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La primaveral noche del sábado se presentaba mágica para Jimin en la lujosa mansión de Jin, su mejor amigo desde niños. Las luces colgantes titilaban como un despliegue estelar, mientras el murmullo de los invitados llenaba con risas y música el aire tibio. Jimin se encontraba en la terraza, alejado del bullicio, disfrutando de su copa de vino blanco. La brisa del mar acariciaba su piel, y el olor salino le recordaba la libertad, la misma que sentía cuando bailaba. Miraba hacia el horizonte, donde las olas rompían suavemente contra la arena, abrazando el paisaje nocturno.
Jimin se sintió elegante en su pantalón de seda negro que se ajustaba a sus curvas, realzando su trasero respingón, complementado por un top de encaje que dejaba al descubierto su tatuaje de lunas en la espalda, su cabello rubio peinado con las manos le daba un aire informal y un ligero toque de bálsamo labial de frambuesa para resaltar sus pomposos labios . Se sentía bien consigo mismo, aunque un ligero rubor le cruzó el rostro al recordar que tal vez había exagerado un poco con su atuendo. Pero sintió el impulso de vestirse sexy, tenía el pálpito de que algo importante iba a suceder, quería verse perfecto, incluso si no fuera así. Lo haría para él mismo.
Mientras saboreaba el vino, su mente divagaba entre recuerdos y sueños. De repente, una risa resonante procedente del interior interrumpió su pensamiento, llevándolo de regreso a la fiesta y a observar desde lejos. En el gran salón, justo a través de la multitud, un apuesto joven lo observaba. Jungkook lo miraba con admiración, sus ojos brillando como galaxias en la noche. Desde hacía años, Jimin había sido su amor platónico, un ideal inalcanzable que habitaba en su corazón, hasta ahora que Jimin era libre y tras meses de terapia había superado a su ex novio.
Jungkook se sentía nervioso, pero también decidido. Había ido a la fiesta empujado por la marea de emociones que sentía hacia Jimin, y no iba a dejar pasar otra oportunidad. Respiró hondo, dejando que el aire fresco del mar inundara sus pulmones, y se adentró en el salón. Los pasos parecían pesar más que nunca, pero cada uno de ellos tenía el anhelo de que lo acercaran a su sueño.
A medida que avanzaba, sostuvo firmemente la botella de vino que había tomado de la bandeja de un camarero, como si fuera una forma de equiparse ante la incertidumbre. Cuando finalmente llegó hasta Jimin, que tras el primer impacto visual retomo su postura y seguía contemplando el paisaje marino. El corazón de Jungkook latía con fuerza.
—Hola, soy Jungkook. Dijo, con voz aterciopelada, acercándose un poco a su oído. Esperó haber llamado su atención y que se diera la vuelta. Cuando Jimin se giró atraído por la masculina voz se encontró con una gran sonrisa que dejaba ver unos dientes delanteros de conejo.
Jimin se encontró cara a cara con aquel joven que había visto de reojo hace un momento y le dedicó una mirada de pies a cabeza comprobando que esa voz acompañaba a un atractivo y sexy hombre. Su presencia irradiaba una energía vibrante y amable.
—Hola, Jungkook, un placer conocerte. Disculpa, creo que no te había visto antes —respondió Jimin, sintiéndose ligeramente cautivado por la seguridad de Jungkook.
—Jin me habló de ti, nos conocemos desde hace tiempo —dijo Jungkook, señalando hacia el otro extremo del salón, donde SeokJin reía rodeado de los brazos de su esposo, que era el cuñado de Jungkook, junto algunos amigos más en común.
—Te he visto en varias ocasiones en este tipo de fiestas.
Jimin sonrió, sintiéndose intrigado por el interés de Jungkook. Era agradable ser reconocido de esa manera, y había un brillo indefinible en la mirada de este hombre, que lo hacía sentirse especial y a su vez lo cautivaba con su acaramelada voz.
—Siempre he estado un poco atrapado entre la multitud, —respondió Jimin, dejando escapar una pequeña risa.
Sin pensarlo dos veces, Jungkook ofreció llenar la copa de Jimin, que ya estaba casi vacía. El gesto lo hizo sentir más a gusto, y le dió pie para seguir conociendo al interesante hombre. Alejados de todos se sentía como si ambos fueran confidentes en medio de la fiesta.
Llenó su propia copa, y las levantaron en un pequeño brindis, Jimin se estremeció al son del tintineo.
—¿Has disfrutado de la fiesta hasta ahora? —preguntó Jungkook, tratando de romper el hielo.
—Sí, es un evento maravilloso. La energía de la gente y la música... todo es bastante encantador. Aunque, debo admitir, me gustan más las noches tranquilas junto al mar —Jimin respondió, llevando lentamente su copa a los labios, ocasión que Jungkook no desaprovechó para perderse en ellos, a la vez que disfrutaban de la conversación.
—El mar tiene esa forma de hechizar, ¿verdad? Es como si las olas susurraran secretos que solo unos pocos pueden entender —dijo Jungkook, observando cómo Jimin parecía abandonarse en sus pensamientos.
Jimin miró a Jungkook, apreciando la profundidad de sus palabras. En ese momento, sintió que podría existir algo más que una simple atracción física; pensaban igual.
—Te doy la razón completamente —dijo Jimin, dejando que la brisa fresca los envolviera. —A veces, creo que el mundo se detiene cuando escucho el sonido de las olas. Es un momento íntimo, solo para mí.
—Me encantaría compartirlo contigo algún día si no te importa. —No pudo evitar que esas palabras salieran de su boca, y Jimin, sorprendido, no supo cómo responder en un principio. Sin embargo, su pecho se llenó de algún tipo de esperanza.
Jungkook vio la sorpresa en el rostro de Jimin, pero no se dio por vencido. Quería ser parte de esos momentos llenos de paz, y de los secretos susurrados. La química entre ellos comenzaba a fluir, como las mismas olas del mar que acarician la orilla.
La conversación se deslizó suavemente entre anécdotas, risas y miradas sugestivas. Cada palabra intercambiada era como la construcción de un puente entre dos almas que, por fin, estaban dispuestas a conectarse. Ya había llegado su momento.
Algunos minutos después, Jungkook tomó valor y dijo:
—¿Te gustaría dar un paseo por la playa? Solos tú y yo, lejos del ruido de la fiesta.
Jimin lo miró, su corazón dio un vuelco en su pecho. La idea de estar a solas con Jungkook en la tranquilidad del mar le pareció emocionante.
—Claro, me encantaría —respondió Jimin, sintiendo que quizá ese momento podría ser el comienzo de algo hermoso. Aunque hasta ahora no sé había dado la oportunidad, pensó, que quizá valía la pena arriesgarse. Los meses pasados tras romper con su expareja le habían hecho comprender que todo pasa por algo, además sentía una extraña atracción por Jungkook, cada vez que se miraban a los ojos le resultaba familiar como si se conocieran desde siempre.
Ambos abandonaron la terraza, dejando atrás el bullicio de la fiesta. Caminaban por la orilla, el sonido de las olas y la luz de la luna creaban una atmósfera perfecta. Eran dos jóvenes que se adentraban hacia lo desconocido, pero cada paso los acercaba más a sus sueños. Jungkook al amor que siempre anheló y Jimin a encontrar una persona que lo amara y lo valorara lo suficiente para no serle infiel. Pero ellos aún no lo sabían.
Bajo el brillo de las estrellas, Jimin y Jungkook comenzaron a contarse sus historias, sus anhelos y sus temores. En la serenidad de la noche, descubrieron que estaban listos para abrir sus corazones y explorarse mutuamente. Entre risas, sus dedos finalmente se encontraron, y en ese instante, el mundo dejó de existir.
La luna los observaba, cómplice de su romance incipiente, mientras el mar continuaba susurrando en el viento, haciendo eco de un nuevo comienzo.