Capítulo 1
Para mantener en calma o pedir algún deseo a los dioses, se les debe ofrendar algo. Ya sea comida, algún objeto de gran valor u órganos, dependiendo el peso del deseo que quieras pedir.
Lo que desea Yoshiki, el hijo mayor de los Tsujinaka, es largarse de ese pueblo tan conservador e ir a la gran ciudad, a Tokio de donde su madre vino. Una ciudad con gran población que es imposible conocer o ubicar a cada una.
El pueblo, aparte de estar lleno de tradiciones y costumbres ambiguas, también guardan creencias estúpidas.
La familia Tsujinaka está compuesta de madre y padre, Omega y Alpha respectivamente y de su unión tuvieron dos hijos, y éste tipo de uniones hace muy improbable que nazca un Beta entre ellos. Por eso el pueblo esperaba que el mayor al ser un varón fuese Alpha y la menor una Omega, porque según ellos, es lo “normal” y lo común.
El pueblo sólo sabe criticar, arraigado a sus costumbres, a su religión o creencias. Luego de que Yoshiki se manifestará a los catorce años pasando un celo insufrible, su madre quiso regresar a Tokio, pero no de manera temporal o como unas vacaciones, ella quería regresar a vivir allá de manera permanente, llevarse a sus hijos lejos de éste extraño pueblo donde sólo la señalan, a ella y a sus retoños.
El obstáculo: su esposo, el padre de sus hijos. Por alguna razón que no logra entender, parece bastante aferrado a quedarse ahí mientras ella soporta todo el peso emocional de cargar con los señalamientos de casi todo el pueblo.
¿Sólo dio aOmegas?
Lo peor, uno de ellos es unvarón, un Omega hombre.
No toda la la gente en el pueblo es cruel, no todos lanzan ese tipo de comentarios hirientes y crudos, otros no juzgan pero tampoco la defienden, solo se quedan callados. Pero el mayor problema es que las costumbres y tradiciones siempre se pasan de generación en generación. Los ancianos transmiten sus ideas y creencias a los más jóvenes, pocos logran desconectarse de la tradición. Y en un pueblo tan chico donde todos se conocen o reconocen, te sientesasfixiado,abrumado y presionado, siempre teniendo que cumplir las expectativas que te impone la familia.
Ella ya no lo soporta. De saber que sería tan problemático, le hubiera dicho a su querido hijo que mejor nunca se revelará su casta y usará parches como inhibidores a escondidas, al menos hasta la mayoría de edad. Dónde puede ser más dependiente y si quiere, terminando sus estudios, ir a la ciudad. De donde viene ella, no son cerrados de mente.
Lo único que la alivia es que al menos en la escuela, varios de sus compañeros no molestan a su hijo por su género principal. Son jóvenes que aún no caen en el prejuicio de los mayores, y otros pocos son de mente más abierta, que son los amigos con los que se junta diariamente.
Para Yoshiki quien siempre es espectador de las peleas entre sus padres y de toda la carga que tiene que aguantar su mamá como los comentarios hacia su hermana por ser bastante tímida y muy poco sociable, hace que aborrezca más esté pueblo.
—Yoshiki.
El aroma del pollo crujiente y bien dorado acompañado de arroz hace que su estómago haga un poco de ruido. Aún así, no está tan ansioso de probarlo de un solo bocado. Cuando lo marino, le recorrió otra vez sensación extraña que seca su garganta.
El aroma del pollo llena toda el aula.
Siente un aire caliente debajo de la nuca, asustando lo un poco ocasionando que se rasque ligeramente el cuello incómodo. Piensa que tal vez es un mosquito, o solo ha sido el calor del verano. A altas temperaturas a muchas personas le da salpullido.
—Yoshiki.
La voz es más fuerte y choca contra su oído, haciendo que voltee en una dirección, al no ver a alguien y sentir un toque sobre su otro hombro, se gira hacia dicha dirección.
Es él. Su expresión calmada y relajada, sus ojos expresivos mirándolo a él y hombros encogidos, una sonrisa encantadora curva sus labios.
—¿En qué tanto piensas?
—¿Qué?—Pestañea repetidas veces, procesando la pregunta. Parece que “Hikaru” lo ha llamado antes pero no lo escuchó por estar metido en sus propios pensamientos.
—Pareces muy distraído. ¿Me das un poco de tu ración?—pide acercándose más al azabache, su presencia como es usual, es brillante y natural.—Ya creciste mucho, déjame lo a mi, yo necesito crecer más.
—¿Y la tuya?
—La terminé pero no me llene.
Yoshiki lo piensa un poco, en realidad no tiene porque negarse.
—Puedes comerla, no tengo mucho antojo de esto.
El albino no espera ningún pero y se atasca con su comida, ensuciando la comisura de sus labios. El azabache le recomienda no comer tan rápido o puede atragantarse, tiene que comer adecuadamente.
—Ustedes son muy buenos.—Halaga satisfecho, agarrando un poco de arroz también.
Yoshiki observa atentamente la marca que rodea el cuello de Hikaru. Una línea delgada apenas notoria, un corte que no sabe cuanto tiempo más tardará en cicatrizar. Recordar aquel día y que pensó que perdería a su amigo, a él, le da un vuelco en el estómago. Regresa su vista hacia el frente.
—En realidad, Maki no ayudó en nada, solo Yuuki y yo hicimos todo el trabajo.
La clase de “Hogar y Alimentación” enseña a los alumnos a ser independientes, que desarrollen habilidades prácticas relacionadas con el hogar incluyendo la cocina. Antes está materia solo se impartía para las mujeres Betas y Omegas, pero con el paso de los años, ahora es más mixta. Tanto Alphas como Betas hombres deben tomarla obligatoriamente. Algunos de los ancianos del pueblo no están tan de acuerdo con esto, pero eso es otro tema aparte.
—Pero ya, en serio, ¿Por qué pareces tan serio? Tenías esa mirada que dicen los humanos.
—¿Qué mirada?
—Mirada perdida.
Antes de darle tiempo a Yoshiki de poder excusarse, desde atrás el menor rodea la cintura del azabache y se acurruca contra él, posicionando su barbilla entre el hueco de su hombro y cuello, con sus mejillas pegadas. Ambos sienten la piel del otro.
Tsujinaka puede olerlo, están tan cerca y la suave liberación de las feromonas hacen cosquillear su olfato. Definitivamente puede percibir otra gran diferencia entre éste Hikaru y el que ya no está con él.
El original, Hikaru Indou, era un Beta antes de morir. Su aroma era fuerte; a cítrico, específicamente a naranjas y toronjas. Para algunos un olor común en Betas o fuerte y no tan agradable, para Yoshiki era un perfume frutal que le gustaba mucho que podía distinguir entre tantas personas. Pero ahora que está entidad de las montañas poseyó el cuerpo de su amigo, lo cambio bastante. Saliendo manifestado como un Alpha y, por lo tanto, su aroma cambió radicalmente.
—¿Qué estas haciendo tan cerca?—Pregunta algo nervioso por lo íntimo del abrazo. La respiración pausada y constante del albino pega contra su mejilla, y sentir sus manos descansar en su abdomen le estremece.
Ahora, el Alpha que finge ser Hikaru, tiene una fraganciaverde. Es decir: una combinación de olores frescos, como hierba recién cortada. Pero también tiene una nota de fragancia floral.
—Envolverte con cariño.
A veces habla de una forma baja pero distorsionada. Le causa escalofríos. Al principio no lo notaba, hasta que Asako hizo ese comentario hace tiempo. Pero, lo que más le inquieta a Yoshiki es la mirada de sus compañeros.
—Oye, nos están viendo.
—¿Qué tiene de malo?
Tiene mucho, mucho de malo. Pero claro, Yoshiki sabe que alguien como “Hikaru”, algo que no es humano no puede entenderlo. Que un Alpha abrace de manera tan empalagosa a un Omega y sus rostros estén tan pegados siempre es una situación que se puede mal interpretar.
—Es que eres tan cálido y abrazable, que no resisto dejarte así.—Vuelve hablar sin despegarse ni un poco del mayor, aferrándose al Omega como si necesitará de su atención.
Aun son los últimos días del verano, hay días de lluvia que provocan humedad y hay días secos. Si se abrazan así, hace que sus cuerpos se calienten, que el calor aumente entre ellos.
Ah, esto no me ayuda.Piensa Yoshiki, la respiración de “Hikaru” se siente más pesada.
Él no deja de apretarse contra su cuerpo, con laintenciónde buscar calor y comodidad. El detalle es que no es una acción que dure cinco o diez segundos, sino que se va prolongado y, eventualmente, el resto de sus compañeros los miran como si fuesen una pareja.
Es normal que a veces, Hikaru siempre sea el centro de atención o más de una mirada se fije en él. Es algo popular, está en un club de deporte, bastante sociable y su ánimo como buena actitud resulta atractiva y amable, terminando por influenciar siempre a su alrededor.
Sin embargo, cuando regreso luego de estar desaparecido por una semana completa, y la noticia de que se presentó como Alpha tardíamente, hace que sea aún más un objeto de miradas y sonrisas.
Ellos observan, decenas de ojos sobre los chicos. Murmuran y señalan. Crean rumores y a veces exageran.
Yoshiki inhala y exhala. No le disgusta el acercamiento del otro, pero tener tantas miradas sobre ellos es agobiante y... no lo soporta, le desagrada.
—Hikaru...—Advierte en un tono bajo, frunciendo el ceño.
—Ya entendí, me iré.
Se aparta forzando una sonrisa de cortesía. Con la mirada y de manera sutil, se disculpa con el Tsujinaka por hacerlo sentir incómodo y nervioso.
Yoshiki trata de olvidar lo que acaba de pasar, y se obliga a charlar con sus compañeros para así bajar esa extraña tensión en el aire y distraerse.
Yoshiki está tranquilo tomando un par de fotografías alrededor de la escuela. El club está inactivo, son pocos miembros pero sirve para distraerse o dormir un rato. Sentado en unos escalones, su amigo lo saluda desde lejos y dibuja una enorme sonrisa en su rostro antes de que sus compañeros le llamen la atención para que se concentre en el juego.
El mayor aprovecha y enfoca la cámara. Sigue aprendiendo algunas cosas sobre la iluminación y otras herramientas de la misma cámara fotográfica, y aunque muchos crean que es algo tan aburrido y anticuado, para él es bastante relajante y entretenido. Además, es una de sus pocas habilidades que los ancianos del pueblovaloranun poco.
Prefieren fotografías para ser enmarcadas o colgadas, que una foto digital del celular.
—Éles...
A sus espaldas, quizá a uno o dos metros, alcanza a escuchar unas voces. No son de maestros, sino de otros alumnos. Decide no voltearse y fingir que no las escucha para seguir con lo suyo.
—¿Escuchaste lo que paso en la clase de a lado?
—¿En la clase de hogar y alimentación?
Una breve pausa y la intriga hace que Yoshiki se pregunte si están hablando de su clase. Pero, ¿qué es lo que causa tanto revuelo en las compañeras?
—Dicen que Hikaru se le pegó a Yoshiki.
Ah, es eso.Suspira cansado, sonríe apagado. Son chismes sin importancia. No debería preocuparle, pero...
—¿El Omega varón?
El hecho de que estén opinando de él le hace ruido en los oídos y alborota su corazón de ansiedad, preocupación y curiosidad. Son al menos tres voces distintas las que alcanza a identificar, todas chicas.
—Si. Digo, si fuesen betas daría igual o lo verían como una broma típica de Hikaru, pero son de castas muy diferentes.
—¿Qué dices que hizo entonces?
—De seguro el Omega lo sedujo con sus feromonas.—Comenta una con desagrado e inquietud, arrugando su nariz con asco.
Yoshiki abre tanto los ojos de la sorpresa e incredulidad, ¿de verdad creen que él usó sus feromonas con su amigo?¿qué él lo sedujo? Él jamás haría eso, a su corta edad, puede controlar sus feromonas casi a la perfección. Además, no tiene sentido lo que dicen, escuchar ese tipo de comentarios lo fastidia mucho.
¿Por qué los demás hablan sin saber?¿por qué solo se guían de rumores y critican sin saber la verdad?
Es más, el albino fue quien uso un poco de sus feromonas sobre él, todavía debería oler sutilmente a ese aroma fresco y verde.
—¿Eso crees?
Risas cómplices. Yoshiki no presto atención a una parte de la conversación por estar quejándose en su propia mente, pero siguen hablando de él, de ellos.
—¿Por qué más Hikaru se acercaría a él?
—Bueno, escuche que eran amigos cercanos de pequeños.
—Todos saben que cuando te manifiestas, los Omegas y Alphas deben mantener ladistanciaa menos que sean pareja.
Esa voz suena más fuerte y clara. Como si se le olvidará que pueden oírla.
Pero algo de lo que dice le parece tan cierto. Si el monstruo en el cuerpo de su amigo siguiese siendo Beta, no habría problema. Sin embargo, el hecho de que sus castas sean opuestas pero biológicamente se atraen, causa alboroto. Quizá algunos vean mal ese “coqueteo” de parte de ellos porque Yoshiki y su familia es criticada. Porque es un Omega varón.
—Pero ellos no son pareja. ¿Por qué Hikaru lo abrazaría de esa forma?—Cuestiona una de ellas con intriga, deteniéndose de reírse.
—Exacto. Creo que la respuesta es obvia.
—¿Seducir?
Son vulgares.
—Es una zorra.
¿Qué yo qué?
Como pueden hablar así de él, son unas sin vergüenzas. ¿Debería confrontarlas?
Pensar en meterse en problemas no le agrada. Es decir, ellas pueden mentir si las confronta o simplemente seguir de largo. De igual forma, nadie querrá que haga un escándalo por un chisme de jóvenes.
—Mírenlo, es un acosador, tomándole fotos al club.
—Callense un poco, creo que puede escucharnos.
Yoshiki frunce mas el ceño y arruga la nariz con asco y fastidio, apretando fuertemente el lente de la cámara. Suspira cansado, dejando de tensar los dedos y tratando de calmar su furia.
Que insoportable pueden ser algunas personas.
Su momento agradable y pacífico ha sido arruinado por comentarios desagradables y malas vibras.
Decide tomar sus cosas y marcharse de ahí. Ahora por capturar momentos del deporte del club de fútbol le dicen acosador.
Realmente hará todo lo posible para marcharse de ese pueblo, aunque sea solo.
...
“Hikaru” se da cuenta cuando Yoshiki no lo está observando, no evita arrugar le frente y preguntarse curioso porque de repente se ha ido. Luce desanimado, ¿Acaso pasó algo?
Odia no saber que está pasando.