Prólogo
—He tomado una decisión sobre el futuro de Felix —Lee Doyoung anunció a su esposa e hijo—. Aunque a un Lee nunca le gusta admitir la derrota, no podemos hacer caso omiso de la realidad.
—¿Qué realidad es esa, padre? —preguntó Felix.
—Tú no estás hecho para la nobleza británica —frunció el ceño, y añadió—, o quizás la nobleza británica no está hecha para ti. La rentabilidad de mi inversión en la búsqueda de marido para ti es mala, ¿sabes qué significa eso, Felix?
—¿Que soy una inversión que ha rendido menos de lo esperado? —adivinó.
Uno nunca supondría que Felix era un doncel de veintidós años. Pequeño, delgado, y de pelo rubio, todavía tenía la agilidad y la euforia de un niño cuando otros donceles y mujeres a su edad ya eran matronas jóvenes y sobrias. Cuando se sentaba doblando las rodillas, parecía una muñeca de porcelana abandonada en la esquina del sofá.
Molestó al señor Lee ver a su hijo prestar atención al libro en su regazo con un dedo atascado entre sus páginas. Obviamente apenas podía esperar a que él terminara para reanudar la lectura
—Deja eso.
—Si, padre. —Sigilosamente, Felix abrió el libro, para verificar el número de la página y señalarlo, con el fin de continuar después.
Hasta ese pequeño ademán molestaba a su padre. Libros, libros... La simple visión de uno había llegado a representar el fracaso vergonzoso de su hijo en el mercado matrimonial.
Mientras fumaba su gran cigarro, el señor Lee estaba sentado en una silla acolchada en el salón de la suite del hotel que habían habitado durante más de dos años. Hyewon, su esposa, se sentó como un bastón larguirucho cerca de él. Lee era como la cerveza negra de barril, tan intenso en sus dimensiones físicas como en su temperamento. Aunque era calvo, poseía un espeso bigote, como si toda la energía requerida por el pelo sobre su cabeza para crecer, hubiera sido desviada a su labio superior.
Hyewon se unió en matrimonio siendo una joven extraordinariamente esbelta y se había vuelto aún más esbelta a través de los años, de la misma manera que una pastilla de jabón que se va gastando gradualmente. Su pelo rubio y suave estaba peinado sobriamente, las mangas de su vestido se ajustaban a unas muñecas tan diminutas que el señor Lee podría romperlas de la misma manera que a ramitas de abedul. Incluso cuando estaba perfectamente sentada, como ahora, Hyewon transmitía una energía nerviosa. Lee nunca había lamentado escoger a Hyewon como esposa, su dura ambición correspondía perfectamente con la suya. Era una mujer implacable, de instintos afilados, luchando siempre por tener un lugar para los Lee en la sociedad.
Fue Hyewon quien había insistido en que, debido a que no podían ser aceptados en la alta sociedad de Nueva York, trajeran a los niños a Inglaterra. "Buscaremos pretendientes con un titulo", había dicho con determinación. Y sin duda, habían tenido éxito con su hija mayor Lisa.
Lisa se las había arreglado para coger el premio más grande de todos, lord Bang, cuyo pedigrí era oro puro. El conde había sido una adquisición segura para la familia. Pero ahora Lee estaba impaciente por regresar a América. Si Felix fuera a conseguir un marido con título lo habría hecho ya. Era tiempo de acortar sus pérdidas.
Reflexionando sobre sus cinco hijos, Lee se preguntaba cómo podía ser que tuvieran tan poco de él. Él y Hyewon habían producido tres hijos varones apáticos, que aceptaban las cosas como eran, seguros de que todo lo que querían simplemente caería en sus manos como fruta madura de un árbol. Lisa era la única que había heredado algo del espíritu agresivo de los Lee... Pero era una mujer y por lo tanto era un desperdicio completo.
Y luego estaba Felix. De todos sus hijos, Felix había sido el que menos parecía un Lee, ni entendía a su padre cuando hablaba de negocios, ni parecía absorber nada de lo que él decía. Cuando le había explicado por qué debían poner su capital en acciones de deuda pública inversionistas que querían rentabilidades de poco riesgo y regulares, Felix lo había interrumpido preguntando: "Padre, ¿no sería estupendo si los colibríes tuvieran servicio de té y fuéramos lo bastante pequeños para ser invitados?".
A través de los años, los esfuerzos de su padre por cambiar a Felix habían obtenido una firme resistencia. Felix era obstinado, se sentía a gusto con su manera de ser y por lo tanto tratar de cambiarla era como provocar a un enjambre de abejas.
Puesto que Lee conocía la naturaleza imprevisible de su hijo, no le sorprendió en absoluto la carencia de pretendientes que quisieran tomarla por esposa, ¿que clase de madre sería él? Parloteando sobre hadas que vuelan bajo el arco iris, en lugar de inculcar reglas sobre el decoro en sus hijos.
Hyewon intervino en la conversación, su voz tensa por la consternación.
—Querido señor Lee, la temporada está lejos de terminar aún, creo que Felix ha hecho excelentes progresos. Lord Bang lo ha presentado a varios caballeros prometedores, quiénes están muy interesados en la perspectiva de tener al conde como cuñado.
—Estimo —dijo Lee sombrío—, que es precisamente ese el interés de tales caballeros, el tener a Bang como cuñado, y no a Felix como esposa. —Fijó en Felix una mirada dura—. ¿Va a proponerte matrimonio alguno de esos caballeros?
—¿Cómo puede saberlo él? —protestó Hyewon.
—Las mujeres y donceles siempre saben esas cosas —señaló—. Contéstame Felix, ¿existe alguna posibilidad de llevar a alguno de esos caballeros ante el altar?
Su hijo vaciló, y una expresión de preocupación apareció en sus ojos oscuros.
—No, padre —admitió con sinceridad finalmente.
—Como me temía —Lee cruzó sus gruesos dedos sobre el estómago y miró a los dos presentes con severidad—. Tu carencia de éxito se ha vuelto un inconveniente, hijo, me molesta el despilfarro en trajes y baratijas, me molesta que sea un negocio improductivo, más que eso, estoy sumamente molesto porque este asunto me ha retenido en Inglaterra cuando me necesitan en Nueva York, por lo tanto he decidido ser yo quien escoja marido para ti.
Felix miró a su padre sin comprender.
—¿A quien tiene en mente, padre?
—Hwang Hyunjin.
Él le miró fijamente como si se hubiera vuelto loco. Hyewon hizo una rápida inspiración.
—¡Eso no tiene ningún sentido, señor Lee! No habría ninguna ventaja para nosotros o para Felix con tal unión, el señor Hwang no pertenece a la nobleza, ni su linaje es de importancia alguna.
—Pertenece a los Hwang de Seúl —contradijo Lee—, una de las familias más antiguas y distinguidas de la ciudad. Puede sentirse orgulloso de su sangre y su nombre, y lo más importante, trabaja para mí, y posee una de las mentes con más capacidad para los negocios que he visto jamás. Lo quiero como yerno. Quiero que él herede mi compañía cuando sea el momento.
—¡Usted tiene tres herederos legítimos! —exclamó Hyewon ultrajada.
—Ninguno de ellos sirve para llevar la empresa, no tienen instinto para los negocios. —La idea de que fuera Hwang Hyunjin su heredero, lo reconfortaba, se había formado bajo su tutela durante casi diez años, cuando pensaba en él, sentía una punzada de orgullo, el muchacho era más un Lee que cualquiera de sus descendientes—. Ninguno de ellos tiene la ambición y la frialdad de Hwang—continuó el señor Lee—. Lo haré el padre de mis herederos.
—¡Ha perdido usted el juicio! —exclamó Hyewon con indignación.
Felix habló con un tono tranquilo ante la desfachatez de su padre.
—Creo que mi cooperación es necesaria en este asunto, especialmente si hablamos de herederos, y le aseguro que ninguna energía en la tierra me obligará a tener hijos de un hombre que ni siquiera me gusta.
—Hijo, pensé que desearías ser útil para algo —gruñó el señor Lee. Estaba en su naturaleza frenar cualquier asomo de rebelión de manera drástica—. Creí que desearías un marido y tu propio hogar en lugar de continuar tu existencia parásita.
Felix se estremeció como si la hubiera abofeteado.
—No soy un parásito.
—¿No? Entonces explícame en que se ha beneficiado el mundo de contar con tu presencia. ¿Qué has hecho por alguien alguna vez?
Encontrando injusta la tarea de justificar su existencia Felix lo miró fijamente en silencio.
—Este es mi ultimátum —dijo Lee—. Encuentra un marido apropiado, tienes de plazo hasta final de mayo, o te casarás con Hwang.
Parece q se va a poner bueno, habrá e esperar🤭