Prólogo
—¿Qué va a pasar si me voy muy lejos? —dijo un pequeño Chanyeol con la comisura de los labios llenos de dulce.
El patio de la casa era su lugar favorito para las tardes, estaba repleto de sus juguetes por todas partes mientras ahora compartían golosinas, en un estado pegajoso, tenían hasta los codos embarrados. Para Park los dulces no eran sus favoritos, sólo si los compartía con su amigo.
—Te olvidarás de mí —Responde el pequeño Baekhyun con un puchero.
Chanyeol se alerta y se sienta recto, sus grandes ojos empiezan a cristalizarse por las lágrimas que amenazan con salir.
—No llores, Yeol —Trata de contenerlo el pequeño Byun, sosteniéndolo de las mejillas, empegostando sus mejillas aún más.
A pesar de que Park era más alto y fuerte, era un niño más llorón, por lo que a veces Baekhyun también debía protegerlo.
—Nunca te olvidaría —Suelta Chanyeol, ahora sorbiendo su llanto, volteandose hacía él.
Entonces de la nada, con sus labios fruncidos en un puchero, choca sus bocas en un torpe pero inocente beso, dejando a Baekhyun atónito cuando sale corriendo con las mejillas coloradas.
Baekhyun nunca olvidaría eso. Pero Chanyeol tal vez sí, por mucho tiempo.
Siempre fueron los mejores amigos, como pequeños vecinos y cómplices de miles de travesuras, jugaron sin parar y eran la luz de los ojos del otro, desde su extrema y dulce inocencia. Hasta que Baekhyun se tuvo que mudar de barrio, Chanyeol lloró todas las lágrimas que podía como un pequeño de nueve años, pero sorpresivamente luego de ese verano, lo cambiaron de colegio.
Y se encontraron en el salón de clases nuevamente.
Siempre pareció como si el destino los encontrara de nuevo, una y otra vez, cuando se graduaron de primaria también tuvieron que separarse, en la foto de graduación aparecía un Chanyeol que había pegado un estirón, aferrándose al pequeño Baekhyun con los ojos brillosos, tragándose el nudo de la garganta.
Pero como si la vida estuviera escrita, no se encontraron en la misma secundaría todavía, pero los dos sorpresivamente entraron a clases dejiu-jitsuen el mismo dojo. Se encontraron con una gran sonrisa y un montón de historias para contar.
Y así crecieron juntos, casi como si así estuviera predispuesto, incluso estudiaron los últimos dos años de la secundaria juntos, cuando Park debió cambiarse, sólo que cuando la hora de graduarse e ir a la universidad llegó... Chanyeol tuvo que mudarse a las afueras de la ciudad, y aunque se abrazaron con mucha fuerza y prometieron llamarse, perdieron el contacto.
Varios años después, Park Chanyeol sacudió su cabeza, curioso de por qué tantos tiempo después ese pensamiento se le cruzó repentinamente mientras se mudaba a su nuevo departamento en el centro de Seúl. Una carrera en ingeniería en sonido después, y varios trabajos insatisfactorios, decidió volver a la ciudad donde se crió, para conseguir mejores oportunidades en su campo.
Sonrió mientras sacaba la ropa para colgarla en el armario, era un agridulce recuerdo, pero a fin de cuentas un recuerdo que apreciaba.
—¿Qué estará haciendo eseenano?
No esperaba encontrarlo, incluso no esperaba que lo recordara pero pensó que sería agradable.
La mañana siguiente preparó todo, porque así como volvió a la ciudad que lo vió crecer y pegar su último estirón al casi uno noventa centímetros, también quería volver a sus viejas pasiones, había encontrado un nuevo dojo para continuar con eljiu-jitsu,aunque estaba más grande y oxidado eso no sería impedimento.
A fin de cuentas, tenía que encontrar un par de escapes de su vida adulta, sobre todo para soltar sus frustraciones actuales.
Era un día extremadamente soleado, el cielo estaba despejado más que nunca desde que había vuelto, incluso la gente parecía de buen humor, quizás influenciado por el clima. Detuvo la radio de su auto y se bajó con un gran suspiro.
Una vez dentro del complejo, se acercó a charlar con la administración para verificar su inscripción y luego se cambió, no tenía muchas expectativas para ser su último día pero, el destino parecía tenerle otros planes. Como siempre.
—¿Park Chanyeol?
La voz parecía venir de su propia mente, sobre todo salida de un recuerdo antiguo, pero era la realidad, cuando se volteó ya estando dentro del tatami, se encontró con su rostro sonriente y brillante.
Byun Baekhyun
—No jodas —Suelta en un jadeo, no podía creer lo que sus ojos veían.
Su rostro estaba intacto por el tiempo, como si este no quisiera tocarlo, no había crecido tanto, y estaba incluso más atractivo, con esas facciones delicadas suyas que ahora se fruncen en una expresión asombrada.
—No puedo creer que aún sigas vivo —Dice Baekhyun ya más cerca de él, palmeó su hombro y lo estrechó.
Chanyeol ríe, se sentía extrañamente cómodo.
—Y yo no puedo creer que sigas igual.
—¿Igual cómo?
Baekhyun se mira a sí mismo curioso, la sonrisa no abandona su rostro.
—Igual de enano.
El más bajo suelta una carcajada y vuelve a chocar su hombro.
—No es mi culpa que tu no dejarás de crecer,gigante.
Cuando te reencuentras con un viejo amigo suele ser a veces un poco incomodo, pero para Park Chanyeol fue todo lo contrario, se sintió como si el tiempo y la distancia no pasaron sobre ellos, como si el día anterior se hubieran dado ese abrazo y esa despedida, eran los amigos de siempre, aunque hubieran pasado nueve años.
Ese mismo día fueron a cenar para ponerse al día, sabían incluso las preferencias del otro al comer, ninguno de los dos abandonaba viejas costumbres y mantenían su memoria bastante fresca.
—¿Todavía le pones mayonesa a esa cosa? Que asco —Dice Baekhyun frunciendo la nariz y negando con la cabeza, alejándose un poco de él.
Chanyeol ríe, dando su bocado y disfrutandolo frente a él. Y Byun todavía fruncía la nariz cuando algo le daba rechazo.
—Estoy seguro que tú todavía lees mangas románticos a escondidas antes de dormir —Contraataca Chanyeol, obteniendo una risa de Byun.
Baekhyun levanta las manos.
—Culpable.
Y así mismo sus caminos se entrelazan de nuevo, como si siempre hubiera un punto donde los hilos se conectaran nuevamente. Iban a entrenamientos juntos, cenaban, tenían noches de videojuegos, como si los pequeños Baekhyun y Chanyeol volvieran a estar allí. Incluso Baekhyun le confiaba su hogar y sus adoradas mascotas para cuidarlas, cuando debía irse algún fin de semana a casa de sus padres.
Ese fin de semana en especial, Park debía quedarse a cuidar a Byul y Luna, era una noche tranquila, en su mayoría atacaba su alacena, con su permiso, miraba algunas películas y jugaba juegos hasta llegar al momento de acostarse en su cama, con el olor agradable de Byun, de hecho todo su hogar era acogedor y olía bien.
—Byul —Le regañó Chanyeol, tratando de hacer que soltara ese zapato que no paraba de atacar.
Ambos perros eran preciosos, ambos adoraban a Park, se alegraban cada vez que llegaba, se acostaban sobre él, incluso Chanyeol a veces despertaba con ellos sobre su torso o cabeza. Pero Byul, era un perro con demasiada energía, incluso luego de su paseo, y su sesión de juegos, corría por todos lados, robaba y mordía cosas, como si no pudiera apagarse nunca.
—Byul, por favor —Le suplica el alto, pero este salta como si hubiera recibido corriente y sale corriendo a toda velocidad.
Chanyeol intenta seguirle el ritmo pero en un suspiro, la semana de su trabajo había sido agotadora y apenas llegó el viernes, era agradable sólo estar tirado en paz. Lo siguió arrastrando sus pies, que tenían apenas en la punta de sus pies las pantuflas de Baekhyun, obviamente no le quedaban ni a la mitad de su talla.
Cuando entra al pasillo, está apenas iluminado, había dejado las luces bajas para su sesión de sofá. Entonces notó que no había señales de la pequeña mascota en el pasillo, al menos no a simple vista, se decidió adentrarse más con temor de encontrarlo destrozando algo no debido, pero descubrió que la puerta izquierda al final del pasillo, estaba abierta.
Era una habitación que en los meses que estuvo reconectado con Byun, nunca había entrado. No podía negar que sentía curiosidad, de que siempre se encontraba cerrado, pero según las palabras de Baekhyun era sólo un cuarto que usaba de almacén de cosas viejas.
Llamando al nombre del pequeño perro, de pronto sintió que la atmósfera cambió cuanto más se acercó, tragando saliva nervioso, como si estuviera haciendo algo prohibido.
Quizás era su paranoia.
Una vez en el marco, buscó a tientas el interruptor de la luz, ya que todo estaba a oscuras.
—¿Byul?
El nombre se atoró entre sus labios los cuales quedaron abiertos por completo cuando encendió la luz, la luz no sólo encendió el foco sobre el techo, sino un par de luces en las esquinas de las paredes que encendían en color rosa. Estaba decorado de manera delicada, en tonos rosas y blancos, había una cama mediana en la esquina, una computadora, y había equipos de luces,y cámaras.
Sus ojos apenas dieron abasto para inspeccionar cada esquina, sin entender nada, de pronto sintiendo miedo de haber entrado sin permiso alguno y estar invadiendo su privacidad. Pero algo captó su atención.
El espacio detrás del computador y las cámaras.¿Por qué se le hacía conocido?
Se adentró por el piso alfombrado y peludo, también de un color pastel, buscando con su mirada la mascota, pero curioso de mirar más de cerca, regañandose mentalmente por ello. Quizás siempre quiso saber qué había en esa habitación, pero ahora, estaba en un mar de confusión, con cada detalle que miraba entendía mucho menos.
—Byul, ven aquí —Le llamó pero el tono de su voz era bajo y decayó cuando entró más y lo encontró frente a un armario abierto.
El armario estaba repleto de ropa interior, y faldas. De todo tipo, sobre todo cortas, lencería y todo en un tono muy sensual.
¿Ropa interior y faldas?
¿Baekhyun tenía una novia?
El corazón de Chanyeol se disparó con fuerza, casi podía escuchar sus latidos fuertes y acelerados, uno por uno.
Había algo que estaba en la punta de su lengua, como si supiera, pero a la vez no tenía la menor idea, o tan sólo le faltaba una pieza.
Cuando lentamente baja la mirada a Byul, este estaba mordiendo algo, con mucho esmero. Al agacharse y separarlo del objeto, una vez en su mano, lo reconoce, como un flash en su mente, lo que atrapó el aliento en el medio de su garganta.
Era una braga, con encaje negro, y algunas tiras del mismo material que eran para envolver los muslos. De pronto toda el azúcar de su cuerpo se va, sus piernas flaquean y cae sentado en el piso frente al cachorro, que ahora lo olfateaba.
La pieza repentinamente encajó.
Claro que reconocía ahora el fondo, las bragas, cada prenda de ropa en ese armario. Más de lo que le gustaría admitir.
¿Cómo?
—¿¡Sweet B!?
Nuevo fic de mis padres~~ Espero que les guste, a mi parecer es corto, pero bastante intenso, picante y u toque dulce, estaré actualizando cada 1-2 días mientras corrijo, gracias por leer siempre!<3