Lunaris || KTH&JJK

Summary

Kim Taehyung era un alfa puro que estaba al borde del colapso. Al buscar atención médica, recibe una receta poco común, pues consiste en beber leche de omega, pero específicamente de un omega Lunaris. Lo que lo lleva a cruzarse con Jeon Jungkook, un omega Lunaris dominante de la raza que produce leche aún sin estar en cinta,

Genre
Romance
Author
Tetegguk
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Hubo un tiempo en el que los omegas Lunaris caminaban en la calle libremente y podían presumir el haber sido bendecidos por la diosa luna.

Eran omegas preciosos, que parecían haber sido tocados por la mismísima diosa luna. Sus cuerpos irradiaban calidez, su piel era tan suave como el reflejo del agua bajo la luz nocturna, casi divina al tacto, tan sensible al ciclo de las lunas y respondía a los ritmos del cielo; sus ojos guardaban destellos de las constelaciones más preciosas que jamás se hayan visto.

Se les solía llamar Omegas de Luna.

Nacían bajo fases específicas, que variaban según la marea, el clima y el resplandor divino de la luna.

Fueron venerados durante siglos, y sus nacimientos eran motivo de celebración. Solía decirse que su existencia era un puente entre lo humano y lo divino. Sus cuerpos eran un milagro, ya que podía generar leche aún sin estar en cinta; era un néctar lechoso con propiedades restauradoras que podían sanar un cuerpo, sin importar cuán enfermo estuviera.

Los antiguos creían que aquella leche eran lágrimas de la misma diosa luna, un regalo para aliviar el dolor del mundo.

Pero los tiempos cambiaron, el respeto se fue cómo las marea y junto a ella, la fe.

El tiempo moderno llegó y con él, la perversión y la maldad. La biología se impuso sobre el mito y los Lunaris dejaron de ser una bendición, para convertirse en un fenómeno genético.

Fueron obligados a someterse a estudios para entender y comprender su anatomía. Pronto, su don sagrado fue rebautizado y fue acompañado con términos como síndrome lunar, hiperfertilidad y lactancia espontánea.

Y poco a poco, la humanidad dejó de mirar a los Lunaris como hijos de la luna, para verlos solo como algo que podían poseer y usarlos a su antojo.

El don que antes era símbolo de divinidad, pronto se convirtió en motivo de cautiverio. Y en un mundo gobernado por jerarquías alfas, los Lunaris se volvieron esclavos de su propio don.

Aún así, la luna nunca se olvidó de sus hijos, porque cada ciclo lunar, seguía bañando la tierra con su esplendor, esperando el renacer de aquel ser que rompería el silencio y devolvería la libertad y el equilibrio perdido.

Un día, bajo un eclipse de sol y luna, nació un omega diferente. Hijo de un alfa puro y una omega Lunaris dominante, con su existencia, nacería un nuevo destino. De la unión con su destinado, un alfa que sería su igual y su opuesto, brotaría una nueva raza; una descendencia que uniría de nuevo lo divino y lo humano, lo instintivo y lo sagrado.

Nacería una raza que no sería esclava del ciclo, sino dueña de su propia voluntad.

Y cuando el primer fruto de esa unión llegue al mundo, la luna volverá a sonreír, porque los hijos de su luz volverán a ser libres.