Rutina
Esperaba con ansias llegar a febrero, el mes en donde se festeja el torneo de golf en ”Hoyo en uno“, uno de los mejores club de golf que hay en mi país y el que tiene más temáticas para jugar.
El calor iba en aumento, la estación de verano se acercaba. Amaba estar en el campo de golf, tomar un refresco con bastante hielo, meterme a la piscina, tomar sol, en fin, disfrutar lo que pueda.
-¿Puedes concentrarte, Briana? Tenemos que ganar el torneo. Le aposté a Miguel que le ganaríamos a él y a su novia.- susurró Fernando en mi oído.
Mi novio, Fernando. Éramos equipo desde hace unos años. Es más, nos conocimos gracias al golf, estábamos compitiendo uno contra el otro en un torneo individual. Éramos la pareja favorita del club y la que mayormente ganaba en los torneos.
Cuando nos conocimos, él era muy cariñoso y gracioso. El hombre perfecto, detallista, un príncipe de Disney. Hace un año, me mudé a su casa ya que queríamos que la relación fuera más seria, pero la convivencia me dio a un Fernando distinto, ya no era cariñoso o gracioso. Ahora me trata con severidad, sarcasmo y el cariño se fue cuando perdimos nuestra primera competencia. Me acuerdo haber llegado a casa y él estaba enojado por haber apostado su propio auto. Tan enojado que me echó la culpa y me dio el primer golpe.
-Sabias que había apostado el auto.-se acercó peligrosamente a mi.- ¿ Qué carajos te hice para que hicieras esto?- luego de eso me golpeó.
No sabía cómo pedirle perdón por eso, así que decidí ser la mejor versión de mi misma. Comencé a entrenar cada vez más hasta el cansancio, mantener la casa, masajes, hablar bien de él, etc.
Hace ya varios meses que ni nos tocamos, besamos o tenemos intimidad, solo nos besábamos enfrente de la gente para que no se preocupen por nuestra relación. En algún momento, sabía que todo iba a mejorar e íbamos a ser la pareja que fuimos.
He mejorado mis lanzamientos en el último año y he hecho algo de ejercicio para poder mejorar nuestra relación íntima, ya que no me trata como antes en ese ámbito ni me mira de la misma forma. Creía que el próximo torneo lograría mejorar todo.
-Si, perdón, cariño.- respondí y lancé la bola lo más lejos que pude. Sonreí al ver que quedó más cerca del hoyo que la semana pasada.
-Eso es, mi amor.- dijo parado detrás de mi, sosteniendo mis hombros y dándoles un apretón.- ¿Viste? Este torneo lo tenemos ganado, Miguel.- se dirigió a su mejor amigo.
Mientras ellos hablaban, tomé un refresco que había en una mesa desmontable, estaba haciendo bastante calor ese día.
-Ey, ¿Te sientes bien? Te veo algo pálida, Bri.- me preguntó la novia de Miguel, Diana.
- Si, si. Estoy bien, solo hace un poco de calor.- respondí pero tal vez era porque no había comido, últimamente no tenía hambre.
A veces me saltaba comidas, a veces comía mucho. Estos últimos meses, estuve saltando comidas pero no muchas como para preocuparme.
Me acerqué al carro, donde estaban mi novio y Miguel hablando, a guardar el palo que había utilizado y me senté en la parte de atrás. Por lo menos así podía tener un poco de sombra.
-Mi hermanito menor va a participar de este torneo con su novia, amigo. Tal vez, mañana vengan a practicar.
-¿Con novia? Pero, ¿ cuándo creció tu hermano? Yo pensé que tenía 14 aún.
-Ay qué exagerado. Ya tiene 21...
-¿21? Entonces hay que invitarlo a la fiesta del fin de semana.- dijo Fernando y se dio vuelta para mirarme .- Por fin vas a conocer a Santiago, amor. Es el que te conté que una vez le pegué en la cabeza con la bola y Migue me tuvo que pagar la apuesta. No creía que tuviera tan buena puntería- me recordó aquella anécdota y se echó a reír a carcajadas.
Si, recuerdo cuando me lo contó. Le pregunté si al niño le sucedió algo después del golpe. Para mi alivio no le sucedió nada malo, más que un chichón temporal.
Le sonreí a Fer y terminé de beber mi refresco.
-Vamos a acercarnos al hoyo. A ver qué tan cerca dejó la bola del hoyo.- miró desafiante a Miguel.
Subimos al carro los cuatro y nos fuimos al hoyo 5. Al acercarnos pude calcular que estaba a una distancia de dos metros del hoyo. Fernando paró el carro, yo bajé, tomé el palo indicado y me acerqué a la bola. Deseé que entrara solo de un golpe. No podía dejar en ridículo a mi novio.
-Este torneo lo tenemos en la bolsa.- declaró Fernando al ver que la bola entró de un golpe.
Bajó del carro corriendo y me alzó en sus brazos mientras giraba. Pude sentir la felicidad que él sentía. La felicidad se la había provocado yo con todo mi esfuerzo y me estaba contagiando. Me bajó y me besó sin pensarlo. Yo correspondí al beso y quería que nunca terminara.
Aún tenía la boca en posición de beso y los ojos cerrados, cuando él se volteó y se dirigió hacia su Miguel. Me sentí incómoda, sola y desilusionada. Esperaba un beso más prolongado. Agaché mi cabeza y sonreí mientras me acercaba al carro. ”Pero me besó“,pensé mientras tocaba mis labios.
-Creo que esto merece un festejo, hay que cenar.- anunció victorioso y nos volvimos a casa, luego de saludar a todos.
Durante el viaje de regreso a casa, él estuvo hablando de lo feliz que estaba mientras manejaba. Festejaba que no iba a perder la apuesta y que ganaría bastante dinero con la victoria. La realidad es que yo estaba feliz también. Tenía una sonrisa que no podía ocultar.
Entramos a casa y fue automático. Su sonrisa se había desvanecido. Toda su atención se enfocó en su celular y se dirigió a la habitación.
-Prepara la cena, Briana.
Otra vez a la normalidad. Pensando, busqué que podía cocinar con lo que había en la casa pero no había nada. Agarré mi bolso y salí a comprar a unas calles de la casa donde había un local. Miré mi reloj y no tenía mucho tiempo para cocinar así que caminé de prisa a la tienda. Entré al lugar y me quedé parada en el pasillo del medio. ¿Qué podía cocinar? Busqué en mis recuerdos alguna receta y me acordé de los fideos con salsa que hacía mi abuela. Compré lo necesario y volví a casa.
Empecé a cocinar rápido antes de que Fernando se molestase por el hambre que debería de sentir. Pero él salió de la habitación antes de lo esperado y me helé. Encogí los brazos de los nervios mientras cerraba los ojos. No había terminado de cocinar a tiempo. Pero escuché como abría la puerta principal.
-Voy a comer con los chicos. No me esperes.- dijo saliendo y cerró la puerta.
Relajé mis hombros pero comencé a enojarme. ¿Por qué me pidió que cocine si después se va con sus amigos a comer afuera?
Suspiré al darme cuenta, él quería festejar con una cena con sus amigos, no conmigo. Y me acordé cuando él y yo salíamos cuando éramos unos enamorados. Restaurantes caros, regalos y detalles románticos. Suspiré al rememorar todo ese tiempo. Cómo lo extrañaba, extrañaba al Fernando de quién me enamoré.
Al final, terminé de cocinar y cené sola. Mirando hacia el balcón que daba a la piscina y al gran patio de la casa. Ya va a volver, lo sé. Solo debo esforzarme más que ayer.
Nota de autor:
Ey, vos que estás leyendo. Si, vos. Espero que te guste este libro
Algo huele raro aquí...i