida observando la decoraciĂłn que percibiendo aquella sensaciĂłn, cosa que no sorprendiĂł en absoluto a la italiana.
âÂĄWow, esto es increĂble! âElenice no podĂa ocultar su entusiasmo; prĂĄcticamente se le notaba por todos los poros.
âSin duda âsu vista recayĂł en la menorâ. Ten cuidado o te vas a ca...
La mĂĄs baja tropezĂł con un escalĂłn, pero la italiana logrĂł sostenerla y jalarla hacia delante. Lo malo de aquella acciĂłn, tomada tan apresuradamente, fue que no tuvo en cuenta la inercia, por lo que ella cayĂł hacia atrĂĄs. Por primera vez, Nessa se sintiĂł como su hermano mayor cuando ella era la causante de algĂșn problema, asĂ que simplemente esperĂł una caĂda que nunca llegĂł. SegĂșn ella, habĂa chocado contra una pared que definitivamente antes no estaba ahĂ.
âÂżPero quĂ© mierda...? âescuchĂł maldecir a la "pared" con un fuerte acento rusoâ. ÂżEres idiota o quĂ©?
ÂżĂl la habĂa llamado idiota? ÂżA ella? ÂżA Nessa Bianchi? No, seguramente sus oĂdos estaban mal.
âÂżIdiota? âse girĂł molesta, encontrĂĄndose frente a un completo imbĂ©cil muy alto y con un cuerpo que gritaba "gimnasio"â. ÂżTe estabas describiendo a ti mismo?
âIdiota y maleducada, Âżsabes? MĂnimo ten la decencia de disculparte primero, pequeña.
âLo siento, tengo una regla estricta de no disculparme con imbĂ©ciles âle contestĂł con mordacidad.
Elenice, al ver que su nueva amiga no iba a dar el brazo a torcer y que definitivamente no querĂa buscarse problemas el primer dĂa, decidiĂł interrumpir la discusiĂłn.
âOye, perdone âse interpuso entre ambos, cosa que fue todo un reto, pues estaban bastante cercaâ. PerdĂłn, por mi culpa mi amiga chocĂł con usted. No era nuestra intenciĂłn molestarle.
âÂĄElenice! âla regañó Nessaâ. ÂĄNo tienes que disculparte con idiotas!
Dimitri mirĂł a la chica que apenas le llegaba al pecho.
âAceptarĂ© tus disculpas âsu mirada volviĂł hacia la mayorâ, pero la prĂłxima vez quiero una disculpa tuya.
âÂĄJa! Sueña, que es gratis.
âÂżContigo? No me gustan las pesadillas, kotiĂłnok âle guiñó un ojo mientras se alejaba campante.
âÂĄEs que serĂĄ cabrĂłn! ÂżCĂłmo me llamaste, imbĂ©cil? âtratĂł de seguirlo, pero fue frenada por Elenice, que la sujetaba con fuerzaâ. ÂĄSuĂ©ltame!
âÂĄNessa, cĂĄlmate! Solo es un chico mĂĄs, no caigas en su juego. Mejor sigamos caminando y busquemos nuestros asientos, Âżbien?
Nessa suspirĂł resignada y mirĂł a la chica.
âBien, vamos.
Cuando todos los estudiantes estuvieron sentados en sus respectivos asientos, las luces se apagaron y solo quedĂł un tenue resplandor sobre el escenario, donde podĂa verse la figura de un hombre mayor con barba y el cabello trenzado.
âSean bienvenidos, estudiantes. Mi nombre es Shenar Baruchy y soy el director de esta instituciĂłn âse presentĂł con tranquilidad. Sin embargo, su expresiĂłn se endureciĂł de repente y su voz adquiriĂł un tono frĂo que hizo que mĂĄs de uno se enderezara en su asientoâ. Espero que entiendan que esta academia no es un parque de diversiones. AquĂ solo triunfan los mejores; no hay lugar para la mediocridad.
Sus ojos recorrieron lentamente el auditorio antes de continuar.
âDesde este momento, olviden sus apellidos, la fortuna de sus familias o cualquier posiciĂłn que crean tener. En esta academia solo importan el talento, la disciplina y el esfuerzo. Nadie recibirĂĄ privilegios y nadie dudarĂĄ en expulsarlos o reprobarlos si no estĂĄn a la altura.
Al terminar, el silencio se volviĂł absoluto. Nadie se atreviĂł a murmurar siquiera. Algunos estudiantes intercambiaron miradas nerviosas, mientras otros evitaban levantar la vista.
âEso es todo por el momento. Los dejo en manos del Consejo Estudiantil.
Los aplausos no tardaron en llegar, aunque sonaron dĂ©biles e inseguros. DetrĂĄs de cada sonrisa se escondĂan dudas, y mĂĄs de uno comenzaba a preguntarse si realmente pertenecĂa a aquel lugar.
âUn gusto a todos. Me presento: para los que no me conocen, soy Antonio Fischer, lĂder del Consejo Estudiantil âhablĂł con tono serio y mirada monĂłtona, como si estuviera cansado de decir siempre lo mismoâ. Como mencionĂł nuestro director, este instituto no es para mediocres, y cada pecador tendrĂĄ su castigo.
Su comentario, acomañado de au voz gĂ©lida genero una orda de escalofrĂos y miradas nerviosas.
âEs un trabajo difĂcil, he de decir... Siempre hay alguno que se escapa âparecĂa una amenazaâ. Pero, por suerte, no estoy solo; tengo un grupo... Ăștil a mi lado.
Al terminar de hablar, subieron al escenario cuatro estudiantes mĂĄs. Sus uniformes se encontraban impecables y todos denotaban esa seguridad en sĂ mismos que solo los lĂderes poseen.
La Ășnica chica dio un paso al frente y tomĂł el micrĂłfono. Era de mediana estatura, llevaba la falda un poco mĂĄs alta que el resto, aunque eso no parecĂa molestar a nadie. TenĂa el cabello suelto y de un tono claro.
âHola a todos âse presentĂł con una voz melosaâ. Yo soy la encargada de que todos los proyectos con fines recreativos fluyan a la perfecciĂłn. Jessy Virtanen âsonriĂł de forma impecableâ. Y, obviamente, serĂ© la encargada de presentar a los demĂĄs integrantes.
Hizo una pausa dramĂĄtica.
âÂĄReciban con un aplauso al rompecorazones de nuestra escuela, el vice, Leo MartĂnez!
Leo dio un paso al frente y mostrĂł su sonrisa mĂĄs coqueta y cautivadora, lo que generĂł rĂĄpidamente aplausos y gritos, sobre todo por parte de las chicas, que ya habĂan escuchado hablar del adonis de la academia. Especialmente porque el chico se habĂa forjado una impecable reputaciĂłn desde su primer año y precisamente no en el buen sentido de la palabra.
âAhora les pido que no se dejen engañar por su serio rostro âsonriĂł con cierta picardĂaâ. El responsable del orden y al que pueden acudir cuando tengan un problema: ÂĄAxel Bianchi!
Hubo aplausos, aunque esta vez los gritos provinieron principalmente de los chicos, ya que Axel era, sin duda, el ejemplo de "macho alfa" que muchos seguĂan. Por su parte, Axel simplemente se posicionĂł al lado de Leo y asintiĂł hacia el pĂșblico. Su expresiĂłn serena no cambiĂł ni por un segundo.
âY, por Ășltimo, pero no menos importante, su futura pesadilla: el representante de estudios, o el culpable de que muchos vayan a suspender... ÂĄJoseph Bosvenier!
Esta vez los aplausos estuvieron acompañados por algunas risas.
Joseph se posicionĂł junto al resto.
âNosotros velaremos por su bienestar y por el de la academia âdijo Leo en cuanto tomĂł el micrĂłfonoâ. Es un honor servir a esta instituciĂłn y espero contar con el apoyo de todos los presentes para realizar un buen trabajo.
Todos aplaudieron nuevamente, mĂĄs relajados gracias a la presencia del vicepresidente, quien procediĂł a aclarar cuĂĄndo comenzarĂan las clases y a explicar que esa noche dormirĂan en la academia y no en las fraternidades, las cuales serĂan asignadas al dĂa siguiente.
Jessy aprovechĂł para informarles sobre las distintas actividades que tenĂan planeadas y anunciar que esa noche tendrĂan una fiesta de bienvenida.








