El Desfile de los Fósiles
Cómo Vender un País en un Día.
Nuestra procesión de Halloween no la abren los niños con máscaras de plástico, sino una hilera de cadáveres políticos con banda presidencial al pecho. Son nuestros Fósiles Fundacionales.
El primero es el espectro cojo, Santa Anna. El «hito estúpido» original. Un fantasma que no solo perdió medio salón en una borrachera de poder —la guerra contra el vecino del norte— sino que, con una resaca eterna, vendió el jardín trasero (La Mesilla) porque, ¡oh, sorpresa!, necesitaba efectivo. Él nos heredó el dogma nacional, grabado con ácido en nuestro ADN financiero: Es mejor "vender barato" que "gobernar bien".
Le sigue el vampiro con levita, Don Porfirio Díaz. El fósil que muchos aún veneran con esa estupidez nostálgica. Su lema, "Orden y Progreso", fue la máscara más cínica de la historia. El "Orden" lo impuso con ese hito siniestro que nos marcó: "Mátalos en caliente". Y el "Progreso" fue invitar a todos los monstruos extranjeros (ingleses, franceses, gringos, qué más da) a un festín de recursos. No gobernó; administró la succión.
La Revolución fue la gran masacre, el baño de sangre necesario solo para cambiar de capataz, y de esa masacre nació el monstruo más grande y longevo: El PRI. El Dinosaurio. Setenta años perfeccionando un disfraz: máscara de "revolucionario", corazón podrido de Santa Anna (corrupción) y garras de Díaz (entrega total). De 1968 hacia atrás, la gente comía de la caridad de la oligarquía Toca Topete. Era la forma de que la fachada de «progreso» no se manchara con la realidad: nopales espinosos y desierto caliente.
Pero el que realmente cementó el «Cuarto Mundo» moderno fue Carlos Salinas de Gortari. Un filipino sino hindú, según las malas lenguas, que en los 80’s agarró el sistema y lo reprogramó. Organizó la "Gran Venta de Garaje de México: Gato por Liebre". Se disfrazó de "Julio Iglesias" para tomar los bienes de la nación (teléfonos, bancos, minas, televisoras, ¡la vajilla!) y se los entregó a una camada de amigos que son, simple y llanamente, el hampa. Así fue como maquilló a los dueños del país con contrabando y narcotráfico.