El intento de un nuevo amanecer

Summary

Dicen que el tiempo sana… Pero ¿qué ocurre cuando el tiempo se repite? Phainon ha visto mil muertes, mil finales, mil fuegos apagarse. Y aun así, vuelve a despertar.

Genre
Fantasy
Author
Sofia
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
13+

otra vez ...cap 1

Phainon abrió los ojos con un jadeo. El techo… otra vez el mismo techo.

Miró sus manos y el mundo se le vino abajo: pequeñas, débiles, once años atrapados en un cuerpo que ya no le pertenecía.

—¿Por qué…? —la voz le temblaba, quebrada—. ¿Por qué no puedo terminar con esto?

Tantas muertes… tantos sacrificios…

Siempre lo mismo.

Siempre.

Miles de caídas, miles de finales… y aun así… vuelvo aquí.

¡Siempre vuelvo aquí!

Se llevó ambas manos a la cabeza, los recuerdos cayendo sobre él como cuchillas. El dolor, los gritos, los rostros que había perdido una y otra vez.

Un sollozo se le escapó.

—¿Habrá… algún final? ¿O estoy condenado a repetirlo todo?

El silencio pesó como una tumba. Y entonces, un pensamiento lo atravesó: ¿Cyrene…?

¿Acaso ella también lo recordaba todo?

No perdió más tiempo. Se incorporó de golpe, tambaleante, y salió corriendo de su casa. El aire fresco de la mañana lo golpeó en la cara, pero no logró despejarle la angustia. Sus pies lo guiaron casi por instinto hasta la vieja cabaña donde vivía su amiga de la infancia.

Golpeó la puerta con fuerza, conteniendo la respiración.

Un instante después, la madera chirrió y apareció Cyrene, aún con expresión somnolienta… pero con esos ojos grises que, al mirarlo, confirmaron lo que él temía y esperaba a la vez.

—Phainon… —murmuró.

Él la observó, con el alma en vilo.

—Lo recuerdas… ¿verdad?

Un silencio cargado se extendió entre ellos. Finalmente, Cyrene asintió.

—Sí. Todo.

Phainon sintió las piernas flaquear.

Phainon sintió las piernas flaquear.

—Entonces… ¿qué hacemos? —susurró, quebrado.

Cyrene lo miró fijamente, seria, pero con una calma que contrastaba con la angustia de Phainon.

—Sé que ya hemos probado de todo… y el resultado siempre ha sido el mismo —dijo en voz baja—. Pero ¿por qué no intentar algo distinto esta vez? Tal vez la solución sea la distancia… y la confianza.

Phainon la observó, con los ojos ardiendo, temeroso de lo que vendría.

Cyrene dio un paso hacia él y, con un atisbo de ternura en la mirada, añadió:

—Hemos hecho esto juntos antes… y lo volveremos a hacer. Las veces que sea necesario, siempre estaré para ti… y tú para mí.

El corazón de Phainon se estremeció. Por primera vez, entre el eco de miles de fracasos, sintió que esa promesa era lo único que lo mantenía en pie.

Cyrene sonrió, y por un momento la ternura que había en sus ojos venció a la gravedad del momento.

Extendió la mano hacia Phainon, índice y meñique aún pequeños por la edad, y le ofreció un gesto antiguo, casi infantil, que en ellos siempre había significado pacto inquebrantable.

—Promesa de meñique —dijo ella, con voz firme pero suave—. No importa cuántas veces caigamos, nos levantamos. Juntos.

Phainon le devolvió la mirada con los ojos húmedos y la rabia todavía ardiendo en el pecho. Sin pensarlo, entrelazó su meñique con el de ella. El contacto fue breve, pero cargado de siglos de intentos y pérdidas.

—Promesa —murmuró él, como si sellara algo más que palabras.

Se separaron, y ambos respiraron hondo. La decisión que habían tomado resonó en el aire frío de la mañana.

Phainon enderezó los hombros. Por primera vez la desesperación se transformó en algo afilado: determinación.

—Prepárate, Lygus —dijo, con la voz baja y cortante—. Esta vez te vamos a vencer.

El nombre colgó entre ellos como una orden. Cyrene asintió, sin sonreír, con los ojos fijos en el horizonte como si ya viera las piezas moverse.

—Entonces no perdamos ni un segundo —respondió—. Ve a Okhema, haz lo que dijiste. Yo me quedaré y empezaré a dejar señales. Cartas, escondites, lo que haga falta.

Phainon apretó el puño, sintiendo en la palma la promesa reciente. Mientras daba los primeros pasos hacia la puerta, miró una vez más a Cyrene.

—Nos vemos en las cartas —susurró.

—Nos vemos en la siguiente vida —contestó ella, y la frase sonó a juramento.

La puerta se cerró detrás de Phainon. Afuera, el pueblo seguía su rutina inocente, sin saber que dos niños llevaban en la mirada la resolución de quienes ya habían intentado todo. Dentro de ellos, algo había cambiado: la promesa de meñique había encendido una chispa que, esta vez, pretendían alimentar hasta la victoria.

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