El orgullo de un alfa

Summary

Kirishima al tener 4 años ya está comprometido con el príncipe del reino del rayo. Ese acuerdo lo hicieron sus papás para beneficio de ambos reinos, pero, Kirishima se niega a casarse con un omega. Cuando crecen, empieza a tratarlo mal, no quiere tener cerca a Denki, pero, el karma actuará rápido y cuando descubra que está enamorado, Denki ya no querrá ese matrimonio.

Genre
Fantasy
Author
Izukat
Status
Complete
Chapters
44
Rating
n/a
Age Rating
16+

I

Un niño pelinegro de 4 años se encontraba jugando con su propio poder, pues al apenas descubrirlo era una distracción, aunque claro, no lo dominaba al cien por cierto. Un error suyo y se lastimó cerca del ojo, no quiso decirle a nadie, así que él solo se las ingenió.

De pronto, todo su personal corría de un lado para otro, no entendía que pasaba y sus padres no se encontraban en el castillo, habían salido por asuntos de adultos que él no comprendía.

Escuchó como la carroza de sus padres llegó, así que rápidamente se fue hacia la entrada principal para recibirlos, es lo que un príncipe debería de hacer. Al verlos salir les sonrió, pero su padre se acercó rápidamente hacia él.

—Ponte tu mejor atuendo—le dijo con una felicidad que lo contagió.

—Sí padre—respondió sin protestar.

Corrió hacia su habitación y al entrar, la beta que lo ayudaba a cambiarse ya tenía el traje que usaría, no dijo ni una sola palabra; pensaba que sería una más de sus visitas.

—¿Ya estás listo, Eijiro?—preguntó su madre quien entraba con un nuevo cambio de vestido.

—Algo. ¿A dónde vamos?

—No lo vas a crecer—dijo tan emocionada—conocerás a-... —pausó al verla la herida. —¿Qué te pasó en la cara? ¿Cómo se te ocurre presentarte así? Bueno da igual, solo alístate porque no podemos llegar tarde—dijo y después salió de la habitación.

—¿Tú sabes a dónde iré?—le preguntó a la beta y está solo negó.

Ya no volvió a preguntar nada y dejó que lo terminaran de arreglar, se miraba al espejo intentando aflojarse la capa imperial, además, no le gustaba peinarse de esa manera; tenía el cabello hacía atrás.

—Ni lo intentes Eijiro—escuchó que su padre le llamó la atención, así que dejó de intentar.

—¿A dónde vamos?

—Hoy conoceremos al príncipe del reino vecino—dijo acercándose hacia él.

—¿Y por qué tengo que ir? ¿Por qué no van solo ustedes?

—Es su presentación ante la sociedad, así que tenemos que ir. Todos los de la realeza y tú eres mi hijo, el príncipe—dijo colocándole su respectiva corona—así que, sube. No podemos llegar tarde, te llevarás una sorpresa.

—¿Sorpresa?—preguntó curioso.

La carroza avanzaba por el sendero de piedra con una lentitud exasperante, Eijiro miraba por la ventana con el ceño fruncido, los brazos cruzados sobre su pecho y una expresión tan seria.

—¿Cuánto falta?—gruñó.

—Ya no falta mucho—respondió su madre.

Eijiro solo suspiró, hasta que recordó el nombre del reino, ¿acaso era el mismo donde habitaban la mayoría omegas? Los omegas de ese reino eran famosos por su belleza, pero el menor los odiaba, no sabían hacer nada más que llorar, eran débiles y manipuladores.

Cuando llegaron, los guardias abrieron la puerta con respeto. Eijiro bajó con paso firme, saludando apenas con inclinación a los demás de la realeza. Los guiaron por largos pasillos hasta llegar a un enorme salón donde ya había más gente.

Olía a incienso caro y a flores recién cortadas, Eijiro apenas podía quedarse quieto mientras que sus padres hablaban con los demás reyes, además, notaba las miradas de los demás. Algo empezaba a sospechar.

Y aquella visita no era como las demás. Había algo extraño en todo ese asunto.

—¿Por qué tengo que estar aquí?—gruñó, en voz baja, tirando de la manga del vestido de su madre.

—Porque es importante Eijiro—le susurró ella, con una sonrisa apretada. —Vas a conocer a tu futuro esposo.

Eijiro frunció el ceño. Había escuchado esa palabra antes, pues sus padres a veces solían llamarse así.

—¿Qué?—preguntó incrédulo, después dirigió la vista a su padre en busca de respuestas, pero obviamente fue ignorado. —¿Es una broma? ¿Verdad?—preguntó pero ninguno de sus padres respondió.

De pronto, se escucharon trompetas en el salón y todos se quedaron en silencio; su padre le entregó una caja y la tomó sin saber que contenía, le arregló un poco la capa junto al cabello y comenzaron a caminar hacia enfrente.

Todos tenían la atención en ellos, pero se sentía tan molesto, no quería ni siquiera mirar, así que desvió la mirada. Su padre lo notó y le regresó la vista hacia enfrente.

Un guardia comenzó a leer algo, pero Eijiro ni siquiera prestó atención, miró de reojo a los reyes del rayo quienes tenían una enorme sonrisa. Como lo supuso, la omega era hermosa, justo como se lo imaginaba.

Después de que el guardia terminó de leer, su padre le dio un pequeño empujón para que se acercara a los reyes, lo hizo pero no tan contento.

—Hola Eijiro—escuchó como la omega rubia le hablaba, así que levantó la vista y con una sonrisa tan fingida hizo reverencia. —Ven, Denki acaba de nacer esta semana—le explicó esperando que se acercara a ella.

¿Denki? ¿Nació esta semana? Eso significa que... ¿Es un bebé?—pensó y miró hacia la cuna dorada que estaba cubierta por una tela de encaje que fue retirada por la omega.

Eijiro se inclinó suavemente y notó como un pequeño bebé rubio yacía dormido tan tranquilamente envuelto en mantas suaves, su piel era pálida como la leche. Respiraba despacio, haciendo un pequeño ruido dulce con su boca.

Era tan pequeño.

Delicado.

Y, omega.

Eijiro retorció un paso. No quería casarse y su disgusto fue notado por los reyes.

—No quiero casarme con un bebé—dijo.

—Denki crecerá y en un futuro se casarán—respondió el rey del rayo. —Fue una decisión tomada por tus padres y nosotros. Es una promesa entre nuestros reinos para asegurar la paz.

—!No quiero!—gritó Eijiro. —¡Los omegas son débiles! ¡Inútiles! ¡No quiero estar atado a ese bebé!

—Eijiro compórtate—le dijo su padre algo molesto. —Está actitud no es digna de un príncipe.

El menor bufó con rabia, sus manos temblaban de la furia contenida, miró de reojo la cuna donde el bultito seguía dormido. —No quiero casarme—dijo, firme. —Los omegas lloran por todo y no pueden jugar a pelear. No quiero un esposo débil.

—Eijiro basta—dijo su madre—ser omega no significa ser débil.

Pero Eijiro no estaba convencido. Y Denki, al escuchar tanto ruido a su alrededor, comenzó a despertarse; soltó un chillido agudo que llenó todo el salón y el menor se tapó los oídos.

—¡Les dije! Lloran por todo—se quejó.

Los reyes del rayo se miraron entre sí, sabía que aquello no iba a funcionar, mientas que Eijiro no aceptara a su pequeño, esta relación no tenía futuro. Así que, seguirían con el tratado, no importaba cuánto tiempo le tomará, Eijiro tenía que aceptar su destino.

Pero Eijiro ya estaba decidido a no casarse con Denki.

Ni ahora, ni nunca.