Capítulo 1
A Park Jimin no le agradaba Jeon Jungkook.
Es más, era recíproco.
Lo supo desde el primer momento en que lo vio en la secundaria, lo supo el día en que anunciaron los resultados de calificación semestral y aquel chico de expresión altiva ocupó el primer lugar del que Jimin había sido dueño tantos años.
Lo supo cuando, meses después, fue Jimin quien quedó primero y Jungkook le lanzó esa media sonrisa de suficiencia, de seguridad por un lugar pronto a ser recuperado. Y lo supo cada vez que, sin importar cuánto se esforzaran, siempre terminaban uno encima del otro en la tabla de posiciones.
También lo supo años más tarde, cuando creyó haberse librado para siempre de él. El último día de preparatoria, con el diploma en mano, Jimin pensó que esa, por fin, sería la última vez que escucharían sus nombres juntos.
No fue así.
En la semana de inicio en la universidad, allí estaba otra vez. Jeon Jungkook, tan real y tan molesto como le recordaba, con la misma facilidad para dejarle comentarios camuflados en cortesía.
No estaban en la misma carrera, ciertamente. Y no compartieron curso sino hasta el segundo año. Un sólo curso, y bastó para revivir la tormenta de rivalidad que cargaron durante tanto tiempo, incluso si luego no volvieron a toparse en salones.
Era absurdo. Le molestaba. Le fastidiaba su destacada presencia.
¿Por qué siempre tenía que ser tan evidente su existencia? ¿Por qué siempre tenía que estarahí?
Y ahora, ahora nada cambiaba.
Jimin caminaba junto a Taehyung hacia la explanada central, donde las alianzas se reunían para la inauguración de la competencia anual universitaria. Existía un mes entero de pruebas físicas, acertijos estratégicos y duelos fantásticos que, en su mayoría, sobrepasaban la simpleza humana, en ayuda de la ciencia oculta, la magia mecanizada que tornaba el mundo un poco más interesante.
No eran pocos los que se inscribían, al contrario, era una comunidad participativa donde, si bien a muchos le importaba conseguir el título de Rey o Reina del Año, a muchos otros más les motivaba la diversión y todo lo que implicaba una celebración de aniversario.
La Universidad Honsool, una de las más antiguas y majestuosas del país, realizaba estos juegos en los que todos ponían sus ojos, transformado a un escenario de expectación —prácticamente— masivo.
Cinco alianzas se disputarían la gloria, dos días de prueba cada semana, y un único título veredicto final, el símbolo de honor y supremacía que marcaría a quien lo obtiene por el resto de su vida.
Jimin iba con un objetivo claro. Después de estudiar arduamente los tres primeros años, sin interés en dirigir su enfoque en nada más que no fuese Ciencias de Sistemas; se daría un gusto. Incluso había entrenado su cuerpo para ello. Sabía que no sería fácil y, aunque no todo se resolvía mediante la fuerza física, desarrollar resistencia siempre era clave para la constancia.
—Según Hoseok, la primera ronda será un circuito mixto —comentó Taehyung, subiendo la voz entre el bullicio ambiental—. ¡Memoria y puntería!
—¿Otra vez están filtrando las pruebas? Alguna rata debe estar en el consejo estudiantil —Jimin se apartó un poco, esquivando al tumulto de estudiantes que coreaban las letras de su alianza.
—¡Namjoon no es! —el pelirrojo le respondió del otro lado.
—¡Por supuesto que no es! —Jimin se aproximó en cuanto pudo—. Mira si va a arruinar su esfuerzo con lo contento que le pone organizar todo esto.
—¿Significa que este año tampoco se inscribirá? —Taehyung lucía sorprendido. ¿Qué sentido tenía disfrutar más la planificación que vivirla?—. La alianza Mediadora se hace la tranquila, pero casi siempre son los que más puntos hacen.
—No te hagas el modesto —le empujó con el hombro—. El año pasado ganaron ustedes los Alquimistas.
—Y eso que me lesioné —alzó las cejas con presunción.
—Apenas llegaste al tercer día.
—¡Imagínate si llegaba al último!
Jimin rio, dándole la razón.
La prueba de clasificación ya había terminado. Aplicaba al atletismo y preguntas básicas de rapidez mental. Era simple y concisa, pero esencial para dejar a 250 estudiantes que representarían la competencia entre las 5 alianzas de la universidad.
La aglomeración era incuestionable, incluso un par de carritos de comida se interponían en medio del gran estadio. El alboroto auditivo apenas permitía comprenderse entre los dos amigos, que se acercaban entre conversación y eran separados al instante por la cantidad de personas que iban en direcciones contrarias.
No pensaban en caminar más allá, querían acercarse a las pantallas que indicarían la identidad de todos los estudiantes que habían pasado la prueba. Pero en tal circunstancia, con suerte alcanzarían a leer sus nombres a lo lejos.
—¡Fíjate, hermano! —confrontó Taehyung a un alumno que le dio un choque por el costado—. Evidentemente él no clasificó.
Su personalidad era pintada para la alianza Alquimista, una de las 5 que existían. Los creativos, impredecibles e ingeniosos, ese sin dudas era Kim Taehyung, el mejor amigo de Jimin. Quien, por otro lado, pertenecía a los Prístinos, una alianza basada en la erudición, determinación y precisión, a veces con reputación de orgullosos. ¿Pero quién los podía contradecir? Al final, su obsesión por la minuciosidad siempre los llevaba a tener la razón.
De pronto, alguien por el altavoz llamó la atención de los presentes, y hubo un progresivo cese de griterío.
Por fin anunciarían las identidades de los participantes, uno por uno, con unos segundos de fama en las pantallas gigantes, desde la puntuación más baja hasta finalmente dar a los mejores de la universidad. La imágenes fueron pasando, y desde diferente sectores un grupo estalló en vítores al ver a un amigo proyectado; en otro, compañeros chocaron las manos. El ambiente retumbó con la mezcla de celebración y rivalidad que sólo tal competencia universitaria podría convocar.
Al menos para Jimin, generar expectación era lo más fascinante de participar en ello. La adrenalina le provocaba querer iniciar desde ya.
Él sabía que había clasificado, así que con cada minuto y cada participante que mostraban, mayor satisfacción sentía al saber que estaba quedando de los últimos,de los mejores.
Y sin embargo, aquella tranquilidad calculada fue desplazada cuando, a unos metros en el estadio, reconoció a un rostro más que distinguido. Casi se sentía familiar, irónicamente como un compañero de vida presente en cada etapa de la misma.
Entre el caos circundante, Jeon Jungkook, de la alianza Invictos.
Los valientes, los impulsivos, los temidos por su intensidad.
Su mirada se enganchó de inmediato con la de él, quien estaba detrás de un grupo de competidoras que también habían superado la prueba.
Un contacto visual directo, sólido, que no se desvió ni un instante. Jungkook no se molestó en esconderse. Jamás lo haría con Jimin.
Pero tampoco sonrió. Tampoco apartó los ojos.
Jimin sintió un cosquilleo incómodo subirle por la nuca, una tensión que no vino del miedo. Vino de la certeza de que su encuentro parecía más que una simple casualidad. Y sus ojos se sostuvieron mutuamente, ninguno dispuesto a parpadear primero.
Incluso dentro de esa pequeñez, retroceder era un acto de derrota entre los dos.
Entonces, Jimin oyó su propio nombre en el altavoz.
Alzó la vista y allí se halló, tan pulcro como era habitual, enmarcado por el azul que identificaba a su alianza. Y, como si fuese una reacción instintiva, sus ojos bajaron de nuevo para buscar los de Jungkook, en una expresión jactanciosa.
Taehyung le dio una palmada en el hombro para felicitarlo, pero Jimin apenas lo registró, porque acto seguido la pantalla cambió.
Y allí estaba Jungkook, entre el rojo.
Con una puntuación más alta.
Justo un puesto más alto que él.
Jeon levantó apenas las cejas, un gesto mínimo pero que Jimin entendió completamente ante su clara superioridad. Entendió a la perfección que le estaba retando.
Jimin apretó la mandíbula.
¿Por qué siempre tenía que meterse en donde él enfocaba su meta? ¿Por qué aparecía cada vez que quería conseguir algo? ¿Por qué siempre estaba ahí?
Jungkook había tenido años anteriores para participar en la competencia y jamás había visto su rostro en pantalla.¿Por qué justo ahora sí?¿Por qué tenía que dificultarle siempre todo?
¿Lo hacía a propósito? ¿Lo hacía con falsa ingenuidad?
Bah,ingenuidad. Jungkook de ingenuo no tenía nada.
Tal vez no estaba categorizado como Prístino, pero idiota no era. Bien que le quedaría lo analítico en su perfil. Jungkook siempre estaba por delante y la impulsividad no tenía todo el mérito.
¿Cómo era posible que nadie notara aquella cualidad de él? ¿Todos lo tomaban como un fortuito estudiante impecable? ¿Sin más? ¿Nadie se lo cuestionaba?
Maldición,siquiera sabía por qué él mismo se llenaba de esas innecesarias preguntas. Perdía el tiempo cada vez que se trataba de Jungkook. Pero la naturaleza competitiva de Jimin jamás lo dejaba en paz. De algún modo u otro necesitaba demostrarle que él no era menos. Y mierda, Jimin sabía que no era menos, pero ¿por qué, entonces, era solamente con Jungkook que existía aquella tonta rivalidad engendrada de la inmadurez escolar?
Eran años cargados de desafío. Un acuerdo incluso tácito. No necesitaban más que comentarios sueltos y miradas provocadoras para entender que, el primero en echarse para atrás, sería el perdedor.
Y Jimin no lo sería.
No lo sería.
Sintió cómo el orgullo le ardió en la garganta, cómo acaloró su piel. A la distancia, Jungkook no dijo ni una sola palabra y, aun así,ya había empezado a jugar.