NÚMERO EQUIVOCADO

Summary

Mi sorpresa la noche anterior al recibir un mensaje subido de tono sin conocer el remitente, no se compara con la ansiedad de cuidar y darle toda mi atención a los inocente futuro socio que resultó ser el desconocido pero sexy extraño con el que sextee a altas horas de la madrugada. Ya he sentido esto antes y aunque me resista o me niegue mis crecientes sentimientos por Park Jimin, hay otro problema. ¿Qué pasará cuando nuestro negocio llegue a un punto donde cualquier transacción comercial se interponga ante lo mejor que nos ha pasado juntos?.. ¿Podré convencer a Park Jimin de que ese mensaje por error no fue solo un número equivocado sino el destino haciendo de las suyas?

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18+

1

JIMIN

Nunca en mi vida había enviado fotos de mi pene.

Corrección, nunca en mi vida había enviado una intencionalmente. Una vez, por accidente, le envié a mi mejor amigo una foto de la cara interna de mi muslo con un pequeño trozo de pene en la esquina, pero eso fue porque no me di cuenta de que la cámara estaba encendida mientras que me cambiaba apresuradamente para mi trabajo después de la escuela, en Kiochon Chicken. Habían pasado diez años desde eso, pero el imbécil todavía lo mencionaba cada vez que era conveniente.

Y con frecuencia era conveniente.

Pero, esta vez era algo intencional. O tan intencional como puede ser cuando te has bebido cuatro Sex on the Beach.... (Sexo en la playa...) hmm... tenía demasiado de esos en el sistema y encima estaba caliente y duro en una habitación de hotel a cientos de millas de casa y con nada mejor que hacer.

Una hora antes, estuve bebiéndome medio bar del hotel para tranquilizar los nervios sobre una presentación de negocios que debía realizar, cuando el camarero comenzó a coquetearme. El tipo era lindo pero muy joven. Un poco delgado, pero tenía una sonrisa preciosa. Cada vez que sonreía a mi dirección, sentía como mi rostro se incendiaba y me veía en la necesidad de apartar la vista. Desafortunadamente, también tenía que acabarme la bebida y pedirle otra para calmar mi ansiedad.

Eventualmente, cuando vino la cuenta, también lo hizo su número de teléfono.

Después de pagar mi consumo y meter el número de teléfono en mi bolsillo con un asentimiento avergonzado, huí. Y pasé los próximos cuarenta y cinco minutos masturbándome con fantasías de sexo con extraños e intentando convencerme de hacer algo loco por una vez. Hmm.

Clic.

Listo. Una fotografía anónima de mi pene, enviada.

Sentí un estremecimiento de excitación nerviosa. Lo hice. De verdad había dado clic al botón de enviar. Dejé que una risa cargada de adrenalina por mi inusual audacia resonara a través de la habitación de hotel vacía y sonreí ante la imagen en mi teléfono. No era cualquier pene. Era una polla fabulosa. Alta y orgullosa.

Realmente robusta. Con buena luz y un color saludable... Mientras no se me ocurriera regresar al bar del hotel en lo que quedaba de semana y me encontrara de nuevo con ese chico en persona, no habría de que arrepentirse. De verdad lo había hecho. Había venido a Japón y me había vuelto un poco salvaje.

Y entonces, las dudas comenzaron a surgir.

No debí beber tanto. Jamás he enviado fotos de mi pene, mucho menos a un completo desconocido.

00-81-3-459: ¿Y cuánto bebiste?

Parpadeé hacia mi teléfono. ¿Había enviado un mensaje con lo que estaba pensando...? Ah, sí. Parece que sí. Mis pensamientos se habían colado por mis dedos hasta el teclado de la pantalla. Mierda.

¿Debería responderle? ¿Por qué diablos no lo haría? No es como si fuera a verlo de nuevo a menos que regresara al bar.

Comencé a escribir.

Park Jimin:

Hombre, ¿no lo recuerdas? Estaba nervioso por la presentación de mañana, fuiste tú quién me sirvió.

Hubo un par de latidos con nada antes de que una respuesta apareciera.

00-81-3-459: ¿Eso hice? No lo creo.

Miré dos veces a la pantalla. Pero lo había hecho. El camarero había sido el único trabajando esa noche. Y había sido él quien deslizó su número de teléfono a través de la barra, en una nota pegajosa.

Antes de que tuviera oportunidad de discutirlo, él me mensajeó de nuevo.

00-81-3-459: Sigo en el trabajo, pero, aprecio el caramelo para la vista que me enviaste.

Mi cabeza estaba confundida por el alcohol. Por supuesto que todavía estaba trabajando. Lo había dejado allí abajo hacía una hora, demasiado acobardado como para aceptar sus guiños de ojos y ofrecerle una visita nocturna a mi habitación.

Park Jimin: Cambié de opinión. Ven a mi habitación de hotel.

Parpadeé, sintiéndome sorprendido por lo fácil que había extendido esa invitación. Entonces, un pánico lento comenzó a hervir al interior de mi estómago. ¿y si realmente aceptaba? Mierda, nunca había tenido una aventura de una noche, no era mi estilo. Y por mucho que hubiese usado la excusa de estar un poco ebrio para enviar una foto de mi pene, sí me hallaba lo suficientemente sobrio para saber que sexo con un extraño definitivamente estaba por fuera de mi zona de confort.

00-81-3-459: Hm, es una oferta tentadora, cariño, pero no te conozco. Y es tarde.

Que extraño. Eso no pareció ser un problema para él hace tan solo una hora. A pesar del abrumador sentimiento de alivio ante la idea de que no llamaría a mi puerta, todavía me sentía con ganas de lloriquear. Solo el enviarle un mensaje a otra persona con una foto de mi polla, me había dejado todo caliente.

Park Jimin: Pero, quiero correrme.

Eso no sonaba patético, ¿verdad?

Park Jimin: No tienes que conocerme. Demonios, ni siquiera tienes que subir a mi habitación. Solo dime algo sexy.

Una parte de mi cerebro no se podía creer las palabras que escribía en mi teléfono. Pero haber enviado esa fotografía me dejó sintiéndome aventurero, demandante en una forma con la que nunca me sentiría cómodo si estuviéramos cara a cara.

Park Jimin: Dime lo que me harías si estuvieras aquí conmigo.

Mis mejillas quemaban con el rubor, y mi respiración comenzó a acelerarse. Miré fijamente la pantalla, pero no hubo respuesta. Sentía esa extraña sensación de decepción en mi pecho.

Park Jimin: ¿Por favor?

Agregué el “por favor” en son de... buenos modales. Y no en absoluto porque estuviera intentando presionarlo para que respondiera. Sería mortificante exponerme tan a fondo solo para ser rechazado.

Hubo una pausa y contuve la respiración, expectante.

00-81-3-459: ¿Cuánto lo deseas?

Me estremecí y mi polla saltó ante esas palabras. Me quedé mirando fijamente el teléfono y escuché un ligero gimoteo desde algún lugar cercano.

Park Jimin:

Mucho.

Una nueva pausa y me escuché a mí mismo susurrar “por favor, por favor, por favor” por debajo del aliento. Repentinamente, no había nada que deseara más que esto. Escuchar a este hombre diciendo lo que me haría si estuviera aquí, de pie al final de la cama, y conmigo extendido y desnudo frente a él.

00-81-3-459: ¿Cuántos vasos bebiste?

¿Por qué seguía preguntándome eso?

Park Jimin: ¿Cuatro? ¿Creo?

00-81-3-459: Tomate un vaso de agua y ve a dormir. Dijiste que te espera un día importante mañana.

El estómago se me desplomó. Rechazado.

Park Jimin: Mi última bebida fue hace más de una hora. Estoy sobrio.

00-81-3-459: Eso no fue lo que dijiste hace un rato.

Mierda. Tenía razón. Pero eso solo había sido una excusa para enviarle la foto de mi pene.

Park Jimin: Estoy lo suficientemente sobrio para sexting.

(Mensajes de texto de tipo sexual).

00-81-3-459: Cariño, si voy a decirte lo que tienes que hacer, quiero que estés 100% enfocado en mí y en mis instrucciones. Nada de confusión o arrepentimientos en la mañana.

Dejé escapar un gemido. Diablos, la idea de él diciéndome qué hacer me puso aún más duro. La punta de mi polla brillaba por el presemen. Mientras que una parte de mí apreciaba que él no quisiera aprovecharse de mí, repentinamente no había nada que quisiera más. Me hacía sentir un poco ridículo.

Park Jimin: Quizás tomaré el asunto entre mis propias manos y luego me iré a la cama.

Sonreí ampliamente ante mi respuesta. Él contestó inmediatamente.

00-81-3-459: No.

Mis ojos se abrieron de par en par y mis pelotas se apretaron. Antes de poder formular una respuesta, los tres puntitos aparecieron en la pantalla.

00-81-3-459: Dentro de tres horas ya deberías estar sobrio. Si todavía estás interesado, puedes contactarme y preguntarme cortésmente si puedo ayudarte con tu pequeño problema.

Solté una carcajada.

Park Jimin: Qué demandante eres.

00-81-3-459: Sí, deberías tener eso en mente si decides escribirme de nuevo. Buenas noches.

Miré fijamente hacia mi teléfono. Mi polla palpitaba en mi mano. Apreté los dedos, deslizando mi puño de arriba abajo mientras que las palabras del sexy camarero nadaban en mi cabeza. Me acaricié de nuevo, con más fuerza, preguntándome si tendría las agallas suficientes para volver a escribirle en tres horas. Sabía que probablemente no las tendría.

Arqueé la espalda contra la cama, imaginando al camarero cerniéndose sobre mí y diciéndome qué hacer. Cómo debía de contenerme. Qué tan fuerte podía masturbarme o qué tan rápido.

Podía sentir el clímax aproximándose en mi interior, mi cuerpo entero vibraba con la necesidad de la liberación.

Justo cuando estaba a punto de caer por el precipicio, mi teléfono sonó, asustándome.

00-81-3-459: Oh, y tienes prohibido tocarte a ti mismo. Si vas a correrte esta noche, será a mi discreción.

Mi mandíbula cayó. ¡Qué descarado este tipo! Sin embargo, antes de que me diera cuenta, mi cuerpo obedeció por propia voluntad: mis dedos se aflojaron al instante como si me hubieran atrapado haciendo algo que no debería. Mi polla estaba tensa, muy cerca de correrse. Todo lo que necesitaba era otro tirón, quizás dos. Pero no podía moverme. Mi mano se mantenía quieta. Mi respiración se aceleró, todo mi cuerpo se enrojeció mientras que mis pelotas se hallaban tensas y doloridas.

Solo hazlo

, me dije. Córrete, duérmete y termina con esto. Tenía una presentación importante en la mañana y la última cosa que necesitaba era quedarme despierto toda la noche sexteando con un completo extraño.

Excepto, que mi cuerpo se negaba a escucharme.

—Mierda. —Gemí. Me giré sobre el estómago y enterré el rostro en la almohada, gruñendo por la frustración. Puede que me haya o no frotado contra el colchón una vez, antes de forzarme a quedarme quieto. Luego, alcancé mi teléfono y programé una alarma.

────────📱────────

Tres horas después, estaba despierto, duro y completamente sobrio. Me senté sobre la cama, sosteniendo mi teléfono entre las manos y mirando la pantalla. Había escrito una docena de mensajes diferentes que luego habían sido borrados.

Continuaba dudando de mí mismo. Quería parecer interesado, pero no desesperado. Sexy, pero no patético. Quizás algo sofisticado, como si esto fuera una cosa que yo ya había hecho un millón de veces con anterioridad.

Mi teléfono vibró. Era él.

00-81-3-459: ¿Vas a darle a enviar o seguirás escribiendo y borrando?

Miré hacia arriba vacilante, escaneando la habitación de hotel en busca de alguna cámara escondida.

Park Jimin: ¿Cómo lo supiste?

00-81-3-459: He estado mirando a los tres puntos aparecer y desaparecer de mi pantalla por la última media hora.

Hasta allí llegó lo de parecer sofisticado y poco mundano.

Park Jimin: Oh.

00-81-3-459: ¿La sobriedad hizo que dudaras?

Park Jimin: No.

Si acaso, era todo lo contrario. Lo deseaba tanto, pero no sabía cómo decírselo.

00-81-3-459: Entonces, ¿por qué estás dudando ahora mismo?

Me encogí. Pero luego me pregunté, ¿por qué no ser honesto? No es como si tuviera que ver a ese tipo de nuevo. Ya estaba planeando incluso evitar el bar del hotel por el resto de mi viaje.

Park Jimin: ¿Te sorprendería saber que nunca he hecho esto antes?

00-81-3-459: ¿Nunca has hecho sexting?

Mi rostro se ruborizó.

Park Jimin: Bueno, no, no realmente. Pero, lo que quiero decir, es que nunca... uh... he tenido a alguien que me diga que hacer.

00-81-3-459

: Ah. Ya veo. ¿Eso te interesa?

Me quedé mirando hacia mi polla palpitante. Realmente debería de enviarle otra foto de mi polla, sería la evidencia exacta que él necesitaría. Pero, la confianza que sentía anteriormente gracias al efecto del alcohol, ahora se había ido, y la sobriedad me había revertido a mi usual estado tímido.

Cerré los ojos. Toma el riesgo, me dije a mi mismo. Ni siquiera era tanto riesgo de por sí, nunca le había dado mi nombre al camarero. Todo esto sería simplemente sexting anónimo. Una cosa de una sola vez, y una forma de quitarme la frustración sexual e intentar algo diferente.

Solté el aire.

Park Jimin: Sí.

00-81-3-459: Sí, ¿qué?

Me ruboricé mientras escribía mi respuesta.

Park Jimin: Sí, a dejar a alguien más controlarme, estoy interesado.

00-81-3-459: ¿Qué tan lejos quieres llegar? Porque, si realmente quieres darme el control ahora mismo, la respuesta adecuada sería “Sí, Señor”.

Me encogí. Ya la había jodido.

Park Jimin: Oh, cierto. Ok. Lo siento.

Hubo una pausa larga en donde él no dijo nada más, y me pregunté si es que había cambiado de opinión o si yo mismo había dicho algo equivocado. Eché un vistazo a los últimos mensajes intercambiados y fue cuando me percaté del error.

Park Jimin: Quiero decir, sí, señor.

00-81-3-459: Mucho mejor. ¿Estás desnudo?

La pregunta me hizo sentir mareado mientras que una mayor cantidad de sangre se precipitaba hacia mí entrepierna. Miré hacia abajo. Me había quitado los jeans y la ropa interior un poco más temprano, pero todavía llevaba mi camisa.

Park Jimin: En su mayoría.

00-81-3-459: Quítatelo todo y súbete a la cama. Hazlo ahora mismo.

Mi pene estaba duro y ansioso, se erguía orgulloso. Supongo que a alguien sí que le gustaba que lo mandaran.

Park Jimin: Sí, señor.

Enviar el mensaje de texto causó que mis músculos abdominales se contrajeran por el deseo. Mis dedos volaron sobre los botones de mi camisa mientras que la arrancaba y arrojaba a la esquina de la cama tamaño King y finalmente, me acosté en medio como si fuera una ofrenda.

Park Jimin: Listo, señor.

00-81-3-459: Pruébalo.

Oh, Dios. Líquido pre-seminal se deslizaba de la punta de mi pene hasta la parte de abajo. Cerré los ojos y tomé varias respiraciones calmantes antes de agarrar el teléfono en mi pecho y abrir la aplicación de la cámara. En la primera foto que tomé se veía la punta de mi ropa interior y la camisa a un lado. Nada sexy, así que las empujé fuera de la cama y lo intenté nuevamente.

Mucho mejor.

Le di a enviar.

00-81-3-459: Acaricia tu pene. Imagina que es mi mano apretándose alrededor tuyo.

Más gimoteos salieron de algún lado. Definitivamente, alguien dentro de esta habitación de hotel sí que estaba desesperado, yo estaba desesperado.

Estuve a punto de tipear un “Sí, señor”, cuando otra idea me vino.

Park Jimin: Envíame una foto de tus manos así sé que es lo que se supone que debo imaginar.

00-81-3-459: Creo que no entiendes quién hace las reglas aquí.

Me pregunté si había roto algún tipo de regla implícita. No es como si tuviera demasiada experiencia en todo esto. No me gustaba la idea de decepcionarlo y estaba a un paso de escribir una disculpa, cuando un mensaje de texto nuevo llegó.

00-81-3-459: Pero, como esto es nuevo para ti, voy a complacerte.

Una imagen apareció en mi pantalla. Era la mano de un extraño, descansando sobre madera sólida, probablemente de la barra. Nunca había pasado mucho tiempo imaginándome las manos de otro hombre, simplemente porque no las consideraba las partes más sexys del cuerpo. Pero las manos de este hombre... no me podía creer que no las hubiese notado en el bar. Eran gloriosas. Con dedos largos que se veían delgados y fuertes y una palma ancha que se estrechaba hasta una muñeca desnuda. Su camisa estaba arremangada, el borde blanco del puño era apenas visible, y debajo, unos antebrazos musculosos estaban tensados.

Estaba temblando, y mi boca se secó ante lo inesperado mientras que escribía un “gracias”. Sentía la euforia llenarme al decirle: señor.

Dejé mi teléfono a un lado y sujeté mi polla mientras que cerraba los ojos e imaginaba la mano del camarero apretarse alrededor de mi extensión. Su pulgar dibujando círculos alrededor de mi punta lubricada con presemen.

00-81-3-459: ¿Cómo se siente?

Park Jimin: Increíble.

00-81-3-459: Envíame una foto.

Tomé una foto de mi mano sujetando mi polla. No fue hasta que se envió, que me di cuenta que mis dedos se veían enroscados en la fotografía. Oh, bueno, sí se sentía jodidamente increíble. Seguí acariciándome de arriba abajo, disfrutando de la sensación de mi mano apretada y las sábanas frías contra mi espalda.

00-81-3-459: Tienes una polla preciosa. Si estuviera allí, me temo que no podría apartar mi boca de ella.

Gemí, imaginando la sensación de su aliento contra la dura longitud de mi erección. Su lengua trazando la circunferencia de la punta y el calor húmedo de su boca envolviéndome.

00-81-3-459: ¿Eso te gustaría?

Cielos, no deseaba otra cosa. Estaba cada vez más cerca, mi mandíbula se apretó, se contrajo y mis músculos se tensaron ante la necesidad de una liberación. Era una tortura el soltar mi polla para escribir una respuesta.

Park Jimin: Si, señor.

00-81-3-459: Bien. Ahora de rodillas con las manos sobre tus muslos.

Miré fijamente el mensaje. Parte de mi quería ignorarlo, mi mano se sentía demasiado bien donde estaba. No quería parar de masturbarme.

Excepto, que ya estaba respondiendo y ya me estaba colocando en la posición.

Park Jimin: ¿En dónde?

00-81-3-459: Encima de la cama está bien.

Dejé escapar un tembloroso suspiro mientras me colocaba cumpliendo su demanda.

Park Jimin: Si, señor.

00-81-3-459: Inclínate hacia adelante, con la cara contra el colchón. Levanta el trasero y lame tus dedos.

Temblé. Sabía a dónde iba todo esto, repentinamente me sentí extrañamente vulnerable. Arrodillado sobre la cama con el trasero expuesto.

Cambié el número por Desconocido.

Desconocido: Hazlo ahora mismo.

¡Madre mía!

Park Jimin: Si, señor.

Cada vez que tipeaba esas palabras, un choque de excitación me atravesaba.

Desconocido: ¿Cuál es tu nombre?

La pregunta me tomó por sorpresa. Fue tan inesperada que automáticamente comencé a escribir mi nombre real, antes de conseguir detenerme. Pero ¿en qué estaba pensando? Ya le había pasado al hombre una foto de mi polla, no había manera que le diera mi verdadera identidad. Ya podía imaginarme los encabezados de las noticias: “El idiota de Park Jimin envía una foto comprometedora al camarero de un hotel”.

Me estaba tomando demasiado el responder. Mis ojos se clavaron sobre el techo de la habitación mientras pensaba.

Park Jimin: Yoon.

Desconocido: Voy a pretender que no acabas de decirme una mentira.

Me encogí y me pregunté si estaba decepcionado. La idea dejó un mal sabor en el interior de mi boca. Quería disculparme con él, lo que hacía que todo se sintiera aún más confuso. Era un extraño, y esto era un encuentro anónimo... haciendo énfasis en el aspecto de “anónimo”. ¿Así que, por qué me importaba lo que él pensara acerca de mí?

Antes de poder desenredar mis pensamientos y adivinar cómo debía de responderle, él envió un nuevo mensaje de texto.

Desconocido: Toca tu agujero con los dedos mojados, NoYoon.

Mi corazón golpeteó en mi pecho mientras que deslizaba la mano hacia mi trasero para hacer lo que él me pedía. ¿Cómo es que ese bastardo mega delgado tenía la habilidad de incendiar cada condenada terminación nerviosa dentro de mí?

El minuto en que presioné mi dedo contra la sensible piel de mi entrada, dejé caer el teléfono y fui a por ello. Con una mano me masturbaba mientras que con la otra jugaba con mi agujero. No era nada diferente a lo que hacía cuando estaba en la oscuridad de mi casa, pero saber que él tenía conocimiento de lo que pasaba, era más caliente que el infierno.

Desconocido: ¿Estás imaginando que estoy detrás de ti, NoYoon? ¿Mi polla empujando contra tu entrada? ¿Deslizándose dentro de tu culo? ¿Es eso lo que quieres ahora mismo?

Lo era, demasiado. La idea de las manos de ese extraño sobre mis caderas, de sus largos dedos presionando contra mi carne mientras me mantenía quieto y me jodía, me llevó a descender en espiral. Ignorando el teléfono a favor de perseguir esa sensación, me masturbé con más fuerza, imaginando que era su mano la que sujetaba mi pene, apretándolo más duro mientras que me llevaba al borde del precipicio. Con mi rostro presionado contra el colchón, grité en el orgasmo mientras que mi líquido cálido disparaba a lo largo de la cama y en toda mi mano. Me follé con los dedos un poco más hasta que los espasmos terminaron.

Colapsé de lado, jadeando por aire con mi cuerpo agotado.

Antes de poder detenerme, tomé una foto de mi mano y pecho bañados en semen y la envié antes de estirarme por unos pañuelos.

Park Jimin: OMG. Eso fue increíble.

Hubo una pausa larga. Tan larga que me pregunté si es que él se había aburrido y largado. Comencé a arrepentirme de enviarle una fotografía de mi clímax cuando tres puntos aparecieron de vuelta en la pantalla.

Desconocido: Vuelves a correrte alguna vez sin mi permiso, y te dejaré el trasero en rojo vivo.

La imagen mental de esa promesa hizo que mi pene desgastado se contrajera. Entonces, me di cuenta de las implicaciones de su mensaje: que lo que habíamos hecho podría pasar de nuevo. Que podía ser que hubiese una próxima vez. Sonreí ante la idea de que lo complací lo suficiente como para que él deseara más. Incluso aunque yo sabía que no volvería a suceder.

Park Jimin: Si, señor.

Sentí como mis párpados se volvían pesados, la entrada de la noche y los restos del orgasmo que me envolvían, me atraían hacia el sueño. Cuando mi teléfono vibró, me costó un montón de esfuerzo mantener los ojos abiertos.

Desconocido: ¿Cómo te fue con tu primera experiencia de que te dijeran qué hacer?

Sonreí, sintiéndome somnoliento, cálido y a salvo.

Park Jimin: Me gustó mucho. Muchas gracias.

Desconocido: Muy bien. Me enviarás un mensaje en la mañana para comprobar y saber cómo lo llevas. Antes y después de tu presentación.

Parpadeé, quizás no había leído bien. ¿Él recordaba que yo tenía una presentación en la mañana y quería saber de mí de nuevo? ¿Era posible que se preocupara por mí? ¿Qué esto no fuera simplemente un encuentro de una noche para él?

Mi cabeza se aceleró y mi corazón latía mientras que yo intentaba resolver como sentirme acerca de todo esto. ¿Estaba interesado en él? ¿Quería más? Entonces, la segunda mitad de su texto apareció y mis pensamientos se detuvieron en seco.

Desconocido: Darle el control a alguien más puede ser una experiencia intensa y no todos lo manejan bien al día siguiente.

Oh, claro. Era eso. Sacudí mi cabeza, ruborizándome ante mis propios pensamientos sobre que este extraño estaría realmente interesado en mí.

Park Jimin: Estaré bien.

Desconocido: No es una petición, NoYoon.

Mi pecho se apretó ante sus palabras.

Park Jimin: Si, señor.

Desconocido: Bien. Lo hiciste muy bien y te mereces un descanso. Duerme un poco y mucha suerte con tu presentación de mañana.

Mi teléfono vibró y luego apareció una imagen en la pantalla brillante. Allí, en toda su gloria gruesa, rígida, larga, grande, estaba la foto de la polla más caliente que había visto.

Mi propia polla hizo el valiente esfuerzo de levantarse de nuevo y animarse ante el inesperado regalo visual, pero el cansancio era más fuerte y me quedé dormido.

No se me ocurrió hasta la mañana siguiente, cuando me hallaba apreciando la foto de la noche anterior, que la erección del extraño no estaba rodeada por los mismos jeans que el empleado del bar del hotel había estado usando. Estaba enmarcada por unos elegantes pantalones de traje negro y los faldones de una camisa de vestir blanca con botones. Y, en la esquina del marco, había un destello de rica madera caoba rugosa, como la que se veía dentro de las oficinas de los ejecutivos. Las mangas de la camisa estaban arremangadas hasta los codos, exponiendo los antebrazos musculosos y la piel trigueña de un hombre completamente diferente al delgado camarero.

El horror me azotó cuando me di cuenta de las implicaciones de mi descubrimiento.

¿Con quién carajos había estado intercambiando mensajes sexuales?