Susurros de otras Vidas Parte 1
Tiempo, espacio, realidad, son más que un sendero lineal.Son un prisma de posibilidades ilimitadas, donde una sola acción o elección puede dividirse en realidades infinitas y crear mundos alternos al ya conocido.
Y este, es uno de esos.La leyenda de los Caballeros de Athena es una ya conocida por muchos. Guerreros capaces de desgarrar el cielo de un puñetazo, y abrir la tierra de una pisada, portadores de armaduras que representan las estrellas y que hacen estallar una energía interna llamada Cosmos.
Guerreros que luchan para proteger la paz, el amor, la justicia bajo el nombre de su diosa, Athena, la cual cada 243 años baja a la tierra para luchar juntos con sus caballeros en una próxima guerra santa.Y también es muy conocida la leyenda de los caballeros de Athena del siglo XX, una la cual empieza cuando, poseído por su lado maligno, Saga de Géminis, caballero dorado de la 3era casa del santuario asesina al patriarca Shion para obtener su puesto y posteriormente trata de asesinar a la en ese entonces, bebé Athena.
Tan solo para ser detenido por Aioros de Sagitario, caballero dorado guardián de la 9na casa y heredero al puesto del patriarca.En la historia ya conocida, Aioros tiene que huir del santuario con Athena, siendo considerado un traidor y posteriormente asesinado por sus compañeros, pero no sin antes haber dejado a la encarnación de Athena al cuidado de un hombre llamado Mitsumasa Kido.Y este hecho desencadena la historia que todos aquí conocemos.
Pero ¿que pasaría......si las cosas hubiesen sido diferentes?
―Humano...—La figura de un ser hecho de luz, se asomaba por encima de nubes de tormenta y relámpagos furiosos... Un ser que lo miraba no como un igual sino como un insecto insignificante, mirándolo hacia el suelo como a una plaga, mientras en su mano sujetaba el Keravnos, el arma con el que había desterrado a los titanes. El arma con el que había abatido a su padre y el arma con el que castigaba a los infieles... Y a los herejes.—Maldecido desde el momento que despertaste en este mundo, campeón del sufrimiento, hijo del primer pecado, hecho de carne y hueso... Tu sentencia ha sido dictada y tu condena es la muerte!— su exclamación sería entonada con miles de relámpagos que rugían con ira en el cielo siete voces clamaron su nombre... El nombre del condenado, gritando de ida contra el desafiante de los cielos.— Tienes algo que decir antes de tu inminente final?
El hombre que en ese momento se encontraba de pie, desnudo frente a dos dioses, aquel que dominaba en los cielos y a sus espaldas a la diosa que protegía la tierra, con sus brazos alzados, sabiendo que el final estaba cerca.
El final de todo y todos como lo conocían.
El final del mundo y por ende de la raza humana pero aquel que se imponía a ese cruel destino era él, el hombre que había alzado su mano contra los dioses.
El niño que desafío la divinidad.
El miro desafiante al cielo... Y Dijo:—Solo una cosa. — Añadió levantando su puño.
―¡¡¡METEOROS… DE PEGASO!!! -
Saint Seiya Unlimited Cosmos…Alternative Myth
Episodio 1 Susurros de otras Vidas.
Santuario de Athena, Grecia.
La noche que todo esto comenzó.Una sombra caminaba en la oscuridad de la noche, su camino lo llevaba a un sitio en donde solo el patriarca, y aquel que fuese invitado por el mismo, podía estar presentes. Aunque el comienzo de su camino había empezado desde los aposentos del patriarca y había acabado justo en este sitio.
Star Hill.
Por suerte nadie había sospechado durante ese trayecto, nadie, ni siquiera él.Allí se encontraba él, ese hombre que se alzaba por sobre los 12 templos del Zodiaco, mirando al cielo, observando las estrellas presagiando lo peor... Dos estrellas se movían rápidamente una estrella de luz... Y la otra de oscuridad, ambas parecían luchar entre si... Ambas estaban peleando por ver quién se mantendría de pie y cuál caería.
Luz o sombra... Dos seres iguales pero diferentes en un solo cuerpo.
—Lo sabía. Polaris, que no debería moverse se ha inclinado un poco en condiciones normales. — El gran patriarca murmuraría observando con atención el cielo, observando las estrellas, prediciendo su movimiento, observando con atención el movimiento de los astros, de las estrellas y del planeta tierra… reconociendo los mismos patrones que había leído en el diario de Sage y Hakurei.

—Polaris está un poco desviada del polo norte de la tierra, pero su Angulo cada vez se acerca más al cero. — Mencionaría sintiendo un extraño temor acrecentándose en su interior… sintiendo, que la violencia vivida en el siglo XVIII se repetiría, ahora en esta era, cumpliéndose finalmente la legendaria batalla que decidiría el destino de todo el mundo se repetiría… y no había nada que pudiera detenerlo.—Según mi predecesor, Sage, hace 230 años, la estrella también se movió para anunciar el inicio de la guerra santa… cuando polaris se alinea con el polo norte el sello de Athena se desvanece y el mal vuelve a esta tierra. Es entonces cuando comienza la guerra santa. — Añadiría respirando con preocupación, esto sin lugar a dudas era… el augurio de aquella guerra sin inicio o final, la historia de violencia y muerte más cruel que la humanidad hubiera conocido se iba a repetir de nuevo y nadie podría detenerla.
¡Kohhhn!
Pudo Jurar que escuchó un relámpago caer a su lado… pero esta sensación, esta presencia… no podría ser otra más que.―Saga...— Hablo la voz de un anciano reconociendo su presencia casi al instante. – Aunque seas un caballero dorado, es muy difícil entrar en Star Hill y llegar hasta el altar. ¿Como es que…?
Desviando su mirada del cielo para ver hacia sus espaldas.―Gran patriarca, para mí no fue ningún problema. ― Respondería el reconocido como Saga, caballero dorado de la 3era casa del santuario, Géminis sujetando su casco dorado bajo su brazo derecho. —Despues de todo es un lugar en el que hasta un sabio como usted puede entrar… eso sin mencionar que soy alguien a quien todos veneran como un dios…

―Saga… Este es un lugar donde solo el patriarca tiene permitido entrar ¿Puedo saber, porque estás aquí? ― Interrogaría el gran patriarca; Shion, mientras veía al caballero dorado aproximarse. ― Este lugar está prohibido para los caballeros, solo el patriarca y su sucesor pueden estar aquí.
―Ya se lo he dicho, todos me idolatran como a un dios, pero... No puedo dejar de darle vueltas a un asunto. — Respondió el caballero de Géminis arrodillándose frente a él, y bajando la cabeza, demostrando el infinito respeto que sentía hacia él.—Cuando usted... Eligió a Aioros sobre de mí, yo... Sigo sin poder entenderlo maestro. — Indicaría el muchacho de cabello violeta mirando al sumo pontífice del santuario.—¿Por qué? ¿Por qué no fui elegido como el nuevo patriarca? No lo comprendo... ¿Que hice mal? Hice todo lo que hice... Por usted y por Athena, ¿por qué desprecia mis deseos de guiar al santuario a una próxima era de paz, prosperidad y hermandad entre caballeros? — Questionó Saga alzando su mirada a el.—Dígame... ¡¿Que tiene Aioros que yo no tenga!?
El patriarca miraría al caballero dorado, ciertamente uno de los más fuertes de esta época, de los más leales, uno que luchaba por la justicia desde antes de volverse un caballero.Uno que ciertamente, sería el candidato perfecto para ser el nuevo Gran Patriarca.
―Te lo repetiré saga, Aioros es el indicado, pues posee bondad sabiduría y valor. — Le respondió el patriarca mirando al santo dorado de Géminis con atención.
—Si de esas tres cualidades se trata, no creo estar debajo de él…— Respondería Saga comenzando a respirar con dificultad, comenzando a sudar y sintiendo que… esa cosa que se encontraba dentro de él… comenzaba a emerger.—De hecho, en todas creo ser superior a él. ¡Así que no lo entiendo! — Exclamó frustrado, apretando los puños con ira.—Por qué!? — Entonces alzaría la mirada buscando respuestas del gran maestro del santuario.—Es verdad, Saga, ciertamente eres el candidato perfecto, la gente te adora como a un dios…sin embargo, te he observado… Así que si tanto te interesa saberlo te lo diré. ―Aquí vendría el momento de la verdad, la razón por la que, pese a todo a su favor, no fue elegido como Patriarca ― Percibo algo muy extraño y oscuro en el fondo de tu corazón… —Sí es verdad, eres adorado como un dios y, de hecho, has vivido con nobleza y honradez, sin embargo, siento que en el fondo de tu alma se esconde un terrible mal. — Desviaría la mirada tratando de ignorar ese sentimiento, pero… esto le rememoraba a, algo que ocurrió en el santuario con el maestro Sage hace tantos años.—De verdad espero estarlo imaginando pero…— Entonces el viento alrededor de ellos se volvería denso y pesado, obligando al patriarca a mirar al caballero de Géminis con atención.
Saga miro con sorpresa y luego su mirada se ensombrecería.—Entonces, te diste cuenta de mi secreto...— Pronunciaría Saga bajando la mirada al suelo... Dejando caer el casco dorado en sus manos en la tierra, haciendo que el rostro del mal observara atentamente la situación.
Entonces un aura oscura comenzaría a emanar de él… La estrella de luz que resplandecía en el cielo comenzaba a teñirse de oscuridad, al mismo tiempo que su cabello azul fuerte se convertiría en un tono oscuro, tan negro como la noche.El momento, en que la oscuridad del buen hombre, tomaba por completo el control.Shion estaría asombrado, viendo como no solo el Cosmos, sino también el cabello y mirada de Saga cambiaban de color y de intensión.
—Tenías que ser el patriarca, aunque hayas envejecido, no hay que olvidar que sobreviviste a la guerra pasada…— Incluso su voz era completamente diferente a la del Saga que él conocía… ¿que era esto?
―Pero que… Su cabello esta cambiando de color… ¡¿Saga que eres?! ― diría incrédulo el patriarca, así que al final, al final el mal presentimiento, el augurio que el y Dohko tuvieron el día que Saga y Kanon nacieron… se estaba haciendo realidad.
Sus ojos se teñían de un rojo tan profundo como la sangre, una sonrisa diabólica se hizo presente en su rostro y su expresión se volvió macabra, como la de un asesino listo para cometer su peor crimen.
— Entonces, no me queda otra...— Diría observándolo con ira. —¡¡¡Tendré que destruirte!!!— Exclamó levantándose rápidamente, atacando directamente al patriarca listo para atravesarle el pecho con su brazo.
Pero... Entonces... A pocos metros de atravesarle el corazón se detuvo.―.... Sa... ¿Saga?— Pregunto el patriarca confundido observando lo atentamente mientras las sombras ocultaban sus ojos.
― N-no... ¡¡No!! ¡¡Así no!!!— Exclamaba Saga, causando que el patriarca lo mirara con atención. —¡No!— Exclamó agarrándose la cabeza con su mano izquierda.
―¡¡Si... Silencio!!! ¡¡No dejaré... ¡¡¡Que me arrebates esto!!!— Exclamaba él como si dos personas tuvieran hablando y no una sola — He estado planeando... Este día con anticipación, no permitiré... ¡¡¡Que me arrebates mi victoria!!! ―
Pero del otro lado del casco dorado, aquel que dominaba la rectitud y la bondad dejaría caer lágrimas densas que comenzarían a brotar, cubriendo el suelo de las mismas
―¡Y... yo no Quiero......tomar el cargo de este modo! ― diría el lado de luz de Saga resistiendo ante su oscuridad ― ¡y tampoco quiero.....que sigas con ese plan! ― En estos momentos, la estrella en el cielo, reflejaba la lucha interna en el ser de Saga, pues en momentos resplandecía y en momentos se iba oscureciendo.
―¿Saga, que pasa?— El patriarca trataría de acercarse pero.
―¡¡Atrás!!! ¡¡No sé acerqué Patriarca!!!— Exclamó el caballero de Géminis —Kgh... GAHHHHHHHHHHHHH!!!!!!— Exclamaría con enorme agonía el caballero de oro, sujetándose el cráneo.—Ah! ¡¡¡¡Ahhhhh!!!! Athena!!! ¡¡¡Ayúdame!!!— Exclamaría Saga gritando hacia el cielo por ayuda y dolor.
—¡Callate! ¡¡Ahora yo estoy al mando... El anciano morirá hoy y no hay nada que no puedas hacer para evitarlo!!!—Exclamaría con ira nuevamente Saga, allí fue cuando el patriarca noto como habían dos voces, la de Saga y una más profunda y gutural viniendo de su garganta
―¡¡¡No... Nooooooo!!! ¡¡¡¡Noooooooooooooooo!!!!!— Exclamaría apretando fuertemente los dientes. —Haz que se detenga... Por favor!!! HAZ QUE SE DETENGA!!!!!
―¡SAGA! ― exclamaría preocupado el gran patriarca.
En ese momento, una estrella fugaz dorada caería del cielo, justo directo en Star Hill, en medio del patriarca y del caballero dorado.Cuando la luz se apagó, el patriarca pudo ver quién era el recién llegado, apreciando como las alas doradas de la armadura se alzaban en todo su esplendor, mostrando orgullo, valor y fortaleza, alzándose del suelo con determinación y seguridad, observando al caballero dorado que estaba siendo consumido por la maldad.Era un joven caballero de cabello castaño, con una banda roja en la cabeza, usando la armadura dorada del Centauro alado.

―¡Aioros!— El caballero dorado de Sagitario se presentaría frente a ellos, a pesar del campo de fuerza de la colina había logrado alcanzar la cima.
―Atrás, patriarca.— Pidió el caballero de las alas doradas, retrayéndolas para colocarse en posición de combate.
―Aioros, ¿como supiste que? ― preguntaría el patriarca
―Tuve un mal presentimiento desde hace rato ― Explicaría el caballero dorado de Sagitario, rememorando escuchar… la voz de una mujer que le pedía despertar de sus sueños, portar su armadura dorada y venír a este lugar de inmediato. ― Entonces sentí el Cosmos de Saga y su espíritu pedir ayuda, así que vine lo más rápido posible. —Entonces, Aioros vería a Saga, quien retorciéndose, se estaría sujetando fuertemente la cabeza, mientras dos voces salían de su boca.―Gran patriarca ¡¿que es lo que le pasa a Saga?! ― preguntaría preocupado Aioros al ver a su amigo así.
―No lo sé pero...— fue entonces que al observarlo detenidamente pudo notar algo, algo que había sentido antes en el pasado.
“Ku ku ku, divirtamonos un poco... Con el destino de los humanos!” Escucharía la voz de una diosa maligna, cuya sombra se proyectaban en la de Saga, la misma que había escuchado la noche que el augurio de Ker descendió sobre la tierra.―Ker...— Murmuraría observando al caballero de Géminis con total seriedad.
―¿Ker? ― preguntaría Aioros.
―La diosa del destino, hermana menor de los dioses Hypnos y Thanatos ― Explicaría Shion seriamente rememorando los eventos de hacía 19 años.― Hace tiempo, cuando Saga y Kanon nacieron, Dohko presintió que algo malo pasaría, así que enviamos a dos caballeros dorados para cuidar a los bebés, entonces supimos que la causa era Ker, quien planeaba implantar un augurio en uno de los bebés, creímos que habíamos logrado rescatarlos antes.....pero veo que me equivoqué
―Si una diosa del destino está Dominando a Saga... Entonces el poder al que nos enfrentamos es uno divino...— Diría Aioros observando a su compañero con seriedad.
―Si... Saga...— Podía ver qué el guardián de la tercera casa estaba sufriendo mucho, pero... Bajo la influencia de un dios sería imposible liberarlo sin la influencia de Otro que sirviera para liberarlo lo cual solo les dejaba con 2 opciones.
Librarse de aquel que lo dominaba... O asesinar a aquel que era dominado.
―Mantenme ― En ese instante, escucharon la voz de Saga hablarles a los dos ― por favor.....háganlo
―¡Pero, Saga! ― Trataría de contraargumentar el caballero Aioros.
―Por favor ― Suplicaría el santo dorado de Géminis tratando de mantener el control de su cuerpo, pese a que el poder que dominaba su cuerpo iba más allá… Tratando de cominarlo por completo.―No quiero... hacer algo imperdonable... no quiero... ¡Matar a Athena! — Aioros miro a su compañero y suspiró... Sabía que Saga estaba sufriendo, no quería matarlo, no podía matarlo, pero mientras más dudara, más tiempo ponía en peligro al patriarca, a Athena... Y al santuario.
El destino de todos estaba en sus manos y por eso tuvo que tomar una difícil decisión.
―Saga... En verdad eres un caballero honorable, piensas en la justicia antes que en tu propia vida...— Murmuró haciendo que un resplandor de luz se formará en su mano, desvelando un arco dorado.— Por eso... Lamento que esto deba terminar así…
―¡¡Estúpido caballero de Sagitario!!— Exclamó la otra voz maligna de Saga comenzando a imponerse por sobre el santo de Géminis. — ¡Mi poder va más allá que el tuyo!— Le decía comenzando a liberarse de la parte bondadosa de Saga.—¡¡No me detendrás, ninguno de ustedes me detendrá!!— Continuó con sus ojos inyectados en sangre. — ¡¡Mi nombre es... Ares!!! ¡¡¡Y yo seré el dios de este mundo!!!— Exclamó levantando sus brazos proyectando millones de planetas sobre ellos.—¡¡¡¡Sus voces serán calladas ante el estallar de un millar de estrellas gritando en agonía, mi rostro será lo último que vean en sus miserables existencias!!!!
Aioros llevaría una mano a su espalda, donde se materializará una flecha dorada la cual tomaría con su mano derecha y la pondría en el arco.―Athena, por favor ― oraba el caballero dorado mientras tensaba el arco y se preparaba para disparar ― Deme la fuerza y voluntad para no fallar este tiro.
En ese momento, en el santuario, tanto una estatua, como una bebé infante serían envueltos en un cosmos energía dorada, mientras que la pequeña bebé arrullaba entre sueños.Aioros abrió los ojos con decisión, mientras que sobre si, se hacía presente la silueta de su diosa.Y entonces, ambos caballeros dorados se verían, esperando el momento para lanzar su ataque definitivo para acabar con su oponente.
―¡¡¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!!!— Exclamaría el mal encarnado, lanzando su ataque contra Aioros, pero este seguiría apuntando a su pecho y con un porte firme Exclamó.
―¡¡¡FLECHA DE LA DIOSA!!!— Exclamaría con fervor cubriendo la profundidad de las tinieblas, con la luz incesante de su cosmos.
Y dispararía la flecha, la saeta dorada saldría a toda velocidad, surcando como una luz de esperanza el espacio entre Aioros y la oscuridad delante suyo.La sagita pese que perforaría primero el ataque de gran magnitud de Ares, no se detendría, pues pasaría atravesar de dicho ataque y seguiría su rumbo hacía Ares.Hubo un impacto, una poderosa luz que lleno todo de un resplandor dorado y luego. Silencio...
“Seiya... Seiya... ¡Seiya!”
―¡¿Eh!?— Exclamó un pequeño niño durmiendo en una cama improvisada, observando entonces a otra niña de cabello oscuro con resplandor azul, vestida de un adorable y desgastado vestido rosado con una blusa amarilla.
―Te quedaste dormido de nuevo...— Diría la niñita con pena.

―Oh... Disculpa Miho...— Diría el joven, suspirando pesadamente, tallando sus ojos mientras apartaba la vieja y agujereada manta que lo cubría revelando que cubriendo su cuerpo se encontraba una vieja y sucia camiseta blanca además de unos shorts deportivos igual de desgastados.

―Vamos Seika se fue primero, dijo que trataría de alcanzar algo de pan para nosotros... Si es que alcanza...— Diría la jovencita con algo de pena y... Hambre en su mirada
―¡Es verdad! ― El chico de cabello castaño y ojos del mismo color se levantaría de la cama a toda prisa y saldría corriendo hacia la salida de la habitación deshilachada que olía a Moho.― ¡Esperanos Miho, pronto regresaremos con mucha comida para todos! — Seiya saldría corriendo a toda prisa para ir con su hermana.
—Espera, ¡Seiya!— Pidió Miho tratando de seguirlo, aunque… sabía que si lo hacía la cosa se pondría violenta por lo que en esta ocasión prefirió ser más cauta.
Mientras que Seiya no paraba de pensar en lo que había soñado... Armaduras de oro... Cosmos...Seres que podían moverse a la velocidad del sonido o de la luz... ¿Que había Sido todo eso?Ciertamente había sido un sueño muy curioso el que tuvo, y algo inquietante por lo real que había sido para el.
Sacudió la cabeza
―No es momento para eso. ― Se dijo a sí mismo el muchacho castaño, tenía que alcanzar a su hermana, era peligroso que ella estuviera sola.
… En El Comedor del Orfanato.
―Lárgate! — Exclamó un chico tirando a otra de cabello castaño y ojos del mismo color, ella llevaba una blusa y falda rosadas, que al igual que todo el orfanato se encontraba vieja y sucia, pero era lo más presentable que tenía a la mano y eso era un cumplido.— ¡Tu siempre acaparas todo para tu estúpido hermano y esa niña inútil!
―Es mi hermano y mi amiga!— Exclamaría Seika hablando por ellos dos, pues eran la única familia que aún le quedaba. —E¡llos también tienen hambre como tú o yo! ¡Ellos merecen comida también!— Exclamaría con firmeza, pese a que la habían golpeado en el rostro y la habían empujado ella seguía firme.

―¡¡Ellos no tendrán comida!! ¡Siempre se llevan más de lo necesario y los demás terminamos con hambre, ¡ustedes solo son acaparadores! — Le diría levantando su puño a ella.
Pero fue entonces que ella trato de taclearlo, aunque los otros chicos del orfanato la sujetaron para evitarlo.―¡Kgh!— Seika trataría de soltarse pero los demás la sujetaron con aún más fuerza.
—Eres una chica no? Conoce tu lugar!— La golpearían en el estómago y la harían caer de rodillas.
Ellos la dejarían en el suelo, en estos momentos… a Seika le gustaría ser mucho más fuerte, más fuerte… para poder enfrentarse a ellos, pero era débil y por la falta de comida frágil, no estaba acostumbrada a las peleas pese a que siempre había una en el orfanato donde vivía con estos cretinos, pero aún si la golpeaban una y otra vez estaba decidida a pelear por su familia, fue entonces que ella volvió a levantarse y nuevamente se lanzó a ellos para tratar de arrebatarles algo.
―¿Que? ¡No entiendes estúpida, no hay comida para ti!— Exclamó otro golpeándola en el rostro haciéndola caer nuevamente al suelo, pero está vez se levantó al instante robando uno.
―¡¿Es que no aprendes?! ― Exclamaron agarrándola del pero, nuevamente lanzando un golpe hacía Seika, quien se haría bolita en el suelo, sin dejar que le arrebataran ese único pan que tenía en sus manos.Los chicos empezarían a pisotearla, como esperando que se rindiera o tal vez solo lo hacían para darle una lección.
―¡A ver si con esto aprendes a no ser una maldita acaparadora! ― Le decía uno de los niños mientras la pisoteaba.
Pero en ese momento.―¡¿Que creen que le hacen a mi hermana?! ― Exclamó alguien que había llegado de improviso, Seika suspiró… ahora la cosa que había complicado más de lo que debía.
Al instante se escuchó un fuerte golpe y uno de los chicos había recibido un fuerte puñetazo en la mejilla, apartándolo de Seika y haciéndolo caer al suelo, los demás miraron en esa dirección observando a Seiya con sus puños a los costados, decidido a pelear y ganar en esta ocasión.
―Ah ya llegó el pequeño busca pleitos.— Comentaría otro de los chicos mirándolo seriamente ayudando a su compañero caído a levantarse. — ¡¿No aprendiste de la última vez idiota!?
―¡No! ¡Y no permitiré que golpeen más a mi hermana!— Diría Seiya poniéndose en guardia, listo para defenderla con su cuerpo, podía ser pequeño e igual que su hermana débil, uno contra 5, pero aún así… iba a pelear.
―Somos 5 contra uno idiota, crees en serio que podrás contra nosotros ¿ya se te olvidó como terminaste la última vez?— Pregunto el que parecía ser el líder de la pequeña pandilla, apuntándole al rostro con un dedo, preparado para reiterarle su lugar y el de su hermana.
―¡No me importa!— Exclamó Seiya determinado a ganar en esta ocasión.
Ciertamente le importaba poco la desventaja, le importaba poco quedar herido, le importaba poco lo que le pasará.Lo único que le importaba, es que no dejaría que siguieran lastimando a su hermana.Soltando un grito de batalla, Seiya se lanzaría al ataque contra uno de los 5, dándole un fuerte puñetazo en el estómago a uno de ellos y cuando estaba por volver a atacar, sintió como dos de ellos lo sujetaban con fuerza de los brazos.Distrayéndolos lo suficiente para que una pequeña figura que estaba escondida por allí sin ser vista comenzara a escabullirse donde se encontraba el pan.
―Ahora veamos qué tan rudo eres.— Le dijo el líder de la pandilla haciendo crujir sus nudillos y después de eso...
Seiya quedaría en el suelo, golpeado, ensangrentado y siendo cubierto por su hermana quien lo había cubierto con su cuerpo, quien con la otra levantaría el pan con pena y vergüenza, ella se había interpuesto antes de que lo fueran a matar…¿Por qué siempre que él quería defenderla solo empeoraba la situación para los dos? La respuesta era sencilla, ambos eran pequeños y débiles… y ellos se los recordaban cada momento de su estadía en el orfanato.
—A ver si con eso aprenden...— Dijo el líder arrebatando les el pan y retirándose de allí para comer con los demás.
―Perdón... Volví a perder...— Diría el Jovencito con pena entre brazos de su hermana, estaba molesto, fuiroso… pero más que eso triste y decepcionado de sí mismo, creyó que hoy sería diferente pero, no fue así, ganándose una paliza para él mismo y para su hermana.
―No te preocupes... Es solo pan... Ya conseguiremos más después...— Murmuraría ella suspirando pesadamente, esta vida… no era sencilla para ninguno de los dos, no después de que sus padres murieron.
Seika lo ayudó a levantarse y ambos salieron del orfanato, se veían derrotados, tristes y hambrientos... Miraron a su alrededor, observando el barrio donde vivían, había basura por todas partes, las casas eran viejas y muchas de ellas se caían a pedazos, había volantes, anuncios viejos, sin contar la publicidad de lugares donde había mujeres voluptuosas y sensuales, en poca ropa que ofrecían servicios a los adultos, el barrio marginado de Tokio había vivido días mejores… pero lamentablemente este era el pozo de basura donde los habían arrojado y se habían olvidado de ellos.
Seika se sentó en las escaleras del orfanato y comenzó a revisar sus heridas y las heridas de su hermano, por suerte no eran graves pero… estaba frustrada, ¿que habían hecho ellos dos para merecer esto? Era tan injusto…Aunque en ese instante...
―¡Seiya, Seika!— Exclamaría una pequeña voz detrás de ellos era Miho quien tenía entre sus manos 6 panes para cada uno.—Miren lo que conseguí!! ¡Los tome cuando estaban distraídos! — Les diría a ambos con alegría, aunque en cierta medida le dio mucha pena ver a sus mejores amigos ser apaleados brutalmente... Eso le dio la ventaja para pasar desapercibida y tomar una porción doble para cada uno.
―Vaya... Tal vez debería dejar que me maten a golpes para que lo hagas de nuevo. — Comentó Seiya sonriendo levemente, observando el tesoro que Miho había conseguido para ellos.
―¡No lo digas ni de chiste! ― diría Seika en regaño mientras le jalaba una mejilla a Seiya, la cual aún ardía por el dolor.
―¡Perdón, perdón, perdón, perdón! ― Se quejaría Seiya, aunque sonaba gracioso de cierto modo. ― Me retracto, me retracto.
Seika se calmó y luego miro a Miho con una sonrisa.—Gracias por todo Miho.— Añadió Seika agradecida por que ella al menos pudiese conseguir algo de comida, acariciando levemente su cabecita.
―No hay porque ― Respondió Miho asintiendo con una sonrisa mientas le daba a cada uno sus panes.
Ser un huérfano en los 80 era lo peor... además de vivir en la basura y después de ser apaleados por los americanos, cuando ellos les soltaron dos bombas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki, además de que aparentemente el mundo pareciera haber olvidado que su ejército fue igual o más atroz que aquel de ese alemán loco...Japón estaba pasando por un enorme cambio, tanto en lo cultural, sus costumbres, leyes, política y transformación, abriendo el país a todo el mundo, tratando de cambiar sus pensamientos más tradicionalistas y nacionalistas, por un pensamiento de paz y calma...
Claro que seguían siendo muy reservados, trataban de limpiar su imagen, trataban de ser más civilizados y cambiar su imagen ante la sociedad y ante el mundo, pero seguían habiendo muchas cosas en que seguían siendo hipócritas al respecto...
Por ejemplo los adultos no podía importarles menos los huérfanos, viéndolos como improductivos, vagabundos, buenos para nada o como pobres almas que debían ser protegidas en albergues de mala muerte donde podían olvidarse de ellos o que mínimamente existían.Como alguien que ocultaba la basura bajo el futón.
Sin contar que actualmente... Había tensiones en el norte y en las aguas del nuevo mundo, los americanos y los rusos estaban amenazándose mutuamente para lanzarse pepinos nucleares... Amenazando a todo el mundo en llevárselos consigo en su estúpida guerra política y económica. Guerra Fría o como le llamaban los diarios…
A eso debía añadírsele que la música que sonaba en las radios tenía siempre connotaciones alocadas, con mensajes de rebeldía y libertad, ocasionando que los jóvenes quisieran rebelarse contra la autoridad que quería siempre oprimirlos constantemente.
Parecía que el fin del mundo estaba a la vuelta de la esquina en todo momento... Y a nadie le importaba, todos estaban ocupados tratando de dar una imagen hipócrita de paz y quietud como si fuera a importarles a los políticos de otras naciones, enfocados en sus productos, en sus creaciones, en sus series de Mangas y Anime, además de blanquear sus imágenes públicas, en ser una nación limpia y ejemplar, ocultando la basura en lugares donde no pudieran ser vistos, ocultando la pena, haciendo que no existían.Pero aún si trataban de ignorarlo, de apartarlo, de taparlo, estaba ahí.
Y lamentablemente, era ellos, los menos afortunados, los que lo veían y vivían…
Seiya y Seika no siempre pasaron por esto, hace unos años ambos tenían un hogar, tenían padres, una familia en Ogimachi.Sus únicas preocupaciones eran las de vivir sus vidas como niños, niños normales.
Hasta que un fatídico día, sucedió un accidente.
Claro que habría Sido menos doloroso si por lo menos les hubieran dejado quedarse a vivir en la granja, ellos habrían podido aprender a valerse por sí mismos, a ser miembros productivos en la sociedad y cultivar los alimentos para sus comunidades. Pero... Ni siquiera eso les permitieron, los Shigaraki les prometieron que cuidarían el lugar, los arrojaron en este orfanato... Y se olvidaron de ellos… Al igual que el gobierno.
Decir que todo fue malo sería incluso ser Hipócritas, no todo fue malo, pues conocieron a alguien que hizo que su dilema fuera más llevadero, Miho desde que tenía memoria había vivido en ese orfanato.Ella nunca tuvo amigos y si los tuvo se iban después de un tiempo y cuando ellos dos llegaron ella encontró a esa familia que siempre deseo.
Su hermana mayor Seika, que la cuidaba y velaba por ella como una madre.Y su hermanito Seiya que, a veces se comportaba como un cretino... Pero que siempre la cuidaba de los abusones.La familia que siempre soñó tener… la familia que nunca pudo tener, eran momentos tan pequeños como este, que les recordaba que aún en los momentos o días más oscuros, hay una luz de esperanza iluminando sus vidas.
Los 3 huérfanos estarían comiendo tranquilamente su pan, felices de poder llevarse finalmente algo al estómago tras un tiempo de no comer algo…Lamentablemente, el orfanato no contaba con mucho sustento y no era como que al rector del mismo se le diera suficiente abasto, eso incluía la comida, por lo que en varias ocasiones, tuvieron que aguantar el hambre más de una vez a veces veían a otros niños comer paletas Heladas, dulces, un tazón enorme de Ramen, Bolitas de Arroz, Takoyakis... O simplemente un poco de arroz blanco con huevo...
Que suerte tenían algunos niños.
―¿Ya escucharon que ya salió la nueva Famicom?— Preguntaba un niño a sus amigos mientras degustaba de una paleta.
―¡Si! Incluso que Sega va a sacar una nueva consola también!— Diría otro de los chiquillos.
―¡¿Ya vieron el nuevo animé!? Está basado en un buen manga que leí hace tiempo, se llama Dragón Ball!— Exclamaría otro con emoción.
―Presumidos…― bufaría Seiya comiendo un gran bocado de su pan y mascando con fuerza, como le gustaría poder disfrutar de su juventud como esos mocosos presumidos… a ellos no les había tocado perder a sus padres y podían disfrutar de la vida, de los juegos, de los animes de la época…
Podían darse el lujo de vivir una vida tranquila y sencilla, mientras que a ellos les tocó vivir en la parte maginada, entre la basura y las alimañas.
―Con más cuidado Seiya ― Le pediría su hermana con algo de preocupación. ― Si comes así, podrías ahogarte.― Añadió terminando su segundo pan, suspirando con satisfacción… aunque aún tenía un poco de hambre.
―Es que me da rabia que siempre nos presuman lo que no podemos tener.— Diría el muchacho con un semblante molesto.
―No lo hacen adrede...... bueno, no todos ― reconocería Seika pues si había quienes presumían delante de ellos para molestar, para recordarles lo que no podrían ser… lo que jamás volverían a tener de vuelta. ― Solo son niños, no saben lo que hacen.― Añadiría Seika apartando la mirada, ella anhelaba poder sentirse normal de nuevo, pero viviendo en Osaka… solo podía suspirar y anhelar poder tener una vida mejor en el futuro.
Seiya bufaría molesto, no entendía por que su hermana se la vivía justificando el accionar de la gente presumida, ella mejor que nadie debería apoyarlo, después de todo ella siempre le contaba de sus vivencias en Ogimachi©, lo hermoso que era… y como debió ser su vida de no ser que sus padres habían muerto.― Nosotros también lo somos, pero vaya que si lo sabemos…—Murmuraría Seiya un tanto molesto.
―Es diferente ― Refutaría Seika.
―Porque es diferente? ― Preguntaría Seiya.
―Porque no es igual ― Respondería Seika.
―Porque no es igual? ―Interrogaría nuevamente Seiya
―Porque no es lo mismo ― Aclararía Seika.
―Y porque no es lo....?
―Seiya solo... Deja de preguntar.— Dijo Seika suspirando pesadamente.
―A mí no me importa no tener lujos o bienes materiales... Me gusta tenerlos s ustedes dos conmigo.— Dijo la pequeña Miho con una enorme sonrisa, ella siempre estaba feliz al estar con ellos dos, después de todo… si la vida había sido injusta con alguien esa había sido Miho.
Eso calentó el corazón de Seiya y Seika, provocando que Seiya sonriera con agradecimiento y Seiya desviará la vista con un ligero rubor en sus mejillas, ellos al menos podían decir que conocieron una vida diferente, Miho no… los niños del orfanato solían burlarse de ella diciendo que ella había sido la hija de una Mujerzuela y de uno de sus clientes, que la abandonó allí para no hacerse responsable de ella.Y que en el futuro Miho terminaría igual que su madre, sino que peor… cuando decían que eran unos cretinos, era por que en verdad era una banda de cretinos con todas las letras.
―A nosotros también nos gusta estar contigo, Miho.― Diría Seika aún sonriendo, restándole importancia a los pensamientos de su pasado o de los comentarios denigrantes de los niños del orfanato… ella sabía que el futuro no estaba escrito en piedra y que si se esforzaban mucho podrían vivir mejor que ahora.
―¿Ya escucharon? Mitsumasa Kido el empresario millonario desapareció hace unas semanas cuando fue a Grecia.— Comentaba un hombre a un grupo de personas de traje, quienes pasaban cerca de ellos y podían oír su conversación.
―Eso es malo para los negocios... Pero... Una oportunidad para que nuestras inversiones crezcan.— Dijo otro caminando al lado de los niños, uno se les quedaría mirando... Y les escupiría.
―Vagabundos asquerosos. — Añadió con desprecio para entonces seguir a sus compañeros de trabajo.
―¡¿A quién llama Vagabundos?! ― Seiya se pondría de pie y alzaría el puño ― Venga aquí cobarde! ¡¿Porque no me lo dice en la cara?!
―Seiya compórtate.― Pediría Seika tomando a su hermanito de su camisa y obligándolo a sentarse, a ella también le molestaba que los tratarán así, sobre todo los adultos… pero ellos tenían más fuerza que los niños del orfanato y ellos sin duda podrían matarlo con facilidad.
―¿Mitsumasa Kido? ¿Que no es el empresario más famoso de Japón? ― Preguntaría Miho confundida.
―Si... Al parecer es un hombre influyente, pero... Por alguna razón nunca se casó pese a tener mucha influencia. — Comentaría Seika con una mirada contemplativa, había escuchado de él un par de veces, rumores, chismes y artículos sensacionalistas en el periódico.—Hay rumores de que tuvo 100 hijos en todo el mundo... Pero es solo un rumor, el hombre nunca se casó y aunque fuera cierto nadie sabe dónde están esos 100 niños o si existen en verdad...
―De ser verdad me siento mal por esos niños.― Mencionaría Seiya con ojos en blanco ― pero aún asi, ¿de verdad 100? Me lo creería si dijeran tal vez unos 10 o 20.
―Tal vez pero... Eso no importa...— Añadió con una mirada seria, un hombre con ese poder adquisitivo, con tanto dinero, propiedades a su nombre y lujos... Podría hacer tanto bien, en cambio solo gastaba su fortuna en sus excentricidades... Y en sus propios placeres. —Pero en fin...
Los tres se quedarían en silencio observando a la gente ír y venir, hoy no había mucho que hacer y podían darse el lujo de pasear por la ciudad, buscar algo en la basura para comer o simplemente limosnear por un par de Yenes aunque conociendo su suerte tal vez no obtendrían nada.Seika suspiró… como odiaba ser pobre…
―¡Oigan! Escuché que más tarde está noche será el festival de Otoño hay que ir!— Miho recordaría súbitamente, evidentemente emocionada.
El día anterior lo escuchó de una de esas señoritas lindas que siempre iban acompañadas de hombres mayores, las cuales siempre gritaban y gemian por las noches gimiendo cosas que ella no comprendía, eran muy ruidosas a veces la despertaban en medio de la madrugada, preguntándose ¿por qué lo hacían? Tal vez sufrían de dolores lumbares o estomacales… de cualquier forma eran muy escandalosas y cuando le preguntaba a Seika que pasaba ella simplemente le cubría los oídos y le pedía que pensarán en cosas lindas.
―¿Estás segura Miho? ― Preguntaría Seika viendo a la niña quien asentía enérgicamente, quería ver un festival al menos una vez en la vida. ―No sé si nos permitan estar ahí…— Murmurarían Seika apenada, era cierto que eran libres y cualquiera podía acceder a ellos, pero… había adultos que solo ver niños huérfanos los expulsaban y trataban como perros.
―¡Pues que les den! ― Diría Seiya levantándose con alegría y emoción. ―¡Nada ni nadie nos dice dónde podemos o no podemos estar!
―¡Además he escuchado que las personas en esos festivales tiran mucha comida Rica!— Añadiría la pequeña Miho con una expresión divertida, imaginándose todos esos platillos que le encantaba poder encontrar de vez en cuando en botes de basura o en bolsas.—A veces ni siquiera se las terminan, las dejan casi completas, podríamos ir y comer todo lo que queramos!
A veces era triste que se emocionaran por comer las sobras de lo que dejan los demás.....pero ahora....―¡Decidido! ― Seiya diría seguro y con una sonrisa. ― ¡Iremos a ese festival!
―¿Y si nos metemos en problemas? ― Preguntaría Seika a ambos levantándose para verlos… ella no estaba completamente convencida, no quería que nada les pasará… pero, demonios ella también quería ír…
―Entonces yo los distraerte y ustedes se irán con toda la comida que puedan ― Aseguraría Seiya aún más emocionado.
―No sé si me gusta como suena esa idea...— Diría Seika pensativa, aunque... ¿Cuando fue la última vez que vio un festival? Ya ni siquiera lo recordaba... Ella probablemente tenía la edad de su hermano... Y el probablemente era mucho más pequeño que ahora.
Y obviamente, sus padres estaban vivos… Ciertamente no estaba segura de si sería una buena idea, podrían descubrirlos y Seiya sería muy capaz de cumplir con lo que dijo de distraerlos, aun si eso le costaba una paliza.
Pero al ver la cara de emoción de Miho, no tuvo el coraje suficiente como para romperle esa ilusión suya.Además… ellos se merecían pasar una tarde tranquila, lejos de este barrio de mala muerte e infortunio, merecían sentirse como niños normales a pesar de que la vida solía ser cruel con ellos constantemente, suspiró de nuevo…Ojalá ella pudiera darles una vida mejor a ambos… ojalá ella pudiera hacerlos felices… ojalá… ella pudiera…
―Ok... Pero si vamos a ir deberás hacer algo que no te gusta Seiya.— Diría Seika con una expresión tranquila pero sería a la vez.
―¿Eh? ― Seiya se vería Confundido.
¿Algo que no le gusta? Sus ojos se abrieron grandes, finalmente captando lo que dijo su hermana.
Después de unos minutos…
Ellos se encontraban en el Río Yodo... Seika había conseguido un poco de Jabón para trastes desde hacía un tiempo y con eso estaba bañando a Seiya, a Miho y a sí misma, además de sus prendas las cuales se estaban secando en las ramas de un árbol cercano.
―Lo que hago por una buena cena...— Decía el Jovencito sintiendo como su hermana le tallaba la espalda con algo de fuerza y brusquedad, manteniendo una expresión molesta.
―Se hombrecito y no te quejes ― Diría Seika mientras le enjabonada los brazos ― levanta los brazos ― Le indico mientras tomaba más jabón para trastes, Seiya lo hizo, e inmediatamente después Seika froto el jabón en sus axilas.
―¡¡Yaaaay!! ¡Un rico baño! — Diría Miho feliz después de mucho tiempo sin tener una ducha decente.
Y decente era un enorme cumplido… Seika aunque sabía que todo podría salir mal si los veían haciendo esto en el Río, se había asegurado de hacerlo en un lugar donde no los vieran, donde no hubiera mirones, oficiales de policía o hombres sucios que les gustaba ver jovencitas desprovistas de ropajes y de las cuales podrían aprovecharse.Ella siempre era cuidadosa en ese aspecto, tanto por ella misma como por Miho y Seiya.Al ser la mayor debía siempre estar atenta y cuidar de los suyos.
Tiempo después.
Había muchos festivales en Japón, pero ninguno tan llamativo como el festival de otoño.Uno de esos festivales que abarcaban una buena cantidad de espacio de la ciudad y que estaba lleno de todo, desde entretenimiento hasta comida deliciosa.
Razón por la cual, ahora 3 huérfanos se escabullían tratando de no ser vistos entrando al festival, tratando de aparentar algo que no eran, era divertido hasta cierto punto pero sabían que la diversión se acabaría si los echaban como perros… Así que debían actuar lo más normal posible.
―Actúen normal, no somos 3 niños huérfanos, solo somos 3 niños normales pasando una tarde normal con gente normal... Pero si van a buscar en la basura al menos sean cauteloso ¿ok?— Les pidió a ambos esperando que no hicieran alboroto.
Los había bañado para que al menos no parecieran niños callejeros, había tallado bien sus ropas para que no tuvieran manchas raras de ningún tipo y con esa finta, serían al menos lo suficientemente convincente para evitar que alguien los echaran como si fueran pestes.
―Si ya se ― se quejaría Seiya mientras que Miho asentiría ― No tienes porque estarlo repitiendo siempre Seika.
―Lo debo de hacer porque puedes llegar a se muy impulsivo y descuidado ― Remarcaría Seika mirando a su hermanito.
―Entiendo entonces... Actuemos con normalidad.— Diría Seiya comenzando a pasear por el festival… era, una vista espectacular, luces, juegos, olores deliciosos que provenían de comida igual de deliciosa, parecían estar en el paraíso… y de cierta manera lo era.
Así, los 3 niños irían por un momento junto, viendo las atracciones y juegos que había en el lugar.Por ejemplo: Había un juego donde tenías que tirar de una cuerda, y lo que jalaras te lo llevabas.Había otro donde tenías que desprender una figura de un dulce sin romperla usando una pequeña aguja.
Otro donde tenías que derribar el objeto a ganar con una escopeta que disparaba balines.Por supuesto que para poder jugar necesitaban dinero pero... Podían ver desde lejos, maravillados por las luces, los disfraces, las máscaras incluso a la gente pasar con sus Kimonos y Yukatas.
Seika rememoraba a una hermosa mujer que solía llevar de esos... Siempre llevándola de la mano... Y a un hombre que portaba un Yukata muy refinado... Tiempos mejores, memorias de una vida que ya no existía.Era dura la realidad... Pero era más duros los recuerdos de tiempos felices cuando se vivía en la miseria.Aun así en esos momentos de paz donde podía ver una vida cercana a eso que se le fue arrebatado... Encontraba la genuina felicidad y más aún, si se tenían la compañía adecuada.
Miraría a Seiya, su hermanito y a Miho, su hermanita más no de sangre.Es gracias a ellos que podía tener estos escasos momentos de felicidad en la miseria.
―Oye Seika ― La chica miraría a su hermano quien la había llamado, sonriéndole con alegría. ― alguna vez estuviste en uno de estos festivales?
―Hace mucho tiempo, tu eras muy pequeño... Y yo creo que tenía tu edad. — Asentiría Seika sintiendo como Miho la sujetaba de la blusa con apego, mientras ella observaba a su hermano caminar despreocupado hacia el frente.
―Ya veo ― Comentaría Seiya fingiendo no tener interés, y fallando.
Seika reiría en voz baja, a veces su hermano trataba de actuar como un chico duro, solo para no mostrar debilidad.Pero ella sabía que en el fondo, Seiya era un chico suave y gentil… lo había educado bien, pese a que él sí le había tocado vivir las cosas más duras y crueles, sabía que él al menos intentaba hacerla sentir orgullosa, era un buen niño… y debía seguir guiándolo por ese camino.
―Iré a buscar comida ― Seiya se separaría del pequeño grupo que tenía con Seika y Miho en busca de comida.
―Recuerda, no llames la atención ― Le recordaría Seika, era normal que algunos niños de vez en cuando buscarán algo en la basura, pero constantemente levantaría sospechas.
Mientras seguían buscando se toparían a Varios niños en su camino, muchos de ellos aunque no eran opulentos se veían de un estrato social un escaño por arriba de ellos.Sobre todo, las niñas quienes llevaban Kimonos muy bonitos, las cuales llamaban la atención tanto de Miho como de Seika.Sin duda les gustaría tener al menos uno para poder llevar de la misma forma.Eso sería agradable... Sin duda agradable, Seika quería sentirse nuevamente normal, tan normal como fue haber perdido a sus papás de una forma tan trágica.
―¡Vamos Shoko!— Pedía una niña de cabello oscuro, corriendo a su lado siendo seguida por otra de cabello rojo.
―¡Ya voy Kyoko!— Exclamaría la otra con alegría yendo a jugar con su hermana.
Seika vería esto, y no podría evitar comparar a ambas niñas con ella, Seiya y Miho.Más que nada por la pequeña peli roja que hasta cierto punto, le recordaba un poco a su hermano y también porque en la chica de cabello oscuro se veía un poco a si misma.Seika sonrió y suspiro.
Esta sería una buena noche sin duda…
Mientras tanto en otra Parte del Festival…
―Te dije que esto era una mala idea...— Diría un muchacho en una chamarra de cuero café, pantalones de mezclilla claros, gafas oscuras y una gorra negra que cubría su cabello rubio casi por completo.

―Y yo te pedí que te calmes... Además, ya arregle todo, el patriarca no se dará cuenta de que se fue.— Respondería su compañero de largo cabello azul con toques violetas que sobresalía de su gorra roja, chaqueta oscura, pantalones del mismo color y playera roja además de claro anteojos de sol.

—Si se da cuenta me va a matar a mi... Y después a ti!— Diría el otro muchacho rubio mirando a todas direcciones, esperando a que nadie los reconociera.
―¿Podrías calmarte? Carajo, eres más dramático que Afrodita... Además si algo malo pasa toda la culpa me la echare yo— Le respondió el muchacho de cabellera violeta sin darle mucha importancia, caminando entre la gente mientras llevaba a alguien de la mano.
― ¿Por qué estamos aquí Milo? — Pregunto el muchacho Rubio confundido y nervioso bajando de vez en cuando sus gafas para observar a su alrededor.
―Por qué en primera, los festivales en Japón son geniales... Y en segunda...— Diría mirando a la hermosa niña que le sujetaba de la mano con fuerza, vestida con un adorable Kimono de color rosado con miles de flores Sakura en el estampado, sandalias con pequeñas florecillas de color morado, de cabello violeta corto el cual era adornado por un lindo sujetador de pelo dorado el cual para variar tenía más flores de cerezo adornándolo, además de que sus preciosos ojos verdes se movían curiosos, observándolo todo a su alrededor con enorme atención y maravilla. — Por qué me molesta verla encerrada todo el día en el santuario haciendo nada.

―Pero es por su seguridad ― Diría el muchacho de cabello rubio después de un largo suspiro. ― Desde lo que pasó hace años con Saga.... ―
―Lo sé, lo sé ― Diría Milo pacientemente. ― Pero como dice la señorita Olivia, también hay que entender, es una niña, mínimo debería tener el derecho de divertirse antes de tomar su rol oficialmente
―... No entiendo cómo puedes estar tan relajado...— Diría El muchacho mirando a sus alrededores con atención.
―¿Podrías relajarte gato miedoso? Se más como Aldebarán.— Le dijo señalando a su compañero a la distancia, un enorme muchacho de casi 2 metros de altura, piel bronceada, cabello corto oscuro ligeramente de color morado del cual sobresalía una patilla que tenía el adorno de una flor roja que brillaba tenuemente, ojos grisáceos, vestido con una chaqueta de cuero de color café, pantalones azules y camiseta amarilla, además que en su brazo derecho poseía una pequeña pulsera azul, con un diamante rojo el cual tenía una S roja plasmada sobre un fondo amarillo, quien se atiborraba de palomitas, dulces caramelos, manzanas y demás comida de la tierra del sol naciente.

―En verdad no sé como lograste convencerlo ― Diría asombrado el chico a su compañero robusto, viendo con atención a su compañero quien… no entendía como podía cargar todo sin que se le cayera.
―Por qué en primera, el chico necesita salir más, segunda por qué míralo es un espectáculo en vivo.— Añadiría riendo levemente observando cómo la gente se quedaba mirando a un gigante de casi 2 metros de altura cargando una pila de comida en sus brazos, incluso algunos se detenían para tomarle una foto con sus cámaras de rollo.—Además creo que tenemos la suficiente fuerza dorada aquí como para enfrentarnos a cualquier adversario que intente lastimarla.
―No te parece un poco de fuerza demás? — Pregunto Su compañero cruzándose de brazos.
―Para nada, es la fuerza requerida para proteger a una diosa, además... Si todo sale mal, tendremos a un hombre que pueda hacer pedazos a otros con solo mirarlos. — Diría Milo tranquilo, tomando una de las manzanas acarameladas de Aldebarán y colocándosela en la boca a su compañero.—Vamos al menos diviértete, quita esa cara de serio Aioria, ¿o que? ¿eres un gato cobarde?
―Solo estoy siendo precavido ― Diría el ahora llamado Aioria, retirando la manzana de su boca, masticando con cuidado antes de tragar, para entonces cruzánrse de brazos.
―Deberías relajarte más, déjale la seriedad a Camus ― Diría Milo con una sonrisa burlona, casi parecía que todo esto era un juego.
―Hmmm... Al menos tómatelo en serio. — Pidió Aioria sin dejar de mirarlo volviendo a morder de su manzana acaramelada.
―Estoy serio.— Le dice el Joven de cabello violeta, bajando sus anteojos para hacer una expresión divertida que pretendía ser seria. —No ves mi cara sería?
―... No eres divertido ― diría Aioria ganándose una risa de Milo.
Mientras tanto, la pequeña niña que los seguía miraba maravillada todo a su alrededor.Todo esto, todo esto era nuevo para ella, diferente a todo lo que ella había conocido durante toda su vida en el santuario de Grecia.Su vida era entre estatuas de marfil, armaduras doradas, sirvientas con vestidos de seda, lecciones, entrenar y ver el mundo pasar a través de una ventana.Ahora estaba en el mundo de los humanos, esos que debía defender algún día y... Era tan hermoso.
No podía entender como se había perdido esto la mayor parte de su vida, de hecho aún seguía sin comprender por que muchas veces se esforzaban en ocultarle las cosas que ellos hacían y veían cuando salían del Santuario.El mundo de los Humanos era tan hermoso, atractivo y podía sentir que su curiosidad solo iba en aumento con cada cosa que sus ojos esmeraldas entraban en contacto.
―Muy bien Pequeña Minerva ¿a dónde iremos hoy?— Le pregunto su Guardián de cabello violeta, arrodillándose frente a ella y sonriéndole con calma.
―No se…― diría la pequeña Minerva mirando a todas direcciones del festival ― hay tanto que ver.....tanto que experimentar ― Añadiría maravillada ante lo que veía, ella quería experimentarlo todo y ni siquiera sabía por donde empezar..
―Bueno tu dime qué es lo que más te llama la atención nosotros te guiamos.— Diría dándole su mano para que lo siguiera.—Recuerda estamos bajo tus órdenes, Aldebarán, yo y ese gato miedoso de allí.— Diría Milo sonriéndole a la pequeña con calma.
―Milo ― diría Aioria en advertencia.
Minerva miraría a todas direcciones, viendo que es lo que más llamaría su atención y entonces lo vio…―Ahí ― apuntaría a un juego de tirar de una soga con premios atados.
―¿Ese juego? ¿Escuché por ahí que estás arreglado ― Diría Milo mirando ese juego de sogas, donde varios locales tiraban de las cuerdas solo para obtener… basura, era de un solo intento pero había premios muy interesantes. ― ¿Hay algo que te llamo la atención de ese juego? — Interrogó curioso bajando su mirada a la jovencita con una leve sonrisa.
Minerva no lo diría sintiendo algo de pena al tener que decírlo, pero... Había un caballito de madera al que le gustaría montar, lo señaló y Milo lo miro con atención.—Huh...— Cerraría sus parpados por unos instantes y al abrirlos sus ojos se tornarían de un color rojo brillante y podría ver cuál de las sogas era la que le daría la victoria segura.
—Ok... ¡Pues vamos!— Le respondió el muchacho de camiseta roja, sonriéndole a la pequeña dándole su mano para que la siguiera.
Aioria solo vería esto y soltaría un suspiro de cansancio llevando una mano a la cara.―Solo espero no meternos en problemas ― diría El joven de cabello rubio caminando en dicha dirección.
―Oh vamos amigo, que es lo peor que podría pasar ― diría Aldebarán observando a Aioria, mientras se las arreglaba para cargar toda la comida.
―Créeme, con Milo todo…— Diría Aioria siguiéndolo a el y a la pequeña, seguidos de Aldebaran… aunque por alguna razón sintió que alguien había pasado demasiado cerca de él, aunque al instante no vio nada, solo a una niñita de coletas que corría a prisa hacia algún lugar en concreto…
No le dio mucha importancia comenzando a seguir a sus compañeros de Oro.
Tiempo Más Tarde…
―No encuentro nada...— Diría Seiya con pesar... Aún si metía la cabeza completa en el bote de basura lo más que había obtenido era una manzana acaramelada con lo que esperaba que fuera pelos de gato... Y un chicle masticado pegado a ella.
Seiya continuaría buscando en los botes de basura, asegurándose de no llamar la atención, está noche era una especial para Miho, y no quería arruinarla.Busco en un bote de basura, casi seguro de que no encontraría nada.
―¡Bingo! ― Exclamaría encontrando unos Takoyakis en buen estado, solo uno estaba mordido y los demás bien ― Seguro no les gusto y los tiro... tch, estúpidos ricachones.
―Me da tristeza que habiendo personas que necesitan comer tiren comida así como así.— Murmuro Seika con algo de pena, tomando uno con cuidado, comenzando a comerlo junto con su hermano, pensando en guardarle la mitad a Miho.
―Bueno... Ya sabes cómo es la Gente. — Dijo Seiya con una expresión igual de decepcionada pero al menos tendrían algo rico de comer.
―¡Chicos!— Miho exclamaría a la distancia llamando los a ambos quienes se acercaron a ver. —Miren! — Dijo con emoción para mostrarles algo que había encontrado.
―¿Que pasa Miho? ― Preguntaría Seiya después de haber devorado uno de los Takoyakis en sus manos.
―¡Miren!— Dijo la pequeña con algo entre sus manos y al revelarlo...
―¡Ay mamá!— Exclamaría Seiya con impresión.
Lo que había en sus manos era un emblema de oro, con grabados y ornamentos excepcionales en todo el metal, el cual tenía un león de oro el cual rugía grabado en la caratula en ella, además del símbolo de un águila cuyas alas creaban un círculo, era como un medallón, pero hecho de oro puro.Jamás habían visto algo igual ni en sus más locas fantasías
―¿De dónde lo sacaste? ― preguntaría Seika mirando ese medallón dorado con curiosidad.
―Lo encontré tirado mientras miraba los juegos ― Explicaría Miho con una sonrisa aunque… se le veía un poco nerviosa al decirlo.
―¡De lujo! ― Celebraría Seiya lanzando sus puños al aire. ― Cuánto creen que nos den por venderlo? ― Interrogó curioso observando a su hermana quien no se veía igual de feliz que ellos dos.
―No, claro que no ― Negaría Seika rotundamente. ― Tenemos que devolverlo ―
―¡¿Que?! ― Interrogó Seiya sorprendido y confundido, teniendo un tesoro como este, podrían vivir trancquilos por un tiempo y no conformarse con comida de la porquería. ―Pero... Podríamos venderlo para comprar algo que no esté en la basura!— Diría Seiya levantando la voz.
―¡Shhhhh!— Seika acercaría un dedo s sus labios vería a su alrededor esperando que nadie los hubiera escuchado y luego miro s su hermano. —No, ¿que pensará la gente si ven a 3 niños huérfanos con un objeto tan valioso? Pensaran que lo robamos, o peor, que se lo quitamos a alguien, podrían castigarnos por eso... O peor...— Pensó rememorando lo que hacían en algunas comunas rurales... A los ladrones les cortaban las manos, los dedos e incluso los brazos para evitar que volvieran a robar.
Seiya bajaría la cabeza, el primer golpe de máxima suerte, y no podían sacar provecho de este.―Miho, donde exactamente lo encontraste? ― preguntaría Seika a la niña.
―Pues...— Miho desviaría la mirada... Ella quería decir que lo había encontrado pero...
Entonces rememoraría justamente el momento en el que lo vió… mientras buscaba algo de comida, escuchando una extraña conversación cercana.
―Hummmm... Al menos tómatelo en serio ― Pidió un muchacho rubio con gorra y lentes, que no dejaba de observar a su compañero.
―Estoy serio ― Le dice el otro chico haciendo una expresión divertida que pretendía ser seria ―¿No ves mi cara sería? Mientras Aioria miraba a Milo Miho observo como del bolsillo de su chamarra se asomaba dicho emblema...
Ellos estaban tan ocupados hablando de... Algo que ella no entendió, no le dio mucha importancia honestamente, pero no perdió tiempo, pasó lo más rápido que pudo al lado del muchacho rubio, llevó su mano hacia el bolsillo de su chamarra lo más discretamente que pudo, lo tomo en sus manos y se lo llevo corriendo hacia sus hermanitos, ya se inventaría una excusa luego.
Y ahora en el Presente… Seika la miraría con decepción.Estaba molesta pero más que eso preocupada, ya había comprobado lo buena ladrona que era ella… más… jamás esperó que se atrevería a tanto.
―Miho ― Diría Seika seriamente mirando a la niña que tenía la cabeza gacha con pena y vergüenza ―Me esperaba más esto de Seiya, pero no de ti ― Añadió suspirando pesadamente
―Exacto ― Asentiría Seiya, pero entonces caería en cuenta de lo que dijo su hermana. ― ¡Oye! ― Exclamó un tanto molesto
―Es que... Pensé que podríamos venderlo... Para poder comer algo rico al menos una vez.— Diría la pequeña de coletas, sumamente apenada.
Seika soltaría un suspiro y miraría a Miho con algo de decepción ― dime cómo era el joven, lo buscaremos y le entregaremos su medallón y te disculparas con el.
Miho bajaría la mirada y Asentiría... Esperaba que ella se alegrará de que Finalmente podrían comprar algo con dinero de verdad y no solo quedarse con sobras pero... Lamentablemente no sería así.
Mientras tanto en otro lado…
―¡Y bum!— Exclamó Milo tirando una pila de vasos con un rifle de juguete. —Ja mi puntería es perfecta o qué?— Pregunto cargando el arma sobre su hombro, celebrando su logro como si fuera un cazador experimentado. Mientras que Minerva observaba maravillada aplaudiendo el logro de uno de sus guardianes más constantes y tal vez uno de sus favoritos, deseosa de saber que otros premios sus queridos guardianes le conseguirían esa noche, observando risueña mientras una linda máscara de Zorro blanco reposaba sobre su cabeza, contemplando a su lado una la pila de Juguetes que ellos tres le habían logrado conseguir por la noche reposando al lado de ella.
―Mi hermano es mejor... Y menos presumido...— Diría Aioria con los brazos cruzados.
―Eh, solo tienes envidia gato.— Respondió Milo riéndose de él, después de todo él no pudo ni tirar 3-
―Cómo sea ― Aioria llevaría sus manos a los bolsillos de su chamarra y abriría los ojos cuando se dio cuenta de algo. ― No está…
―¡Buuum! Ja ja ja ja otro más estás llevando la cuenta Gato?— Pregunto Milo observándolo con arrogancia, pero entonces vería esa expresión en el rostro de su compañero cuando algo le preocupaba. —Oye ahora que pasa?— pregunto Milo Finalmente colocando una expresión seria, una que no era burlona o presumida, una que en verdad reflejaba preocupación.
―¡No está! ― Exclamaría preocupado el chico rubio.
―¿Que no está? ― Preguntaría Aldebarán acercándose con ellos dos al escuchar la conmoción.
―¡La armadura de Leo! ― Replicó el muchacho de cabellera rubia exaltando a sus compañeros. ― ¡Ya no la tengo!
―¡¿Estás de joda verdad!?— Pregunto Milo molesto y justamente cuando esta noche se había puesto mejor que nunca.
Minerva por su lado se espantó cuando milo comenzó a gritar, ¿que había pasado? Quería preguntar pero… al instante sintió que no era el momento para hacerlo…
―¡Claro que no! ― Reprendería Aioria serio mientras seguía revisando sus bolsillos ― ¡La guarde en mi bolsillo, y ya no está!
―¡Por eso te dije que te lo colgaras en el Cuello!— Milo se daría una palmada en la cara —Pero no, el señorito quería llevar la caja en la espalda... Por qué según era muestra de porte y estatus, y al darte cuenta de lo estorbosa que sería te lo guardaste en el lugar donde fácilmente te lo podrían robar. — Regañaría sumamente enojado, sabía que mejor debía haberse traído a Mu.
―Valla, tanto decías que Milo se metería en problemas y al final terminaste siendo tu ― Comentaría Aldebarán con una sonrisa de diversión mirando a Aioria, pero entonces paso a seriedad en un instante.― Pero ya enserio, lo mejor será encontrar la armadura, perderla es algo muy serio.
―Puedo invocarla...— Diría Aioria levantando su mano, pero al instante Milo la apartó.
―¿Estás loco? ¿Aquí? ¡Por qué no mejor le dices a todo el mundo que; hola soy un caballero dorado de un estandarte super secreto que el mundo no debería saber ni conocer su existencia! — Le decía el muchachos de cabello violeta reprendiéndolo, suspirando pesadamente y pensando. —Mira lo encontraré, sabes que mis ojos son buenos para ver cosas en rayos x... Podría localizarla entre toda esta gente igual y la encuentro.
―¿Y si no...?— Pregunto Aioria cruzándose de brazos.
―“Hola patriarca salimos a pasear con Athena o a propósito, perdí una de las doce armaduras sagradas por andar de necio ¿vaya cosas no?“— Milo fingiría la voz de Aioria con el tono molesto que hacía enfadar a Aioria y luego lo observaría con severidad.
Mientras que Minerva los observaba confundida, no comprendía por qué de repente todo se había vuelto tenso y serio, se la estaban pasando tan bien y ahora estaban discutiendo como Normalmente lo hacían, eso no le agradaba, quería que tanto Milo como Aioria se llevarán bien.
―... No hace falta ser un cretino al respecto…— Murmuraría el caballero de oro de Leo desviando la mirada con pesadez.
―Oiga señor... Le queda un tiro...— Diría el encargado del puesto llamando la atención de Milo.
Recargo el rifle y disparo derribando otra pila de vasos, ganando así el juego.— Deme ese león que tiene allí. — diría después de ganar la puntuación máxima, obteniendo un enorme león de peluche y entregándosela a Aioria. —Ten a ver si no pierdes este de vista. — Dijo burlonamente mientras se encogía de hombros y comenzaba a caminar lejos de ellos.
Aioria soltaría un suspiro de derrota, dándole el león a Aldebarán.― Quédate aquí y cuídala por favor ― Diría Aioria mirando a Minerva que estaba al lado de del enorme muchacho, quien a su vez lo colocaría en los brazos de la pequeña niña, que, aunque feliz por el regalo seguía confundida por lo que había ocurrido momentos antes.
―¡Ok!— Diría Aldebarán asintiendo con firmeza, mientras veía como ambos se alejaban.
―¿Que pasó?— Pregunto finalmente la confundida la jovencita, abrazando el león de peluche con fuerza..
―Eh... Luego te explico.— Le respondió con calma y una expresión sonriente a la jovencita a su lado, ofreciéndole un algodón de azúcar.
―Ok ― Minerva tomaría el algodón de azúcar y lo comería, maravillándose por el sabor y el que se disolviera en su boca.
Esta era la primera vez que lo provaba y al igual que con muchas de los dulces de esta noche estaba maravillada por el Sabor, pese a que dos de sus guardianes se habían molestado enormemente uno con otro, aún había uno que quería asegurarle una noche espectacular.Ojalá cuando regresará pudiera contarle de esto a su cuidadora, ella siempre estaba feliz de escuchar de sus historias alrededor del mundo.
Mientras Tanto…
―Entonces es un tipo rubio al lado de otro de cabello violeta ― diría Seiya mientras el, Seika y Miho caminaban buscando al dueño del medallón ― ¿No hay alguna otra cosa que debamos saber?
―Es todo lo que vi ― Diría Miho, pues su atención estaba más enfocada en el medallón que en el dueño, un objeto tan valioso como ese podría llamar la atención de cualquiera, en especial de gente despreciable y no querían perderlo, sería muy vergonzoso si lo hiciera.
―Bueno un tipo de esas características no debe pasar tan desapercibido espero...— Añadiría Seiya con una mirada tranquila, aunque al mirar a su alrededor solo veía personas con Yukatas o Kimonos, algunos llevaban ropa más formal, pero... Nadie con las especificaciones de Miho.
―Ay Miho... ¿Que estabas pensando?— Interrogaría Seika después de un largo suspiro.
―Perdón ― Se disculparía nuevamente la pequeña, no quería causarles problemas solo quería ser de ayuda para sus queridos hermanos. ― Es que pensé que así podríamos comprar comida, y así ustedes no tendrían que arriesgarse a ser atacados otra vez.
―Pero no son las formas Miho... Debes obtener las cosas de forma honrada y limpia, eso es lo que te separa de los bravucones como los que lidiamos a diario. — Añadiría Seika con una mirada decepcionada.—Ahhh... Tan solo pídele perdón cuando lo encontremos... Esperemos que sea un tipo agradable. — Esperaba Seika que así fuera, de lo contrario… no sabía que clase de castigo les tocaría en esa ocasión… no quería que Seiya o Miho salieran perjudicados por esto.
―¿Y si no?— Interrogó Seiya preocupado.
―Entonces... Me tocará echarme la culpa.— Respondió Seika suspirando pesadamente
―Ah no, eso sí que no ― Replicó Seiya, negándose a que su hermana pagará nuevamente los platos rotos por algo que ella nunca haría, era una persona recta de grandes valores y no quería que por sus errores o los de Miho ella saliera perjudicada. ― En todo caso me echare la culpa yo, ya ven que muchos dicen que tengo cara de rufián ―
―Seiya por favor, ya tenemos suficiente con que Miho haya robado algo, no quiero que te ataquen de nuevo, no como la última vez.— Pediría Seika suspirando pesadamente, siempre era la misma discusión con él, evidentemente ella no quería echarse la culpa, pero en esta ocasión no había opción, ella era la mayor y la que debía de hacerse responsable, ella estaba a cargo de dos niños y por lo tanto debía asumir la responsabilidad de sus errores.
―¡¿Y crees que yo quiero ver qué te ataquen a ti?! ― Replicaría Seiya seriamente y con una expresión molesta.― ¡No, claro que no!
―¡Seiya!— Exclamó Seika con severidad, acallando al muchachito, cuando ella levantaba la voz así… era por que iba en serio, observándolo con el ceño fruncido, solo para tratar de relajarse. —Solo... Haz lo que te digo por una vez en tu vida, por favor...
―Pero, hermana.....
―Por favor, Seiya ― Lo interrumpiría Seika casi suplicante, ya era demasiado malo que Miho hubiera robado algo tan valioso, si a Seiya se le ocurría mínimamente empeorar la situación no solo ella saldría perjudicada, sino que a él le podría tocar un castigo peor solo por ser hombre.
Seiya quería refutar, quería seguir hasta sacarle la idea de la cabeza… pero sabía que ella no cedería, si había algo en común que tenían ambos, es que eran muy tercos como mulas… pero aún así en alguien debía caber la calma, no podían darse el lujo de estar peleando, no con tantas personas alrededor.
Mientras tanto…
―¿Ya viste algo?— Pregunto Aioria a su espalda mientras que Milo mantenía sus ojos cerrados.
―Shhhh... Estoy concentrandome...— Dijo Milo abriendo sus ojos comenzando a ver esqueletos a su alrededor con carcasas transparentes, además de máquinas y sus funcionamientos internos.―Así que por eso casi nunca alguien gana ― Comentaría viendo con atención una máquina de dinero trucada, apreciando cómo funcionaba el mecanismo, ingenioso para atrapar incautos.
―¡Milo! ― Murmuraría un molesto Aioria.
―¡Lo sé lo se! ― diría Milo mirando a los alrededores, esperando encontrar un objeto dorado en algunos de los cuerpos esqueléticos, podía ver todo, desde sus venas arterias, músculos, incluso quienes tenían problemas renales, en el corazón, tumores o incluso daños internos...—Rayos...— Diría cerrando sus ojos, está visión tenía ventajas, pero a su vez enormes desventajas, después de utilizar la visión de Escorpión sus ojos ardían como si hubiera mirado al sol durante medio minuto entero.
―¿Viste algo? ― Interrogaría Aioria consternado.
―Muchas cosas que desearía poder olvidar ― diría Milo tallando sus ojos tratando de calmar el ardor, volviendo a abrirlos levemente para nuevamente observar a su alrededor.― Pero nada de la armadura de Leo.
―Sigue buscando...— Pidió Aioria sin dejar de ver a su alrededor.
―Si sería más fácil si no fueras un tarado que la perdió...— Decía el muchacho de chamarra de cuero negra con una expresión molesta. —Es más. ¿Por qué no la buscas tu solo y me ahorras los problemas oculares?
―¡Milo esto es en serio!— Pedía Aioria molesto
―¡A ver... ¿Quién la perdió? ¿Tu o yo?— Pregunto enojado, dejando a Aioria mudo mordiéndose el labio inferior por la rabia.—Eso pensé ahora cierra tu estúpida boca y déjame trabajar. — Pidió Milo volviendo a tornar sus ojos de color rojo.
Aioria soltaría un suspiro de cansancio, de verdad tenía que recuperar la armadura, no solo porque era importante, sino porque no quería decepcionar a su hermano.―Bingo... ―Murmuraría Milo apuntando a una dirección en concreto — Hay tres niños allí y uno de ellos tiene tu armadura.
―¿Niños? ― Interrogó Aioria confundido.
―Si, dos niñas y un niño ― Asentiría Milo levemente. ― Y uno de ellos tiene la armadura en sus manos…— Comentó observando nuevamente, era una pequeñita de no más de 4 o 5 años… coletas y una expresión preocupada, probablemente pensando que estaba en problemas.
―Bien entonces vamos.— Pidió Aioria comenzando a dirigirse a ese lugar aunque...
―Claro pero...— Sus ojos entonces volverían a la normalidad, viendo a todas las personas por las que debían pasar —Tendremos que pasar por toda esta gente primero...— Entonces encendió sus ojos de nuevo mirando hacia sus espaldas a un punto en específico. —Espéranos grandote... No te distraigas...— Le pidió a Aldebarán, observándolo desde su posición, mirando a dos figuras una enorme y de color dorado y a una pequeña… pero con un cosmos tremendo emanando de ella, esperando que sus pensamientos lo alcanzaran
Sabía que en un lugar público ningún enemigo se atrevería a atacar... Pero el problema es que sus enemigos no eran humanos... Eran monstros con rostros de hombres, algunos no dudaría en atacar aún si fuese en un lugar con gente.Y Aldebarán, es en ese momento, el único protector que Athena tenía al lado suyo…al menos en lo que encontraban la armadura.
… Mientras Tanto, no muy lejos de allí
―No veo a nadie...— Añadiría Seiya con una expresión cansada... Justo cuando creía que podrían pasar el día disfrutando y comiendo, aunque al dirigir su mirada hacia una dirección en concreto pudo ver como una mujer tiraba unas Bolitas de arroz a la basura... Apenas las había mordido.
Seiya estaba por ir al basurero, pero Seika lo detuvo.
―Primero regresamos el medallón, luego las buscas.― Le pediría su hermana igual de cansada, comenzando a creer que no lo encontrarían entre tanta gente.
De ser ese el caso tendría que quedarse con el medallón… aunque de ser ese el caso Seika tendría que esconderlo en algún lugar del orfanato, así esos cretinos no se lo quitarían y lo utilizarían para sus propios fines… Le molestaba pensar que ahora y siempre tendría que estar compitiendo contra ellos en todo, comida, tener algo para sí mismos, tener dinero, comida... se suponía que ellos eran niños como ella y sus hermanos, ¿por que actuaban como adultos crueles y Egoístas?
¿Deberían apoyarse los unos a los otros, no hacerse la vida imposible mutuamente? Aunque… de cirta manera rememoraba algo que le había dicho su madre, la infelicidad de unos era la alegría de otros… y no podía evitar pensar. ¿Por qué el mundo, la gente y la sociedad en sí misma era así?
―¿Que medallón?— Pregunto alguien y al instante Seika maldijo su suerte, hablando del rey de roma, era el líder de la pandilla de niños que siempre los molestaban, junto a su séquito.
―¿A ustedes que les importa? ― Diría Seiya cruzándose de brazos mirándolos con el ceño fruncido ― ¿Que hacen aquí?
―Buscando algo de comer ¿no es obvio? — Pregunto el aparente líder, mientras los demás chicos sacaban las bolas de arroz de la basura y comenzaban a comerlas entre ellos.
―Parece que alguien tuvo la misma idea. — Mencionaría Seika tratando de ocultar a Miho detrás de ella, intentando ponerla a salvo, esperando a que ella tuviera el emblema guardado en algún lugar de su vestido y no a plena vista.
―Pero parece que ustedes tienen algo mejor.— Comentaría otro de los chicos muchachos.
―¿De verdad? ― Preguntaría Seiya haciéndose el confundido. ― ¿De que hablan?
―No te hagas el idiota ― Reclamaba el líder del grupo acercándose a ambos hermanos con intenciones de escalar esta situación si no le daban ese objeto, sonaba valioso y todo lo valioso debía ser suyo. ― Escuchamos algo de un medallón, entréguenmelo ― Exigió extendiendo la mano a ellos.
―¿Por qué lo haríamos?— Pregunto Seika con una expresión desafiante.
―Por qué la pequeña perra que tienes a tus espaldas nos robó comida está mañana, así que nos la deben.— El líder apuntaría a Miho a espaldas de Seika con odio.
―¡A Miho no la vas a tocar! ― Seiya se pondría por delante de Seika y de Miho ― ¡Primero tendrás que pasar sobre mi para ello! ― Exclamaría Seiya desafiante, Seika trató de detenerlo, pero… en esta situación estaban contra la espada y la pared… y aunque él sirviera como escudo humano o no, poco importaba en esta situación.
―Bien.— El no movió ni un solo dedo, dejo que sus amigos se encargarán de el, Seiya trataría de defender a sus hermanas lanzando un puñetazo hacia uno de los chicos que se acercaban a él sin mucho éxito, solo para recibir en respuesta una lluvia de golpes, sin mencionar que comenzarían a patearlo.
―¡Seiya!— Seika exclamó pero antes de poder ir a ayudarlo el líder de la pandilla ya estaba frente a ella.
―Preocúpate por ti.— Le advirtió acercándose amenazante a Seika, quien solo trataba de cubrir a Miho —Dame ese medallón o a tu hermano le rompemos el cráneo y a esa niña la tiramos al río. ― Ordenó levantando la mano, para que ella le diese dicho, no sabía que era o de que estaba hecho pero sea lo que fuera, valdría dinero
Seika lo pensaría, por un lado, quería regresar el medallón y arreglar el error de Miho, pero la vida de Seiya y Miho dependía de ello, lo más razonable, sería darles el medallón, así ellos los dejarían en paz.
Seika miraría desafiante a ese chico... Desde que él y su hermano entraron al orfanato les habían hecho la vida imposible, quitándoles la comida, violentándolos, haciéndolos sentir miserable y... A Miho la vida no iba mejor... Ellos le habían hecho la vida miserable desde el inicio... Estaba harta de sentirse atemorizada por ellos... Y si le costaba todo se iba a enfrentar a ellos.
―¡No te tengo miedo!— Diría Seika enfrentándolo, lista para pelear levantando los puños en respuesta, pero el respondió dándole una fuerte bofetada en el rostro.
―¡Deberías estúpida!— Le dijo tomándola del brazo con fuerza, comenzando a toquetear cada rincón de sus ropajes incluyendo sus piernas buscando el medallón en su falda.
―¡No!— Exclamaría Seiya en el suelo, siendo pateado y apalizado constantemente.
―¡Seiya, Seika! ― Gritó Miho en desesperación, preocupada por sus amigos, e iría hacia ellos para ayudarlos tratando de alejar a esos bravucones de ellos.
―¡No estorbes! ― Exclamó uno de los niños, quien la apartaría de un fuerte manotazo y siendo tirada al suelo.
Miho Miró a su alrededor… esperando a que las personas intervinieran y detuvieran la pelea… pero como siempre nadie venía a socorrerlos… estaban completamente solos contra ellos.
―¡Miho! ― Exclamó Seiya, quien lleno de irá se quitaría a los bravucones es de encima y lograría levantarse para entonces comenzar a forcejear contra ellos, tratando de ganar ventaja aún si era inútil, una pelea de uno contra 4 nunca iba a ser una pelea justa.
―¡Defiéndete idiota!— Le diría uno de los chicos viendo como el muchacho lanzaba golpes, pero ninguno acertaba.
―¡¿Si quiera lo estás intentando estúpido!?— Interrogó otro de los chicos viendo cómo se acercaba con furia, pero aunque lanzaba golpes ninguno impactaba.
―¡¿Ya te cansaste imbécil!?— Pregunto otro dándole un rodillazo en el estómago.
Mientras que Seika trataba de resistirse, pelear. Pero ese chico la tenía bien agarrada, y aunque ella golpeaba parecía no hacerle nada.―¡Deja de moverte deja de moverte!— Le le gritó con furia, para finalmente hartarse y sacar una navaja de sus bolsillos.—¿Ya casi eres una mujer no? ¿¡Pues hagamos eso oficial que te parece!?— Pregunto comenzando a cortarle la ropa, Seika miró con horror, el arma punzocortante, sintiendo como esta comenzaba a rozar su piel, cortando su blusa y su falda revelando su cuerpo ante su agresor, ella en acto respuesta comenzó a resistirse con más fuerza… pero parecía Inútil…
Había escuchado de eso, hombres asquerosos y ruines hacían esto con mujeres de todas las edades, ella siempre pensó… imaginó, que jamás sería victima de algo tan cruel y horrible, pero mientras más le cortaba la ropa más impotencia y miedo sentía, jamás esperó que experimentaría algo así de esta forma tan horrible, gritando desesperada por que alguien… quien fuera, detuviera lo que sabía que le iba a suceder.
―¡Seika! Seiya!— Miho exclamaría tratando de detener al chico mayor, comenzando a golpear su espalda desesperada una y otra vez…
―¡Dije apártate enana!— La golpeó el rostro con la mano que tenía la navaja, haciéndole un corte en el puente nasal...
Miho caería al suelo adolorida, sintiendo la adrenalina suavizando el impacto… pero apenas este se fue lo sintió, un agudo dolor que atravesaba su cara, comenzando a sangrar horriblemente, ella comenzaría a sollozar, sintiendo como sus lágrimas se combinaban con su sangre… impotente, frágil y débil… eso eran ellos.Niños frágiles, que por más que gritarán, patalearan y forcejearán… nadie iba a ir a socorrerlos, nadie iba a ir a defenderlos…
Nadie… excepto ellos mismos…
Tanto Seiya como Seika sintieron un fuerte latido en sus corazones... Así como una llama que se encendía en sus interiores.Feroz, agresiva, brutal, capaz de aniquilar el cielo de un golpe y destrozar la tierra con un puntapié, una energía salvaje que se extendía a todas partes de la galaxia, moviéndose en armonía con el universo, un río imparable y agresivo que no se detenía, que estaba en constante movimiento y cuya existencia era infinita, eterna… y mucho más grande que cualquiera de ellos.. y ardía con la fuerza de las miles de estrellas que componían el Cosmos.
―¿Sentiste eso verdad?— Pregunto Milo suspirando fuertemente, respirando con fuerza y dirigiéndose a ese punto.
―¡Carajo si...!— Exclamó Aioria apartando a la gente más rápido, dirigiéndose rápidamente a ese punto.
Ambos habían sentido dos cosmos, dos llamas iracundas que clamaban justicia, que querían defenderse y proteger algo, algo mucho más valioso que un medallón de oro, algo mucho más preciado que sus vidas, la vida… de una persona que amaban como a una hermana.
―Eso te pasa por ser una estúpida entrometida en cuanto a ti...— El chico miro a Seika y... Ella... Tenia un aura parecida al de una llama furiosa cubriéndola.No solo ella... Seiya también que, aunque era golpeado los chicos se detendrían al verlo.―¡¿Pero que demonios?! ― Murmuraría el líder al verlos, sintiendo un terror absoluto recorriendo su cuerpo..
―Ustedes..... ― Gruñiría Seiya en voz baja.
―Vallanse..... ― Susurraría en voz baja Seika.
―¡¡¡DE AQUI!!! ― Exclamaron ambos al unisonó, al momento en que un estallido de poder se hiciera presente, apartando a sus bravucones y mandándolo a volar un par de metros, quemando sus ropas, despedazando el suelo alrededor de ellos y empujándolos con una brutal ira desmesurada.
Los chicos los mirarían impresionados, y cuando miraron s sus ropas estás se habían pulverizado.Y ni hablar del chico que había sujetado a Seika... El impulso había roto su navaja en mil pedazos, pero eso no era lo que le consternaba, era su brazo derecho el cual, sangraba y sentía como todos y cada uno de los huesos de su brazo habían sido completamente pulverizados.
―¿Pero que demonios son? ― Preguntó uno de ellos temeroso.
―Monstruos ― Comentaría otro viendo a ambos hermanos ponerse de pie, siendo rodeados de lo que parecía ser llamas resplandecientes.
Ambos se acercaron a ellos y poco a poco comenzarían a hacer elevar sus llamas las cuales danzaban con una luz terrible e imperecedera, qué emanaba en sí misma destrucción e ira. La gente a su alrededor también los miraría con sorpresa, al verlos así tan llenos de energía inestable, llamas gemelas danzantes que se elevaban al cielo, ardiendo cuales estrellas infinitas, letales, amenazantes y llenas de luz... Lo único que pudieron hacer fue correr despavoridos.
Pero aquellos en quienes estaban enfocadas sus llamas de irá.....seguía ahí, presas del pánico.En completo estado de Shock, era como ver a dos seres nacidos del abismo inconmensurable que era el espacio, envueltos en las llamas de lo imperecedero y lo divino se acercaban con intenciones letales.Dispuestos a darles muerte por todo el daño causado sobre ellos.
―Jamás vuelvan a molestarnos. ― Decretó Seiya seriamente y siete voces replicaron su rugido, debido al fuego azul que lo rodeaba, sus ojos castaños ganaron un ligero resplandor rojizo.
―O sino.....lo lamentaran ― Clamaría Seika igual de sería con el eco de su voz replicando y resonando una y otra vez con más y más fuerza, sus ojos también ganarían un logro resplandor rojizo en estos.
Sus voces serían replicadas con intensidad, no provenían ni del viento ni de la tierra, sino de las mismas estrellas, hablando con sus voces en un único coro de caos y armonía que dictaminaba todo el universo.Una y otra vez, el coro de aquellos que los habían precedido y de aquellos que habían mantenido el orden por miles de eras antes que ellos, permaneciendo por toda la eternidad entre lo etéreo y lo divino.
Los chicos solo pudieron correr despavoridos, incluso el líder que antes los veía hacia abajo se levantó a duras penas, corriendo aterrado sujetándose el bazo destrozado, el aura que los cubría comenzaba a desvanecerse... Y ellos caerían de rodillas al suelo sintiéndose repentinamente, cansados y agotados tanto física como mentalmente.
Cayendo al suelo con evidente cansancio... Pero antes de que tocaran el suelo fueron sujetados por dos personas que llegaron justo a tiempo...
—Ok... Tenemos dos más... ― Escucho Seiya a uno de los muchachos mientras sus ojos se cerraban.