Prologo
La lluvia caía sobre Nunca Más como un murmullo eterno, tiñendo de gris las paredes góticas y los pasillos infinitos de la academia. Entre esas sombras, una figura caminaba en silencio: Lilith Addams.
Su piel era tan blanca que parecía beberse la luz de los candelabros, y su cabello largo, de un blanco inmaculado, contrastaba con el uniforme negro como un rastro de nieve en la penumbra. Sus ojos, oscuros y serenos, observaban cada rincón con una calma inquietante.
Lilith había llegado al colegio esa misma semana, enviada por sus padres después de varios “incidentes” que nadie en la familia se dignaba a explicar en voz alta. Nunca Más era el lugar ideal para alguien como ella. Al menos, eso aseguraba Merlina con esa sonrisa burlona que era casi un insulto.
La diferencia entre ellas era clara: mientras su prima parecía disfrutar de la indiferencia hacia el mundo, Lilith llevaba una carga imposible de ocultar. Porque cada vez que su piel rozaba la de otra persona, las memorias del pasado la golpeaban como un torrente: dolor, miedo, risas, secretos... todo invadía su mente hasta confundirla con su propia alma.
Era un don.Era una maldición.Y era la razón por la que se refugiaba en la soledad.
Aquella noche, buscando escapar de las miradas inquisitivas de sus compañeros, Lilith se adentró en los terrenos oscuros detrás de la academia. La tormenta olía a tierra mojada y a algo más: una vibración extraña, como un corazón latiendo bajo la madera podrida de un viejo cobertizo.
Se detuvo frente a la puerta.No debería abrirla. No debía.Pero su mano, pálida y temblorosa, se posó sobre la madera húmeda.
Y entonces lo sintió.
El recuerdo la invadió como un relámpago: un joven de mirada brillante, un taller repleto de cables y engranajes, el amor desesperado hacia una hermana enferma. Y después... dolor. Oscuridad. La certeza de una muerte violenta.
Lilith jadeó y retiró la mano.El cobertizo estaba sellado con candado, pero algo —o alguien— se movía dentro.
—¿Quién anda ahí? —preguntó, su voz baja pero firme.
Silencio.Luego, un roce suave. Un susurro apenas audible, como si viniera desde debajo de la tierra:
—Tú... puedes verme.
El aire se volvió helado. Lilith dio un paso atrás, el corazón golpeándole contra las costillas. No entendía por qué, pero esa voz despertaba en ella una mezcla imposible: terror y... atracción.
No lo sabía aún, pero acababa de abrir la puerta a una obsesión que la arrastraría a lo más profundo de Nunca Más.
Un romance nacido de la oscuridad.Un lazo tan fuerte como enfermizo.Un juego del que ninguno de los dos saldría intacto.